martes, 10 de abril de 2018

(Día 664) Pedro Pizarro sigue recordando escuetamente a los quince mejores españoles que lucharon junto a él. Habla también de sí mismo. Decía Hernando Pizarro que había allí setenta hombres con los que se atrevería a acometer al triple de los indios que cercaban el Cuzco.


     (254) Sigue Pedro Pizarro ‘pasando revista’: “El Marqués llevó consigo a tres hermanos: Hernando, Juan y Gonzalo (casi nunca se menciona a otro hermano de madre de Pizarro que fue muy querido por él y que murió a su lado, Francisco Martín de Alcántara). Hernando Pizarro era hombre de buen cuerpo, valiente, sabio y animoso, aunque pesado a la jineta (se ahorra que era muy soberbio). Juan Pizarro era valiente y muy animoso, gentilhombre, magnánimo y afable. Gonzalo Pizarro era valiente, sabía poco, tenía muy buen rostro y buena barba; hombre apretado y no largo, y muy buen hombre de a caballo”.
     “Hernando de Soto era hombre pequeño, diestro en la guerra de los indios, valiente y afable con los soldados (habrá que recordar con qué mimo sumergieron sus compañeros su cuerpo en las aguas del Misisipi), dicen que era de Badajoz (de la provincia). Este Soto fue el que partió después a la Florida como gobernador. Gabriel de Rojas era hombre muy prudente en la guerra; dijeron que era de los principales Rojas. Hernán Ponce de León era hombre bien dispuesto, cauteloso, no de a caballo; se le tenía por hidalgo; era hombre bien entendido y buen soldado”.
     Cita a otros, y da algunos datos de sí mismo: “Juan de Pancorbo es vecino del Cuzco. Alonso de Mesa era buen soldado. Valdivieso era buen hombre en la guerra y tenido por hidalgo, natural de Toro. Pedro Pizarro era hombre en la guerra, muy buen hombre de a caballo; lo llevó el Marqués don Francisco Pizarro como paje, de edad de quince años (nació en 1515), y cuando tuvo que ejercerse en la guerra tenía dieciocho años; señalose en algunas cosas; es de los buenos Pizarros de Extremadura; nació en Toledo; fue vecino en Jauja, después en el Cuzco, y ahora (año 1571) de Arequipa”. Se acuerda también con elogios, sobre todo militares, de Hernando de Aldana (toledano), Alonso de Toro (trujillano y muy importante en las guerras civiles del lado de Gonzalo Pizarro), Juan Julio (burgalés), Cárdenas, Castenda, Miguel Cornejo (salmantino), Solar, Tomás Vázquez, Juan Román, Figueroa y Villafuerte. Pero es una lástima que Pedro no contara más cosas de todo lo que conoció sobre el destino de los compañeros a los que recuerda, ni de los acontecimientos históricos de las guerras civiles (quizá no le agradara tocar el tema). Todo apunta a que, por ejemplo, Tomás Vázquez fuera uno, del mismo nombre, cuyos herederos reclamaron, en 1572, los bienes que se le habían confiscado al condenarlo a muerte por haber sido cómplice en el alzamiento de Francisco Hernández Girón contra la Corona. Por otra parte, dada su trayectoria y su parentesco, aunque lejano, se nota en su crónica una fuerte tendencia a ensalzar a los Pizarro y criticar a Almagro,  siendo lógico que apreciara especialmente a los pizarristas.
     Hace una última aclaración sobre este listado: “De otros muchos pudiera hablar, pero por no ser prolijo he dicho de estos porque fueron señalados como hombres especiales en la guerra para un peligro tan grande como era  ir desde el Cuzco hasta Lima, estando la tierra alzada y los caminos quebrados”. Aporta un dato humano: “En el Cuzco hubo setenta hombres señalados en la guerra, y decía Hernando Pizarro que con ellos se atrevería a acometer al triple de indios. He escogido los quince que tengo dichos, y de estos quince hoy están vivos tres: Pedro Pizarro en Arequipa, y Juan de Pancorbo y Alonso de Mesa en el Cuzco”.

     (Imagen) Al margen del gran protagonismo de Hernando, Juan y Gonzalo Pizarro, FRANCISCO MARTÍN DE ALCÁNTARA contó con la máxima confianza, y quizá también la mayor proximidad, de su también hermanastro FRANCISCO PIZARRO (su madre común era Francisca González), quien lo reclutó en 1530, durante su viaje a España, para ir a Perú junto a los otros tres. Fue su confidente, y luchó con bravura (siendo capitán) cuando hizo falta, como en el cerco que Manco Inca puso a la ciudad de Lima. En 1592, Pizarro lo nombró en su testamento uno de sus albaceas. No sospechaba ninguno de los dos cuánto los iba a unir la muerte. Dos años después, fueron asesinados juntos en un furibundo y sangriento ataque de los almagristas. Se extendió el pánico por Lima, donde muchos huyeron o se ocultaron. Pero hubo una increíble mujer, INÉS MUÑOZ, que se atrevió a llamar a la cara traidores a los asesinos, a sepultar los dos cuerpos, y a esconder a los hijos de Pizarro. Era la esposa de FRANCISCO MARTÍN DE ALCÁNTARA. Se casó después con ANTONIO DE RIBERA, Caballero de Santiago. Volvió enviudar, y fundó el Monasterio de la Concepción, donde terminó sus días como abadesa. Mujer emprendedora, ella fue la que llevó el trigo a Perú, y en el documento de la imagen la vemos peleando para que, entre otras cosas, se reconocieran los méritos de sus dos maridos. Naturalmente, lo consiguió. (En la imagen aparece primero ella, con el apellido Ribera, luego Antonio de Ribera, y después Francisco Martín de Alcántara).



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