martes, 13 de octubre de 2015

(23) - Boa noite, meu menino.
     - Bemvindo, meu pai. Sabes que, dada tu provecta edad y el respeto que te tengo, puedes llamarme como quieras.
     - Te lo agradezco. Y también me llega al alma que mañana, día ocho de diciembre, renuncies a nuestra visita habitual. Sé que vas a dedicar el día al reposo y al silencio para conmemorar el 494 aniversario de mi fallecimiento. Ya ves, la fecha de mi muerte tuvo un sentido premonitorio, porque es el ocho de diciembre cuando se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen, a la que tuve una gran devoción cuando todavía no era dogma, sino solo un culto ampliamente popular. Esa fue la razón de que el convento que fundé en Villasana llevase  el nombre de Santa Ana, por ser su madre y concebirla tan pura que ni siquiera fue fruto de un acto carnal (quizá Freud vería en esto un sentimiento derivado de mis propias culpas). Y remaché la idea llevando desde la sevillana Carmona a Mena a unas monjas concepcionistas. Veo con alegría que vuelves al ataque: piensas repetir, incansable, el buzoneo, esta vez incluyendo todo el índice del libro. ¡Este es mi chico! Te veo tan luchador que he conseguido para ti una merced extraordinaria. La cédula otorgada ayer por los Reyes dice así: “Yo, el Doctor Sancho de Matienzo, por mandato y generosidad de los Reyes Isabel y Fernando, mis señores, conoscedores de vuestros esfuerzos e de las incansables luchas que faséis e, sin duda,  seguiréis fasiendo acorralando a las huestes menesas que se oponen a sus reales derechos  e deseos de faser justicia con la mi memoria como su glorioso servidor e criado bien amado, vos nombro a vos e para vos, don Félix López García, por toda vuestra vida, e acabada esta, para vuestro herederos e para siempre jamás, Caballero de la Real Orden de la Mosca Coxonera”.
     - Entrañable Sancho, por lo menos me haces reír, pero deberías refinar tu vocabulario, señor canónigo, tesorero, y, el no va más, Abad de Jamaica, acostumbrado como estabas a presentarte ante los Reyes  con las refinadas maneras de un cortesano.
     - La cosa va en serio, mi pequeñuelo: vete escogiendo una imagen llamativa  de un acorazado tábano para tu escudo familiar. Mañana volveremos a nuestro trabajo, mis andanzas históricas, y comentaremos algo de mi importante amigo el canónigo Rodrigo Fernández de Santaella, más conocido como Maese Rodrigo. Ya que fue un precoz crítico de la idea de que Colón llegó a la India, pon la foto que hiciste del ostentoso túmulo de la catedral de Sevilla (¡mi catedral!), en el que se conserva parte de los restos del iluminado genovés.
     - Dorme bem, meu fillo.

     - Adeus, bom Sancho.

lunes, 12 de octubre de 2015

(22) - Aquí me tienes, figliolo mio. Noche oscura y fría en el Valle de Mena. Cuando el grajo vuela bajo…
     - Stop, caro Sancho. Tienes que conseguir un lenguaje digno de ti.
     - Es una pena porque me gustaba la rima. Pero te haré caso. Sé que no eres un atajagoces.
     - Bonita palabra: merecería la resurrección.
     - Hablemos del sucesor de Don Diego Hurtado de Mendoza. También Diego de nombre: Don Diego de Deza. Fue mi último arzobispo porque duró dos años más que yo, hasta 1523. Otro personaje impresionante, que llegó a la cima por la ley del “chicolisto-noblelinaje”. Por su prestigio de  religioso sabio, lo escogieron los Reyes Católicos como preceptor del hijo en quien habían puesto todas sus esperanzas, el Príncipe Juan, del que se dijo la tontería de que había muerto por los fogosos excesos sexuales de calenturiento recién casado. Duró siglos esta absurda versión. Ciertamente, también los reyes lloran: esa gloriosa pareja, Isabel y Fernando, tuvo que sufrir mazazos muy duros del destino. El prestigioso Deza cambió más tarde de rumbo, dedicándose ahincadamente a superar  en jerarquía la cima del Everest. Fernando le ayudó en sus objetivos, agradeciéndole que lograra mantener en paz Andalucía contra los nobles levantiscos cuando murió su yerno,  Felipe el Guaperas (con perdón, mi pequeño). Deza llegó a ser Inquisidor General (inevitablemente, a su vera se sentía uno intimidado). Incluso fue nombrado Cardenal y Arzobispo de Toledo (el no va más), pero murió antes de tomar posesión. Más adelante veremos que un canónigo de Sevilla, compañero mío y sobrino suyo, llamado Juan Pardo Tavera, alcanzó las mismas cimas insuperables, algo así como el Rey del Pollo Frito.
     - Te pasas, Sancho. Pero reconozco que no puedo llamar la atención a un cuántico que, a lo largo de más de medio milenio, ha visto todo lo imaginable.
     - Eres encantador, aunque sigues con despistes al escribir. Pero siempre serás mi protegido, et ego te absolvo ab erratis tuis. Pon la foto del impresionante y fúnebre sepulcro del Príncipe Juan, que murió felizmente enamorado y quedó enterrado en la iglesia de Santo Tomás (Ávila). Lo terminó en 1512 el extraordinario escultor Fancelli, recomendado al rey Fernando (Isabel ya había fallecido) por el renacentista conde de Tendilla (sí, el mismo, el hermano de mi arzobispo Diego Hurtado de Mendoza). A domani, mio caro.

     - Ciao,  buen Sancho.

(21) - Ongi etorri, mi querido padre espiritual.
     - Kaixo, mi querido hijo espiritual. En realidad eres mi hijo putativo, pero aquí en Quántix abundan los guasones y se reirían con la palabreja. Ya sabes que tenemos un número multitudinario de seguidores cuánticos. Ellos sí saben catar el buen vino. Vamos a pasar de largo a mi segundo arzobispo, Don Juan de Zúñiga, porque no duró más que unos meses en el cargo. Pero sí es significativa su trayectoria. Como era habitual entre los altos dignatarios, pertenecía a una familia del más distinguido linaje. Por eso llegó a ostentar el cargo de Maestre de la Orden de Alcántara. Y, ¡alehop!, aquí tenemos una jugada maestra del “sutil” Fernando el Católico: hizo que la Corona se apoderara de esa orden militar, quitándosela a Don Juan, quien, por lo mismo, fue el último maestre civil de esa institución. Claro que hubo una compensación también alambicada: el Rey consiguió el cardenalato para el despojado y le nombraron arzobispo de Sevilla. Tomó posesión de su sede a principios de 1504, se ausentó de inmediato, y murió ese mismo año. Ya sabes que vi muchas veces al impresionante Rey, que incluso vino a Sevilla a hacernos una inspección, y que siempre me tuvo bajo su amparo.
     - ¿No echabas en falta el Valle de Mena?
     - Quedé enamorado de esas dos tierras tan diferentes. Yo y todos mis antepasados absorbimos hasta el tuétano un mismo escenario vivencial: en ese sentido, Matienzo de Ruesga (Cantabria), Matienzo de Carranza (Vizcaya), y el burgalés Valle de Mena son la misma verde, húmeda y montañosa realidad. Pero en Sevilla se me diluía cualquier rastro de la tristeza norteña, que parece empaparte más en lágrimas que en lluvia. Hablemos de las fotos de hoy. Te he visto entrar cual sigilosa sombra en el cementerio de Quintanilla de Pienza, cerquita de mi querido Valle de Mena, recogiendo pruebas fotográficas de que, según dice el poeta, “duran las cosas sencillas”, como la cabeza de Santiago tallada en lo que queda del ábside románico dentro del camposanto. Son dos fotos. En una, está la cabeza con su concha. En la otra, se demuestra, mi pequeño Holmes, que el santo  mira hacia Santiago de Compostela (dirección noroeste), porque sirve de perfecta indicación la rendija del ábside, con su tradicional orientación hacia el Este. Que duermas bien,  Príncipe de los Cartógrafos.

- Gabon, Sancho. ¡Qué deliciosas visitas!


domingo, 11 de octubre de 2015

LA RAZÓN DE ESTE BLOG



        Escribí una biografía de un personaje histórico nacido en el Valle de Mena (Burgos) hacia el año 1460. Fue el resultado de tres años de investigación que dieron para 500 páginas de texto (con abundante material que dejé en reserva). El protagonista de la historia es SANCHO ORTIZ DE MATIENZO, un canónigo de la catedral de Sevilla que tuvo una gran importancia, hasta ahora poco conocida, en el apasionante entramado de los lazos iniciales de Castilla con el Nuevo Mundo, debido fundamentalmente a su privilegiado cargo de primer Tesorero de la Casa de la Contratación de Indias de Sevilla, desde su fundación en 1503  hasta que él falleció en 1521.
    
     Posteriormente abrí una cuenta en Facebook con dos objetivos: promocionar el libro, titulado SANCHO ORTIZ DE MATIENZO Y SUS CIRCUNSTANCIAS, y (porque me lo pedía el cuerpo) dar a conocer hechos, no solo de la vida de Sancho y de la época que le tocó en suerte, sino también de aquella locura histórica y deslumbrante del descubrimiento de América y la subsiguiente ocupación, puesto que él la conoció bien y trató a muchos de los héroes y villanos que la protagonizaron. Aunque el Sancho de la biografía que escribí fue un personaje absolutamente serio, la publicación en la red se convirtió en una tertulia a dúo, entre él y yo, haciendo comentarios sobre la marcha a medida que íbamos presentando lo sustancial, de manera que quedé casi abducido por un Sancho ectoplásmico y zumbón (pero, eso sí, entrañable) que se me aparecía a diario para esa labor de divulgación de hechos tan impactantes. De mutuo acuerdo, nos propusimos como disciplina procurar que el resultado fuera ameno y claro (plagado de fotografías), con santo respeto a la sintaxis, para hacerlo todo más asimilable y sabroso.
   
     Estuvimos 463 días dale que te pego, y tuvimos un fiel y sufrido grupo de seguidores a los que hemos de dar las gracias y el mérito de nuestra constancia. Las 160 tertulias finales se convirtieron en un amplio resumen de la absolutamente magnífica crónica de BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO titulada LA VERDADERA HISTORIA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA. Con estos 160 mimbres, he preparado un libro  de unas 400 páginas que espero publicar en breve. Eso mismo es lo que intento ahora: ir dando forma a las primeras 303 tertulias que ya se publicaron en Facebook para que en este blog alcancen más difusión y se conviertan después en otros dos libros.

     Así que vamos publicando las tertulias al ritmo conveniente,  llevando como ingredientes, fuertemente sazonados, la apasionante biografía de Sancho y el grandioso espectáculo (tan admirable como horrendo) de las andanzas de los españoles por las tierras de Indias.


     Como remate de lo dicho, y siguiendo el lema de no dar puntada sin hilo, aprovecho la ocasión para mostrar la portada del libro sobre Bernal al que he hecho referencia, que, si el Señor no lo remedia, aparecerá en breve.
(20) - Hola, Félix, experto copiloto.
     - Bienvenido, Sancho, querido veterano.
     - Volvamos al texto que copiaste ayer. Analicemos las palabras. Decía ese documento del siglo XVI que el arzobispo don Diego Hurtado de Mendoza “tuvo como Provisores (sustitutos en su ausencia) a varones insignes, el Doctor Sancho de Matienzo, Canónigo, y Don Fernando de la Torre, Deán”. Coméntalo, my dear. No se dan cuenta los meneses  de que has conseguido documentación para llenar con quinientas páginas nuestro libro, ni de  que me has hecho una  apabullante biografía partiendo del vacío casi total de los datos anteriores. No saben lo que se pierden.
     - Está claro, generoso padrino, que tu relieve en la catedral era de primer orden, y que el título de Doctor te daba un prestigio incuestionable. Y es evidente asimismo que, si el arzobispo delegaba en ti, era por tenerte en la mayor estima y confiar plenamente en tu seriedad y competencia. Pero en esa frase hay otro dato muy curioso. Se menciona a Fernando de la Torre poniéndolo a tu mismo nivel de proximidad al arzobispo. Consta también  en otros documentos que este compañero tuyo te nombró albacea de su testamento. Y, lo que ya es el colmo, hay una referencia de un historiador muy competente en la que se afirma que Fernando era natural de “Cruz del Valle de Mena”. Así que la probabilidad de que fuera menés es muy alta (no he podido encontrar ningún otro Valle de Mena en toda la historia de España, y “Cruz” puede ser “Santa Cruz”).
     - Bravo, mi pequeño. La gente no sabe hasta qué punto las cosas suelen estar enlazadas. Por ejemplo: esa Virgen de la Antigua de “mi” catedral, tan querida por los sevillanos y por la tropa de desventurados (casi todos lo fueron) que partieron para Indias, dio nombre a la primera población que se creó allá en “tierra firme” (no insular). La fundaron en 1510  Enciso y el admirable Vasco Núñez de Balboa,  en el Darién, en la zona del golfo de Urabá, uno de los territorios más insalubres de la actual Colombia. Fotos para hoy: una pequeñita de esta Virgen (la que está en el retablo de la capilla), y otra del megalómano mausoleo que   Don Diego Hurtado de Mendoza tiene en el mismo lugar. A rivederci mío píccolo e ténero biógrafo.
     Ciao,caro e generoso padrino.


(19) - Ciao, caro figlio. Es una delicia planear a estas horas del final de un día y comienzo de otro por mi querido Valle de Mena. Silencio absoluto. Todos están en sus casas viendo la televisión, menos tú que permaneces alerta como Berdardette en Lourdes cuando llegaba la Virgen.
     - Benvenuto, dolce Sancho.
     - Sigamos hablando de don Diego Hurtado de Mendoza, mi arzobispo (y cardenal) hasta el año 1502, en que murió. Para no ser excepción a la regla de la época (tú nunca te olvidas de insistir en “las circunstancias”), tuvo dos hijos. Se trata de suavizar el hecho diciendo que nacieron antes de que fuera clérigo, pero ese argumento “no cuela”, porque los felices partos ocurrieron fuera de matrimonio y cuando, sin duda, ya tenía programada una triunfal carrera eclesiástica. No seré yo quien tire piedras a su tejado desde el mío, que es de frágil cristal.
     - Te has vuelto un clérigo sincero y prudente. Es muy curioso lo que  dice un escritor de mediados del siglo XVI: “Don Diego Hurtado de Mendoza fue un Prelado que supo bien imitar al gran Cardenal Don Pedro González de Mendoza, su tío, que le fue dechado de acciones heroicas. Su vida ejemplar, su amor afectuoso a esta Iglesia, en que tuvo como Provisores a varones insignes, el Doctor Sancho de Matienzo, Canónigo, y Don Fernando de la Torre, Deán. Su hermano le hizo fabricar un mausoleo suntuosísimo de mármol blanco, artificioso en traza y adornos”.
     - Harta razón tienes, pero mañana comentaremos todo el sentido de estas palabras. Pon la foto de la capilla más famosa de la Catedral de Sevilla, la de la Virgen de la Antigua, en la que se encuentra ese mausoleo. Duerme bien (ayer, otra errata), mi querido Príncipe de las Letras.

     - Espero impaciente tu vuelta, Ilustrísimo Abad de Jamaica.

sábado, 10 de octubre de 2015

(18) - Aquí estoy, entrañable luchador. Te queda poco para terminar tu reparto de octavillas por el Valle de Mena. No es nada fácil “hacer ver” a la gente la importancia de nuestro libro.
     - Hola, querido padrino. Aunque todo falle, yo seguiré disfrutando de tus visitas. No importa demasiado que la propaganda sea un brindis al sol. No saben lo que se pierden de su propia historia.
     - ¡Éste es mi chico! No hay prisa; la semilla irá fructificando. Empecemos, pues, a hablar de mi vida en la catedral. Les toca el turno a los arzobispos que tuve. Dice alguien que el primero fue don Pedro González de Mendoza, el number one de los clérigos poderosos de todos los tiempos (sólo estuvo a su altura el Cardenal Cisneros, muy superior a él en el aspecto ético). De los hijos de don Pedro, decía la reina Isabel que eran “los lindos pecados del Cardenal”. Pero, cuando yo llegué a Sevilla, en 1490, ya no estaba allí, sino que le había sucedido en el cargo su sobrino, don Diego Hurtado de Mendoza. Ya sabes que en aquellos tiempos el clérigo que era de familia linajuda, de carácter ambicioso y hábil maniobrero, llegaba con facilidad, por lo menos, a obispo. Así que yo lo tuve más difícil, porque mi nobleza era de segunda categoría. ¡Los Mendoza! ¡Mamma mía! No hay más que ver el palacio que construyeron a finales del siglo XV en Guadalajara, ciudad en la que nació don Diego (pon la foto). De la categoría de la Casa del Cordón que construyeron los Velasco en Burgos, que tampoco eran mancos. De los Mendoza surgió posteriormente la tuerta y ensoberbecida Princesa de Éboli, Ana de Mendoza y de la Cerda (no hagas un chiste fácil), casada con, y luego viuda del factótum secretario de Felipe II, el portugués Ruy Gómez de Silva. Fue más terca que una reata de mulas, llevando al límite la paciencia del Rey, hasta que la encerró de por vida. Dicho lo cual, seguiremos mañana hablando de  mi relación con don Diego Hurtado de Mendoza. Tienes que descansar más: ayer vi dos erratas en tu escrito. Que la paz del Señor sea siempre contigo, mi entrañable biógrafo.

     - Y con tu compasivo espíritu.

(17) - Querido Félix: esta vez voy a empezar elogiando nuestro libro. Has escrito un texto amplio, con objetividad, cuidando la sintaxis, sin florituras pero brillante, dando una lección de historia clara y amena, contando muchas cosas que se han ido pasando por alto, y lleno de anécdotas rebozadas con un fino sentido del humor. Deberían darte el Premio Comillas de Biografías.
     - Hola, querido padrino. Te estás pasando.
     - Ni pasando ni leches.
     - Esa expresión es vulgar.
     - Pues peor sería la respuesta airada de vuestro rey: “¡Ni Juanito ni hostias!”. Te juzgo con objetividad. No soy como aquella entrañable madre que, cuando desfilaba su hijo en la jura de la bandera, exclamó arrebatada: “¡Cuánto vale mi niño, es el único que lleva bien el paso!”. Pero, por si no reconocen tus méritos, te nombro de inmediato Doctor Honoris Causa de la Universidad Central de Quántix. También veo que, a pesar de tus obsesivas revisiones, se te ha colado como un virus alguna errata. Pero no te asustes. No te ha vuelto a ocurrir el trágico desliz de aquella acta oficial que redactaste en Carranza. El diabólico teclado de las máquinas de escribir tiene la i al lado de la o, y escribiste “escroto” en lugar de “escrito”. Ahí no lo oyes, pero todos los cuánticos han soltado ahora, de sus millones de bocas, tal carcajada que reventaría los tímpanos de  la humanidad entera.
     - Como inocente revancha, voy a copiar las palabras de la reina Isabel cuando te rebajó los humos para el resto de tu vida: aprendiste la lección, y terminaste por ser uno de los oficiales más estimados por Isabel y Fernando: “Por parte de la ciudad de Sevilla me han fecho relación de que vos, Doctor Sancho de Matienzo, fecisteis justiciar tres hombres, trayéndoles a la vergüenza por la calle, y al que era lego, le fecisteis azotar. Y porque Yo he sido informada de que lo que vos mandasteis es cosa nueva y  nunca vista, Yo soy maravillada de vos tener tal osadía, e para que de aquí adelante no se fagan las semejantes novedades en perjuicio de mi jurisdicción real, Yo vos mando que no fagades las dichas novedades”.
       - Todavía me tiemblan las piernas. Buenas  noches, Príncipe de Maine.

     - Buenas noches, Rey de Nueva Inglaterra.

 
(16) - Buena notte, mio carissimo biógrafo. Fue un acierto encargarte ese trabajo. Me has quitado un peso de encima, porque siempre necesité volcar el remordimiento que llevaba dentro. Ya te diste cuenta, al transcribir mi documento de cesión de bienes a mi hijo Luis, de que, veladamente,  pedía perdón por el daño que le hice a mi compañera, la balmasedana Catalina de la Puente, entre otras personas, puesto que manifesté que dejaba encomendadas misas “por las ánimas de aquellos que yo fui causa de que ofendiesen a Dios”. Y no me has juzgado: te has limitado a exponer los hechos cuidando mucho de que se conocieran las circunstancias de aquellos tiempos.
     - Buena notte anche per te, dolce poverello pentito e veramente transformato. He procurado que el lector suspenda en el aire la espada de la ira. Como nunca nos lo han contado, no sabíamos que en tus tiempos era normal que los ricos tuvieran esclavos negros. Y como los canónigos erais ricos…
     - ¡Qué ciegos estábamos! Pobre raza negra. Históricamente, se los ha tratado con menos odio que a los judíos, pero el daño que se les ha hecho ha resultado mucho mayor. Entonces se creía que San Pedro Claver era un trastornado. El tiempo le ha dado la razón, y hoy figura en Quántix entre los más grandes por la humanidad con que trató a aquellos pobres esclavos que llegaban como ganado al puerto colombiano de Cartagena de Indias. Aunque si hay algo miserable, por haber ocurrido casi ayer, es lo que hizo en El Congo el rey Leopoldo de Bélgica. Por aquí anda como si nada, terco en sus razones, y con cara de gilipollas.
     - En todo de acuerdo, pero deberás eliminar esta palabra de tu vocabulario. A domani, mio caro.

     - Dorme bene. Pero pon la foto de las gradas exteriores de mi querida catedral, con esa placa que hace referencia a Cervantes, en la que se indica eufemísticamente que se usaban como lugar de contratación, omitiendo (como siempre se ha hecho) que ahí se subastaban a diario a los esclavos. Esa lacra nos ha dejado manchados para siempre.

jueves, 8 de octubre de 2015

(15) - Ha dado la docena campanada, y aquí estoy, aitite ejemplar.
     - ¿A qué viene eso, clérigo guasón?
     - Verás: por perder la antigua fórmula (onceno, doceno) hasta los profesionales se equivocan a veces y dicen, por ejemplo, doceavo. Y lo de abuelo es porque me enternecía verte viajar por toda España con Mario, tu carranzano nieto,  “perversamente” dispuesto a despiojarlo de prejuicios. Terminó encantado, y casi le convenciste de que descendía de los Trastámara. Y eso porque le llevaste varias veces  a Madrigal de las Altas Torres, donde nacieron muchos de tus antepasados, varios con el nombre de Nicolás (“En Madrigal, en cada casa, un Nicolás o una Nicolasa”). Hablaremos bastante de ese lugar, por razones históricas. Pero ahora viene a cuento porque allí nació Isabel la Católica (Trastámara, “como tu nieto”), y, siendo yo bisoño canónigo sevillano, con mando en plaza, me llamó al orden un par de veces por haberme atrevido a sancionar duramente a algunos laicos, traspasando en plan chulo mis competencias. Todavía me dura el canguelo. Sin embargo, pasados unos años, la reina manifestó expresamente cuánto valoraba mi competencia. Ni te imaginas lo que llegó a ser el dolor del pueblo cuando ella murió. Tuvo que estar muy enamorada del mujeriego Fernando, porque, en su testamento, expresó su deseo de ser enterrada en la catedral de Granada, pero indicando que, si su marido escogía otro lugar para sus propias exequias, que la depositaran junto a él, para estar así “como siempre estuvieron en vida (romanticismo a tope)”. Pon en su memoria una foto del palacio de Madrigal en el que nació, y otra de la pila donde la bautizaron, la  de la iglesia de San Nicolás,. Happy dreams, my dear son.
     - Ciertamente, a la reina Isabel todo le salió bien durante gran parte de su vida, pero la última etapa fue un revoltijo de fracasos y desgracias que, probablemente, aceleraron su muerte. La rueda de la Fortuna no para de girar, y la Historia ha pagado un alto precio por estar expuesta con frecuencia a que se encargara de las riendas del “carruaje” el menos presentable de una familia real. Good night, my dear father.
     - Lo malo no es que te hayas puesto melodramático: lo malo es que tienes razón. Pero, “que les vayan dando”.
     - Stop, Sancho.


miércoles, 7 de octubre de 2015

(14)- Hola, pequeño luchador. Ya sé que tienes la impresión de que no pintamos nada dos viejos en las redes, pero también sé que no vas a tirar la toalla.
     - Hola, querido ectoplasma menés. No me queda otra. Los jóvenes viven en la vorágine del instante, medio epilépticos. Pero quizá les quede la duda de que, a lo mejor, merece la pena conocer el pasado. Así que yo seguiré  a lo nuestro: tengo que navegar emocionado por las páginas de tu biografía. De vez en cuando, alguien comprará otro ejemplar y hasta volveré a tener agradables tertulias con los lectores, café por medio.
     - Tú, tranquilo. No puedo adivinar el futuro, pero algo me dice que vas a vender libros como panecillos  calientes. Y mientras tanto, nos seguiremos viendo y me harás el inmenso favor de que, al menos los de mi pueblo, mantengan vivo mi recuerdo. De no ser así, volveré a las andadas, y con el hisopo en la mano, cantando el  “Dies irae, dies illa”, excomulgaré al Valle de Mena entero, salvo a los pocos justos que  hayan comprado el libro. Íbamos hoy a hablar de los clérigos de la catedral de Sevilla. Pero tengo que hacer mención antes a otras dos mercedes que me consiguió mi padrino Fonseca-Corleone. Primero le dio la vara al rey Fernando, y éste al Papa León X, para que me hicieran Abad de Jamaica, sin tener que pisar la isla y disfrutando de los diezmos. Después, con las  mismas influencias, me dieron el cargo de tesorero de la catedral de Burgos (ese descubrimiento tuyo tuvo mucho mérito), cuyas cuentas revisaba cuando iba a descansar en mi casa-palacio de Villasana. Pero no sólo le imité en lo censurable: también traté siempre de ser tan trabajador, tan eficiente y tan responsable como lo fue él en todas las tareas que los reyes le confiaron, e incluso en su sincera preocupación por defender a la Iglesia (contradictio humana est). Ya lo comentaremos mejor más adelante. Hiciste una bonita foto de varias estatuas del exterior de la catedral. Que se vea esa belleza. Sayonara, baby.

     - Te estás volviendo muy guasón. Bye, bye, dear daddy.

(13) - It is the time, dear Félix.
     - Wellcome, good Sancho.
     - Comentaremos algo más de Juan Rodríguez de Fonseca. Aunque más adelante tendremos que darle algo de coba, no podrá impedir que también le critiquemos a fondo. Pero es necesario citar algunas de sus misiones políticas para darse cuenta de su calibre histórico. Los Reyes Católicos le confiaron asuntos sumamente delicados. Acompañó a su hija, la sufriente Catalina de Aragón, cuando viajó a Inglaterra para casarse con el Príncipe Arturo, terminando después por ser la mujer de esa bestia parda de Enrique VIII, que, curiosamente, siempre tuvo mucho respeto por ella, quizá porque los ingleses la adoraban. Se encargó de negociar en Flandes los matrimonios de Juan y de Juana (la Loca), hijos de los Reyes. Y Fernando lo mandó disparado a Flandes de nuevo poco antes de morir Isabel, encargándole “el marrón” (no tuerzas el gesto, ya veo que la expresión no es digna de mi prestigio) de hacer encaje de bolillos para que Felipe el Hermoso no se apoderara de los futuros reinos de su mujer, Castilla e Indias. Resulta sorprendente que, meses antes, estuviera encargado de retenerla a ella, desvariada de celos, en el castillo de la Mota, y como intentó escapar para ir hasta Flandes al encuentro de su ansiado y picaflor marido, le cerró las puertas de salida, así, con un par (veo que haces mohínes de nuevo). Pero sus padres le alabaron la atrevida decisión. Esa pobre mujer, como contrapartida, llegó a ser la reina Juana Primera de Castilla, y a tener una increíble prole: cuatro hijas reinas consortes, su hijo Carlos convertido en el monarca más poderoso de mundo, y el siguiente, Fernando,  en Emperador del Sacro Imperio. Si Fonseca era un personaje de tal calibre y con tales influencias, no te extrañará que yo me viera durante toda mi vida como abducido por su poderosa personalidad. Mañana charlaremos de otros compañeros de fatigas que conocí en la catedral. Pon la foto que hiciste del Patio de los Naranjos de la catedral, donde tantas veces paseé rezando, aunque pienses que solamente me preocupaba de dar gusto a mi ambición.
     - No soy quién para juzgarte. Sólo sé que ahora me encantan tus visitas y tu sabiduría tolerante.
     - Good night, Prince of Maine.

     - Good night, sweet King of New England.

martes, 6 de octubre de 2015

(12) - Medianotte, caro figlio. Suena bien la réplica cuántica de la campana que colocó en Rosales Juan Díaz de Ordoño, el cuñado de mi querida nieta Catalina Ortiz de Matienzo. Que tengas hoy un feliz diaversario.
     -  Benvenuto, caro Sancho, e  grazie mille. Hablemos de tu estancia en Sevilla.
     -  Mañana te recordaré a mis compañeros de la catedral. Cuando tomé posesión como canónigo, el año 1490, era arzobispo don Diego Hurtado de Mendoza. Pronto tuvo tanta confianza en mí que me puso al cargo de la archidiócesis en sus ausencias, viéndome yo en el brete de tener que dictar alguna excomunión, como la que transcribes en nuestro libro. Era un poder temible, aunque  yo sea ahora un entrañable viejecito lleno de compasión por toda miseria humana. Los clérigos actuales apenas cuentan en la sociedad, pero muchos de mis compañeros llegaron a ser figuras de primer orden en España, a caballo entre el siglo XV y el XVI. En cuanto me presenté en Sevilla, conocí al hombre que más influyó en mi vida. Alguien a quien había que echar de comer aparte: Juan Rodríguez de Fonseca. Era muy inteligente, hábil, trabajador compulsivo, ambicioso sin límite y sin escrúpulos, todo ello adobado con un sentido común enormemente práctico. Era, como yo, canónigo, pero llegaría a conseguir el obispado de Badajoz, el de Palencia y el de Burgos, lo que resultó poca cosa si se compara con el poder que le dieron los Reyes Católicos en asuntos de alta política. Descubierta América, le confiaron la administración de todos los viajes posteriores. Me cogió bajo su protección, y, cuando se fundó la Casa de Contratación de Indias, consiguió que los Reyes me pusieran en el puesto clave de tesorero de la misma. A él se debe, en gran parte, lo mejor y lo peor de mi paso por la vida. Era de una familia de alto linaje, con clérigos de primer orden, del ala podrida de la Iglesia: su tío Alonso de Fonseca, obispo de Burgo de Osma, vivía con su amante en lo que la chirigota del pueblo llamaba el Castillo del Amor, y en el libro recoges una autorización real para legitimar a una hija suya. Si te parece, lo dejamos por hoy. Pon la foto que hiciste  del ostentoso y bello relieve que mi “padrino” mandó colocar en el trascoro de la catedral de Palencia, donde, cómo no, aparece rezando de rodillas a los pies de la Virgen, encima de la puerta que se ve a la izquierda. A domani, caro.

     - Buona notte, dolce poverello.

(11) - Bienvenido, como siempre, Sancho.
     - Hola, mi querido biógrafo. Hoy estás teniendo un diaversario muy agradable. Cuenta lo de esta mañana.
     - Evidentemente, lo mejor de haber escrito el libro es el encuentro con las personas. Son ya una gran alegría tus apariciones ectoplásmicas. Pero resulta que voy teniendo deliciosos contactos personales. Hoy me ha llamado una mujer que vive en este valle. Leyó la octavilla que le dejé en el buzón, se dio cuenta de que tu biografía es cualquier cosa menos un  rollo, y quería saber si se vendía en el pueblo. Le he dicho que se la llevaba yo a su casa desde la librería, y le ha parecido de perlas (no tiene coche y el día está infernal). Querido padre putativo (espero que no confundas el significado), qué veladita más simpática: me ha preparado un café, que hemos tomado en el salón de su acogedora casa de estilo antiguo, y ha habido conversación para largo. Por si fuera poco, es aficionada a la lectura, y sé que me hará la crítica justa, porque no tiene carácter para andar con paños calientes. Ya le he dicho que me haga una valoración sin anestesia, aunque estoy seguro de que le va a encantar. Incluso es de alma viajera, como yo. Me ha hablado de su marido y de sus hijos, y ha habido una fracción de segundo en la que se le han humedecido los ojos. He tenido que marcharme para llegar a tiempo adonde el peluquero, y allí hemos hablado de un común amigo, ese brillante y apasionado periodista que se llama José Manuel Cámara, con lo que mis necesidades afectivas han quedado satisfechas por hoy.
     - Enternecedor. Ha merecido la pena que aplacemos el tema de Sevilla, pero compensa a los que nos leen subiendo la foto que les hiciste a las guapísimas azafatas que promocionaban un vino de Jerez. ¡Ay, Sevilla de mi alma!
     - Eres un antiguo canónigo muy peculiar. Buenas noches, Sancho.

     - Venga, pon la foto y no seas santurrón. Buenas noches, Príncipe de Maine y Rey de Nueva Inglaterra.

 

lunes, 5 de octubre de 2015

(10) - Eres de una puntualidad atómica, Sancho. La última campanada del día, y tu querida imagen se visualiza.
     - No sabes con qué afecto vivo esta relación filial. Y, como te veo seguir repartiendo octavillas con este tiempo de diluvio, hecho un lío para meterlas en los buzones con el paraguas en la mano, se me ha ocurrido un invento para facilitarte las cosas: el paraguas-sombrero. Te lo colocas amarrado a la barbilla y le pones arriba una banderita española (no me interrumpas). Si te pasas algo hacia territorio balmasedano, la cambias por una ikurriña, no sea que te arranquen la cabeza a pedradas. Además lo puedes patentar para recuperarte algo de tu ruina económica. Porque tiene que saber el mundo entero que el costo del libro (que se enteren, aunque nadie te lo haya encargado) ha sido muy grande. Calculemos: 3.500 euros la edición, los gastos de seis viajes de distancia y estancia largas, tres años de trabajo intensivo y de calidad profesoral, a media jornada, más los libros que has comprado, que ya no caben en tu casa. Y, encima, eres tan pendejo (no pongas esa cara: tomo nota de que la palabra es grosera) que, a cualquiera que te sonríe, le regalas un ejemplar.  Aunque el libro es tan macanudo (¿suena mal?) que pronto venderás toda la edición.
     - No tienes remedio. En cualquier caso, te diré que eres un entrañable ectoplasma, pero sin la menor idea de una práctica encarnada en nuestra vida real, y carente de todo sentido del ridículo. Comenta algo de tu llegada a Sevilla.
     - ¡Oh, Sevilla! No te imaginas lo que fue llegar el año 1490 a esa explosiva ciudad. Estaba entonces preñada, a punto de dar a luz un nuevo mundo. Se notaba en el ambiente, en aquel hervidero de gentes de todo tipo y pelaje. Y allí llegué yo, un castellano seco y fúnebre; un clérigo con buenos propósitos espirituales (aunque ambicioso como el que más), pero benditamente pervertido por la luz, la vitalidad y la gracia de esas tierras andaluzas. Tendremos mucho que hablar de todo aquello. Sube  ahora la foto que le hiciste a la Giralda actual, y otra de la placa de mármol que yo llevé a Villasana (hoy colocada sobre la pila de agua bendita de la parroquia), para que se vea cómo era  entonces  la torre de la catedral, sin ningún cambio desde que se subía a ella el muecín de la mezquita. Y, hazme caso, ponte el sombre-paraguas.

     - Ni de coña. A domani, caro Sancho.


(9) - Que la paz y la felicidad sean contigo, querido Félix.
     - Como lo es contigo, paternal Sancho.
     - Somos dos incomprendidos. Arreglaremos esto. Yo, por mi parte, dados tus impagables servicios al Valle, te doy, desde ya, el cargo de su Alcalde Honorario Vitalicio, con derecho a placa pública cuando partas para Quántix.
     - Por los poderes que me da semejante título, reparando la injusticia y el olvido humanos, te nombro yo a ti, Sancho, de inmediato y para siempre, Hijo Predilecto del Valle de Mena.
     - Sigamos con el texto de nuestro libro. Nací, como bien dices, hacia el año 1460 (entonces casi nadie sabía su edad), en ese precioso entorno de Villasana. Mi padre, también llamado Sancho Ortiz de Matienzo, era un hombre rico, y yo fui hijo de su segunda mujer, María Juana López de Matienzo. Me envió a la universidad y conseguí el título de Doctor en Derecho Canónico brillantemente. Huí de la pobreza como de la peste. En aquellos tiempos vivíamos siempre al borde del precipicio de la miseria, sin seguridad de ninguna clase. Hablaremos por extenso  de mi larga vida. Pero ahora solamente vamos a explicar el sentido del escudo que mandé colocar en la fachada del convento de Santa Ana. Cuéntalo tú, my dear.
     - Tu hijo, Luis, lo describe con detalle en su testamento (¡qué suerte haber dado con él!). En la fotografía que voy a poner hoy, se ve con claridad el conjunto, pero resulta casi ilegible el lema (que está en la parte superior). La talla es de tamaño considerable, y, en esencia, está integrada por las dos calderas de los Matienzo y la estrella de los Ortiz. O sea: ni más ni menos que lo que figuraba en la parte derecha del escudo de los Matienzo de Carranza. Pero alguien hizo en Villasana una modificación en el que tú mandaste colocar. Escogiste el lema de “Prius mori quam fedari” (“Mejor morir que deshonrarse”), pero luego lo cambiaron por el actual: “Bene vívere et melius mori” (“Vivir bien, y morir mejor”). Tienen los dos lemas casi el mismo sentido, y estoy seguro de que aspiraste a seguir ese recto camino. En cualquier caso, que tire la primera piedra el que esté libre de culpa.
     -  Grazie tante per la tua amabilitá. Buona notte.

     - Ciao, caro Sancho.

(8) - Como siempre, querido Félix, visita diaria al filo de las doce de la noche.
     - Es un placer hablar contigo. 
     - Por poco se me saltan las de San Pedro viéndote  buzonear el  Valle de Mena casi con humildad franciscana. Vas metódico. Ya has pasado el trillo por Leciñana, Irús y Lezana. No va a quedar una casa menesa sin recibir el mensaje de la importancia de nuestro libro. Debe de ser buen oficio el de cartero rural porque el señor Kimura se dedicaba a eso en Japón y llegó a los 116 años. A lo que añadía la receta de ser metódico en la comida y tener un comportamiento agradecido. Para que esto sea más ameno, sigue poniendo imágenes. Hoy, la de la acuarela que hiciste basándote en una foto del anciano y simpático japonés, y la del escudo de los Matienzo de Carranza. Explica un poco sus características.
     - Resulta curioso que sea conocido otro escudo Matienzo cuyo origen desconozco. Lleva básicamente una torre, una mujer asomada a las almenas y un cazador con un perro. Es decir, nada que se parezca al de los Matienzo de Ruesga, cuya foto pusimos ayer. Y, asimismo, totalmente diferente al de los Matienzo de Carranza, que es idéntico al vuestro de Villasana, con dos calderos (Matienzo) y una estrella (Ortiz). La foto de hoy corresponde al solar carranzano, pero ese escudo solamente es de vuestra familia en su parte derecha. Lo que hay a la izquierda, corresponde a otras familias con las que emparentasteis después de que tu hijo, Luis, recuperara la casa torre de Carranza. Mañana pondremos el que se encuentra en la puerta principal de tu convento de Villasana. Te comento, de paso, que ha sido un placer el trabajo de “cartero”. Ejercicio sano y casi todas las casitas con su buzón en la calle. ¿Qué va a ser de mí cuando tenga que pedir que me abran los portales de las casas de pisos?
- Tú, tranquilo. Sabes que es una buena causa. Tocas un timbre y pides que te abran para dejar documentación de interés municipal (hasta te permito que digas, simplemente, que se trata de “documentación municipal”). Buenas noches, compañero de fatigas.

- Creo que te queda todavía un ramalazo de tramposillo. Pero te agradezco el consejo. Hasta mañana, querido socio.



domingo, 4 de octubre de 2015

(7) - Kaixo, lastana.
     - Ongi etorri, Santxo.
     -Tus ventas van mejorando. Me da la risa ver que, a tus respetables años, has empezado a buzonear todo el valle de Mena con una reseña de nuestro libro, e, incluso, con ese recordatorio del 492 aniversario de mi fallecimiento, ocurrido el día 8 de diciembre de 1521. Admiro tu esfuerzo y te lo agradezco. Hacemos buen equipo los dos. Vas a conseguir que todos los vecinos se den cuenta de que, si no leen el texto, se van a perder una buena narración de su propia vida histórica. Hablemos hoy del salto de mi familia desde Ruesga (Cantabria) hasta Carranza. Aciertas al decir que tuvo que ser muy lejano en el tiempo. Es el momento de aclararles las cosas a los vascos. Ni yo, ni mis sobrinos, ni mi descendencia directa somos carranzanos, sino meneses, y, más tarde, nacidos en Bilbao, Madrid o Valladolid. Mi familia  fundó el barrio Matienzo de Carranza y lo llevó como apellido. Pero mi abuelo Juan, o quizá mi padre, llamado Sancho como yo, se trasladó al Valle de Mena. Los que llegaron a Carranza habían construido una nueva casa solar, que se conserva restaurada. Y ocurrió que mi hijo, Luis, tuvo la iniciativa y el mérito (bendito sea) de comprar muchos años después esa casa de  nuestras raíces carranzanas, dándose el gustazo de que un bastardo de la familia, y para más inri hijo de clérigo, tomara posesión del solar que tuvo que abandonar un segundón de los Matienzos carranzanos. ¡Chapeau para él.
     - Bonita historia, y, además, ahora has sabido utilizar una exclamación apropiada y digna.
     - Lo que no quiere decir que con la compra él y sus hijos se volvieran carranzanos, ya que siempre establecieron su residencia principal en Villasana de Mena, especialmente los que heredaron el mayorazgo de la familia. Eso es todo por hoy. Me gustaría que subieras la foto de la casa solariega de los Matienzo de Carranza, y otra que hiciste a la entrada del pueblo. Esta me gusta especialmente porque aparece de nuevo en primer plano Natalia, tu querida alumna. Ya sabes que me tomo su linda presencia de mestiza muisca-colombiana y española como un bálsamo que me cura de todos los remordimientos por nuestras meteduras de pata en Indias. Gabon, Felitxu.

     - Bihar arte, aitatxu.
LA RAZÓN DE ESTE BLOG



Escribí una biografía de un personaje histórico nacido en el Valle de Mena (Burgos) hacia el año 1460. Fue el resultado de tres años de investigación que dieron para 500 páginas de texto (con abundante material que dejé en reserva). El protagonista de la historia es SANCHO ORTIZ DE MATIENZO, un canónigo de la catedral de Sevilla que tuvo una gran importancia, hasta ahora poco conocida, en el apasionante entramado de los lazos iniciales de Castilla con el Nuevo Mundo, debido fundamentalmente a su privilegiado cargo de primer Tesorero de la Casa de la Contratación de Indias de Sevilla, desde su fundación en 1503  hasta que él falleció en 1521.
    
     Posteriormente abrí una cuenta en Facebook con dos objetivos: promocionar el libro, titulado SANCHO ORTIZ DE MATIENZO Y SUS CIRCUNSTANCIAS, y (porque me lo pedía el cuerpo) dar a conocer hechos, no solo de la vida de Sancho y de la época que le tocó en suerte, sino también de aquella locura histórica y deslumbrante del descubrimiento de América y la subsiguiente ocupación, puesto que él la conoció bien y trató a muchos de los héroes y villanos que la protagonizaron. Aunque el Sancho de la biografía que escribí fue un personaje absolutamente serio, la publicación en la red se convirtió en una tertulia a dúo, entre él y yo, haciendo comentarios sobre la marcha a medida que íbamos presentando lo sustancial, de manera que quedé casi abducido por un Sancho ectoplásmico y zumbón (pero, eso sí, entrañable) que se me aparecía a diario para esa labor de divulgación de hechos tan impactantes. De mutuo acuerdo, nos propusimos como disciplina procurar que el resultado fuera ameno y claro (plagado de fotografías), con santo respeto a la sintaxis, para hacerlo todo más asimilable y sabroso.
   
     Estuvimos 463 días dale que te pego, y tuvimos un fiel y sufrido grupo de seguidores a los que hemos de dar las gracias y el mérito de nuestra constancia. Las 160 tertulias finales se convirtieron en un amplio resumen de la absolutamente magnífica crónica de BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO titulada LA VERDADERA HISTORIA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA. Con estos 160 mimbres, he preparado un libro  de unas 400 páginas que espero publicar en breve. Eso mismo es lo que intento ahora: ir dando forma a las primeras 303 tertulias que ya se publicaron en Facebook para que en este blog alcancen más difusión y se conviertan después en otros dos libros.

     Así que vamos publicando las tertulias al ritmo conveniente, llevando como ingredientes, fuertemente sazonados, la apasionante biografía de Sancho y el grandioso espectáculo (tan admirable como horrendo) de las andanzas de los españoles por las tierras de Indias.

     Como remate de lo dicho, y siguiendo el lema de no dar puntada sin hilo, aprovecho la ocasión para mostrar la portada del libro sobre Bernal al que he hecho referencia, que, si el Señor no lo remedia, aparecerá en breve.



sábado, 3 de octubre de 2015

(6) - Ça va, mon fils?
     -Sí, Sancho, todo va bien. Aunque eres tú el que vive en el nirvana.
     -Ya llegarás. Me encanta colaborar contigo. Tenemos que convencer al mundo mundial de que tu libro vale mucho y de que su lectura engancha. Estamos conversando en un plano virtual. Pero todo es virtual, afortunadamente. La cruda realidad, a palo seco, no hay quien la aguante. Cita esas frases que tanto te gustan.
     -Séspir (para los amigos) decía que estamos hechos de la materia de los sueños. El pobre Oscar Wilde, tan ingenioso, nos recordaba que vivimos sumergidos hasta el cuello en el fango, pero que era necesario tener al mismo tiempo siempre fija la mirada en las estrellas. Y nunca olvidaré lo que cantaba Moustaki en Le Métèque: “Et nous ferons de chaque jour  toute une éternité d’amour” (haremos de cada día toda una eternidad de amor).
     -Este es mi chico. ¡Olé tus testículos!
     -Stop, Sancho: nuevo patinazo. La expresión sigue siendo grosera, y, además, ridícula.
     -Vale; ya veo que no acabo de acertar. Me sé otros sinónimos, pero, por si acaso, aparco definitivamente esa frase. Explica un  poco tu relación con el dueño de la Casa Solariega de los Matienzo en el cántabro Valle de Ruesga. Y te sugiero que cuelgues la foto de su escudo y de la placa en que se da detalles de su historia.
     -El dueño se llama Ignacio Ruiz Gómez, y su encantadora mujer, Yolanda. Terminadas sus vacaciones, se fueron a Melilla, su residencia habitual. Les envié allá un ejemplar del libro. A los quince días me llamó Ignacio entusiasmado, valorando especialmente la aclaración de la gran cantidad de dudas que tenía sobre la historia de tu época en Sevilla y la de tiempos posteriores. El impresionante escudo de su casa solariega está ahora en una capilla familiar en la parroquia de Matienzo de Cantabria. Luce en el centro una gran cruz de Calatrava. Es de finales del siglo XVI, y el titular, de apellido Matienzo, era letrado, algo, por lo que se ve, tradicional en todas las ramas de este linaje.
     -Añadamos a esto que te acaban de pedir desde México diez ejemplares de nuestro libro. Iba a exclamar “!Olé…!”, pero, por si acaso, diré: “¡Eres la hostia!”
     -¡¡STOP, SANCHO!! Cada vez lo pones peor.
     -Lo siento. Tomo nota. Bonne nuit, mon cher fils. Hereux jourversaire.

     -Merci, mon bon père. À demain.