(945) Los indios se aterrorizaron por el
plan de Vitachuco, pero no tuvieron alternativa: "Aunque vieron el
desatino que su cacique les ordenaba, obedecieron, y respondieron diciendo que
con todas sus fuerzas harían lo que les mandaba o morirían en la empresa".
Y se inició dramáticamente el atentado, que tendrá un resultado espantoso:
"Llegado el momento, en cuanto el el gobernador y el cacique acabaron de comer,
Vitachuco se puso en pie con la fiereza que se puede imaginar y en un instante atacó
al gobernador, y, asiéndole con la mano izquierda por los hombros, con la
derecha a puño cerrado le dio un tan gran golpe sobre los ojos, narices y boca,
que, como si fuera un niño, lo tumbó de espaldas, y, para acabarlo de matar, se
dejó caer sobre él dando un gran bramido. Los caballeros y soldados que
acertaron a hallarse presentes en la comida del gobernador, viéndole tan mal
tratado y en tanto peligro de la vida, echando mano a sus espadas arremetieron
a Vitachuco, y, a un tiempo, le atravesaron diez o doce de ellas por el cuerpo,
con lo que el indio cayó muerto. Socorrieron estos caballeros a su capitán con
tan buena suerte, que, de no hallarse
presentes para evitar que el cacique pudiera darle otro golpe, lo acabara de
matar, pues el que le dio fue tan bravo, que estuvo más de media hora sin
volver en sí, y le hizo reventar la sangre por los ojos, narices, boca, encías
y labios como si le dieran con una gran maza. Los dientes y muelas quedaron de
tal manera atormentados que se le andaban para caer, y Juan Coles añade que
derribó con su puñetazo dos dientes del gobernador".
Aunque Vitachuco murió, sus alaridos
pusieron en acción a los indios: "En oyendo el bramido del cacique, cada
indio arremetió con su amo, llevando por armas los tizones del fuego o las
demás cosas que tenían a su alcance. Muchos dieron a sus amos en la cara con
las ollas de la comida que, según las tenían hirviendo, algunos salieron
quemados. Otros les dieron con platos, escudillas, jarros, cántaros, bancos,
sillas y mesas, aunque no les servía más que para mostrar el deseo que tenían
de matarlos. Un indio dio a su amo un golpe en la cabeza con un tizón y lo
derribó a sus pies, y luego, con otros dos o tres, le hizo saltar los sesos.
Muchos españoles sacaron desbaratadas las cejas y narices y estropeados los
brazos a tizonazos. Un indio le tiró una lanza a Diego de Soto, pariente del
gobernador. No le acertó pero le pasó la lanza tan cerca del hombro, que,
dándole con el asta un gran varapalo, le hizo arrodillar en tierra, quedando la
lanza blandeando en el suelo, y Diego de Soto acertó mejor al indio con su
ballesta, pues le dio por los pechos y lo mató. Los españoles perdieron la
paciencia y dieron en matarlos. Otros, pareciéndoles cosa indigna matar hombres
rendidos, los sacaban a la plaza y los entregaban a los alabarderos, y ellos
los mataban con sus alabardas y partesanas. Y para que los indios intérpretes,
y otros que en el ejército había de servicio llevados de las provincias que
atrás habían dejado, metiesen prendas y se enemistasen con los demás indios de
la tierra y no osasen adelante huirse de los españoles, les mandaban que los
flechasen y los ayudasen a matar, y así lo hicieron".
(Imagen) Solo unos trescientos once
participantes (es decir, más o menos, la mitad) sobrevivieron al terrible
recorrido por La Florida. Dos de ellos eran los hermanos ALONSO VÁZQUEZ y
RODRIGO VÁZQUEZ. Ambos presentaron una relación de sus méritos, Rodrigo en
México el años 1554, y Alonso en Badajoz (España) en 1560. En la que hizo
Rodrigo, confirma que los dos partieron de España el año 1538 con destino a La
Florida, bajo el mando de Hernando de Soto. Habían nacido en Jerez de los
Caballeros (Badajoz), aunque en la nota que se refiere a Alonso (la que se ve
en la imagen), se indica que sus padres, Andrés Vázquez y Leonor Rodríguez,
eran vecinos de Zafra (Badajoz); ambas poblaciones están a tan solo 38 km de distancia. Dice Rodrigo que, llegados a
La Florida, Alonso Vázquez tenía una cargo modesto, el de cabo, bajo las
órdenes del capitán Juan Ruiz Lobillo (otro superviviente), un veterano que ya
había estado en Perú cuando el apresamiento de Atahualpa, y luego acompañó a
Soto en su viaje a España, partiendo después juntos hacia La Florida, lo que se
convirtió en una experiencia terrible, pero, al menos, se evitaron la
continuación de las horrendas guerras civiles de Perú. Sin embargo, Alonso
Vázquez presume en su informe de que llegó a La Florida como capitán (quizá lo
fuera más tarde). Dice también que él y su hermano Rodrigo llegaron con la
tropa a la zona de Paracuxi, donde les habían dicho los indios que había muchos
alimentos, pero resultó mentira. Y añade: "Sufrimos gran hambre durante un
mes y solo comíamos tallos verdes del maíz. Siguiendo adelante,
llegamos a un pantano que tardamos tres días en cruzarlo. En Mabila, los
indios, antes pacíficos, mataron a 20 hombres e hirieron a unos 150. Al
derribar la empalizada tras la que se defendían, fui herido en un tobillo,
dejándome cojo durante un año". Por eso puede contar Rodrigo que luego asumió
el cargo que tenía su hermano "y se ocupó de él por estar enfermo y
flechado". Y resume lo que fue la expedición diciendo: "Padecimos
muchos trabajos de hambres y fríos entre ciénagas durante cuatro o cinco años,
viéndonos desnudos y descalzos". Terminado aquel calvario, fueron los dos
a Perú, para luchar contra el rebelde Gonzalo Pizarro, poniendo por su cuenta
"armas, caballos y negros".
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