lunes, 22 de febrero de 2021

(Día 1350) El cacique de Ochile y dos hermanos suyos recibieron bien a los españoles, pero el tercero, Vitachuco, se convertirá en un problema.

 

     (940) Más tarde llegó toda la tropa española: "Entró el ejército en Ochile en forma de guerra, puestos en escuadrón para que viesen los indios que no era gente de la que ellos podían burlarse. El gobernador le pidió al curaca Ochile que enviase mensajeros a sus dos hermanos con mensajes de paz y amistad de los españoles. El cacique los envió a sus dos hermanos, diciéndoles que los españoles traían deseo y ánimo de tener a todos los indios por amigos y hermanos, y que iban de paso a otras provincias y no hacían daño por donde pasaban, y que se contentaban con la comida necesaria, pero que, si no salían a servirles, les harían estragos en los pueblos, tomando más de lo que habían menester, y harían otras cosas, tratándolos como a enemigos. El hermano segundo, que estaba más cerca, cuyo nombre no sabemos, respondió diciendo que se alegraba mucho con la venida de los castellanos a su tierra, que deseaba verlos y conocerlos, y que iría pronto a besar las manos al gobernador y a darle la obediencia. Pasados tres día, vino el hermano de Ochile acompañado de mucha gente noble, besó las manos del gobernador y habló con mucha familiaridad a los demás capitanes. Fueron muy acariciados de los españoles el cacique y todos sus caballeros, porque así lo hacían, en general, con los curacas e indios que salían de paz, y, a los que eran rebeldes, tampoco se les hacía agravio ni daño, salvo en lo que no se podía evitar tomando lo necesario para comer". Notemos que el enfoque de Inca Garcilaso es notablemente diferente al que recoge David J. Weber a través de la pequeña crónica de Rodrigo Ranjel.

     Faltaba la respuesta del hermano más poderoso, Vitachuco: "El tercer hermano, que era el mayor, no quiso responder al recado que su hermano Ochile le envió. Por lo cual los dos hermanos, a instancia del gobernador, enviaron otros mensajeros con el mismo recado, añadiendo palabras muy honrosas en loor de los españoles (insistiendo en su valentía y en su poderío, como si fueran hijos del dios Sol), y diciendo que traían unos animales que llamaban caballos, de los cuales era imposible escapar. Por lo cual, le suplicaban que aceptase lo que tanto les convenía".

     Vitachuco se va a convertir en un problema: "Respondió  a sus hermanos extrañísimamente, con una bravosidad nunca jamás oída ni imaginada en un indio, diciéndoles: 'Bien parece que sois mozos y que os falta juicio. Alabáis mucho a estos hombres y habláis como mujeres. ¿No veis que estos cristianos no pueden ser mejores que los pasados, que tantas crueldades hicieron en esta tierra? ¿No advertís sus traiciones y alevosías? Si fuerais hombres de buen juicio, veríais que andan de tierra en tierra, matando y robando cuanto hallan, tomando mujeres e hijas ajenas, sin traer de las suyas. Si, como decís, fueran virtuosos, no saldrían de sus tierras, que en ellas podrían usar de su virtud sembrando, plantando y criando para sustentar la vida sin perjuicio ajeno e infamia propia, pues andan hechos salteadores, adúlteros, homicidas, sin vergüenza de los hombres ni temor de algún dios. Decidles que no entren en mi tierra, que yo les prometo, por valientes que sean, si ponen los pies en ella, que no han de salir, porque los he de consumir y acabar con todos".

 

     (Imagen) Inca Garcilaso de la Vega publicó su gran crónica sobre la aventura de Hernando de Soto, LA FLORIDA DEL INCA, el año 1605, pero hubo otras cuatro (todas mucho más breves) que tienen su importancia, sobre todo porque las redactaron, mejor o peor, protagonistas que sobrevivieron a aquella fracasada aventura (solamente lo lograron unos  300 de los 600, más  o menos, que fueron a La Florida). Ya hemos hablado de la que escribió RODRIGO RANGEL, la más apreciada entre los historiadores norteamericanos, quizá por ser crítica con Hernando de Soto. El autor resulta sospechoso de inquina, ya que censura cosas censurables, pero que, por entonces, aún eran  frecuentes en las Indias y los cronistas las solían pasar por alto, como el hecho de que Hernando de Soto, siendo un hombre casado, aceptó gustoso una india que le ofreció un cacique. Su breve crónica fue recogida por el gran narrador Gonzalo Fernández de Oviedo (que todo lo absorbía; fallecido en 1557), en su Historia General de las Indias. El funcionario LUIS HERNÁNDEZ DE BIEDMA, que ejercía como factor, hizo su propia narración, también corta, y escrita con poca soltura, pero valiosa por recoger datos dignos de crédito. En la imagen vemos que partió de Sevilla el 12 de febrero hacia La Florida, acompañado de un tal Luis Moreno, vecino de Úbeda, que, al parecer, era un esclavo liberado. El año 1557, HIDALGO DE ELVÁS, un portugués que había estado en la terrible campaña, publicó otra breve crónica en Évora (Portugal). Hubo un clérigo que hizo asimismo sus anotaciones, aunque fue el más escueto: FRAY SEBASTIÁN DE CAÑETE. Se interesó por la flora y la fauna, y aportó una anécdota que revela el estricto código moral de los indios de La Florida. Dice que la mujer adúltera era condenada a muerte. Pero no solo ella. El marido se presentaba con sus familiares ante los parientes de la transgresora, los acusaban de haberle engañado con respecto a las virtudes de su mujer, y los mataban a todos. Nos falta por añadir a estas fuentes históricas la de de INCA GARCILASO DE LA VEGA, la mejor de todas (¡con 574 páginas!). Él no fue testigo de los hechos, pero le informaron bien tres conquistadores que allí estuvieron, especialmente GONZALO SILVESTRE, a lo que hay que añadir que, por ser el último redactor, tenía conocimiento de las versiones anteriores, y algo de lo que carecían sus autores: una gran calidad como escritor. Recordemos que también utilizó lo que escribieron CARMONA y COLES.




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