viernes, 12 de abril de 2019

(Día 803) Cieza, y otros cronistas, describen a Almagro. Terminada la batalla, y, para que los soldados estuvieran ocupados, Hernando Pizarro los envió a conquistar en diversas zonas.


     (393) Cieza se despide del triste personaje retratándolo con breves pinceladas: “Almagro murió con sesenta y tres años de edad. Era de pequeño cuerpo, de feo rostro e de mucho ánimo, gran trabajador y liberal, aunque, con jactancia de gran presunción, a veces sacudía con la lengua sin refrenarse. Era también inteligente y, sobre todo, muy temeroso del Rey. Fue muy importante para que estos reinos fuesen descubiertos. Dejando las opiniones que algunos tienen, digo que era natural de Aldea del Rey, y nacido de tan bajos padres que se puede decir que en él empezó y acabó su linaje”. Se suele considerar que había nacido en Almagro (Ciudad Real), pero la seguridad que muestra Cieza y el hecho de que su afirmación vaya más al detalle, da mayor verosimilitud a que viera la luz (que ahora se le acaba al extraordinario conquistador) en esa aldea que solo dista veinticinco kilómetros de  la villa de Almagro.
     Puesto que el personaje lo merece de sobra, vendrá bien honrarlo añadiendo más datos de su triste final a través, primeramente, de lo que le contaron al Inca Garcilaso de la Vega, y después, de lo que vio el apasionado Don Alonso Enríquez de Guzmán. Garcilaso suele copiar frases de los ilustrados cronistas oficiales Agustín de Zárate y Francisco López de Gómara (clérigo que nunca estuvo en las Indias), pero siempre añade comentarios muy acertados y datos de su propia cosecha. Así nos enteramos de que Hernando Pizarro no envió a Diego de Almagro el Mozo adonde Pizarro (antes de la triste ejecución) para que quedara bajo su amparo, sino “para que los amigos de su padre no se amotinaran con él” (como, de hecho, ocurrió posteriormente). También Gómara, después de comentar que se decía que Almagro  era hijo de un clérigo, hace una descripción de su carácter: “No sabía leer, era esforzado, diligente, amigo de honra y fama, mas se vanagloriaba de que todos supiesen lo que daba. Sus soldados lo amaban por sus dádivas, aunque muchas veces los maltrataba con la lengua y con las manos. Nunca estuvo casado, pero tuvo un hijo en una india de Panamá, que se llamó como él,  al que crio y enseñó muy bien”.
     Luego Garcilaso nos explica claramente el caldo de cultivo en que se fue incubando la ejecución de Almagro, aunque lo más probable sería que, con caldo o sin caldo, Hernando Pizarro (y estando conforme Francisco Pizarro) ya tenía decidido eliminarlo: “Para mayor inteligencia, es necesario que digamos algo. Después de la victoria, quiso Hernando Pizarro alejar de sí a los enemigos para no quedar en peligro de que lo matasen, porque, con las crueldades que se hicieron después de la batalla, quedaron tan enemistados los dos bandos, que, aunque Hernando Pizarro hizo todo lo que pudo para hacer amigos a los más principales, no le fue posible. De día en día mostraban más su odio y rencor, hablando libremente de vengarse en cuanto pudieran. También los amigos se hacían enemigos viéndose engañados en sus esperanzas. Y, para evitar el peligro, decidió enviar a amigos y enemigos a nuevas conquistas”. 

     (Imagen) Dijimos varias cosas del trujillano FRANCISCO DE CHÁVEZ. Fue reclutado para el Perú por su paisano Francisco Pizarro, pero luego, confiando en grandes triunfos, partió para Chile con Almagro. Volvieron fracasados. Chávez siguió a la vera de Almagro y luchó con él en las Salinas. Tras la derrota, Pizarro confió nuevamente en él. Lo envió a luchar contra indios rebeldes, y quedó para siempre marcado como hombre cruel porque, al no poder castigar a un indio que mató traidoramente a un español, se ensañó con las mujeres y los niños que quedaron en el poblado. Ahora se nos muestra en el texto de la imagen como prototipo del hombre que reniega del pasado por una nueva alianza, esta vez con Pizarro. Almagro, su antiguo gobernador, fue ejecutado sin piedad alguna. Unos meses más tarde, Chávez le escribe al Rey justificando los hechos. Le dice que “después del desbarate de Diego de Almagro, Hernando Pizarro, viendo ser bueno para el servicio de Dios y de Vuestra Majestad, y por evitar más daños e inconvenientes, ya que cada día resultaban motines y alborotos, después de haber hecho un proceso contra él, y por los delitos que halló, le cortó la cabeza”. Añade que no dice más porque Hernando Pizarro dará cuenta de su descargo ante Su Alteza. Pero teme el castigo del Rey, y continúa su carta elogiando a Francisco Pizarro y a sus hombres afirmando que “si esto no hubiera sucedido, los servicios que harán a Su Majestad no serían tan claros y manifiestos como debieran serlo”. El Destino quiso dos años después que, cuando asesinaron a Francisco Pizarro, también acabaran con la vida de FRANCISCO DE CHÁVEZ. Las guerras civiles eran un infierno.



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