miércoles, 27 de febrero de 2019

(Día 765) Pizarro, en un burdo montaje ante notario, le prohíbe a Hernando Pizarro que vaya a España (que era lo que Almagro le exigió para liberarlo), basándose en que es necesario que se encargue de la lucha contra el acoso de Manco Inca.


     (355) No parece que Pizarro hablara sinceramente de su preocupación por un posible castigo del Rey, y, esta vez, da la impresión de que Cieza quiere proteger su imagen, como si el paso que va a dar a continuación fuera resultado de las presiones de sus hombres, y, especialmente, de sus dos hermanos. Pizarro mandó llamar a un escribano, y le dictó una orden sibilina dirigida a Hernando Pizarro, preludio necesario para lanzarse al cuello de Almagro. Resumo el texto que Cieza copia íntegramente. Pizarro empieza explicando  que la ocupación violenta del Cuzco por parte de Almagro, además de ser ilegal, había provocado una lucha fratricida entre compañeros, trayendo también consecuencias muy graves para la campaña contra la rebelión de Manco Inca, guerra en la que ya habían muerto más de seiscientos españoles, e impidiendo asimismo que se continuara la fundación de poblaciones. Le acusaba también de no cumplir, con falsas excusas, las órdenes que el Rey había dado sobre los límites de las gobernaciones.
     Lo que dice Pizarro luego es un modelo de burdo camuflaje para que Hernando Pizarro no se vea obligado a ir a España (con la oculta intención de que se quede para dirigir el ataque contra Almagro): “E puesto que en todo esto es necesario poner remedio, e a él (Pizarro) le compete como Gobernador, y para que lo pueda hacer sin oposición del Adelantado Almagro, siendo cosa importante al bien del reino allanar la tierra (habla de atacar a los indios, no a Almagro), dado que él está muy viejo y cansado, no pudiendo por su sola persona asumir tan grande trabajo, y porque al presente se halla allí Hernando Pizarro, su hermano, y serle notoria la confianza que Su Majestad le tiene, y dado que está preparado para irse a los reinos de España (el Rey le había ordenado partir) a llevar a Su Majestad cierto oro, aunque en sus cartas le manda que, si conviene su estancia en el reino de Perú, se quede en él y ayude a su pacificación. Por tanto, considerando la necesidad de que su persona permanezca en la provincia, le requería e mandaba que se quede, y no salga de ella hasta  que esté pacífica y sin ninguna alteración, so pena de cincuenta mil pesos de oro para el Fisco Real, y que, si por dejarlo de hacer y por estar él tan viejo y enfermo, algún daño resultara, que Su Majestad le castigue con todo rigor”.
    Ciertamente, lo de la sanción a Hernando Pizarro,  rizando el rizo del montaje, da risa. Y Cieza lo subraya: “Esto pasó a la letra como lo cuento, manejado por Hernando Pizarro (y un complaciente Pizarro), pareciéndole que de esa manera se podría colorear el propósito que tenía”. Pero no les pareció suficiente la mascarada. Hernando Pizarro la prolongó respondiéndole a Pizarro con un escrito en el que le pedía teatralmente que anulara su orden, porque “en lo tocante a la guerra, tenía muchos caballeros que la sabían muy bien hacer, y que él hasta ahora no había podido salir del Perú para  cumplir con la orden de su Majestad de que le llevara el oro que estaba retenido; y dijo que apelaba la pena que le ponía si no cumplía lo ordenado. Y el Gobernador D. Francisco Pizarro no consintió en sus protestaciones”. Patético sainete.

     (Imagen) En la segunda hoja de la carta, FELIPE GUTIEREZ dice (abreviado): “Como vi la discordia que habría con la llegada de Hernando Pizarro al Cuzco, me vine con él con intención de ponerlos en paz (a él y a Almagro), y le amonesté hasta que llegamos al Cuzco, donde hallamos la gente de Almagro, y fue forzado dar la batalla. Después de haberla vencido Hernando Pizarro, hallamos en la ciudad a Don Diego de Almagro retraído en su fortaleza, donde tengo por cierto que le mataría si yo no me hallara presente, que le salvé, y Hernando Pizarro le mandó prender. Y, porque en la batalla, como es uso en semejantes tiempos, había habido robos, yo procuré la restitución de ello, y trabajé para que no hubiese agraviados, e hice amistades entre muchos que estaban enfrentados, evitando muertes. Propuse la paz de Don Diego de Almagro con Hernando Pizarro, y, como no tuvo efecto, trabajé para evitar la muerte de Almagro y para que se le entregase a Vuestra Majestad, o al menos se llevase su asunto a Lima para que los letrados lo viesen. Lo cual tampoco aprovechó porque Hernando Pizarro hizo de él justicia (lo ejecutó)”. Termina su carta diciendo  que es urgente poner remedio a la situación, y que él queda a disposición del Rey esperando que le envíe a hacer algún descubrimiento, porque convendría que la gobernación se repartiese como le propone en una memoria que acompaña. A Pizarro, poco antes de morir en 1541, le ordenó el Rey que le devolviera a Felipe una encomienda de indios que le había quitado, señal de que ya no se llevaban bien. Consta asimismo que, hacia 1548, Gonzalo Pizarro degolló a Felipe Gutiérrez.



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