sábado, 2 de febrero de 2019

(Día 744) Se planea apresar a Almagro cuando vaya a reunirse con Pizarro. Francisco de Chaves y Diego de Agüero se oponen, pero Gonzalo Pizarro, con ese propósito y de manera oculta, sale detrás de su hermano al mando de unos setecientos hombres.


     (334) Le avisaron a Pizarro de que Almagro se dirigía a Mala con solamente doce de a caballo, según lo estipulado por Bobadilla, con el fin de asistir al procedimiento establecido para resolver el difícil conflicto: “Aunque él también tenía pensamiento de salir pronto de la ciudad con solamente doce de a caballo, les rogó a sus consejeros que le dijesen lo que debía hacer en aquellas sesiones, porque no tenía entera confianza en el Adelantado Almagro si viese ocasión de ponerse en armas”. La primera respuesta fue osada y oportunista, pero, dentro de lo que cabe en la estrategia militar, sensata: “Gonzalo Pizarro y el bachiller García Díaz (siempre se indicaba la importancia del escalafón académico, bachiller, licenciado o doctor) aconsejaron al Gobernador que, tras él, debía salir la gente y prender al Adelantado, haciéndolo sin alboroto ni derramamiento de sangre, y sin aguardar a que se volviese con su capitanes a su campamento; y que, después de que lo tuviesen preso, lo debía enviar a España para que Su Majestad, siendo informado de la manera injusta con que había entrado en la ciudad del Cuzco y de los daños que por su causa se habían producido, lo mandase castigar”.
     Lo de que el Rey resolviera después, quizá hubiese servido para que se impusiera definitivamente el orden. Pero el plan llevaba incorporadas la traición y la cobardía de aprovecharse de que Almagro solo contaría con doce jinetes. Hubo voces discordantes, pero lo cierto es que, de tapadillo, se puso en macha el plan: “Francisco de Chaves, Diego de Agüero e otros decían que no  se debía prenderle, porque sería evidente la pasión, y quedarían como fementidos (perjuros). No obstante, es público que determinaron prender a Almagro, aunque yo creo que el Gobernador no lo mandó”. En este caso, Cieza disculpa demasiado a Pizarro.
     El meticuloso cronista anota la fecha de la salida de Pizarro con doce de a caballo (diez de noviembre de 1537) y da los nombres de sus acompañantes. Y sigue contando: “Al cabo de tres días, llegó al pueblo de Mala, donde fue bien recibido por el juez Bobadilla, a quien dijo venir a cumplir el mandamiento que le había notificado. Bobadilla le contestó que, puesto que D. Diego de Almagro había hecho pleito homenaje,  hiciese él también tal juramento. Ya  habían llegado Hernán Ponce y D. Alonso Enríquez, quienes habían sido nombrados para tomarle pleito homenaje”. Pero Cieza, en un escueto párrafo, pone al descubierto el traicionero plan que se había organizado: “Cuando el Gobernador D. Francisco Pizarro hubo salido de la Ciudad de los Reyes, Gonzalo Pizarro salió después de la ciudad con más de setecientos españoles de a pie y de a caballo, y caminaron muy en orden, haciendo el menor ruido que podían”. Cuesta creer que, como nos ha dicho antes Cieza, Pizarro no hubiera autorizado esta sigilosa salida, porque nunca se habría atrevido Gonzalo a hacerlo, llevando además un numeroso ejército, sin el consentimiento de su hermano, ‘el señor Gobernador’. Por esta vez, al ilustre cronista le ha traicionado su tendencia a disculpar a Pizarro en los casos de duda.
    
     (Imagen) Vemos ahora a DIEGO DE AGÜERO censurando noblemente que se  quisiera prepararle una traición a Almagro. Él fue quien corrió para dar la primera alarma de que los indios iban hacia Lima para atacar la ciudad. También corrió en 1541 a casa de Pizarro para evitar su asesinato, pero llegó tarde. En 1573, su nieto José de Agüero presentó documentación sobre los méritos de su padre, Diego de Agüero el Joven, y de su abuelo, Diego de Agüero el Viejo (nuestro actual protagonista). Los dos fueron regidores de la ciudad de Lima, y participaron, sirviendo al Rey, en las guerras civiles. Curiosamente, uno de los bisabuelos de José fue el vizcaíno Francisco de Garay, Teniente de Gobernador de Jamaica, quien, al sentirse perdedor, hizo un acuerdo de paz con el invencible Hernán Cortés. El  mismo día en que lo celebraron, murió Garay, surgiendo la sospecha (injustificada) de que había sido envenenado. Diego de Agüero el Viejo exhibió ya desde joven sus ansias de renombre. La imagen muestra el dibujo del escudo que consiguió (solo tenía 26 años) del Rey tras enviarle esta carta: “Diego de Agüero fue con el Gobernador Don Francisco Pizarro a la conquista de Perú, y se halló con él en toda la conquista y pacificación, y en la prisión del cacique Atahualpa, y al presente está sirviendo contra el levantamiento de dichas tierras (por parte de los indios), y ha hecho otros muchos servicios a Vuestra Majestad, como aparece en esta probanza, e, por esta causa, a Vuestra Majestad le escribe el dicho Gobernador suplicándole que, en remuneración de lo mucho que ha servido e trabajado, le haga merced de le dar por armas (de su escudo) estas que presenta, para que den memoria de sus servicios, y su persona sea muy honrada”. Eran adictos a la gloria.



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