viernes, 23 de febrero de 2018

(Día 625) En Lima, los españoles se quejan de que Hernando Pizarro les pide que den más tributo al rey. Tizo Yupanqui, tío de Manco Inca, inicia la rebelión contra los españoles en la zona de Jauja. Hernando Pizarro sale para el Cuzco.


     (215) Como hemos visto, cuando los indios mataban a algún español al que cogían desprevenido o indefenso, la réplica era durísima. Recordemos que, en este caso concreto, todo derivó de la muerte que le dieron a Pedro Martín de Moguer al dirigirse a su encomienda, y el final del episodio no pudo ser más trágico. No se priva Cieza de aprovechar otra salida  de castigo similar para (pasándose de comprensivo) dar a entender que los españoles no deberían tomar represalias: “Entonces llegó la noticia de que los indios de Condesuyo (una de las cuatro partes del imperio inca, al oeste del Cuzco) habían muerto a un Juan Becerril. Juan Pizarro determinó partir para castigarlos, sin mirar que lo que hacían los indios era matar a sus enemigos”.
     Como Hernando Pizarro estaba en la Ciudad de los Reyes y partirá pronto hacia el Cuzco, donde,  por exceso de confianza, va a provocar una nueva escapada de Manco Inca, convendrá ver los acontecimientos desde el punto de vista de tres cronistas, Cieza, Pedro Pizarro e Inca Garcilaso de la Vega.
     Según Cieza, Hernando Pizarro les pidió a los españoles de la ciudad que fueran generosos con el emperador Carlos V porque tenían la obligación de hacerle algún presente. Muchos no estaban por la labor ni creían que fuera Hernando el más indicado para pedir eso: “Murmuraban de estos dichos diciendo que Hernando Pizarro quería ganar a costa de sus haciendas la gracia del rey, a quien bastaba pagarle los quintos, que ya eran muy grandes. Quejábanse también de que Hernando Pizarro había dicho que había de traer de España grandes mercedes para los conquistadores, y no veían sino el hábito de Santiago que él traía en el pecho, aunque no hablaban de esto en su presencia porque, para conseguir dineros, no le querían desagradar”. Francisco Pizarro comenzó a fundir el oro y la plata, y estando de acuerdo con la idea de su hermano, consiguió que todos aportaran una cantidad extra para el rey además del preceptivo quinto.
     Las piezas de la rebelión definitiva de Manco Inca van a ir encajando al hilo de lo que nos cuenta Cieza: “Llegó en este tiempo noticias de que salió de Jauja un tío de Manco Inca  llamado Tizo (Yupanqui) haciendo daño en la zona de Tamar y Bombón. Pizarro mandó a un vecino llamado Cervantes que fuese a le prender. Súpolo Tizo y apartose a los Andes a se esconder en la espesura de la montaña, enviando mensajeros a su sobrino Manco Inca para que, en cuanto pudiera salir de entre las manos de los cristianos, hiciese junta de gente para les dar guerra”.
     Fue entonces cuando Hernando Pizarro partió para el Cuzco y también iba con la intención de conseguir que los españoles que allí se encontraban entregaran la misma ‘propina’ para el emperador que les había sacado a los de la Ciudad de los Reyes. A Pizarro le encantó la idea e incluso, con el fin de que tuviese más fuerza ante los vecinos para lograr el objetivo, le confió el mando de la ciudad, ostentado hasta entonces por Juan Pizarro.

     (Imagen) Durante muchos años no habrá paz en Perú. Empieza ahora la rebelión de Manco Inca. Va a morir pronto Juan Pizarro. Luego Almagro y, enseguida, Francisco Pizarro poco después de que Hernando Pizarro saliera para España, donde será condenado a veinte años de prisión. Seguirá la guerra civil con Gonzalo Pizarro, que muere en 1548. Y no acabará  hasta que Francisco Hernández Girón sea ejecutado en 1554. (Lo habría contado muy bien Shakespeare). El primero que movió ficha contra los españoles fue Tizo Yupanqui, tío de Manco Inca, pero sus escaramuzas terminaron siendo ajusticiado al mismo tiempo que el sumo sacerdote Villahoma. Como nos cuenta Cieza, cuando Tizo empezó a molestar, Pizarro le encargó a MELCHOR DE CERVANTES que lo sometiera, pero el inca huyó a las montañas. Poco se sabe de Cervantes, otro héroe casi anónimo. Escarbando en los archivos digitales del Estado, aparecen solamente estos dos melancólicos documentos fechados en 1550: 1.- “Real Cédula al presidente y oidores de la Audiencia de Lima para que envíen a la Casa de la Contratación de Sevilla los bienes de Melchor de Cervantes, hijo de Francisco de Gante y María Alonso de Cervantes, difunto en Trujillo (Perú), según demanda de su madre, vecina de Trujillo (España)”. 2.- “Autos sobre los bienes de los siguientes difuntos: Martín Hernández, Juan Rodríguez de Montemolín,  Luis Zazo, Francisco Martín, Diego Berdejo, Francisco Gallego y Melchor de Cervantes”. Melchor murió en Arequipa (Perú), su residencia, y los otros seis en el Trujillo peruano. Francisco Pizarro era poco dado a dejar recuerdos de su nombre; solo lo hizo en memoria de su pueblo natal, de donde también era MELCHOR DE CERVANTES.



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