lunes, 22 de abril de 2019

(Día 811) Diego de Sandoval recluta gente para que Pizarro no le quite a Belalcázar las tierras que estaba conquistando. Lorenzo de Aldana reacciona rápidamente para tratar de abortar el plan de Sandoval.


     (401) Oigamos a Cieza: “Con la provisión que  Pizarro le había otorgado, Lorenzo de Aldana comenzó a reunir gente para ir a Quito, y, estando en Tumbes, se enteró de que, en la provincia de los cáñaris, un tal Diego de Sandoval, al que Pizarro le había dado allí un repartimiento de indios, procuraba disimuladamente juntar gente para mandarla a Popayán, donde estaba Belalcázar. Sabiéndolo Aldana, le pareció que convenía ir con mucha presteza a Tomebamba, para impedir que Belalcázar, que tenía intención de quitarle el gobierno de aquella provincia al Gobernador Pizarro, se hiciese más  poderoso de lo que estaba”.
     Durante las complicadas intervenciones que Aldana va a tener, actuará con suma prudencia. Y uno de sus principales cuidados será el de no mostrar en su totalidad los importantísimos poderes que le había dado Pizarro. Lo hará gradualmente, en la justa medida que convenga a cada circunstancia: “Lorenzo de Aldana daba a entender que solo iba con poder de juez de comisión y como capitán particular. En el camino encontró a algunos que se iban a juntar con Diego de Sandoval, quien, cuando llegó adonde los cáñaris, tenía más de ciento veinte españoles, entre los cuales estaba un Cristóbal Daza, muy amigo de Belalcázar, y un Benito Méndez, los cuales deseaban que la gente le fuese llevada al capitán Belalcázar, y procuraban hacerlo porque ya se lo habían comunicado”.
     Luego explica muy bien Cieza que estaban colaborando con la ambiciosa estrategia de Belalcázar para esquivar la autoridad de Pizarro: “Su intención era llevarle hombres a Belalcázar para que pudiera poblar provincias y fundar nuevas ciudades, y, dejando en ellas sus lugartenientes, salir al mar Océano e ir a España a pedírselo todo a Su Majestad como gobernación. Pero, habiéndolo sabido Lorenzo de Aldana, deseaba tener pronto a Sandoval a su alcance para impedirle que hiciera daño a la misión que le había confiado Pizarro. Prosiguiendo su camino, llegó a Tomebamba, y disimuló con Sandoval, con Cristóbal de Daza y con los demás que allí estaban, haciendo muestra de que no sabía lo que ellos pensaban. Mandó pregonar la provisión de capitán que traía, y, como no mostró otra cosa, quitaban valor a su venida, diciendo que había sido gran simpleza la suya al haber venido con poder tan corto para un camino tan largo”. Pero había cierto ‘mosqueo’, y la presencia de Aldana les imponía respeto. También les mostró la provisión de juez de comisión, que era otra autoridad añadida, aunque les ocultó el resto de sus poderosas competencias: “A pesar de estas dudas y pensamientos que la gente tenía, todos le obedecían e cumplían sus mandamientos”. Está claro que el prestigio de Aldana tenía mucho peso.
     Aldana siguió desarrollando su plan. Escribió al cabildo de Quito para que los españoles que iba a enviar a la ciudad no saliesen de ella con intención de unirse a Belalcázar. Incluso tomó la precaución de que, para evitar lo mismo, los hombres fuesen hacia Quito en grupos tan pequeños, que dificultaran cualquier  brote de rebeldía.

     (Imagen) Otro capitán de espectacular biografía, aunque Cieza lo va a calificar de irresponsable: DIEGO DE SANDOVAL. Nació el año 1505 en Santa Olalla (Toledo). Tenía que ser de familia bien situada (y muy temerario) porque, con solo 17 años, llegó a México teniendo ya un caballo. Estuvo después batallando con el gran Pedro de Alvarado por Guatemala, y con él se trasladó a Perú, quedándose en la zona de Quito, junto a otros compañeros, cuando su jefe abandonó la campaña y apareció por aquellas tierras el duro y casi rebelde Sebastián de Belalcázar. En la imagen vemos que Diego da estos datos en su expediente de méritos y servicios. Por entonces vivió con Francisca Coya, una hermana del fallecido Atahualpa. Tuvieron dos hijas, y, tras morir ella en 1544, se casó con la española Catalina Calderón, aumentando su descendencia. Ahora le vemos entregado en cuerpo y alma a Belalcázar, y de manera harto imprudente, porque su desobediencia le habría costado la cabeza si, quien representaba al Gobernador Pizarro, no fuera el prudentísimo Lorenzo de Aldana. Tuvo una larga y ajetreada vida. Murió en 1580, y debió de volverse muy sensato, porque, en todas las guerras civiles posteriores, batalló siempre en el bando leal a la Corona. Aunque en su expediente de méritos le dramatizaba al Rey su precaria situación económica, para que premiara sus (en verdad) valiosos méritos, era, sin duda, un hombre muy rico, como lo demostraba que su casa fuera la más lujosa de Quito, y el hecho de que, de vuelta de un viaje a España, llegó a Perú con bienes tan ostentosos como, entre otros, dos cuadros de Tiziano.



1 comentario:

  1. Que gran blog tiene, un gusto leer información de mi antepasado Diego de Sandoval

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