martes, 23 de febrero de 2021

(Día 1352) Con fingida cortesía, el cacique Vitachuco planeaba matar a los españoles, y, enterado Hernando de Soto, le siguió el juego.

 

          (942) Al día siguiente se presentaron, como invitados. Soto y sus hombres en el gran poblado de Vitachuco, que tenía unas doscientas casas grandes y otras muchas pequeñas, siendo acogidos con gran alegría y aparatosidad. No tardaron en marcharse sus dos hermanos adonde residían, y Vitachuco empezó a preparar su trama: "Otros cuatro días anduvo Vitachuco después de que sus hermanos se fueron haciendo grandes ostentaciones en el servicio de los cristianos, por descuidarlos, para con más seguridad hacer lo que contra ellos deseaba y tenía imaginado, pues su intención era matarlos a todos de la manera más cruel, todo ello sin pedir consejo a nadie". Lo primero que hizo fue intentar ganarse a los cuatro intérpretes indios de distintas lenguas que tenía Hernando de Soto, contándoles su propósito y ofreciéndoles grandes premios si le ayudaban a llevarlo a cabo, pues era muy importante mantener la confianza de los españoles. Oyendo lo prometido y las advertencias que les hacía Vitachuco de que su destino con los españoles iba a ser tenebroso y sin posibilidad de retornar libres a sus poblados, se  mostraron encantados con su propuesta.

     Después el  gran cacique se ganó también la conformidad de sus capitanes: "Le dijeron que estaban prestos para obedecerle y que tenían preparados los indios de guerra para el día que los quisiese juntar". Pero le falló lo inesperado: "Los cuatros indios intérpretes, volviendo a considerar con mejor juicio lo que el cacique les había dicho, les pareció la empresa dificultosa y la victoria de ella imposible, por la fortaleza de los españoles. Por lo cual, quebrantaron la promesa del secreto que habían de guardar, y dieron cuenta a Juan Ortiz de la traición ordenada por el cacique, para que se lo dijese al gobernador". Cuando supo Hernando de Soto que el plan de Vitachuco era matarlo tras haberle invitado amigablemente a su casa, tomó medidas de inmediato: "Les pareció, a él y a sus capitanes, que la mejor manera de prender a Vitachuco era la misma que él había imaginado para hacerlo con el gobernador. Y, a tal fin, mandó a una docena de soldados de grandes fuerzas que fuesen con él para prender al cacique el día que le convidase".

     Llegó el cacique al campamento para la invitación prometida y le explicó a Soto que los iba a recibir con sus indios en formación de guerra, para mostrarle que también ellos tenían estrategias militares: "El gobernador, con semblante inocente, respondió que le iba a gustar mucho verlos como lo decía y que, para más hermosear el campo, mandaría que los españoles también se pusieran en sus escuadrones, para que unos con otros, como amigos, escaramuceasen y se divirtiesen con ejercicios. El curaca no quería tanta solemnidad y aparato, pero,  con la seguridad y ceguera que tenía de conseguir lo que deseaba, no lo rehusó, pareciéndole que el esfuerzo y valentía propia y la de sus vasallos bastarían para desbaratar a los castellanos. Habiéndose, pues, ordenado la gente de una parte y otra como se ha dicho, salieron los españoles armados y puestos a punto de guerra en sus escuadrones. El gobernador, para fingir mejor que no sabía la traición de los indios, salió a pie con el cacique". Sería interesante escuchar su  conversación de pillo a pillo.

 

     (Imagen) Con frecuencia, recurriré (para estas imágenes) a supervivientes de la campaña de La Florida que figuran en la lista que confeccionó el historiador colombiano José Ignacio Avellaneda Navas (en el caso de que encuentre información sobre ellos). Empezaré con JUAN DE AÑASCO, al que ya mencionó Inca Garcilaso, y lo hará a menudo porque tuvo notable protagonismo. Era sevillano, y nacido a principios del siglo XVI. Siendo muy joven, luchó en las guerras europeas de Carlos V. Es probable que fuera él mismo un Juan de Añasco nombrado en 1536 veedor de la zona del Estrecho de Magallanes en una expedición que fracasó, pues un hijo suyo luchó en Chile. Los datos siguientes no tienen duda. Un año después, a Juan le dieron el cargo de contador público para la campaña de Soto en Florida. Tras partir de Sevilla, y llegado a Cuba, Hernando de Soto lo envió al mando de una nave con la preventiva misión de localizar un buen puerto natural en La Florida y capturar a algunos indios que sirvieran de intérpretes. Su nombre aparecerá con frecuencia partir de la ya próxima llegada de los expedicionarios a territorio apalache. Muerto Hernando de Soto, tomó el mando Luis de Moscoso, 'para volver a casa'. Pero anduvieron muy perdidos, y el hábil navegante Juan de Añasco tuvo la genialidad salvadora de preparar una brújula con un viejo reloj. Llegados a México, Juan se estableció en la ciudad de Puebla. Arruinado por el fracaso de la campaña, le echó una mano el gran virrey Antonio de Mendoza, en 1544, pidiéndole a Carlos V que lo ayudara, "porque fue con el Adelantado Soto a la Florida como contador público y ahora es pobre". Ese mismo año, ya estaba en danza otra vez, porque el virrey le envió en busca de unos corsarios franceses. Parece ser que después se trasladó a Perú y tuvo una explotación minera, aunque en 1556 fue propuesto como tesorero en México, lo cual es su último dato conocido. El dibujo geográfico  de la imagen, datado el año 1544, es conocido como "El mapa de Hernando de Soto", sin que él fuera el autor, pero sí hace referencia a muchas de las zonas que exploró tres años antes (recoge también datos posteriores). Detrás del  documento pone: "Es de los papeles de Alonso de Santa Cruz que se trajeron de Sevilla". El misterioso Santa Cruz era muy conocido en su época, y de su asombrosa biografía hablaremos en la imagen siguiente. Además, el mapa tiene algo que ver con JUAN DE AÑASCO y con compañeros.




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