miércoles, 6 de febrero de 2019

(Día 747) Pizarro reacciona con desprecio a las sospechas de Almagro sobre un posible ataque suyo. Fancisco de Godoy, hombre de Pizarro, tiene intención de avisarle a Almagro del peligro. Frío encuentro entre los dos contrincantes, especialmente por parte de Pizarro.


     (337) Antes de partir hacia el problemático encuentro, Almagro le encargó a Juan de Guzmán que se adelantara para decirle al Gobernador Pizarro “que asegure de tal manera la paz, que nadie piense que somos crueles enemigos, y que solamente traiga consigo doce de a caballo, pues yo no llevaré más”. Guzmán llegó a Mala muy pronto, así que, aunque Bobadilla le pidió que esperara allí, siguió adelante hasta encontrar a Pizarro, que ya se había puesto en marcha. Le dio una carta de Almagro en la que le echaba en cara su desleal maniobra, “porque estaba informado de que venía acompañado de mucha gente de guerra, e que no era cosa que por él (Pizarro) se había de consentir, pues se había dado palabra de caballeros de venir solo con doce de a caballo”. Pizarro le dio una manotada a la carta y le contestó de mala manera a Juan de Guzmán, asegurándole además que  iba con solo doce de a caballo: “Llegado de vuelta Juan de Guzmán con su mala impresión sobre la actitud de Pizarro, les dijo Almagro a sus capitanes “que estuviesen preparados para ayudarle por si le viesen en algún apuro”. Pero, a pesar de la insistencia de sus hombres en acompañarlo, solo admitió que lo hicieran quedándose a las puertas de Mala (salvo los doce de a caballo señalados), “porque no convenía que entraran con él ni que él faltase a su palabra, ni quedar tenido por perjuro”.
     Gonzalo Pizarro y su tropa se iban acercando a Mala con el propósito firme de apresar a Almagro: “Andaban lo más encubiertamente que podían, y tenían concertada la señal de que, en oyendo tocar unas trompetas en Mala, supieran que el Adelantado Almagro estaba allí y que podían ir a prenderlo, y en un cañaveral que estaba muy cerca del aposento de Mala pusieron una emboscada de arcabuceros y escopeteros. Francisco de Godoy, que era uno de los doce que fueron con el Gobernador Pizarro, teníase por muy amigo del Adelantado Almagro e pesábale que, viniendo él tan ignorante, le quisiesen prender y matar, y tenía voluntad de avisarle de ello”.
     Mientras se preparaba la traición, los que fueron entrañables compañeros, Pizarro y Almagro, se iban a ver  por fin cara a cara con una tensa cortesía, y sin duda atormentados en su corazón por la amargura y la rivalidad: “Almagro llegó adonde ya estaba Pizarro, se apeó de su caballo, e quitándose un sombrero que traía puesto, le fue a abrazar. Pizarro tenía una celada en la cabeza. No se la quitó, ni hizo más que una señal de cortesía poniendo las manos en ella e inclinándose hacia abajo. Yendo a abrazarle Almagro, él hizo lo mismo, mostrando poca gana de ello”.
     Hubo alguien que notó el ambiente enrarecido, y sospechó lo peor: “Juan de Guzmán, viendo que en aquella importante circunstancia no convenía que las trompetas tuviesen silencio, les dijo a los que las tenían que por qué no tocaban. Respondieron que aún no era tiempo. Y cuando lo oyó, Guzmán pensó que quizá estuviesen aguardando el momento de hacer alguna señal, e tuvo astucia para, cuando vio que querían tocar, estorbarlo”.

     (Imagen) Buscando datos sobre el cacereño FRANCISCO DE GODOY, tropiezo con un texto que hace referencia al triste final del mejor capitán que tuvo Almagro: Rodrigo Orgoñez. Siete años después de la muerte de este bravo capitán (cuyas advertencias no fueron escuchadas por su jefe, para desgracia de los dos), aún debían de andar en pleitos por la herencia sus familiares, pues el año 1545, el Rey, para aclarar la situación, da una orden (la de la imagen) que, en esencia, dice: “Ha venido a estos reinos desde el Perú un capitán llamado Francisco de Godoy, el cual dice que tiene, o sabe, en poder de quién está, el testamento que hizo Rodrigo Orgóñez, difunto, en la dicha provincia del Perú, e conviene a nuestro servicio que se vea e se saque del poder del dicho capitán el dicho testamento, o se traiga a nuestra presencia si supiese dónde está”. Francisco de Godoy dio pruebas de sensatez en repetidas ocasiones. En 1536 era alcalde de Lima, y, enviado por Pizarro en ayuda de los sitiados en el Cuzco, se dio la vuelta al comprender que era una misión imposible. Hoy nos ha contado Cieza que Godoy protestó noblemente por la sucia trampa que se le estaba preparando a Almagro. En 1541, cuando Francisco Pizarro fue asesinado, seguía viviendo en Lima, y luego luchó contra los almagristas en la batalla de Chupas, pero veremos más tarde que, harto de las guerras civiles, se volvió a su localidad natal, Cáceres, donde, empleando parte de su gran fortuna, dejó para la posteridad un magnífico palacio en el espléndido casco viejo de la ciudad (ya mostré en su día la foto del extraordinario edificio).





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