lunes, 25 de noviembre de 2019

(Día 963) Cieza sigue de nuevo con la expedición enviada por Vaca de Castro a la zona de la Plata. Iba al mando Diego de Rojas, y desvió la ruta hacia Tucumán por parecerle un territorio prometedor.


     (553) Después de hacernos Cieza la confidencia de que le parece abrumadora la tarea que le queda por delante para contarnos el resto de las guerras civiles, y asegurarnos que está dispuesto a morir en el empeño, enlaza de nuevo con el inicio de la campaña de la zona en la que nace el Río de la Plata, fronteriza con Bolivia. Resumiré a lo esencial lo que va a narrar. Nos servirá para comprender que, aunque la batalla de Chupas ya había terminado, quizá quedara entre aquellos soldados un clima de violencia. Los integrantes de esta expedición eran todos pizarristas, y habían sido enviados por Vaca de Castro, el representante del Rey, pero veremos enfrentamientos salvajes entre sus capitanes.
     El caso es que Vaca de Castro había establecido unas normas muy claras sobre el liderazgo, e incluso el mecanismo de sucesión en caso de muerte del capitán de mayor mando, pero de poco sirvió. Así lo había dispuesto: “Nombró como General al capitán Felipe Gutiérrez, al capitán Diego de Rojas como Teniente del Gobernador en la primera ciudad que fundasen, y a Nicolás de Heredia como Maese de Campo. Proveyó también que, si Dios permitiera que Felipe Gutiérrez fuese muerto, el cargo quedase en los otros dos, y, si de ellos muriese el uno, quedase en el otro”. Con esa distribución, el mando supremo correspondía a Gabriel de Rojas, puesto que era el representante del gobernador Vaca de Castro.
     Reunieron una tropa de ciento treinta soldados, e hicieron algunos nombramientos de oficiales: “Como Alférez General salió Hurtado, Pedro López de Ayala como Capitán e Rodrigo de Cantos como Oficial del Rey, y entre estos iba el animoso mancebo Diego Álvarez, quien después fue Alférez General en la derrota de Huarina (durante la próxima guerra civil contra Gonzalo Pizarro)”.
     Partió primero desde el Cuzco Diego de Rojas con sesenta soldados, para llegar al valle de Chicuana y esperar allí a los demás. La idea inicial era ir descubriendo por la zona del río Arauco (tierra de los temibles araucanos), pero Rojas encontró unos indios que le hablaron de la prosperidad del territorio de Tucumán (Cieza dice que eran fantasías) y pensó dirigirse hacia allá. Parte de los que se habían quedado en el Cuzco, se pusieron en marcha antes que sus capitanes y alcanzaron a Diego de Rojas, llegando algunos con comentarios que solo servirían para encizañar: “Es cosa muy usada que los españoles que andan en esta tierra sean amigos de bullicios, y, sin haber causa para que inventasen tan gran maldad, algunos de los que llegaron adonde el capitán Diego de Rojas, le decían que Felipe Gutiérrez venía acompañado de algunos de sus amigos con intención de quitarle la vida para tener un mando absoluto. Diego de Rojas se alteró al oír lo que decimos, pero, como era hombre prudente, no creyó por entero que sería verdad, pero tampoco dejó de tener sospecha y cuidado para mirar por sí”. Este incidente puede aclararnos un detalle confuso. Se diría que Vaca de Castro le había dado a Felipe Gutiérrez el máximo mando militar, pero, quien estaba nombrado como jefe de la expedición, era Diego de Rojas.
     Enseguida nos hará Cieza un comentario elogioso sobre el burgalés Diego de Rozas, admirando sobre todo su experiencia, ya que había participado en las gloriosas correrías de Hernán Cortés por México. Ya le dediqué una imagen que hacía referencia también a la campaña que tiene ahora entre manos. Mucho va a lograr, pero morirá en el empeño. Digamos también de paso que Vaca de Castro, después de la batalla de Chupas, le confió la misión de apresar y ejecutar a varios cabecillas almagristas. Y lo hizo con la eficacia y la sangre fría propias de su veteranía.

     (Imagen) Como de pasada, Cieza menciona a RODRIGO CANTOS DE ANDRADE. Pero se trataba de un tipo sorprendente y de agitada biografía. Nació en Zafra (Badajoz). Entre otras cosas sorprendentes, hizo en 1573 un informe sobre la zona de Pachacámac, que está editado pero que me va a ser difícil obtener. (Curiosamente, Cieza solía llamar a los almagristas ‘los de Chile’, y, a los pizarristas, ‘los de Pachacámac’, por tratarse de la zona de Lima). Rodrigo presentó en 1561 una relación de sus méritos, que resumo. Después de estar 15 años peleando por Perú, fue a la zona de Río de la Plata. Explica que, al volver, fue él quien convenció a Nicolás de Heredia para que se uniera a Lope de Mendoza y lucharan contra Gonzalo Pizarro bajo el mando del virrey Núñez Vela. En la batalla de Pocona fueron derrotados por Francisco de Carvajal, “quien cortó la cabeza de Heredia y  Mendoza, y estuvo a punto de hacer lo mismo con él”. Cuando le soltaron, “se vio forzado a andar huyendo por despoblados hasta saber que el licenciado La Gasca había venido”. Entonces se puso bajo sus órdenes, participó en la batalla de Jaquijaguana, y, tras la muerte de Gonzalo Pizarro, estuvo todavía en misiones de captura de partidarios suyos. Después vivió azarosamente. En 1548 era Alguacil Mayor del Cuzco, pero abandonó el cargo por estar mal pagado. Hizo varios viajes a España, volviendo a Perú en 1558 (con un hijo suyo) y, en 1565, acompañado de “un criado y dos mujeres para su servicio”. En uno de los viajes, se había casado en Zafra, a pesar de que ya lo estaba en Perú. No consta que le causara problemas legales por bigamia. Tuvo más suerte que Francisco Noguerol de Ulloa (hablé de él anteriormente), quien, por la misma razón, estuvo sometido a un larguísimo pleito. Otra de las hazañas de RODRIGO CANTOS DE ANDRADE (y no pequeña en aquellas tierras) fue vivir casi 90 años.



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