sábado, 14 de noviembre de 2015

(84) - Gabon, biotxa: lírico ruiseñor, mirlo blanco, cisne negro, cuatrébol,  trovador provenzal, colorido guacamayo, modélico secretario…
     - Ongi etorri, Santxo, pero  no sigas: ya sé lo que quieres. Me llamaste “puente de oro” por recuperar tus raíces carranzanas, pero pides  más, insaciable ectoplasma, y a eso no me atrevo.
     - No seas cobardón: necesito que el puente llegue hasta Matienzo de Ruesga, que me conozcan  allí y que se declare patrimonio de la humanidad ese triángulo mágico de los Matienzo: Ruesga, Carranza y Mena. Hazlo, please: no abuses de que, por el amor que te tengo, no te puedo excomulgar. Yo sé que te gusta la idea.
     - Pides demasiado. Y lo curioso es que esa relación existe probablemente desde el siglo IX, cuando el abad Vitulo fundó su monasterio de Taranco, en Mena. Es tan lógica la idea que, en la novela “El jabalí blanco”, el argumento se basa en la hipótesis de que los antepasados del abad pasaran de Cantabria a Carranza, dando después sus padres el salto hasta Taranco en los inicios de Castilla. O sea: un antecedente de lo que hizo tu familia.
     - Piénsatelo, corazón mío, y sigue ahora con mi sobrino Juan, que, aunque impresentable, hizo cosas importantes, y siempre le quise.
     - Tienes razón, Sancho: también fue positiva su labor en cuanto a poner freno a muchas injusticias, aunque no lo hiciera con las suyas. Era innegable su capacidad de trabajo y su inteligencia. Vimos cómo le nombraron para inaugurar la primera Audiencia de México: así que el rey no le castigó, sino que le premió porque le venía muy bien para sus propios objetivos, y, en este caso, se trataba, sobre todo,  de mantener a raya al carismático y preocupante Cortés. Seguro que el emperador Carlos tenía pesadillas soñando todas las noches que podía hacerse el amo de México e independizarse, pero era pura paranoia, porque el pragmático extremeño sabía hasta dónde podía llegar. Tú le conocías bien: era tan lúcido como ambicioso.
     - No volví a verle en España, porque fallecí antes. Pero sé que cometió un error que disgustó mucho al rey: el año 1529 desembarcó en Sevilla a lo grande, rodeado de tantos fantasmones que parecían una corte real. Así que, como consecuencia, aumentaron las sospechas y se intensificó de inmediato contra él en todo México la labor de zapa de los tres jueces: mi sobrino Juan, el oidor Delgadillo y (que el Señor lo maldiga) el presidente de la Audiencia, el nefasto Nuño Beltrán de Guzmán, uno de los personajes más siniestros de los que llegaron a aquellas tierras, que, para colmo de desgracias, llevó a cabo también empresas de conquista, sin duda con valentía y esfuerzo, pero salvajemente. Agur, nire semetxo.
     - Bihar arte, aitatxu.



    México en 1628. Ya sin sacrificios humanos, un verdadero paraíso: nada que ver con el monstruo actual


(83) - ¡Oh, santo varón, tesoro mío, prodigioso literato, sublime orador, implacable investigador, pizpireto vejestorio, amado de los dioses, prodigio de la naturaleza…, qué exitazo! Casi fue necesario hacer una nueva edición de nuestro maravilloso libro porque se agotaban los ejemplares: se los quitaban de las manos a tu querido nieto Mario como si fuera talo caliente con chorizo de primera: ¡gora Karrantza!
     -Gora Karrantza, Santxo. Es cierto; fue especialmente agradable la sorpresa  de la extraordinaria acogida que me hicieron varios miembros de la corporación; sobre todo porque viví tiempos en los que el simple hecho de ser secretario te etiquetaba políticamente.
     - Razón tienes, hijo mío, pero sigamos adelante que nos queda una larga y deliciosa andadura.
     - Antes que nada, reverendo, es necesario decir algo sobre el fallecido Inaki Azcuna. Lo de menos fue que le nombraran el mejor alcalde del mundo, que, al fin y al cabo, es un título anual. Lo que le hace único es haber sido el mejor alcalde de Bilbao. Su carisma va a ser un escollo para el sucesor.
     - Lamento  que ni mi nieto Luis, que tuvo ese cargo en 1617 y 1618 (de forma poco responsable), ni su hijo Gregorio, que lo ocupó en 1625 (dejando mejor recuerdo), le llegaran a la altura de los zapatos. Pero también es casualidad que su funeral coincida con el de Adolfo Suárez. Hay algo que los une: su inteligente,  humana y civilizada tendencia al consenso. Queremos más como ellos.
     - Déjame, reverendo, decir que el párroco de Begoña, donde se ha celebrado la ceremonia por Iñaki, es José Luis Achótegui, viejo amigo mío y una de las mejores personas que he conocido.
     - Dicho queda, lloroncico. Cuenta cómo terminaron los oidores de la audiencia de Santo Domingo (y de paso, resuelvo el enigma de la acuarela: se trata de la “sabrosa” placita del segoviano pueblo de Ayllón, que todo bien nacido tiene obligación de visitar).
     - Pues resulta que tu sobrino Juan y los otros dos “compadres”, Lucas Vázquez de Ayllón y Marcelo Villalobos, forzaron tanto la maquinaria del abuso, que al rey no le quedó más remedio que someterlos a juicio, pero se celebró de forma amañada, quedando absueltos. Como vimos, Ayllón murió después;  Villalobos se dedicó a empresas de conquista que le relacionaron con tu otro sobrino, Pedro, quien, curiosamente y poco antes de morir, se casaría en España con una nieta suya. ¿Y tu sobrino Juan?: ¡la madre que nos parió! (perdona Sancho); no solo no le castigaron sino que le nombraron oidor de la Audiencia de México en el mismo instante en que se fundó. Ciao, dolce Sancio.
     - Hoy quiero que subas esa foto en la que estoy coronado por la estatuilla que te regalaron en Carranza. Me parece un símbolo de la vida: solo se ve su sentido desde la perspectiva adecuada. Esa reproducción parece un ridículo alambre, sin más, porque solo muestra el trazo lineal que se conserva en la cueva de Ventalaperra: hay que ponerse a contraluz para llenar el vacío, y entonces surge la masa corporal de ese oso totémico que traía de cabeza a los carranzanos hace 20.000 años. Ío te adoro, piccolino.




     Una sola línea, pero es una reproducción del oso que grabaron en la cueva de Ventalaperra hace unos veinte mil años. Cómo me gusta, secretario mío, que hayas hecho reverdecer mis viejos lazos carranzanos.

viernes, 13 de noviembre de 2015

(82) - Sursum corda, Felitxu: dentro de unas horas, txapeldun. Hoy llego antes, sublime orador. Quiero que en cuanto termines tu deliciosa charla, disfrutes inmediatamente de un merecido descanso, que te me estás consumiendo, angelito mío.
     - Un buen detalle, querido Sancho. Pero ya sabes que sé medir mis fuerzas, practicando el “nihil nimis” que tú siempre pasaste por alto.
     - Mejor no meneallo, imprudente joven. Sigue con las miserias de mi sobrino Juan y sus compinches.
     - Lo que resulta indudable es que tu pariente no tenía un pelo de tonto y era muy trabajador, aunque malogrado por la ambición. Pero no pasaba de ser un licenciado aupado a tan alto cargo por tus influencias, con un currículum mucho más gris que el de Ayllón y Villalobos. Del primero, ya hemos comentado que murió en la expedición que le arrebató a Juan. En 1562 un hijo suyo, también llamado Lucas, obtuvo licencia para repetir el viaje de su padre, pero no pudo iniciarlo por falta de recursos. Otro de sus hijos, Pedro Vázquez de Ayllón, le escribió al rey una carta lacrimógena (estilo muy frecuente entonces), pidiéndole alguna merced. El documento es muy interesante porque explica muy bien el desastre de la empresa de su padre (aunque dando de él una imagen beatífica). Se refiere a la desgracia de su progenitor diciendo que “Hizo una gruesa armada y llevó en ella más de 600 hombres en cinco navíos. Gastó en la armada la mayor parte de su ha­cienda y quedaron su mujer e hijos adeudados en mucha canti­dad por haber hecho la armada a su costa. Y, después de ha­ber llegado a la península de La Florida, dos o tres meses más tarde murió él y la mayor parte de la gente que llevó consigo”. Concretaba su petición diciendo: “Que es uno de los principales vecinos desta ciudad, y que en ella ha sido alcalde, y que en el servicio contra los (piratas) franceses fue proveído por la Audiencia como capitán para ir al puerto estando los franceses destruyéndolo, y haciendo él lo que era obligado. Que tiene poca hacienda para poder sustentar la calidad de su persona y la honra y estado (que le corresponde). Que es persona hábil y suficiente y merecedor de cualquier cargo que Su Majestad le quiera dar”. Así lo dejamos, dulce Sancho, que me esperan en Carranza. Luego te veo.
     - Me tendrás a tu lado, sin que nadie se dé cuenta. Y te daré un coscorrón en cuanto perciba que te desvías por las ramas, porque eres un poco saltarín. Y ahora vamos a divertirnos un poco con el posible lector. Pintaste  una acuarela de un bonito pueblo que tiene alguna relación con lo que has estado contando. Cuélgala para ver si adivinan cuál es. Hasta lueguito, carismático orador.

  

     En un lugar de Castilla, de cuyo nombre no quiero acordarme...


(81) - Gabon lastana: quizá en Karrantza te pregunten algo en euskera.
     - Ongi etorri, biotxa: con estas cinco palabras voy que txuto. Tendrán piedad con un jubileta. Pero no me distraigas, que tenemos que seguir con tu sobrino Juan. Desembarcó en Santo Domingo para formar parte del triunvirato más temible de todas las Indias, porque inauguraban la primera audiencia, con el poder de juzgar a vivos y  muertos en  representación de los Reyes Católicos.
     - Qué desastre, discípulo amado. Llegó ensoberbecido y trapacero: primeramente oteando el horizonte, pero pronto descubrió el chollo.
     - Me gusta que seas imparcial con tu sobrino. Sus otros dos “socios” de judicatura fueron Marcelo de Villalobos, que llegó en el mismo barco que Juan,  y el perro viejo Lucas Vázquez de Ayllón, veterano  vecino de Santo Domingo, de la que fue alcalde. Los tres a una y por orden del rey Fernando, se dedicaron con saña a complicarle la vida al ensoberbecido Diego de Colón y a sus protegidos, empleando el tiempo sobrante en enriquecerse  sin escrúpulos por la vía  más rápida. Transcribo un párrafo de un precioso documento en el que Juan se queja al  rey, pasados ya once años de “leal” amistad, de que Lucas le ha “birlado” la exclusiva de una expedición destinada a descubrir  tierras  y sacar el mayor provecho, incluso mediante la captura de esclavos: “El licenciado Matienzo, uno de los oidores de la Audiencia de V. Majestad, que en Las Indias reside, besa sus reales pies y manos, y dice que él, con licencia del gobernador de la Isla Española, en­vió una carabela por indios lucayos (es decir, para capturar escla­vos de esa raza) a ciertas islas concedidas por el Rey Católico, que en gloria es, y el capitán que iba descubrió cierta tierra nueva, y yo lo hice saber a los oidores de la Audiencia, y les pedí licencia para tornar a armar y enviar a la dicha tierra y saber el secreto della, y de todo hacer relación a S. Majestad, y me la concedieron. Y sucedió que el licenciado Ayllón, estando en la Corte de Vuestra Majestad, indebidamente se hizo descubridor de la dicha tierra, con relación no verdadera ni como debía. Y Vtra. Alteza mandó tomar asiento con el dicho licenciado, como tal descubri­dor que él se decía, y hizo merced por lo que él no había servido ni descubierto”. El enredo fue una consecuencia de los manejos que se  traían los dos después de asociarse  en los negocios esclavistas de la familia de los Urrutia, titulares de la mejor capilla existente en la parroquia de Balmaseda. Pero de nada le sirvió a tu sobrino la protesta. El astuto Ayllón se salió con la suya, como zorro más veterano, aunque, sin querer, le hizo un gran favor a Juan, ya que la empresa resultó un desastre en el que el propio Lucas murió. Mañana más. Agur aitite.



     El ambicioso Ayllón le robó la licencia de ir a descurir tierras a mi igualmente ambicioso sobrino, Juan Ortiz de Matienzo. En el pecado llevó la penitencia: siguió la ruta que indica el mapa, con un rotundo fracaso que le costó la vida.

jueves, 12 de noviembre de 2015

(80) - Ave, Felix, insignis historiator. Se van a quedar boquiabiertos los carranzanos de los datos que les vas a dar en tu charla sobre la importancia de mi familia en su valle. Y cantaremos el “veni, vidi, vinci” de César.
     - Ave, Sanctus, magnanimus exagerator. Me das tanta confianza que descarto un plan B de retirada sin ser vistos.
     - Ni me lo mientes, cobardón: nuestro libro es una joya, y tú, mejor orador que Demóstenes. Sigamos con lo de Sevilla. Iremos contando mis encuentros y encontronazos con famosos y no tan famosos. Pero vamos a empezar con lo que más nervioso me pone: el enchufe que, a través de la Casa de la Contratación, les conseguí a mis dos sobrinos meneses Juan y Pedro Ortiz de Matienzo, primos entre sí. Los dos nacieron hacia 1480 (entonces era muy impreciso el dato), y murieron el mismo año, en 1536. Les proporcioné buenos puestos en Indias, y no brillaron precisamente por su humanidad. Pedro, al ser militar y alcalde, de brillante hoja de servicios, actuó con dureza, pero no se excedió de lo habitual en esos cargos, aunque en su caso quedó “pringado” por estar bajo su control la explotación del banco  perlífero de la isla Cubagua (frente a Venezuela), donde murieron extenuados muchos esclavos, indígenas y negros. Para hablar de Juan, tómame el relevo, please.
     - Te echaré un capote, Sancho, porque te veo nervioso. Cuando viví en Carranza, conocí el barrio Matienzo; más tarde, el Matienzo cántabro del valle de Ruesga; y, más tarde aún, supe que hubo un tal Matienzo en Indias de pésimo recuerdo. Y luego apareciste tú y encajaron las piezas: era tu sobrino, el oidor (juez) Juan Ortiz de Matienzo. Salió hacia el Nuevo Mundo el año 1512, junto a su primo Pedro (vidas paralelas); iba destinado a un  puestazo que podría haberle cubierto de gloria histórica, pero donde se convirtió en un crápula, como lo fueron los otros dos oidores que inauguraron, con él, nada menos que la primera Audiencia de Indias, instalada en Santo Domingo. Eran, sin duda, de mala condición, pero muy eficientes al servicio del rey, que tenía sumo interés en cortarles la hierba bajo los pies, primero a Diego Colón, el hijo de Cristóbal, y después, al carismático y peligroso Cortés. Así que los tres “magníficos” funcionarios llegaron tan poderosos y faltos de control, que actuaron como zorro en gallinero. Mañana seguiremos, que  te veo tan arrebolado y tembloroso como una aurora boreal.
     - Gracias, pequeñín; tengo mareos cósmicos. A domani, caro.



(79) - Bendito seas, hijo de mis entrañas, tesoro mío, stella matutina, turris ebúrnea... ¡Te han invitado a entrar en el Sancta Sanctorum!
     - Querido Sancho, hablas como un poeta enamorado, pero ya sé por qué te puede la emoción: me han invitado a visitar  tu casa solar de Carranza; vive en ella Laida Trevilla, a la que no conozco, pero sí a su madre, la simpática Maribé Cearra (tempus fugit).
     - ¡Qué emoción! Tienes que ver esa casa de mis mayores, que yo siempre quise recuperar y finalmente lo hizo mi adorable hijo Luis, curando nuestra  vieja herida familiar. ¡Qué buen chico me salió! Me quiso mucho, a pesar de la mancha de su nacimiento. Pero sigamos con lo de Sevilla, que no soporto que veas a un ectoplasma llorar.
     - De acuerdo, sentimental cuántico. Respondisteis rápidamente,  con una clara exposición de vuestros puntos de vista, a la carta real en la que se os comunicaba la creación de la Casa de la Contratación y vuestros nombramientos: “Muy altivos e muy poderosos Príncipes, Cristianísimos Rey e Reina Nuestros Señores: El Doctor Sancho de Matienzo e Francisco Pinelo besamos las reales manos de Vuestras Altezas a las cuales plazca saber que recibimos una instrucción sobre la negociación y contratación de las Indias e islas nuevamente descubiertas e por descubrir, Cana­rias y el Cabo de Aguer (actual Agadir, en Marruecos, conocida antiguamente como Santa Cruz del Cabo de Aguer) y fortaleza de Santa Cruz (confirman también haber recibido la cédula de sus nombramientos). E vista la dicha cédula e instrucción, la acep­tamos e obedecemos con aquella reverencia e acatamiento que debemos a nuestros Reyes e Señores naturales”. ¡Qué peloteo aquel!
     - Es que era como presentarse ante Dios: de veras acongojante. Y, al mismo tiempo, estábamos locos de alegría. En el documento no participó Ximeno de Briviesca, porque andaba ausente, pero le representábamos. Y fíjate, fíjate, dulce pequeñín, en ese detalle de mis preeminencias (tan rígidas entonces): encabezo la carta, y con el resplandeciente título de “Doctor”. Les comunicamos a los reyes nuestros sensatos pareceres sobre lo inadecuado de las Atarazanas para las nuevas instalaciones, y, con verdadero ojo clínico, les sugerimos su emplazamiento en los Reales Alcázares. Sibilinamente, nos atrevimos (a pesar del acongojamiento) a preguntarles si querían que las dependencias fueran lujosas. ¡Aleluya!: nos dieron vía libre, y así podéis seguir ahora disfrutando de la preciosidad del departamento que decoramos en ese lugar. Y, volviendo a lo de mi solar carranzano, ya que no te puedo excomulgar, caro mío, te ruego que lo visites cuanto antes. Ciao.
     - Iré: además me emociona casi tanto como a ti. Bye, tierno Sancho.




     Tienes toda la razón, reverendo: ese es el Sancta Santorum de tu hidalga familia en Carranza, aguantando el tipo a lo largo de los siglos. No hace falta que te pongas dramático, porque, no tardando mucho, iré a emocionarme con las vibraciones de los Ortiz de Matienzo que perduran en su interior.



miércoles, 11 de noviembre de 2015

(78) - ¡Big Bang!, pequeño soñador. Hoy quiero que empecemos comentando un  momentito otro tema.
     - De acuerdo, cósmico ectoplasma: ya sé que no es una maniobra de distracción: nos vas a echar una pequeña bronca.
     - Es que sois lentos de reflejos: ocurren cosas extraordinarias y solo se dan cuenta unos cuantos “pirados”. Los mejores cerebros de la Humanidad no descansan, y, de tarde en tarde, sacuden los pilares del conocimiento. Exijo que se canonice de inmediato al revolucionario Albert Einstein, el gran Apóstol de la Verdad. Ese pacífico peleón fue capaz de trepar en solitario la montaña más alta y ver desde allí que el mundo entero estaba equivocado. Bajó de la cima sagrada y lo puso cabeza abajo. Os parecerá barro.
     - Creo, mi sabio protector, que el fallo está en la enseñanza: no se divulgan esas cosas. En mi larga vida (soy casi de tu quinta), uno de los recuerdos más sorprendentes fue el instante en que, leyendo un folletito al azar, me “enteré” de que la materia y la energía eran esencialmente lo mismo, casi casi como un solo cuerpo-espíritu.
     - Bien dicho, pequeñín. Luego, otro cabezón, Higgs, sacó sus propias conclusiones, que ya han sido confirmadas. Y poco después  (a eso viene esta filípica) se captaron ¡ONDAS DEL PRIMER INSTANTE DEL UNIVERSO!, demostrando esta vez que Einstein, el Cabezón Supremo, se equivocó al rechazar la teoría del Big Bang, debido precisamente a que, por una sola vez (¡dita sea!), cayó en la trampa del sentido común. Lo más asombroso es que esos genios únicos montaron sus teorías sin experimentos, con su pura fuerza mental. Qué contraste: los españoles cambiando la historia del mundo a fuerza de instinto, de acción casi enloquecida, de luchas llenas de sangre y lágrimas suyas, y de quienes encontraron a su paso, mientras que los intelectuales han puesto patas arriba todos nuestros conceptos y nuestra forma de vivir con algo tan sutil como la contemplación. Quiero una foto de ese grandioso judío-alemán melenudo. Tras este pequeño  desahogo, sigue con  mis peripecias en Sevilla.
     - Vale. La reina Isabel confió la fundación de la Casa de la Contratación a tres personas de gran prestigio: Francisco Pinelo, genovés muy acaudalado, íntimo de Colón, al que financió, y con dos hijos  que fueron canónigos compañeros tuyos;  Ximeno de Briviesca, con larga experiencia como contador al servicio de los reyes, y al que, literalmente, Colón pateó (con gran cabreo por parte del rey) porque pensaba que retrasaba adrede la partida de uno de sus viajes; y tú, hombre de carácter, responsable, inteligente y eficaz (amén de ambicioso, querido Sancho). En alguna ocasión, la reina manifestó expresamente que eras de gran valía, y, aunque Pinelo ostentaba el cargo principal, el de factor, en la carta la reina se dirige a ti en primer lugar: “¡Doctor Sancho de Matienzo!”. Además, poco a poco, tú te encargaste de llegar a ser el mero mero de la ilustre Casa; y así hasta tu viaje a Quántix en 1521. Big Bang.
     - Mi biógrafo, mi defensor, mi hijo putativo.... Big Bang, baby.



     San Albert Einstein: él solito, el "viejo chiflado", cambió el rumbo de la Humanidad.

(77) - ¡Dong! Llegó la hora: aún retumba el eco de la docena campada en la iglesia de Rosales, y aquí me tienes, mi corderito pascual.
     - Hola, astuto abad. Vienes muy meloso: o te me estás amujerando, viejo conquistador, o planeas algo que ya me lo imagino.
     - Touché: es que también “llegó la hora” de hablar más a fondo de mí y (¡oh my god!) de mis dos sobrinos indianos. Sé bueno, please. Aunque me gusta tu estilo, insigne gloria de la literatura, y miras serenamente los hechos, échanos una manita, que falta hará.
     - No te preocupes, buen Sancho: la Historia no es un cuento de hadas. Empezaremos con lo bonito: vaya puestazo que te dieron. Llevaba años (desde 1492) tu “padrino”, el futuro obispo Juan Rodríguez de Fonseca, encargándose de la administración del tráfico colombino, y creció tanto la bola de nieve que en 1503 los reyes crearon un pequeño, pero luego muy importante y decisivo, organismo nuevo: la Casa de Contratación de las Indias de la Mar Océana.
     - ¡Santo Dios!, lucero mío: fue el gran “golpe” de  mi vida,  resultado de la recomendación de Fonseca, que, todo hay que decirlo, sabía que yo brillaría en ese cargo por mi competencia. Pon la preciosa carta que nos mandó la gloriosa reina, y coméntala mañana.
     - Va por ti, orgullo  de Mena (a ver si se enteran los meneses). El texto, algo resumido, dice: “La Reina: Doctor Sancho de Matienzo, Canónigo de la Santa Iglesia de la ciudad Sevilla, e Francisco Pinelo, Jurado Fiel Ejecu­tor de la dicha ciudad, e Ximeno de Briviesca, Contador de la Ar­mada de las Indias. Sabed que el Rey mi Señor e Yo avemos acor­dado de mandar fundar en la dicha ciudad, en las Atarazanas della (los viejos astilleros), en la parte que pareciere más convenible, una Casa para la contratación y negociación de las Indias e de las costas e de nuestras islas que se han descubierto e descubrieren, a la cual Casa se han de traer todas las mercaderías e otras cosas que fueren necesarias para la dicha contratación, e ha de haber en la dicha Casa un Factor e un Tesorero e un Contador nuestros, que tengan cargo de toda la dicha negociación según más largamente veréis por una nuestra instrucción. Y para lo susodicho manda­mos a vos nombrados e señalados para ello, conviene a saber: A vos el dicho Francisco Pinelo por Factor, e a vos el dicho Doctor Matienzo por Tesorero, e a vos el dicho Ximeno de Briviesca por Contador. Por ende yo vos encargo e mando que aceptéis los di­chos oficios e uséis dellos con toda diligencia e recaudo que fuere necesario, conforme a la dicha instrucción, e de todas las cosas que viéredes que convienen. Dada en Alcalá de Henares a catorce días del mes de hebrero de 1503”.
     - Quedo bañado en ectoplásmicas lágrimas. Bye, my sweet heart.
     - Tengo un grabado de Sevilla que te encantará, tierno Sancho. To see to-morrow.


     Grabado de finales del XVI. Sevilla como yo la conocí. Los reyes querían poner la Casa de la Contratación en las Atarazanas (astilleros). Es ese largo edificio que está en primera línea (hoy se encuentra en el centro de la ciudad). Sólo viendo la pintura se entiende su historia. Delante estaba el amplio Arenal de Sevilla (¡y olé!), y fijaos que el navegable Guadalquivir pasaba a su lado.



martes, 10 de noviembre de 2015

(76)- Bona nit, el meu fill. Acaríciale el lomo a Artur Mas, que hoy vamos a hablar (sin haberle pedido permiso) de otro catalán ilustre.
- Benvingut, el meu pare. Ilustre y verdaderamente ejemplar: San Pedro Claver (al que ya hemos mencionado dos veces). Nació en Verdú, en el leridano Valle de Urgel, en 1580, falleciendo en Cartagena de Indias el año 1654. En Mallorca, donde se preparó para jesuita, hizo rápida amistad con el “soldado raso” Alonso Rodríguez,  simple portero de la casa clerical, al que admiró en extremo, y que (el tiempo a veces pone a cada uno en su sitio) subiría a los altares el mismo día que él. Llegado a la costa colombiana, conoció a otro hombre santo y, para variar, gran intelectual: el jesuita Alonso de Sandoval, al que se le considera el primer apóstol de la raza negra. Cartagena tenía que ser una ciudad caótica, con las mayores lacras sociales y abundantes ricos (alguien la describió como hervidero de ne­greros, piratas e inquisidores). Sandoval, en su libro “El establecimiento de la salvación de los etíopes” (en el sentido de negros africanos), relata que los esclavos “van de seis en seis encadenados por argollas en los cuellos, asquerosos y mal­tratados,  debajo de la cubierta, con lo que nunca ven el sol o la luna. No se puede estar allí una hora sin grave riesgo de enfermedad. Comen cada 24 horas una escudilla de maíz o mijo crudo y un pequeño jarro de agua. Reciben mucho azote y malas palabras de la única persona que se atreve a bajar a la bodega, el capataz”. También Pedro Claver anotó su propia experiencia: “Echamos manteos fuera, entablamos aquel lugar y trajimos en brazos a los muy enfermos. Entre ellos había dos muriéndose, ya fríos y sin pulso, tomamos una teja de brasas, y puesta junto a los que estaban muriendo, sacamos varios olores (hierbas aromáticas) y dímosles un sahumerio, y poniendo encima de ellos nuestros manteos, que otra cosa ni la tienen encima, cobraron calor y nuevos espíritus vitales, el rostro muy alegre, los ojos abiertos y mirándonos. De esta manera les tu­vimos hablando, no con lengua, sino con manos y obras, que como vienen tan persuadidos de que los traen para comerlos, hablarles de otra manera fuera sin provecho. Arrodillámonos junto a ellos, les lavamos los rostros y los vientres con vino, alegrándolos y acariciándolos, y comenzamos a ponerles delante cuantos motivos naturales hay para alegrar a un enfermo”. O sea: una terapia completa. El intérprete negro, Sacabuche, contó que algunos días tuvo que lavar hasta siete veces el manteo de Pedro. Pero (“porca miseria”) hasta entre algunos de sus compañeros jesuitas encontraba críticas, tachándole de “me­diocre de ingenio, de prudencia exigua y muy melancólico”. Se llegó a acusarle de haber dado los sacramentos a “criaturas que apenas poseían alma”. ¡Qué cosas! Fins demá, estimat Sanchet.
- Adeu, Feliset, amb visca el Barsa. 



     El papa Francisco, jesuita como San Pedro Claver. Hay quienes le critican, sencillamente porque es un pontífice consecuente con lo que cree, que es incapaz de vivir en una iglesia al revés. ¿A qué esperan?: que lo canonicen ya en vida.

(75) - Aquí me tienes, fiel compañero: llevamos un montón de tertulias diarias, y seguiremos sin interrupción hasta que tú digas basta. Te adoro.
     - Hola, agradecido Sancho. Tú y yo seguiremos de tertulia perpetua aunque nos envuelva el vacío.
     - Así me gusta, pequeñín. Y ni me voy a molestar en amenazar con la excomunión. Nosotros, a lo nuestro, y, el que quiera, que saboree mi biografía y se ilustre a fondo. Como vas a empezar a hablar de mi familia, que tuvo de todo menos santos, cuenta algo de mi muy lejano pariente,  el mercedario riojano fray Luis de Matienzo, que ya es beato, pero al que (¡dita sea!) no acaban de subir a los altares.
     - Y que lo digas: también en esto cuenta el marketing.  Parece ser que murió hacia el año 1595. Cuando investigué su historia, me quedé pasmado, no solo por su heroicidad, sino por la de los mercedarios en general. Viendo lo que él hizo, descubriremos de qué forma tan azarosa y sacrificada trabajaban los miembros de esa orden que se dedicaba al rescate de cautivos. Hay constancia de dos viajes que hizo a África, acompañado por fray Rodrigo de Arce. Primeramente fueron a Argel, donde se encontraban españoles apresados en la resistencia de La Goleta, que poco antes había conquistado don Juan de Austria. Con­siguieron traerse a la mayoría (se dice que unos  500). No pudieron liberar a Cervantes porque el precio era muy alto; el gran (y humano) literato los recordó a los dos en sus obras relativas a Argel. El segundo proyecto les llevó a Tetuán, y rescataron a 220 presos. Pero ocurrió algo de una heroicidad sublime (y lo hacían frecuentemente los mercedarios, con la conformidad de los musulmanes). Como no les llegaba el dinero y tenían que dejar en Tetuán setenta  cautivos a la es­pera de que, pasados varios años, volviera alguien a rescatarlos, fray Luis, en su santa locura, se ofreció como re­hén para que ellos también regresaran a España. Dicho y hecho; pero hubo dificultades para reunir el precio de su rescate, y, como ningún poderoso quiso saber nada, los mercedarios tuvie­ron que hipotecar todos los bienes que la Orden tenía en Castilla. No soltaron al santo varón hasta que se le pagó al alcaide la astronómica suma de 12.000 ducados. Al ejemplar frailuco le costó la broma ¡cuatro años de esclavitud!, que, según cuentan las crónicas, los pasó  encerrado en un hediondo calabozo, maltratado cruelmente y privado del sustento necesario.
     - ¡Que lo canonicen ya!, o  excomulgaré a divinis a toda la jerarquía eclesiástica. Pero para ti, honesto plumífero, mis bendiciones. Ciao.
    - A domani, mi dulce abad ladrador.




     Monumento a los Mercedarios en Jaén. Fundó la orden el catalán San Pedro Nolasco, nada menos que en 1218.

lunes, 9 de noviembre de 2015

(74) - Gloria a ti, ilustre Espejo de la Humanidad, que tanto me quieres pero más todavía a la verdad.
     - Hola, tembloroso y tierno ectoplasma. Te estás curando en salud porque nos vamos acercamos a tu vida y la de tu familia.
     - Tengo ya preparado un saco de ceniza para cubrirme de oprobio, y quiero que se sepa todo, lo malo y lo bueno (que también abundó). Pero, a su tiempo: sigamos con Bartolomé de las Casas, el pesadísim Tabanus Criticus de todo el imperio.
     - No va a ser fácil, buen abad, hacer un flash de ese personaje tan descomunal, uno más de aquella increíble generación. Fue muchas cosas: cura más bien mundano (el primer misacantano de Indias), encomendero arrepentido, dominico, obispo, andaluz genéticamente exagerado, culoinquieto casi patológico, alma sacudida por la pasión contra las injusticias hispanas  (consecuencia de dos experiencias reveladoras), enemigo de las medias tintas, profeta apocalíptico, injusto contra los injustos, utópico hasta el ridículo (lo que llevó al fracaso varias de sus empresas), luchador incansable y de fanática terquedad, valiente e insensato viajero que anduvo cerca del récord de travesías del Atlántico, grandísimo escritor, de impresionante memoria, que llegó a publicar una larga  y sabrosa crónica de Indias…
     - Y, encima, pequeñín, ese insoportable grano en el trasero del imperio tuvo una existencia muy longeva. Nos entraban sudores fríos cada vez que aparecía por la Casa de la Contratación de Sevilla. Pero decía también grandes y lacerantes verdades.
     - Así es, querido Sancho: solo que sin matices y muy teatralizadas. Lo cierto es que ese huracán de extremismo incontrolable resultó positivo para poner algo de freno a otro huracán mucho más poderoso: la demoledora llegada de los españoles. No puede haber crítica más exagerada que la que hizo con su “bestseller”  sobre “La destrucción de las Indias”: exagerada por la forma, no por el fondo. Pero da grima que ese libro haya servido para regodeo de los hipócritas jerifaltes europeos de aquel tiempo y apuntalamiento de la Leyenda Negra. Su propio rigor personal le jugó una mala pasada, porque vivía lleno de escrúpulos de conciencia. Poco an­tes de morir, en 1566, se mostraba temeroso ante el próximo jui­cio divino por no haber hecho lo suficiente (!) en la defensa de los indios. Debido a su sordera, su confesor y compañero inseparable fray Rodrigo de Ladrada, le hablaba en tono muy alto, y alguna vez los demás religiosos le oyeron decir: “Obispo, mirad que os vais al infierno, que no volvéis por estos pobres indios como es­táis obligado (eso es un amigo)”. Esperemos que el proceso de canonización abierto el año 2000 sea más tolerante, y le lleve en volandas a los altares al trabajado Bartolomé. Bye, bye, daddy.
     - No sabes qué amigos son aquí él y el Papa Luna. Be happy.



     A Bartolomé de las Casas le levantaron este monumento en Guatemala, en agradecimiento por su intento (no consolidado) de crear un poblado utópico en el que los indios vivieran felices. Fue de fracaso en fracaso, pero consiguió él solito que el Rey y la Corte, sacudidos en sus conciencias, fueran dictando leyes cada vez más humanas y controlaran su cumplimiento.



(73) - Vamos allá, corazón. Termina la extraordinaria carta de Motolinía.
     - Hola, tierno abad. Parece que está aquí con nosotros. Sigue así: “Sepa V. Maj. que agora, en los postreros navíos, han venido impresos (de Bartolomé) que no pequeño alboroto e escándalo han puesto en toda la tierra, porque a los conquistadores e enco­menderos e a los mercaderes los llama tiranos, robadores, violenta­dores y raptores. Dice que todos los tributos son mal llevados, in­justa y tiránicamente. Si así fuese, buena estaba la conciencia de V. Majestad, pues tiene e lleva la mitad e más de todas las provincias e pueblos más principales; e los encomenderos e conquistadores no tienen más de lo que V. Maj. les manda dar. De manera que la  principal injuria hace a V. Majestad, e condena a los letrados del Consejo e a todos los que hay e ha habido en esta Nueva España, eclesiásticos e seglares, e a presidentes e Audiencias. Y piensa que todos yerran e quél sólo acierta, porque dice estas palabras: ‘todos los conquistadores han sido robadores raptores e los más calificados en mal e crueldad que nunca jamás fueron’. Todos los conquistadores dice, sin sacar ninguno. Yo me maravillo cómo V. Majestad e los de vuestros Consejos han podido sufrir tanto tiempo a un hombre tan pesado, inquieto, inoportuno e bullicioso e pleitista en hábito de religión, tan des­asosegado, tan mal criado e tan injuriador e perjudicial e tan sin reposo. Cuando vino obispo e llegó a Chiapas, le recibieron con mu­cho amor, e dende a muy pocos días, los excomulga e póneles 15 o 16 leyes, e déjales e vase adelante. A éste le escribía el obispo Betanzos que a las ovejas había vuelto cabrones, e, de buen carretero, hecho el carro delante e los bueyes detrás. Y dice asimismo que ningún español tuvo bue­na fe en comprar e vender esclavos. E no hubo razón, pues mu­chos años se vendieron por las plazas con el hierro de V. Maj., e algunos años estuvieron muchos cristianos bona fide y en igno­rancia invencible. (Hace Motolinía después un buen compen­dio de la Historia, con sus guerras y tributos). Yo no me meto en determinar si fueron estas guerras (de Indias) más o menos lícitas que aquéllas o cuál es más lícito tributo, éste o aquél. Reciba Vuestra Majestad esta carta con la intención que la escribo, e no valga más de cuanto fuere conforme a razón, justicia e verdad”. Es evidente, queridísimo ectoplasma, que Motolinía actuaba con prudencia, mientras que Bartolomé jamás dudaba. El final de su carta es una clara muestra de su apertura de criterio.  Buena vuelta a Quántix, mon bon père. Adieu.
     -  Y date cuenta, mi dulce descubridor, que eres demasiado riguroso con mi léxico: ya ves cómo el obispo Betanzos usa con toda naturalidad la palabra “cabrones”. Hoy sería muy útil. Au revoire.




     Un relieve de fray Toribio de Benavente en su patria chica, donado por mexicanos. Se diría que el santo varón ha vuelto a su pueblo para ver las procesiones.


domingo, 8 de noviembre de 2015

(72) - Hello, my sweet son. Equilibra las cosas hablando de fray Toribio de Benavente (natural de ese pueblo vallisoletano): acabó harto de Bartolomé de las Casas.
     - Welcome, daddy. Los indios le llamaban Motolinía (hombre pobre) y le veneraban. Era de la orden franciscana, muy culto y buen escritor: fue el primero que publicó un estudio etnográfico sobre los nativos. Compartía con Bartolomé la crítica contra los abusos de los españoles, pero con la prudencia que exigían los límites de lo realmente posible. Hoy nos gustan más los “arreones” de Las Casas, pero la sensatez estuvo de parte de fray Toribio, que tampoco se mordía la lengua cuando procedía.
     - Así fue, imparcial plumífero: me duele lo que dijo de mi sobrino Juan Ortiz de Matienzo, pero la verdad hablaba por su boca.
     - Ciertamente, arrepentido Sancho. La andanada se la tiró al trío de jueces, uno de los cuales era tu pariente. Aseguró que “iba la cosa de tal manera que, como quien se come una manzana, se iban a tragar a los indios”,  y que eran “escorias y heces del mundo”. Pero, no pudiendo soportar más a Bartolomé, le mando al rey la siguiente carta (resumida): “S. C. C. M. Gracia e misericordia e paz a Deo Patre Nostro e Jesu Cristo. Tres cosas me mueven (a escribir) y creo serán para quitar parte de los escrúpulos quel de las Casas pone a V. Maj. y a los de vuestros Consejos, y más con la cosas que agora escribe. Sepa V. Maj.  que, cuando el Marqués del Valle (Cortés) entró en esta tierra, Dios era muy ofendido y los hombres padecían muy cruelísimas muertes. Y, cuando entraron los cristianos, por todos los pueblos había muchos sacrificios, y cada hora ofrecían a los demonios sangre humana. Y, al impedir estas y otras muchas abominaciones que a Dios y al prójimo  eran hechas e plantar nuestra fe católica, e haber plantado Dios una tan grande conversión de gentes donde tantas almas se han salvado, y toda esta tierra puesta en paz y en justicia, si V. Maj. viese cuán devotamente se celebran las festividades, daría mil veces gracias a Dios. No tiene razón el De las Casas de decir lo que dice. (Suplica) que S. Maj. mande ver a los letrados si los enco­menderos  desta Nueva España pueden recibir el sacramento de la penitencia e los otros sacramentos, porque afirma el De las Casas que  no pueden ser absueltos, e a los confesores pone tantos escrúpulos que no falta sino ponerlos en el infierno, e  que esto se consulte con el Sumo Pontífice, porque nos aprovecharía a algunos que hemos bautizado más de cada uno trescientas mil ánimas e desposado otras tantas e con­fesado otra grandísima multitud, si por haber confesado diez o doce conquistadores, ellos y nosotros hemos de ir al infierno. Dice el De las Casas que todo lo que tienen aquí los españoles es mal ganado,  cuando acá hay muchos que por su industria e sudor tienen de comer”. Bye, bye, darling.
     - Be happy, my little boy. Termina mañana la carta del hartazgo.



    En México, a  Fray Totibio de Benavente todo el mundo le conoce como Motolinía. La foto es de un instituto que se llama así en Ciudad Valles; pero son muy numerosas las instituciones y calles que llevan su nombre. Tuvo que hacer mucho bien para que, siendo español, le quieran tanto.


(71) -  Me encantan los aterrizajes en tu bello Planeta Azul; buona notte.
     - Y a mí tus  místicas apariciones, reciclado abad. Montesinos no tenía nada de histérico: se limitaba a aplicar sin paliativos la revulsiva purga del Evangelio. Conocía muy bien el desastre humano que habían producido en el Caribe veinte años de bulímica presencia española. La población nativa quedó en peligro de extinción; pero no se trató de un exterminio planificado, porque, por su propio interés, era importante disponer de indios en abundancia. La fatalidad vino como consecuencia de un encadenamiento de factores: explotación física llevada al extremo, que debilitó a los indígenas, a lo que se unió la falta de anticuerpos frente a las epidemias llegadas de España, con todo ello a su favor para producir una extensa  mortandad.
     - Y entonces fue cuando empezaron a pasar por mi Casa de la Contratación de Sevilla los esclavos negros, cada vez en mayor cantidad, no solo para suplir mano de obra india, sino para rendir más, endureciendo con ellos el  trato, porque  se iban suavizando las leyes relativas a  los nativos. Pero cuenta algo de Enriquillo.
      - Fue un caso absolutamente excepcional (dejando aparte la posterior y  feroz resistencia de los araucanos en Argentina). Otros indígenas también se sublevaron, pero solo él hizo morder el polvo al imperio español. Su lucha empezó en 1519. Con su carisma logró que numerosos indios caribeños (e incluso esclavos negros) se  le unieran contra los españoles, siempre con inteligencia y utilizando todo lo aprendido de la cultura cristiana, que le enseñó a  atacar eficazmente. Había estado tan integrado en la sociedad española que nunca dejó de ser un firme creyente católico, con una visión clara de la diferencia que había entre Dios y sus adoradores. Durante una década, fracasaron todos los intentos de solucionar el problema. No aceptó treguas, ni siquiera con ofertas de amnistía general, ni se le pudo someter por las ar­mas. Llevó a cabo la heroica y brillante proeza de derrotar a unos quince capitanes españoles.
     - Entre ellos, pequeñín, mi brillante sobrino Pedro Ortiz de Matienzo.
     - Así fue; hasta el punto de que, en 1532, se decidió abandonar los planes bélicos y se le presentó a Enriquillo una oferta suficientemente generosa para que aceptara la rendición. Se hicieron las paces de tú a tú, concediéndole el honroso tratamiento de “Don” y diversas tierras para que pudiera vivir tranquilamente con su familia, donde, sin duda, saboreó la satisfacción de haber tenido en jaque a los españoles durante más de una década. Murió cristianamente en 1535, con el consuelo de la confesión, y tan civilizadamente integrado en la cultura española que hizo un protocolario testamento. Está claro que hubo caballerosidad y respeto por parte de los españoles, porque habría sido muy fácil ahorcarlo después, o conseguir que muriera de “dolor de costado”. A domani, mio caro.
     - Conoces bien los truquitos de mi época. Addío, píccolo ragazzo.


     Un caso único: el cacique Enriquillo, educado entre españoles, luego los derrotó repetidamente, vivió el resto de su vida disfrutando de su victoria y murió plácidamente de viejo rodeado de su familia. Qué tío. Nadie se merece como él esa estatua en el paseo marítimo de Santo Domingo.




                                         

sábado, 7 de noviembre de 2015

LA RAZÓN DE ESTE BLOG



     Escribí una biografía de un personaje histórico nacido en el Valle de Mena (Burgos) hacia el año 1460. Fue el resultado de tres años de investigación que dieron para 500 páginas de texto (con abundante material que dejé en reserva). El protagonista de la historia es SANCHO ORTIZ DE MATIENZO, un canónigo de la catedral de Sevilla que tuvo una gran importancia, hasta ahora poco conocida, en el apasionante entramado de los lazos iniciales de Castilla con el Nuevo Mundo, debido fundamentalmente a su privilegiado cargo de primer Tesorero de la Casa de la Contratación de Indias de Sevilla, desde su fundación en 1503  hasta que él falleció en 1521.
    
     Posteriormente abrí una cuenta en Facebook con dos objetivos: promocionar el libro, titulado SANCHO ORTIZ DE MATIENZO Y SUS CIRCUNSTANCIAS, y (porque me lo pedía el cuerpo) dar a conocer hechos, no solo de la vida de Sancho y de la época que le tocó en suerte, sino también de aquella locura histórica y deslumbrante del descubrimiento de América y la subsiguiente ocupación, puesto que él la conoció bien y trató a muchos de los héroes y villanos que la protagonizaron. Aunque el Sancho de la biografía que escribí fue un personaje absolutamente serio, la publicación en la red se convirtió en una tertulia a dúo, entre él y yo, haciendo comentarios sobre la marcha a medida que íbamos presentando lo sustancial, de manera que quedé casi abducido por un Sancho ectoplásmico y zumbón (pero, eso sí, entrañable) que se me aparecía a diario para esa labor de divulgación de hechos tan impactantes. De mutuo acuerdo, nos propusimos como disciplina procurar que el resultado fuera ameno y claro (plagado de fotografías), con santo respeto a la sintaxis, para hacerlo todo más asimilable y sabroso.
   
     Estuvimos 463 días dale que te pego, y tuvimos un fiel y sufrido grupo de seguidores a los que hemos de dar las gracias y el mérito de nuestra constancia. Las 160 tertulias finales se convirtieron en un amplio resumen de la absolutamente magnífica crónica de BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO titulada LA VERDADERA HISTORIA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA. Con estos 160 mimbres, he preparado un libro  de unas 400 páginas que espero publicar en breve. Eso mismo es lo que intento ahora: ir dando forma a las primeras 303 tertulias que ya se publicaron en Facebook para que en este blog alcancen más difusión y se conviertan después en otros dos libros.

     Así que vamos publicando las tertulias al ritmo conveniente,  llevando como ingredientes, fuertemente sazonados, la apasionante biografía de Sancho y el grandioso espectáculo (tan admirable como horrendo) de las andanzas de los españoles por las tierras de Indias.


     Como remate de lo dicho, y siguiendo el lema de no dar puntada sin hilo, aprovecho la ocasión para mostrar la portada del libro sobre Bernal al que he hecho referencia, que, si el Señor no lo remedia, aparecerá en breve.
(70) - Salut, mon camarade. Volvamos a Indias. Ese engendro del Requerimiento fue una parte de los cambios que brotaron de las sacudidas conciencias de nuestros cristianos reyes. Pero también adoptaron otras disposiciones que empezaron a poner coto, tímidamente, a los abusos contra los indios que, incluso los sumisos, eran explotados en las “encomiendas” (un eufemismo para hacer creer que quedaban bajo una tutela protectora).
     - Bonne nuit, parlanchín predicador. Hablemos del primero que, desde un púlpito (en 1511) les echó una bronca monumental a sus desprevenidos feligreses “encomenderos”, como  si fuera Moisés cuando, decepcionado por  su pueblo, rompió las Tablas de La Ley.
     - La verdad es que el dominico Antonio de Montesinos era un fraile, sí, pero tenía un par (perdón, pequeñín), y sus medrosos  compañeros le dijeron: “Venga, Antonio, sube y ármala”.
     - Y dicho y hecho. A ti, como fiel funcionario real, no te caía  bien: le mirabas de reojo en Sevilla. Dejemos que Bartolomé de las Casas (tampoco santo de tu devoción)  cuente, algo ”salpimentado”, lo que pasó: “Llegado el domingo, subió al púlpi­to fray Antón de Montesinos, y  encareció la ceguedad en que vivían los españoles, no advirtiendo los pecados gravísimos en que estaban, diciendo: Para os los dar a conocer me he subido aquí, yo que soy la voz de Cristo en el desierto desta isla, y conviene que con todo vuestro corazón y con todos vuestros sentidos la oigáis; os será la más nueva que nunca oísteis, la más áspera y dura y más espantable y peligrosa que jamás no pensasteis oír. Esta voz os dice que todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquellos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas dellas, con muerte y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermeda­des, que de los excesivos trabajos que les dais se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine y conozcan a su Dios y criador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y los domingos? ¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vo­sotros mismos? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto que en el estado que estáis no os podéis más salvar que los moros o turcos que no quieren la fe de Jesucristo”.
     - ¡Ay!, discípulo amado: estábamos completamente obcecados por la ambición y los prejuicios: estos predicadores nos parecían ilusos soñadores despegados de la tierra. Pero sigue habiendo ciegos. Ciao.
     - Bienvenida tu sabiduría cósmica. Mañana, más.


     Estatua del dominico fray Antonio Montesinos en el paseo marítimo de Santo Domingo. Él solito, a "grito pelao", commovió los cimientos del abuso de los españoles con la población nativa.



(69) - Buenas noches, pequeño filósofo, carrozón soñador, sensible poeta al borde de cursilandia: me haces reír.
     - Bienvenido al planeta tierra, ectoplasma cósmico, feliz habitante de Quántix, el Reino de la Risa.
     - Y de la felicidad, vetusto pizpireto. Eres un despistado: fue cómico verte entrar en el cine para ver Gravity en tres dimensiones sin haber comprado las gafas especiales; tuviste que volver a la taquilla. Sé que me quieres hablar de la película.
     - Dejemos de lado por hoy la casquería histórica. Algún jovenzuelo despectivo creerá (porque no tienen ni vulpeja idea del pasado) que los jubiletas no sabemos qué es el cine en 3D, cuando resulta que hace más de 50 años que se inició con la película “Los crímenes del museo de cera”, utilizando las mismas ridículas gafas.
     - Dime qué es lo que te ha impresionado de Gravity.
- Pues, prácticamente, todo. Primero la didáctica muestra de uno de los aspectos más positivos de nuestra complicada naturaleza humana, que aparece nítido en los dos protagonistas principales: la persecución de un objetivo que será valiosísimo para toda la raza humana, asumiendo sin titubeos el alto riesgo de morir en el intento. Poco importan sus motivaciones, por mezquinas que puedan ser; lo que cuenta es el resultado: como dijo en su día Armstrong, “un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la Humanidad”.
     - Y lo quieres comparar con la historia de los españoles en Indias.
     -  Porque es evidente, querido Sancho: la Humanidad entera está en deuda con el salto gigantesco que ellos dieron, al precio de mucha crueldad, pero también de su propio sufrimiento personal y sus trágicas muertes.
     - Saliste impresionado por la realización de la película.
     - Toda alabanza es poca. Resulta algo banal a veces la solución de los problemas que se narran, pero han conseguido salvar un argumento que tiene muchas dificultades para darle variedad, incluso, repetidas veces, con mucho ingenio, como cuando hasta una lágrima de Sandra Bullock se convierte en una intensa actriz de reparto llegando ingrávida hacia el espectador, hasta casi tocarla. Y  es absolutamente prodigioso que el director te saque de la tierra, te coloque a la altura de los actores en un espacio deliciosamente tridimensional, y lo observes todo al alcance de la mano, en  medio del silencio cósmico y teniendo siempre a la vista nuestro bellísimo planeta azul.
     - Algún día llegarás a Quántix y sabrás lo que es la perfección absoluta. Pero  no tengas prisa, pequeñín: te queda un largo trabajo hasta conseguir que  nuestro libro inunde el mundo. Empieza por los hoteles: quiero un ejemplar en cada mesilla, como hacen los gringos con la Biblia (que el Señor me perdone). Bye, bye, my dear.
     - To see you tomorrow, my bosom friend.



viernes, 6 de noviembre de 2015

(68) - Mis bendiciones para ti, ejemplar jubilado. Terminemos con el rocambolesco texto del “Requerimiento”. Tiene tela, mi arma.
     - Un placer verte tan puntual, sabio y tierno ectoplasma. Pero que lo ridículo del caso no nos haga olvidar la grandeza de aquellos espartanos soldados que  vivían siempre sufriendo y acompañados por la sombra de la muerte. Desde la barrera es muy fácil torear y seguir con el traje limpio. Esta es la parte final del rollo que soltaban: “Por ende, os rogamos y requerimos que entendáis bien esto que os hemos dicho, y toméis para deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo, y reconozcáis a la Iglesia por señora del universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, en su nombre, y al Rey y Reina doña Juana, en su lugar, como Reyes destas islas y tierra firme, y consintáis que estos padres religiosos os declaren y prediquen lo susodicho. Si así lo hicieseis, haréis bien, y sus Altezas y nos en su nombre os recibiremos con todo amor y caridad, y os dejaremos vuestras mujeres e hijos y haciendas libres y sin servidumbre, y no os com­pelerán a que os tornéis cristianos, salvo si vosotros, informados de la verdad, os quisieseis convertir a nuestra santa Fe Católica, como lo han hecho casi todos los vecinos de las otras islas, y sus Majestades os concederán privilegios y exenciones, y os harán muchas mercedes. Y si así no lo hicieseis, o en ello maliciosamente pusie­seis dilación, os certifico que, con la ayuda de Dios, entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y de Sus Majestades, y tomaremos vues­tras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos escla­vos, y como tales los venderemos y dispondremos dellos como Sus Majestades mandaren, y os tomaremos vuestros bienes, y os haremos todos los males y daños que pudiéramos, como a vasa­llos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen. Y protestamos que las muertes y daños que dello se siguiesen sea a vuestra culpa y no de Sus Majestades, ni nues­tra, ni destos caballeros que con nosotros vienen. Y de cómo lo decimos y requerimos pedimos al presente escribano que nos lo dé por testimonio signado, y a los presentes rogamos que dello sean testigos”. Para alivio de tu alma, querido Sancho, te dejo una foto de fray Bartolomé de las Casas: Superman vestido de dominico. Ciao.
     - Gracias, consuelo mío; fue el más exagerado de los andaluces: un genial “bocazas” que resultó providencial. Dorme bene, piccolino.



     Larga, trabajada y espectacular vida la del dominico y obispo Bartolomé de las Casas. Tienes razón, pequeñín; fue un Superman vestido de fraile. Personaje desmesurado, que dañó mucho la imagen de España con sus exageraciones; pero su lucha casi en solitario frente a toda la Corte era desproporionada, y ese truco fue tan efectivo como la honda que tumbó al gigante Goliat. Con él, pocas bromas;  consideraba el "Requerimiento" como lo que era: una hipócrita y cruel patochada.