miércoles, 21 de febrero de 2018

(Día 623) Al saber Juan Pizarro que los indios habían matado a Pedro Martín de Moguer, decide ir a castigar implacablemente a los culpables. Manco Inca, para quedar bien, manda que unos orejones vayan con él. Pero Juan Pizarro se entera de que lo van a traicionar y quema vivo a uno de ellos. Para aplacarle, Manco le envía a otro orejón digno de confianza.


     (213) Algunos de los indios que acompañaron a Pedro Martín de Moguer en el viaje volvieron al Cuzco a contar lo que había pasado: “Juan Pizarro fue a hablar con Manco Inca creyendo que lo había ordenado. Lo negó, porque no lo mandó ni lo supo”. Lo cual merece una ‘paradiña’ para comparar a los dos cronistas, el ‘bueno’ y el ‘malo’. Por sistema, Cieza se convierte en defensor de los indios: da por hecho que Manco Inca no tenía nada que ver con aquella muerte. Por sistema también, Pedro Pizarro defiende a los españoles y, en particular, a los Pizarro: no tiene la menor duda de que Manco Inca ordenaba estas muertes. Es fácil simpatizar con Cieza, pero el que estaba allí era Pedro Pizarro.
     Juan Pizarro ordenó  a su hermano Gonzalo que saliera a castigar a los que mataron al español: “Se habían refugiado en un peñol grande, de rocas, que solo tenía una puerta cercada con su muralla; hicieron dentro algunas chozas donde pusieron a sus mujeres y a sus hijos. Avisó Gonzalo Pizarro a Juan Pizarro de la fuerza del peñol y de que no podía ganarlo. Salió del Cuzco con más gente y muchos orejones que le ayudasen (como se verá, no les quedó más remedio que acompañarlo), porque decía Juan Pizarro que, por ser aquel el primer cristiano al que mataban los indios, convenía hacer en ellos gran justicia para escarmentar a los demás”. Cuando llegó Juan Pizarro, encontró las mismas dificultades que su hermano Gonzalo y les pidió a los orejones que animaran a los indios a rendirse. “Los orejones, que habían venido por orden de Manco Inca (obligado, como preso, a un doble juego), deseaban que los del peñol ganaran, pero respondieron que lo harían. Y se dice que el capitán de los orejones habló con los indios del peñol esforzándolos para que no desmayaran y diciéndoles que ellos matarían a los caballos de los cristianos; y que, además, le contó a Juan Pizarro que los indios le habían pedido seis días de plazo para determinar lo que habían de hacer”.
     Pero el asunto se complicó aún más: “Un indio amigo alcanzó  a saber este trato y dio aviso a Juan Pizarro, el cual, muy enojado, mandó quemar al principal de los orejones, y mandó un mensajero al Cuzco para decir al que había quedado al mando que amenazase a Manco inca por la traición que su capitán había intentado hacer. Lo cumplió Gabriel de Rojas, y Manco Inca se excusaba de la culpa que le echaba. Estando temeroso de que lo matasen, mandó a un valiente capitán orejón llamado Paucara Inca que fuese a juntarse con los cristianos y les ayudase en todo lo que mandasen”. Por si acaso, Juan Pizarro, en cuanto lo vio le advirtió que, si resultaba un traidor, lo iba a quemar como al otro orejón. Pero no era el caso porque, tratando de proteger la vida de Manco Inca, había llegado dispuesto a ser lo más útil posible para los españoles, e incluso pagará un alto pecio. El intrépido Paucara se fue directamente a donde estaban los indios rebeldes, confiando en que lo iban a obedecer puesto que su autoridad era indiscutible. Pero su intención era traicionarlos. Para convencerlos de que estaba de su parte, echaba pestes de los españoles (motivos no le faltaban) y les dijo que Manco Inca le enviaba para ayudarles contra los cristianos.

     (Imagen). A medida que crecía la extensión del dominio, el control era más difícil. A Juan y Gonzalo Pizarro (hermanos de padre y madre) les  tocó lo más difícil: permanecer con pocos españoles en el lejano Cuzco, la mítica ciudad del imperio incaico, donde quedaban muchos notables miembros de la familia de Huayna Cápac, el padre de Atahualpa. Lo peor era que el más importante, Manco Inca, aunque preso, estaba decidido a destruir por completo a los españoles. Va aumentando la tensión, y al ser asesinado por los indios el joven PEDRO MARTÍN DE MOGUER, la reacción de Juan Pizarro será terrible, como siempre ocurría cuando mataban a un español solitario e indefenso. A los indios derrotados se les perdonaba, pero en estos casos se les ejecutaba sin contemplaciones. Salieron a buscar a los culpables, acompañados por orejones mandados por Manco Inca, que se hacía el inocente. En lugar de colaborar, quisieron traicionar a los españoles, pero Juan Pizarro no estaba para bromas y quemó vivo al principal responsable. Veremos que la muerte de un solo español (asesinado traidoramente) va a provocar un episodio espantoso que recuerda la resistencia heroica de los numantinos y su trágico final. También Pedro Martín de Moguer triunfó después de muerto, pero ¡a qué precio!





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