domingo, 17 de noviembre de 2019

(Día 957) Tras las primeras ejecuciones sumarias, Vaca de Castro fue prudente en el castigo de los demás almagristas derrotados. Para ocupar a sus hombres, decidió que algunos fueran a conquistar en la sobrevalorada zona del río de la Plata.


     (547) Ejecutados Diego de Almagro el Mozo y otros cabecillas de su bando, quedaba en el Cuzco un grupo de almagristas presos, sin duda incapaces de dormir por la incertidumbre de su suerte. Pero por piedad, o por pragmatismo político, se paró la máquina de matar: “Vaca de Castro oyó las declaraciones de algunos que habían estado en la batalla con Diego de Almagro el Mozo, y fueron sentenciados moderadamente, condenándolos en algunas penas livianas”.
     Cieza vuelve a hablar de los que habían llegado de Chile con el capitán Monroy por orden de Pedro de Valdivia para reclutar gente. Necesitaban con urgencia reforzarse para someter a los duros araucanos y ampliar la zona de conquista: “Como Vaca de Castro vio que convenía al servicio de su Majestad, les proveyó del mayor  socorro que pudo, y así partió Monroy en un navío con casi cien españoles,  caballos y armas”.
     Por otra parte, Vaca de Castro hacía lo habitual en las Indias cuando los soldados estaban irritados por falta de recursos suficientes: “Tuvo gran cuidado de  enviarlos a conquistas e descubrimientos, proveyéndolos de caballos y otros socorros, y en esto bien le podemos loar de prudente”.
     Esto le va dar pie a Cieza para hablarnos de cómo surgió la idea de una gran expedición (de la que ya hemos comentado algo). Pero, casi en función de aguafiestas, hace alusión a las fantasías que habían surgido sobre las riquezas que existían en torno a un gran río que nace en las tierras previstas para la campaña: “Teníase gran noticia de las provincias que se extienden por donde corre el poderoso Río de la Plata, que, cuando sale al Océano (Atlántico), parece seno de mar y no de río. Cuando se descubrió su entrada, ciertos españoles que fueron por él arriba e llegaron a las provincias (de Perú), contaron grandes cosas. Como los acaecimientos siempre se engrandecen, se decía que había tanta cantidad de plata y oro, que los indios no lo apreciaban. Yo conocí a Francisco de César (ya hablamos de él), que fue capitán en la provincia de Cartagena, y a un Francisco Ogazón, que también es de los antiguos conquistadores de aquella provincia, e muchas veces los oía afirmar con juramento que vieron allá mucha riqueza e grandes manadas de ganado. Después fue como Gobernador a aquella tierra Don Pedro de Mendoza, y pasaron los acontecimientos que diré cuando hable de la última guerra y la venida del Presidente Pedro de la Gasca”. En muy lejanas páginas hablé de Don Pedro de Mendoza, primer Adelantado de Río de la Plata y protagonista de la primera fundación de la ciudad de Buenos Aires, asentada definitivamente muchos años después por Juan de Garay. Retornando a España, murió Mendoza de enfermedad, siendo sumergido su cuerpo en las aguas del Atlántico. Tras hacer este preámbulo para ponernos en situación, Cieza narra cómo se despertó el entusiasmo en algunos hombres de Vaca de Castro, y se puso en marcha la azarosa aventura, que estará llena de incidentes (algunos de los cuales ya conocemos).

     (Imagen) Sin haber ejecutado todavía a DIEGO DE ALMAGRO EL MOZO, y teniéndolo preso, VACA DE CASTRO le envió una carta al Rey para darle a conocer la situación tras la victoria de la batalla de Chupas. En ella queda clara su intención de matarlo, lo cual indica que estaba seguro de que Carlos V no se lo iba a reprochar. No lo había hecho todavía porque esperaban saber de él dónde tenía el dinero que había robado a la Corona. La carta (la imagen muestra el inicio del documento) era del 24 de noviembre de 1542, y lo mató el día 27. Le comunica al Rey cómo fue la victoria, y le dice: “De nuestro bando murieron unos cuarenta, casi todos arcabuceros, ninguno de lanza o espada y pocos de alto grado, salvo el capitán Perálvarez Holguín, que murió a su (imprudente) manera, y por su causa tuvimos algún daño, porque le encomendé romper con la caballería la vanguardia enemiga, y se retrasó en esto, de manera que nuestra infantería recibió daño de los contrarios, e por esto entró un tiro de artillería por un lado y se llevó cinco hombres, entre ellos un pariente mío y el capitán Jiménez y el capitán Gómez de Tordoya. La muerte de Perálvarez la proveyó Dios como convenía, porque era de vivir siempre en motín con gente común, y tan alterado, que me había de poner en trabajo e dar ocasión para que lo degollase”. Añade que después de la batalla ejecutó a seis oficiales almagristas y a otros que estuvieron implicados en el asesinato de Pizarro, teniendo intención de matar a todos los responsables. Pero dice también que, aunque había otros merecedores de morir, e, incluso, la rebeldía de los almagristas fue tan ambiciosa que proyectaban matar en Chile a Pedro de Valdivia y apoderarse de todas aquellas tierras, tenía decidido no quitarle la vida a nadie más, bastando con que fuesen desterrados los menos culpables a Nicaragua o a Guatemala.



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