viernes, 4 de noviembre de 2022

(1872) En la zona de los caníbales muzos, los españoles descubrieron que había esmeraldas. Volvió de España Sebastián de Belalcázar. Al saber que el Gobernador Lugo quería quitarle derechos, salió a flote su bravura y lo retó a un duelo personal.

 

     (1472) Volvemos a comprobar que había indios caníbales cerca de Bogotá, territorio mucho más civilizado, y poblado por los indios muiscas. Y, al parecer, se trataba de una tribu diferente a la de los panches, de cuyo canibalismo ya hablamos: “Viendo el Gobernador Alonso de Lugo los estragos que hacían los indios de la provincia de los muzos en los muiscas, que confinan con ellos en la parte del Norte, pues entraban en sus tierras, los sacaban y se los comían, como quien saca carneros para eso de una manada, envió una tropa de soldados con el capitán Diego Martínez, para que conquistasen y poblasen aquella tierra ese mismo año de 1544. Salió al efecto de esta ciudad de Santa Fe (Bogotá), y tuvo encuentros tan rigurosos con los muzos, que estuvieron todos los soldados a pique de perderse, porque ellos eran pocos y los indios muchos. Le pareció mejor dejar por entonces la empresa, pero no fue inútil el viaje, pues hallaron allí algunas gallinas de las nuestras (españolas), y vieron que en los buches tenían, además de maíz, algunas esmeraldas, que, aunque pequeñas, eran la prueba de que en el territorio de los muzos las había, cosa que hasta entonces desconocían. También por entonces el trapacero gobernador Alonso de Lugo quiso apoderarse de tierra ajena. El duro capitán Belalcázar ya estaba de vuelta de su viaje a España con Quesada y Federman, y, como vimos, el Rey le había premiado nombrándolo gobernador de Popayán, en el límite con Colombia. También le correspondía un territorio que había conquistado, con la conformidad de Gonzalo Jiménez de Quesada, en el valle de Neiva. Pero Alonso de Lugo le envió carta diciéndole que el valle de Neiva pertenecía a su gobernación. Parece ser que, más que apropiarse el territorio, lo que deseaba era alejar de sí al famoso, bravo  y carismático Sebastián de Belalcázar. Y nos dice fray Pedro Simón: “Tomó el  Gobernador Belalcázar con mucho enfado y recelo la carta, y le contestó con otra muy dura, que le dejó a Don Alonso de Lugo encogido, ya que lo provocaba con palabras diciéndole que deseaba tenérselas con él, de hombre a hombre, para decidir con la espada la solución del asunto. La de Belalcázar era temible, como  conocía todo el mundo por los valerosos hechos de sus manos, pues fueron muchas las conquistas que le vinieron a ellas. Tuvo muchos deseos de verse frente a Don Alonso, no tanto para solucionar este conflicto surgido entre los dos, sino sobre todo por los perjuicios que estaba causando con su forma de gobernar a todos los vecinos de este Nuevo Reino de Granada, a quienes él tenía por amigos desde que  llegó a él. Pero, pasadas estas primeras reacciones, pudo más la prudencia que el enojo, y no pasó más allá de escribirle la carta a Don Alonso de Lugo”.




jueves, 3 de noviembre de 2022

(1871) Los dos hermanos de Quesada eran muy apreciados por la gente. El Gobernador, Alonso de Lugo, por tenerles envidia, los apresó y luego los desterró, pero pudieron ir a apelar en la Real Audiencia de Santo Domingo.

 

     (1471) Cuando Gonzalo Jiménez de Quesada partió para España (año 1539), quedó al mando del territorio del Reino de Nueva Granada su hermano Hernán Pérez de Quesada, del que nos cuenta el cronista que era muy apreciado, y que ambos respetaban al gobernador ALONSO DE LUGO (nacido el año 1506 en San Cristóbal de La Laguna). Pero este complicado personaje, después de partir Gonzalo, se puso paranoico con respecto a sus hermanos: “Ocurría que todos los soldados veteranos y los encomenderos le hacían poco caso al gobernador y preferían el trato con los hermanos Quesada, que eran visitados con frecuencia, por lo que el Gobernador comenzó a llenarse de sospechas, fundándose también en que sabía que él era poco apreciado y que no gustaba su modo de gobernar. Estando en la ciudad de Tunja, en las casas del Capitán Gonzalo Suárez, metió en secreto gente bien armada, y llamó a los Quesada (a Hernán y al tercer hermano, Francisco Jiménez de Quesada), que vinieron sin sospecha del engaño preparado. El mismo Don Alonso les quitó las espadas y dagas, y les metió en prisión”. Añade el cronista que en ella estaba también Bartolomé Sánchez, de profesión notario, y al que el gobernador lo había encarcelado porque defendía jurídicamente a algunos vecinos que se quejaban de sus abusos. Para mayor desgracia, el gobernador le encargó al alcalde del lugar, Diego Sánchez de Santana, que buscara la manera de agravar las culpas de los Quesada y de Bartolomé, y el cronista dice: “El alcalde, que era hombre testarudo y fiero, trató esto tan aceleradamente, para ganarse la amistad de Don Alonso, que aquella misma noche mandó dar garrote a Bartolomé Sánchez, de lo cual Don Alonso quedó como pasmado por la rapidez de la sentencia, aunque solo su conciencia sabía si le alegró lo ocurrido. La acusación principal que les hacían a los dos hermanos Quesada fue la de haber matado Hernán Pérez de Quesada al cacique de Tunja, pero con leves indicios, o quizá falsos, de su culpabilidad”. Visto lo ocurrido con Bartolomé Sánchez, a los Quesada les preocupaba que pudieran terminar de la misma manera, pero los aliados del gobernador Alonso de Lugo no se atrevieron a tanto. Y añade el cronista: “Pocos días después fueron condenados a destierro de todas Las Indias, lo cual, comparado con los miedos que tenían de que habían de salir de este mundo, aunque pronto salieron, como luego diremos (van a morir en una funesta tempestad), les produjo mucho alivio a ellos y a sus amigos, en especial porque les otorgaron apelación ante la Real Audiencia de Santo Domingo, donde les sería más fácil obtener una sentencia justa. Muy pronto hicieron su viaje por el río Magdalena a la ciudad de Santa Marta, y desde allí fueron a la de Santo Domingo, en cuya Audiencia se tramitaron sus causas”.




miércoles, 2 de noviembre de 2022

(Día 1870) Por ser demasiado extenso y literario, vamos a prescindir del cronista Lucas Fernández de Piedrahita. Seguiremos con los textos de FRAY PEDRO SIMÓN, que dejó fama de historiador muy fiable.

 

     (1470) Va a ser necesario que, a pesar de lo sugerido anteriormente, me decida por dejar de lado al cronista Lucas Fernández de Piedrahita, ya que resulta excesivamente extensa y difícil de resumir su publicación. Creo que será más razonable recurrir a otro cronista del que también se sirvió Piedrahita, asimismo clérigo (franciscano),  llamado FRAY PEDRO SIMÓN. Le puso a su obra el nombre de “Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales” (recordemos que ‘tierra firme’ significaba ‘tierra continental’, no insular). Tan largo título se debe a que su proyecto fue, inicialmente, demasiado ambicioso, pero más tarde decidió limitarse a escribir sobre la conquista de Venezuela y Colombia. Es habitual llamar a su obra, simplemente, ‘Noticias historiales’. Me anima también a apoyarme en su texto el que sea considerado como un cronista con criterio imparcial y fiel a los hechos. Hay, sobre él, pocos datos previos a su llegada a las Indias, donde destacó por el prestigio que tuvo en sus cargos religiosos y en nivel cultural. Nació en San Lorenzo de la Parrilla (Cuenca) el año 1574, y murió en Ubaté (Colombia) hacia el 1628. Fray Pedro llegó al Nuevo Reino de Granada en 1604, encargado de organizar la formación de quienes aspiraban a ser franciscanos, misión que le fue confiada por haber ejercido como valioso profesor en España durante, al menos, cuatro años. En Colombia, además de ejercer su puesto de catedrático y de destacar como notable orador, ocupó distintos cargos oficiales, como los de definidor provincial, guardián del convento de San Francisco en Bogotá y visitador de la Provincia Franciscana de Venezuela, cuya jurisdicción abarcaba las islas de Santo Domingo y Puerto Rico. Al servicio de sus responsabilidades como máxima autoridad en su orden, viajó por muchos lugares de Colombia y Venezuela. Una de sus campañas más comprometidas fue la que tuvo lugar el año 1608, formando parte de la comitiva que acompañaba a Juan de Borja, presidente de la Real Audiencia, en una expedición guerrera contra los indígenas pijaos, hechos de los cuales dejó un detallado relato en sus crónicas. Como ocurrió con muchos cronistas, su obra se fue publicando a trozos, y con un retraso muy grande. El primer intento de editarla completa tuvo lugar en 1819, pero no se llevó a cabo. Fue el impresor bogotano Medardo Rivas quien logró hacerlo, tras diez años de dedicación, en 1892. El final de la vida de FRAY PEDRO SIMÓN sucedió en el convento de San Diego de Ubaté (Colombia), adonde había sido destinado al cesar como superior de la orden. Tuvo que ocurrir entre los años 1626 y 1628, ya que, en un documento del 7 de mayo de este último, se escribió, haciéndose referencia a él, “que sea en gloria”.




martes, 1 de noviembre de 2022

(Día 1869) Gonzalo Jiménez de quesada fue un personaje extraordinario, pero demasiado ansioso de dinero y despilfarrador, lo que le llevó a ser cruel con los indios. Sometió a tortura al gran cacique Sacipa, el cual no sobrevivió.

 

     (1469) Es imposible que un personaje lleno de virtudes no tenga sombras visibles u ocultas. De GONZALO JIMÉNEZ DE QUESADA siempre me llamó la atención que, durante esos años que anduvo por España y Europa, desde que vino para zanjar el conflicto con Belalcázar y Federman (de 1539 a 1549), tuvo un comportamiento extraño, hasta el punto de que se sospechó que se había apropiado de dinero público. Pero, finalmente, quedó libre de culpa tras dar explicaciones que el Rey aceptó o perdonó, y pudo volver a Las Indias, a su querido Nuevo Reino de Granada. Era un hombre muy inteligente y razonable, pero también le podía la ambición, como ocurrió en dos hechos anteriores a su viaje a España. Él y sus hombres estaban siempre ansiosos por hallar lugares repletos de riquezas y acaparar el botín imponiéndose por la fuerza. Encontraron el campamento del cacique Tisquemusa, el gobernante supremo de la zona (el nombre del título era ‘Zipa’), pero, al iniciar los españoles su ataque, salió corriendo mientras sus indios lanzaban flechas encendidas contra ellos. En la oscuridad de la noche, fue visto por el soldado Alonso Domínguez, que no lo reconoció, aunque, sabiendo que era un enemigo, lo atravesó con la espada. Al día siguiente, los indios lo encontraron muerto, y le dieron sepultura en un lugar desconocido, sin que los españoles encontraran el tesoro que buscaban. Pero fue más lamentable lo ocurrido después con Sacipa, el sucesor de Tisquemusa. A pesar de que acababan de luchar juntos los españoles y los indios de Sacipa contra los temibles panches, y de haberlos vencido, Jiménez de Quesada, cediendo a la presión de sus hombres, ordenó el apresamiento del gran cacique, con gran sorpresa de sus indios. Luego le exigió, para quedar libre, que, del tesoro que había en Bogotá, le llenara de oro hasta el techo una cabaña, dándole un plazo de cuatro días para hacerlo. Como no cumplió el plazo, Gonzalo Jiménez de Quesada dio orden de torturar a dos caciques que, por enemistad con Sagipa,  no querían dar oro, pero ni con el tormento cedieron, y fueron condenados a morir en la horca. El gran cacique, viendo la desesperada situación en que estaba, quedó ensimismado en sus angustias, y ya ni respondía a las presiones que le hacían, como si estuviera en otro mundo. Entonces, sin duda para evitar posteriores acusaciones y dar apariencia de justa legalidad a lo que pensaba hacer, Gonzalo organizó un juicio hipócrita, en el que puso como defensor del gran cacique a su propio hermano, Hernán Pérez de Quesada, quien, por cierto, era uno de los que le impulsaron a Gonzalo para que consiguiera el botín exigido. Luego se recurrió también a la tortura de Sacipa, pero tan cruelmente, que, debido a los daños sufridos, murió en pocos días. En la imagen aparece como Saquesazipa.




lunes, 31 de octubre de 2022

(Día 1868) A ninguno de los tres, Quesada, Belalcázar y Federman, le otorgó el Rey la Gobernación del Nuevo Reino de Granada, aunque los dos primeros fueron premiados. Se la concedió a alguien poco recomendable: Alonso de Lugo.

 

     (1468) Fueron, pues, los tres rivales (ya bien avenidos), en 1539, a España, y lo que obtuvieron del Rey fue diferente para cada uno. El que salió peor parado fue el alemán Nicolás Federman, ya que se quedó sin nada, pues, quizá ya harto, abandonó incluso el alto cargo que había tenido en Venezuela. Belalcázar tampoco consiguió que el Nuevo Reino de Granada quedara incluido en la Gobernación de Perú, ostentada por su jefe, Francisco Pizarro, pero tuvo el buen regalo de ser nombrado gobernador de la ciudad de Popayán. Lo concedido a Gonzalo Jiménez de Quesada fue inferior a lo que esperaba. No fue designado gobernador, pues ya lo era Alonso de Lugo del territorio de Santa Marta, en el que quedaba absorbido el Nuevo Reino, pero sí le concedió el Rey diversas mercedes: lo nombró Mariscal de todo lo conquistado, y le adjudicó el derecho a rentas muy importantes, incluso transmisibles a sus herederos. Vendrá bien mencionar algunos datos de los orígenes de GONZALO JIMÉNEZ DE QUESADA y de las circunstancias que le empujaron a irse a Las Indias. Llama la atención que permaneciera soltero toda su longeva vida, sin que se hable nunca de alguna relación amorosa. Nació el año 1509, y, al parecer, en Granada, aunque hay quien dice que fue en Córdoba. El hecho de que a la futura Colombia le pusiera el nombre de Nuevo Reino de Granada no zanja la cuestión, ya que, en España, ese reino  incluía a Córdoba. Pero no hay duda de que, siendo muy niño, ya vivía en Granada, debido a que su padre era abogado en esta ciudad. Siguiendo la tradición familiar, Gonzalo ejerció como abogado en la Real Audiencia de Granada, pero también sintió la llamada de las armas, y en 1534 se incorporó en Italia al ejército español, donde su estancia debió de ser corta, ya que, en 1535, hizo el viaje a las Indias en el mismo barco que el nuevo gobernador de Santa Marta, Don Pedro Fernández de Lugo, quien, a su vez, le confió el cargo de Justicia Mayor de aquel territorio a Gonzalo. Se encontraron allí con una situación económica calamitosa y una epidemia. El gobernador, para movilizar a sus hombres, le confió a su hijo Antonio Luis Fernández de Lugo una expedición que resultó muy rentable, pero el ‘espabilado’ joven se fugó a España con gran parte del botín. Jiménez de Quesada reaccionó con alma de responsable letrado y envió una denuncia a la Corte de Madrid, pero no sirvió de nada. No solo quedó absuelto, sino que, no tardando mucho y fallecido su padre, se convirtió en el nuevo y vengativo gobernador de Santa Marta. Poco después. GONZALO JIMÉNEZ DE QUESADA decidió llevar a cabo algo que otros habían pretendido pero sin el coraje suficiente: ascender sin tregua por el río Magdalena, pues todo indicaba que, por él, se podría llegar hasta el territorio de Perú, conquistado y entonces gobernado por Francisco Pizarro.




domingo, 30 de octubre de 2022

(Día 1867) Quesada, Belalcázar y Federman partieron hacia España para someter su pleito a la decisión de Rey. Es posible que el terrible ambiente de guerra civil que había en Perú les hiciera comprender que debían evitar algo parecido.

 

     (1467) Habrá que añadir algo más acerca de la disputa entre los tres rivales, Jiménez de Quesada, Belalcázar y Federman, y de su viaje a España: “Estando en El Nuevo Reino de Granada, hubo cambios de opinión. Belalcázar, que le había asegurado a Quesada que él solo quería continuar viaje hacia las tierras del supuesto (y mítico) El Dorado, le propuso a Federman aliarse para arrebatarle a Quesada su conquista, a quien después le envió un mensajero exigiéndole que se retirara del Nuevo Reino de Granada porque pertenecía a Perú, que era lo conquistado por Francisco Pizarro (quien será asesinado dos años más tarde). Recibido el mensaje, Jiménez de Quesada se negó por completo a aceptar sus exigencias. Al mismo tiempo, Federman no quiso aliarse con Belalcázar para traicionar a Jiménez de Quesada, y, después de muchas discusiones, los clérigos de cada uno de los tres ejércitos lograron que llegaran a un acuerdo. Se comprometieron a  ir los tres a España para aceptar las decisiones de las autoridades, y dejar entretanto al mando del territorio a Hernando Pérez de Quesada, hermano de Gonzalo Jiménez de Quesada. Incluso el duro Belalcázar tuvo un gesto noble. Aunque Jiménez de Quesada quiso regalarle oro, lo rechazó con dignidad para que nadie creyese que estaba traicionando a Francisco Pizarro. Los tres firmaron este compromiso, y  en febrero de 1539 fueron recibidos en Santa Fe con un clamor de júbilo general, ya que la situación anterior parecía explosiva. Después se dispusieron los tres caudillos a partir hacia España, y prepararon embarcaciones a orillas del río Magdalena. Además, Belalcázar, que, gracias a su gran veteranía, sabía perfectamente cómo había que dar firmeza a las poblaciones recién establecidas y dejarlas bien aprovechadas, le aconsejó a Gonzalo Jiménez de Quesada que cambiara el carácter militar de Santa Fe, que hasta entonces era utilizada como lugar de preparación de nuevas exploraciones, y la convirtiera en una ciudad más valiosa. Y, haciéndole caso, Gonzalo Jiménez de Quesada repartió entre los soldados los primeros lotes de tierra para que se asentaran en la ciudad y adquirieran hábitos de trabajo, dejando en segundo lugar la vida aventurera. Después, los tres conquistadores emprendieron su viaje por el río Magdalena, y siguieron desde Cartagena de Indias hasta España, donde obtuvieron, como veremos, menos de lo que pensaban”. Con  esto, damos fin a la breve crónica que he estado siguiendo, la llamada “Epítome de la conquista del Reino de Nueva Granada”, que, aunque se le ha atribuido a Jiménez de Quesada, carece de sentido, porque él, hombre de gran cultura, escribía mucho mejor. De hecho, ahora se dice que el verdadero autor fue Alonso de Santa Cruz. Pero seguiremos con otros cronistas. (En la imagen, lugar de partida de los tres rivales).




viernes, 28 de octubre de 2022

(Día 1866) Increíblemente, coincidieron en Colombia Quesada, Belalcázar y Federman. Pudo terminar en tragedia porque los 3 creían que el territorio era suyo. Quesada tuvo la habilidad de conseguir que los 3 fueran adonde el Rey.

 

A Gonzalo Jiménez de Quesada se le  presentó un problema muy serio y completamente inesperado, dado que le surgieron dos temibles rivales: “Un mes antes de su partida, llegó Nicolás Federman, teniente de gobernador de Jorge Espira, gobernador de la provincia de Venezuela, reservada por el Rey a los alemanes, pues había tenido noticia de la riqueza de estas tierras, y traía 150 hombres. Asimismo, quince días después (en el colmo de las casualidades) vino desde Perú Sebastián de Belalcázar, teniente capitán en Quito del marqués don Francisco Pizarro, con poco más de 100 hombres, que también tuvo la misma noticia. Los cuales se sintieron burlados al hallar que el dicho Licenciado y  los españoles de Santa Marta estaban allí desde hacía casi tres años. El Licenciado se quedó con toda la gente de Federman y la mitad de la de Belalcázar (esos soldados suyos regresaron a Popayán, en el límite con Ecuador). Después de tomada la gente a  estos capitanes, les mandó a  ellos que se embarcasen en los bergantines con él, para ir a España.  Lo cual, tanto esto como lo de la gente, lo tomaron muy a disgusto estos capitanes, especialmente Nicolás Federman, que afirmaba que se le hacía notorio agravio al no darle la gobernación de Nueva Granada (el cronista simplifica la extrema gravedad de la situación; sus dos temibles rivales consideraban que eran suyos los derechos de conquista en ese territorio, aunque Quesada contaba con la ventaja de los hechos consumados). Pero, a pesar de todo, el Licenciado los sacó de aquella tierra y los trajo en sus bergantines hasta la costa de la mar, siguiendo después la travesía marítima hasta llegar a España, donde terminaron su viaje por noviembre del año mil quinientos treinta y nueve, cuando Su Majestad comenzaba a atravesar Francia para ir a Flandes. El dicho Licenciado, al llegar a España, tuvo grandes  pleitos con don Alonso de Lugo, relativos al mando en el Nuevo Reino de Granada, ya que don Alonso decía que su padre, don Pedro de Lugo, ya fallecido, tenía los derechos de la gobernación de Santa Marta por dos vidas (la suya y la de su heredero), y  que el dicho Nuevo Reino de Granada pertenecía a la demarcación de la provincia de Santa Marta. Y resultó que los del Consejo de Indias mandaron que el Nuevo Reino de Granada perteneciese a la dicha gobernación de Santa Marta, y metieron la una en la otra, de manera que después el dicho don Alonso quedó como gobernador de ambos territorios. Sin embargo, para administrar mejor el Nuevo Reino de Granada, Su Majestad decidió nombrar allí el año mil quinientos cuarenta y siete a ciertos Oidores que tienen autoridad en aquellas provincias y en otras comarcanas”. En la imagen vemos el Nuevo Reino de Granada y Popayán incluidos en la demarcación de Santa Marta.




jueves, 27 de octubre de 2022

(Día 1865) Gran diferencia entre los civilizados indios de Bogotá y Tunja con los salvajes que los rodeaban. Los primeros dedicaban el oro y las esmeraldas a sus dioses y a sus difuntos. Tesoros sagrados que los españoles respetaban.

 

     (1465) Queda claro que el oro y las esmeraldas eran para los indios objetos sagrados: “Tiene cada indio, por pobre que sea, un ídolo particular, o más, que equivalen a lo que en su tiempo los gentiles llamaban Lares. Estos ídolos caseros son  de oro muy fino, y les ponen el hueco del vientre muchas esmeraldas. Es tanta la devoción que  les tienen, que los llevan a todas partes en una espuerta pequeña colgada del brazo, incluso cuando van a la guerra, donde pelean con un brazo y  en el otro tienen su ídolo.  En Tunja son más religiosos, y a los muertos importantes no los entierran. Les sacan todas las entrañas y llenan el vacío de oro y esmeraldas, cubriéndolos después con mantas liadas para depositarlos en unos santuarios. Luego los dejan allí para siempre y sin enterrar, de lo cual no se han  aprovechado los españoles. En Bogotá, además de enterrar debajo de tierra, lo hacen en el agua, en lagunas muy grandes, metidos los muertos en ataúdes de oro tras haber puesto dentro  todo el oro y las esmeraldas que pueden caber, y luego los echan a lo más hondo de las lagunas.  De  la tierra y  nación de los panches, de quienes está rodeado todo el Nuevo Reino de Granada, diré que hay muy poco de qué hablar sobre su religión y vida moral, porque es gente tan bestial, que ni adoran ni creen en otra cosa que no sean sus deleites y vicios. No les importa nada el oro ni otra cosa que no sea comer y holgar, especialmente si pueden tener carne humana para comer, pues es su mayor deleite. Y solo con ese fin entran siempre a guerrear en el Nuevo Reino”. El cronista deja ya de lado sus observaciones de las costumbres indias y vuelve al tema histórico:  “Tornando a hablar del Nuevo Reino de Granada,  digo que se gastó la mayor parte del año 1538 en pacificar aquellas tierras, y, una vez conseguido, el Licenciado Jiménez de Quesada se dedicó a poblarlo de españoles. Edificó enseguida tres ciudades. Una en la provincia  de Bogotá, a la que llamó Santa Fe (la actual Bogotá). A otra la llamó Tunja. Y, a la tercera,  Vélez, que está por donde él había llegado con su gente al Nuevo Reino. Ya había entrado el año 1539 cuando todo esto se terminó de hacer. Una vez conseguido, el dicho Licenciado Jiménez de Quesada decidió venir a España para dar cuenta a  su Majestad personalmente de los hechos y negociar su futuro. Dejó como teniente suyo a su hermano Hernán Pérez de Quesada. Y para preparar su viaje, mandó hacer bergantines en el río Magdalena, cuyo curso quería seguir a partir del Nuevo Reino de Granada. De esta forma, no sería necesario ir a través de las montañas de Opón, por donde había llegado, pues fueron una pesadumbre muy grande”. Pero, de repente, todo se le va a complicar de forma extraordinaria a GONZALO JIMÉNEZ DE QUESADA, aunque mostrará una gran sensatez.




miércoles, 26 de octubre de 2022

(Día 1864) Los indios de Bogotá y Tunja eran muy respetuosos con sus caciques, y muy religiosos. El cronista alaba que castigaran duramente a los sodomitas (porque también se hacía en las naciones cristianas).

 

     (1464) Al hablar el cronista de las virtudes de los indios de la zona de Bogotá y Tunja, subraya que estaban libres de algo muy frecuente en el resto de Las Indias: “Son muy limpios en lo del pecado nefando, pues no consienten putos, que no es poco mérito siendo indios. Y para ello, hay más horcas por los caminos y más hombres puestos en ellas que en España. Atan a los malhechores a dos palos, por pies, brazos y cabellos. También cortan manos, narices y orejas por otros delitos no tan grandes. Y hay penas humillantes para personas importantes, como cortarles los cabellos. Es grandísima la reverencia que tienen los súbditos a sus caciques, porque jamás les miran a  la cara, de manera que, si entran donde está el cacique, lo hacen de espaldas. Cuando el gran cacique Bogotá escupía, se hincaban de rodillas  los de su cortejo para tomar la saliva en unas  toallas muy blancas, e impedir que tocase la tierra· algo de tan gran príncipe. Los indios se casan todas las veces que quieren y con todas las mujeres que pueden mantener. Y Bogotá, que era rey de todos los caciques, tenía más de cuatrocientas. Pero es gente muy mentirosa, como todos los nativos de Las Indias. Dentro de sus creencias, son religiosísimos, porque, además de tener cada pueblo sus templos, tienen otros muchos fuera. En todos ellos hay colocado mucho oro y esmeraldas. Hacen también sahumerios mientras cantan sus oraciones. Sacrifican en ellos  muchas aves, derramando la sangre por el  templo,  y dejan allí todas sus cabezas atadas y colgadas. Con sangre humana no sacrifican, si no es una de estas dos maneras. Una consiste en que, si en la guerra prenden a algún muchacho que suponen no haber tocado a mujer, lo sacrifican después en un santuario matándolo con grandes clamores y guardan allí su cabeza. La otra es que tienen sacerdotes aún muchachos que han comprado en un lugar donde los crían para eso. Traídos con unos ocho años al Nuevo Reino, sirven en los santuarios y los tratan con mucha veneración. Pero, cuando  llegan a  una edad que les parece que pueden ser potentes para tocar a mujer, los matan en los templos, y ofrecen la sangre a sus ídolos. Tienen muchas lagunas y bosques consagrados a su falsa religión,  de donde por nada del mundo toman agua ni cortan un árbol. En estos bosques entierran oro y esmeraldas, que nadie tocará porque creen que, de hacerlo, caerían muertos. En las lagunas dedicadas a sus sacrificios echan mucho oro y  piedras preciosas, quedando todo perdido para  siempre. Ellos consideran que el Sol y la Luna son los creadores de todas las cosas, y  aseguran que se juntan como marido  y mujer para tener sus ayuntamientos. Además, tienen otra muchedumbre de ídolos, como nosotros acá a  los santos, para que rueguen al Sol  y  a la Luna por sus cosas, estando cada templo dedicado al nombre de  su ídolo”.




martes, 25 de octubre de 2022

(Día 1863) Los españoles, por la fuerza o con hábil diplomacia, lograron pacificar a los indios. No todos eran iguales: los de Tunja y Bogotá eran mucho más civilizados, aunque, en las guerras, todos los nativos castigaban cruelmente a los vencidos.

 

     (1463) Los indios, con el tiempo, dejaron de ver a los españoles como personas mitológicas, y cogieron confianza para atreverse a atacarlos: “Salieron los de Bogotá en gran cantidad, pero fueron fácilmente desbaratados por el espanto que les produjo ver correr a los caballos. Y lo mismo les ocurrió a los indios de Tunja cuando lo intentaron. Unos y otros repitieron sus intentos muchas veces, y los españoles gastaron todo el  año de 1537 y parte del 1538 en sujetarlos, a unos por las buenas y a otros por las malas, como fue necesario hasta que estas dos provincias de Tunja y Bogotá (donde Jiménez de Quesada se ganó asimismo a muchos caciques como amigos que se ofrecieron al servicio y  la obediencia del Emperador), quedaron bien sujetas a la obediencia debida a Su Majestad. Fueron más rebeldes los indios panches, que eran más valientes y confiaban en resistir porque su zona era montañosa e impracticable para los caballos, pero se equivocaron, porque les sucedió lo mismo. Los indios del Nuevo Reino de Granada conservan con ciertas sustancias a sus guerreros famosos ya muertos, y los llevan a las batallas cargándolos sobre las espaldas de algunos indios, para animar a los demás a que peleen como los bravos muertos lo hicieron en su día. Si vencen en la guerra, hacen grandes alegrías, sacrifican a los niños de los vencidos, cautivan a sus  mujeres, matan  a los hombres aunque se rindan, sacan los ojos al capitán que prenden y  le hacen mil ultrajes hasta que mueren”. Insiste el cronista en que los panches de las montañas eran los indios más valientes, peleaban sin dar gritos y practicaban el canibalismo. Alaba el papel de sus mujeres, que se encargaban de negociar las paces con los enemigos, pero considera que los indios más agradables eran los de Bogotá y Tunja: “Especialmente, sus mujeres tienen buena hechura de rostros, sin el mal aspecto de las de otras indias, ni en su color son tan morenas, ni tampoco los indios. Sus casas, aunque son de madera, tienen la más extraña hechura, especialmente la de los caciques, porque son como alcázares, con muchas cercas alrededor, como nosotros solemos pintar el laberinto de Troya. Tienen grandes patios, con muchas molduras pintadas”. El comentario siguiente del cronista, confirma que los bloques de sal que veían traer a los indios de las montañas era una prueba de que allá arriba había indios más desarrollados: “Sal hay infinita, porque se hace allí, en la misma tierra de Bogotá, de unos pozos que tienen, en los que  hacen grandes ‘panes’ de sal y en gran cantidad. La cual la venden por muchas partes, y llegan  con su mercadeo hasta el rio Magdalena. La vida moral de estos indios es de gente bastante razonable, porque los  delitos los castigan muy bien, especialmente el matar y el hurtar”. En la imagen, la zona de los indios ‘muiscas’, también llamados ‘chibchas’.




lunes, 24 de octubre de 2022

(Día 1862) Por fin llegaron a la la parte principal de Colombia, donde los poderosos caciques Bogotá y Tunja. Los indios nunca habían visto españoles y creyeron que eran hijos de sus dioses, el Sol y la Luna. Luego perdieron esa ingenuidad.

 

Yendo en busca de más esmeraldas, Gonzalo Jiménez de Quesada dio con un personaje muy importante: “Subió más arriba y, en el valle que luego llamaron de los Alcázares, se topó con el rey Bogotá, hombre inteligente que, por echar de su tierra a los españoles al verlos tan codiciosos y osados, le dio muchas cosas de oro y le dijo que  las esmeraldas estaban en las tierras del rey Tunja. El Nuevo Reino de Granada está muy poblado, es tierra llana y se halla cercado de montañas en las que viven los indios panches, que comen carne humana, a diferencia de los del Nuevo Reino, que no la comen y se llaman muiscas. Este Nuevo Reino se divide en dos partes, una llamada Bogotá, y la otra Tunja, y sus caciques han tomado sus nombres de ellas. La provincia de Bogotá es mayor, y su señor es más poderoso que el de Tunja. Estas dos provincias han tenido siempre guerras muy continuas. Partió Jiménez de Quesada de Bogotá, y, llegado a Tunja, se informó sobre el origen de las esmeraldas. Hechas las averiguaciones, llegó al valle Somondoco y, tras hablar con el cacique Somondoco, de quien era la mina de esmeraldas, fue hasta ella y sacó muchas. Fue una riqueza nueva y admirable, pues  jamás se vio tanta ni tan fina piedra junta. Y de allí, volvió a  Bogotá. Aunque fue grande la riqueza que se tomó en ambas provincias, no lo fue, ni con mucho, tanto como la de Perú. Pero, en lo de esmeraldas, fue esto mucho mayor, no solo que lo de Perú, sino que lo que jamás se haya oído, pues, cuando se hizo el reparto entre la gente de guerra, terminada la conquista, había más de siete mil esmeraldas, que fueron descubiertas aunque los indios quisieron tenerlas ocultas durante mucho tiempo. Se asombraban los españoles de que, teniendo aquellos indios tanta riqueza, criasen hormigas para comer, y fueran tan simples que no trocasen  aquellas ricas piedras por pan. En cuanto a la conquista, al entrar los cristianos en aquel Nuevo Reino, fueron recibidos con grandísimo miedo por toda la gente, pues aquellos indios creían que los españoles eran hijos del Sol y de la  Luna, a quienes ellos adoran, y  que esos dioses los habían engendrado para castigarlos por sus pecados. Y por eso llamaron a los  españoles usachías, ya que en su lengua Usa quiere decir sol, y Chía luna. Y hasta ofrecían a sus hijos pensando que los españoles se calmarían comiéndolos. También temían mucho a los caballos, tanto que es difícil creerlo. Pero, cuando los españoles se hicieron más tratables, dándoles a entender lo que realmente querían, fueron poco a poco perdiendo parte  del miedo. Sabiendo ya que eran hombres como ellos, quisieron probar  ventura, pero, para entonces, los españoles  ya estaban en Bogotá, muy metidos  en  el interior del Nuevo Reino de Granada”. (La distancia entre Tunja y Bogotá es de 148 km, y están en el centro de Colombia).




domingo, 23 de octubre de 2022

(Día 1861) Un viaje horrible, con muchos muertos. Pero se dieron cuenta de que tenían cerca el triunfo: primero vieron que de las alturas bajaban indios comerciando mucha sal, y, cuando los españoles subieron, descubrieron la riqueza minera.

 

     (1461) El viaje Magdalena arriba va a ser extraordinariamente largo y muy dificultoso: “Partido el dicho Licenciado Jiménez de Quesada, subió por el río descubriendo tierras durante más de un año por sus riberas y superando en cien leguas lo recorrido por los anteriores. Se detuvo en un lugar llamado La Tora, habitado por indios, al que se tardó mucho en llegar por grandes dificultades de aguas, de malos caminos y de montes muy cerrados. Se detuvieron allí para invernar porque era imposible seguir adelante, pero el Licenciado decidió  ir  a  descubrir por un río pequeño. Teníamos ciertas esperanzas de éxito, porque habíamos  visto que, la sal que comen por todo el río arriba los indios, les llega de unos a  otros desde la  costa de Santa Marta. Aunque la sal cuando llega muy arriba ya es tan poca, que vale muy cara y solo la comen los indios importantes, de forma que los demás la tienen que hacer de orines de hombres y  de polvos de palma. Pero, además de esto, vimos otra sal, no suelta como la anterior, sino en bloques macizos. Y, cuanto más arriba subíamos, más barata era la sal. Por esto, vimos claramente que, si la sal de grano subía por río, y la otra bajaba, la tierra de donde procedía había de ser muy buena, porque llegaba en gran cantidad. Además contaban los indios que los mercaderes que bajaban la sal decían que en su territorio había grandes riquezas, y allí mandaba un poderosísimo señor”.  Tuvo que ser un momento de enorme alegría comprender que había muchas posibilidades de encontrar más adelante tribus y territorios de gran importancia, totalmente desconocidos para los españoles. Pero sigamos: “El Licenciado Jiménez de Quesada, como está dicho, fue por el río pequeño yendo tierra adentro. Los bergantines volvieron a la mar, quedándose la mayor parte de la gente con el dicho Licenciado, y también sus capitanes,  para suplir de alguna manera a los muchos soldados que ya habían muerto. El Licenciado atravesó con hartas dificultades montañas poco pobladas por los indios, pero siempre encontraba en sus pueblos grandes cantidades de sal, por lo que comprendió claramente que aquella era la ruta por la que se bajaba. Después el Licenciado llegó a tierra llana, estando ya en el dicho Nuevo Reino de Granada, el cual comienza pasando las dichas montañas”. Los españoles, aunque conscientes de haber encontrado lo que buscaban, estaban desorientados y carecían de intérpretes, porque las lenguas de aquellas alturas eran diferentes a las de los indios de la zona de Santa Marta. No obstante, se dispusieron de inmediato a organizar la conquista de las  nuevas tierras. Y pronto vieron riquezas: “Después de haber atravesado las sierras, en una tierra a la que se puso el nombre de San Gregorio, los indios les dieron ciertas esmeraldas”. Así que, ‘llegaron y besaron al santo’.




viernes, 21 de octubre de 2022

(Día 1860) Empezaremos la aventura de Colombia con una breve crónica escrita por un participante, quizá el propio Jiménez de Quesada. Hay algo que deja muy claro: se tardó en completar la hazaña porque nadie había superado los obstáculos.

 

     (1460) Antes de recurrir al texto de Lucas Fernández, voy a utilizar otro breve, que no se conoció hasta el siglo XIX, cuya autoría se atribuye al propio conquistador de Colombia, GONZALO JIMÉNEZ DE QUESADA, aunque habla en tercera persona. A esta reseña se le puso el nombre de “Epítome de la conquista del Nuevo Reino de Granada”. Comencemos, pues: “Entre la provincia de Santa Marta y la de Cartagena está el gran río Magdalena. Los  gobernadores,  o los capitanes de estas provincias,  iban siempre por este río arriba descubriendo tierras, pero ninguno subió más de sesenta leguas. Lo más lejano que alcanzaron fue la provincia que llaman de Sompallon, porque,  aunque siempre tenían esperanzas de hallar muy lejos, según decían los indios, grandes riquezas, siempre desistían de pasar adelante, unas veces por contentarse con las riquezas  que hasta allí habían obtenido, y otras, por impedimentos de grandes luvias  que encenagaban toda la tierra por la que habían de  subir. Aunque bien pudieron ellos vencer estos impedimentos, los  de Santa Marta se contentaron con la Ramada, que es una provincia pequeña, pero rica, y está a poca distancia. Terminaron agotándola por no preocuparse del bien general, sino solo de sus intereses. También los de Cartagena se contentaron con las cercanas sepulturas de Cenu, donde hallaron mucho oro. Como lo uno y lo otro se  acabó, solo les quedó la esperanza de descubrir riquezas más arriba. Y no solamente lo querían  los  de estas dos gobernaciones, sino también los de la gobernación  de Venezuela, que fue poblada por los alemanes (les dio el permiso Carlos V), y los de Urapari (Orinoco), los cuales tenían noticias de una zona muy rica que se llamaba Metha, que, al parecer, estaba en el nacimiento del río Magdalena. Y todas las  noticias  que había en estas gobernaciones se referían a un mismo territorio, que era este Nuevo Reino de Granada, que descubrió y pobló el Licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada, siendo el destinado a poseerlo. Lo cual pasó de esta manera: El año 1536, el dicho Gonzalo Jiménez de Quesada, Mariscal que ahora es del dicho Nuevo Reino, partió de la ciudad de Santa Marta a recorrer el río Magdalena con varios bergantines y 600 soldados, yendo algunos por tierra vadeando el río. Los capitanes de infantería que llevaba se llamaban San Martín, Céspedes, Valenzuela, Lázaro Fonte,  Lebrija, Juan de Junco y  Suárez. Los capitanes de los bergantines se llamaban Corral, Cardoso y Albarracín. Esta armada se preparó con el consentimiento del Gobernador García de Lerma, el cual, después de fallecer (año 1535), fue sustituido por don Pedro de  Lugo, quien murió en los mismos días (octubre de 1536) en que partió el licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada como Capitán General, con mando absoluto en la expedición”.




jueves, 20 de octubre de 2022

(Día 1859) Terminadas las crónicas acerca de Río de la Plata, pasamos a las del NUEVO REINO DE GRANADA (COLOMBIA), cuyo principal protagonista fue GONZALO JIMÉNEZ DE QUESADA. (El blog contiene ya 3.800 páginas).

 

     (1459) Desde hoy, la extensión del texto diario que publicaré en mi blog (eldramadelasindias.blogspot.com) será solamente la misma que la de estos memes que utilizo en Twitter (han sido muchos años de trabajo, y tengo que limitar el esfuerzo). Hemos recorrido ya lo esencial de los acontecimientos más trascendentales de los ‘Españoles en las Indias’. Pero nos quedan otras historias, y tiene especial relieve lo que ocurrió en Colombia, llamada entonces NUEVO REINO DE GRANADA porque en ese ‘reino’ español nació el fundador de Bogotá, GONZALO JIMÉNEZ DE QUESADA (era cordobés), a quien se debería considerar uno de los más importantes conquistadores de  Las Indias, y, sin duda, el más culto. Seguiré, en principio, el texto del sacerdote LUCAS FERNÁNDEZ DE PIEDRAHITA. Nació en Bogotá  el año 1624, y, a pesar de su profesión, tuvo una vida llena de riesgos.  Destacó por su inteligencia y su honradez, lo que no impidió que fuera enviado a España para ser sometido a juicio en el Consejo de Indias por graves acusaciones que, tras seis años de tramitación, se demostraron falsas. Como compensación por el perjuicio que se le había causado, la Regente Mariana de Austria, madre de Carlos II, que era un niño, lo nombró obispo de Santa Marta (Colombia) el año  1669. Siete años después ocupó el obispado de Panamá, y en mala hora, porque tuvo un percance muy serio. Fue apresado mientras se dirigía a su nueva diócesis por dos piratas, el francés Cox y el inglés Duncan, que actuaban bajo el mando de Henry Morgan, cuyas naves asediaban las costas caribeñas. El deseo de los piratas era obtener información sobre las riquezas episcopales, y no le creyeron cuando negó que existieran, por lo que fue sometido a tortura. Viendo que, a pesar de todo, su confesión no variaba, el capitán Morgan se disculpó por el mal trato que le habían dado, ordenó su libertad y le devolvió algunos objetos sagrados que habían robado en Panamá. Lucas Fernández de Piedrahita escribió la crónica que, resumida, voy a transcribir, aprovechando el tiempo durante esos seis años que permaneció en España sometido a juicio. Le puso a su texto el título de “Historia General de las conquistas del Nuevo Reino de Granada”, y es prometedor, ya que, para ello, se dedicó, con esmero, a hacer una síntesis de los datos escritos por, entre otros, los siguientes cronistas: Juan de Castellanos, Antonio de Herrera, fray Pedro Simón, Juan Flórez de Ocáriz, Alonso de Ercilla, Bernardo de Vargas, Antonio de la Galancha, Pedro Ordóñez de Ceballos, Inca Garcilaso y Pedro Cieza de León, utilizando asimismo numerosos informes de los primeros conquistadores. Dadas sus positivas y variadas cualidades, el obispo LUCAS FERNÁNDEZ DE PIEDRAHITA ejercicio también, entre 1681 y 1682, el cargo político de Gobernador  de Panamá. Allí murió el año 1688, a sus sesenta y cuatro años, mientras se editaba su libro, el cual no llegó a ver publicado (en la imagen, una edición de 1881) y fue enterrado en el Colegio de los Jesuitas de la capital panameña.




miércoles, 19 de octubre de 2022

(Día 1858) Vamos a terminar hoy la narración sobre Río de la Plata, y, lamentablemente, con un vergonzoso enfrentamiento político entre el Obispo Pedro Fernández y el General Felipe de Cáceres (pero nos espera ya Colombia).

 

     (1458) Mientras lo mencionado ocurría en la provincia de Guairá, llegaron  a tal extremo en Asunción las exigencias del General Felipe de Cáceres, que estaba el pueblo dividido en dos bandos. Unos decían que el Obispo, como pastor, debía tener más autoridad, y otros que al General, por ser Ministro de Su Majestad, le correspondía el mando superior, de manera que el General acosó a algunas personas del bando contrario, y el Obispo utilizaba excomuniones contra él y sus ministros. Era tanta la confusión,  que muchos clérigos estaban en contra de su Obispo, y, la mayor parte de los seglares, contra su General. De manera que vivían los unos y les otros con gran cuidado y recato. Teniendo el General la sospecha de que trataban de encarcelarlo, apresó a algunas personas sospechosas, y, entre ellas, al provisor Alonso de Segovia. Como por entonces iba a llegar el Gobernador Juan Ortiz de Zárate, decidió el General ir a Buenos Aires, para ver si entraba su barco en la desembocadura del Río de la Plata. Preparó las naves y fue río abajo con 200 soldados, llevando consigo preso a Alonso de Segovia, con la intención de expulsarlo a la gobernación del Tucumán. Llegó hasta la isla de San Gabriel, y desde allí se encaminó hacia Buenos Aires, dejando en todas partes señaladas cartas y avisos para los que viniesen de España. De allí en adelante, Felipe de Cáceres no renunció, siempre que pudo, a atacar a los indios sin darles ninguna oportunidad de aceptar la paz ni amistad, haciéndoles la guerra a sangre y fuego, por muy livianos motivos. Todos pensaron que  su pretensión era cerrar la entrada y la navegación de aquel río. Y después determinó enviar por el río Salado arriba al provisor, Alonso de Segovia, para que se quedara en Tucumán. Tras navegar por él varios días, no pudieron seguir adelante por estar muy cerrado de árboles y bancos de arena. Tuvieron que dar la vuelta con las naves, y, pasados cuatro meses, Felipe de Cáceres llegó a la ciudad de Asunción, donde se dio cuenta de que se estaban preparando las cosas para prenderle o matarle. Y dadas las circunstancias, mandó prender a algunas personas sospechosas, y entre ellas a un caballero llamado Pedro de Esquivel, natural de Sevilla, a quien mandó darle garrote, cortar su cabeza, y ponerla en la picota, con lo cual todo el pueblo se turbó. Luego ordenó publicar un bando, exigiendo que ninguna persona se atreviese a comunicar, ni hablar con el Obispo de Asunción, Pedro Fernández de la Torre, ni hacer junta de gente en su casa, bajo amenaza de graves penas. Dado que su lugarteniente, Martín Suárez de Toledo comunicaba en secreto con el Obispo, le quitó la vara y el cargo. Por estos motivos, muchas personas se retiraron a sus haciendas, ausentándose de la ciudad, y el Obispo se metió dentro del monasterio de Nuestra Señora de las Mercedes, donde estuvo encerrado por muchos días, acechado por el General y  sus hombres. Para tener bien vigilado al Obispo, había colocado cada semana una guardia permanente de 50 soldados. Pero, entrado el año de 1572, muchos vecinos se dispusieron a prender a Felipe de Cáceres, convocando para ello a gente en una casa que está junto a la iglesia, y en ella un religioso llamado Fray Francisco del Campo, hombre a propósito para este objetivo”.

 

     (Imagen) Veamos cómo, queriendo el General FELIPE DE CÁCERES apresar al obispo Pedro Fernández de la Torre, va a ser él quien acabe encerrado: “Saliendo el General a oír misa en la iglesia mayor, acompañado de su guardia, pasando al interior oyó un gran tumulto de gente que entraba en dicha iglesia. El General se levantó de inmediato, y viendo tanta gente armada, entró en la capilla echando mano a la espada, al tiempo en que el Obispo salía revestido y con un Cristo en la mano, teniendo junto con él a su provisor, y diciendo a grandes voces ‘¡viva la Fe de Cristo!’. Entonces el General se acercó al sagrario, donde le acometieron todos los soldados que venían delante, dándole muchos golpes e hiriéndolo, sin que los guardias que tenía decidieran defenderle, porque, como oyeron decir ‘¡viva la Fe de Cristo!’, todos dijeron ‘¡viva!’, excepto un hidalgo llamado Gonzalo Altamirano, que se les puso delante, el cual fue atropellado de manera que, a los pocos días, murió. Y, atacando al General, lo desarmaron. Asiéndole de los cabellos, le llevaron en volandas hasta el monasterio de Las Mercedes, donde el Obispo le tenía ya preparada una estrecha cámara, en la que le pusieron con dos pares de grillos, y una muy gruesa cadena, que pasaba por una pared al aposento del Obispo, y terminaba en un muy grueso cepo de madera con un fuerte candado, cuya llave la tenía el Obispo. Además había guardias dentro y fuera, a los que mantenía a su costa, sustentándolos con sus bienes, y dejando para Felipe de Cáceres lo imprescindible para su mantenimiento. Así le tuvieron más de un año, padeciendo este caballero muchas molestias e inhumanidades, pagando, asimismo, lo que él fraguó contra su Gobernador, Álvar Núñez Cabeza de Vaca (secretos juicios de Dios que lo permiten). Cuando sacaban de la iglesia a Felipe de Cáceres para ponerle en prisión, salió a la plaza Martín Suárez de Toledo rodeado de mucha gente armada, con una vara de justicia en las manos, y apelando a la libertad. Juntando muchos arcabuceros, usurpó la real autoridad, sin que nadie osase resistirlo. Al cabo de cuatro días, mandó reunir el cabildo para que le nombrasen Capitán y Justicia Mayor. Viendo los capitulares la fuerza de su tiranía, lo aceptaron como Teniente del Gobernador Juan Ortiz de Zárate (aún no llegado), y haciendo uso de ese puesto, nombró tenientes, y regaló encomiendas y mercedes, como consta en un escrito que contra él pronunció Juan Ortiz de Zárate”. Ya vimos que después, yendo preso Felipe de Cáceres a España, se salvó de un naufragio en el que murió el Obispo Pedro Fernández de la Torre. Dado que desapareció el siguiente y último tomo de la crónica de Ruy Díaz de Melgarejo, pasaremos a ver crónicas de la HISTORIA DEL NUEVO REINO DE GRANADA (Colombia). Y empezaremos con el cronista LUCAS FERNÁNDEZ DE PIEDRAHITA. En la imagen vemos la demarcación de Río de la Plata: Paraguay, Uruguay y Argentina, territorios de los que nos despedimos.




martes, 18 de octubre de 2022

(Día 1857) Ya vimos que Ruy Díaz Melgarejo mató a dos personas por sospechas de adulterio. Ahora veremos que también fue muy cruel e injusto con su rival político Alonso de Riquelme.

 

     (1457) No olvidemos que la desembocadura de Río de la Plata, aunque había quedado muy escasa de soldados, seguía siendo un punto de desembarque de cierta importancia para quienes llegaban desde España. Como las comunicaciones con Asunción eran lentas y dificultosas, el Gobernador Juan Ortiz de Zárate, a principios de 1570, le había ordenado a Felipe de Cáceres descender navegando por el río Paraná con 150 soldados para ver si había llegado a aquella costa gente de España. Durante su marcha, tuvieron que liarse a arcabuzazos con algunos guaraníes, pero, más adelante, fueron bien recibidos por los indios timbúes. Luego llegó al golfo de la abandonada Buenos Aires, pero, estando aquello vacío de españoles, decidió dar la vuelta, aunque dejando algunos mensajes: “Cáceres metió en una botija al pie de una cruz varias cartas, y luego, río arriba, volvió a la ciudad de Asunción con con sus hombres, y sin ningún incidente. Nada más llegar, persuadió con muchas razones al capitán Alonso de Riquelme para que se hiciese cargo de la provincia de Guairá, pues era lo que había ordenado el gobernador Juan Ortiz de Zárate”.

     Recordemos que Riquelme había abandonado aquel puesto por no soportar la presencia de Ruy García Melgarejo, quien ahora tendrá con él un trato absolutamente miserable: “Riquelme partió con 50 soldados, y, estando cerca de Ciudad Real (capital de Guairá), le envió mensajeros al capitán Ruy Díaz, dándole aviso de su venida, y ofreciéndole toda la amistad y fidelidad del mundo. Pero, al recibir el mensaje, en lugar de mandarle el avío conveniente, y agradecer como honrado caballero la oferta y amistad que le prometía, mandó convocar a sus amigos para que supieran que no tenía intento de recibir al que venía, ni obedecer los poderes que traía. Y con esa maniobra, unos por temor, y otros por interés, se juntaron en su casa, donde, con sus votos y firmas, eligieron a Ruy Díaz Capitán General y Justicia Mayor, en nombre de su hermano Francisco Ortiz de Vergara (que había sido gobernador interino, y murió en 1574). Ya elegido, salió de Ciudad Real con 100 arcabuceros,  se puso con ellos en la travesía del río, asentó allí su campamento, y colocó la gente en orden de guerra, mandando que ninguno pasase a la parte donde estaba Alonso de Riquelme, so pena de muerte. Por la noche envió a algunos amigos para tantear a toda la gente que traía, y, como la mayoría de los soldados eran vecinos casados en Ciudad Real, fue fácil persuadirlos de que abandonasen a su capitán, quedando con él solamente cuatro. Entonces Riquelme le suplicó a Ruy Díaz que le enviase adonde estaba a su mujer e hijos, pues vivían allí, para poder regresar con ellos y sus pocos soldados a Asunción. A esto le respondió que, si le entregase los poderes que traía, le daba su palabra de no hacerle ningún agravio, de manera que podría ir a su casa, no encargándose de asuntos de justicia y gobierno, sino viviendo allí quieta y pacíficamente. Visto por Alonso de Riquelme lo que le prometía y que no podía hacer otra cosa, se mostró conforme. Confiando en su palabra, fue al campamento, donde enseguida le quitaron las armas, y lo pusieron en prisión por orden de Ruy Díaz. El cual volvió a Ciudad Real, donde entró en escuadrón con pífano y tambor, llevando delante de sí a su preso en una hamaca. Luego puso a Riquelme dentro de su casa en una mazmorra que ya tenía prevenida, y allí lo tuvo con muchas guardias y notable riesgo de la vida, padeciendo mil vejaciones y molestias. Al cabo de un año, lo desterró a un fuerte que tenía a cuarenta leguas de allí, lo dejó en poder del alcaide, Luis de Osorio, quien lo  retuvo otro año, hasta que fue Nuestro Señor servido librarle de esta prisión”.

 

     (Imagen) Hubo momentos muy complicados y demasiado juego sucio en las relaciones entre  quienes tenían un alto mando en Chile. Ahora hemos visto que Ruy Díaz Melgarejo se ha comportado traidoramente con ALONSO RIQUELME DE  GUZMÁN. Quizá eso sea síntoma de la mala entraña de Ruy, y pueda explicar que, por celos posiblemente infundados, matara a su mujer y a un fraile. Además de apresar largo tiempo a Riquelme, lo destituyó de su legal mando en la localidad de Ciudad Real. Alonso de Riquelme nació en Jerez de la Frontera hacia el año 1519. Tenía parentesco con Álvar Núñez Cabeza de Vaca, y estuvo de su parte cuando fue destituido y apresado ilegalmente. Incluso había llegado a Río de la Plata con la expedición que, capitaneada por Cabeza de Vaca, había partido de España a finales del año 1540. Pero, enviado a España preso Cabeza de Vaca, el nombramiento de un gobernador interino dio origen a duros enfrentamientos entre diversos pretendientes. Fue elegido Domingo Martínez de Irala, que no se había llevado bien con Cabeza de Vaca, y después, en 1547, quienes no estaban conformes con el nombramiento (Riquelme era uno de ellos), aprovecharon su ausencia para imponer la autoridad de Diego de Andreu, quien luego, a la vuelta de Irala en 1548, fue apresado, junto con otros partidarios. Entonces, Alonso de Riquelme mantuvo su postura rebelde. En junio de 1549 llegó a Asunción, liberó a los presos y huyeron a un monte cercano. Riquelme partió de nuevo de campaña, pero, al regresar, en 1551, él y los suyos fueron apresados y condenados a la horca, bajo la acusación de querer derrocar a Irala. Sin embargo, en esas circunstancias se impuso la sensatez de Irala. Les propuso a Alonso de Riquelme, y a Francisco Ortiz de Vergara (los dos capitanes del grupo rebelde), casar a cada uno con una de sus varias hijas mestizas, y ambos lo aceptaron. Y así, en 1552, Alonso de Riquelme se casó con Úrsula de Irala, y Francisco Ortiz de Vergara lo hizo como Marina de Irala. Luego ambos capitanes pasaron de ser peligrosos opositores a leales aliados del Gobernador Irala, de manera que los actos subversivos de Alonso Riquelme de Guzmán cesaron por completo. No deja de ser curioso el hecho de que Francisco Ortiz de Vergara fuera hermano del gobernador Francisco de Vergara, y también de Ruy Díaz Melgarejo, a quien acabamos de ver actuando sádicamente con Alonso de Riquelme. Cuando este ensañamiento de Ruy ocurrió (año 1569), arrebatándole incluso el puesto de Gobernador de Guairá, Riquelme permaneció encarcelado largo tiempo, pero después cambiaron las tornas. Tras 14 meses de cárcel, el vengativo gobernador trasladó a Riquelme al fortín de Guaraciberá, donde estuvo dos años más, hasta que Ruy Díaz Melgarejo fue llamado a la Asunción. Y ocurrió entonces que a Alonso de Riquelme lo liberaron los vecinos de Ciudad Real de Guairá, recuperando su cargo de Teniente del Gobernador y Justicia Mayor, puesto que ocupó hasta su muerte, ocurrida allí el año 1576.






lunes, 17 de octubre de 2022

(Día 1856) Unos soldados quisieron desertar para ir a España con lo que creían piedras preciosas. Fueron retenidos, pero, cosa rara, sin ser castigados. Su jefe era el peculiar inglés Nicolás Colman, cuyo hijo dejó fama de santo.

 

     (1456) Recordemos que el gobernador Francisco de Vergara le encargó al capitán Alonso Riquelme de Guzmán que pacificara a los indios del territorio de Guairá. Lo consiguió con brillantez y permaneció en aquellas tierras disfrutándolas pacíficamente él y sus hombres. Pero el año 1569 empezaron a producirse algunos conflictos entre los mismos españoles por motivos económicos: “Se descubrieron unas piedras cristalinas de diferentes colores, y se consideraron de gran valor, pensando  que se trataba de rubíes, amatistas, esmeraldas, e incluso preciosos diamantes. Como les pareció que poseían la mayor riqueza del mundo, algunos intentaron abandonar el pueblo e irse a Castilla con sus mujeres e hijos (no olvidemos que nadie podía abandonar el ejército sin autorización superior). Pero fueron descubiertos, y se apresó a los más implicados, aunque  finalmente se los dejó libres, bajo juramento de que no lo intentarían de nuevo. Y días después, estando el capitán Alonso de Riquelme descuidado, llegaron a su casa 40 vecinos y soldados, todos armados, exigiéndole que les diese autorización para ir a la costa, de donde pudiesen dar cuenta a Su Majestad de la gran riqueza que tenían aquellas piedras.  A este requerimiento respondió que él decidiría lo que conviniese al servicio del Rey. Viendo que les negaba su pretensión, lo prendieron una noche, y a otras personas que estaban con él, siendo el cabecilla del motín un clérigo llamado Escalera. Puesto en este estado el asunto, nombraron por jefe a un inglés que se llamaba Nicolás Colman. Llegaron a un puerto tras haber dejado solo en la ciudad al capitán Alonso de Riquelme con algunos amigos, el cual mandó aviso a la ciudad de Asunción. Llegada la noticia, se envió una tropa con el capitán Ruy Díaz Melgarejo, el cual, aunque todavía no había sido  absuelto por la muerte su mujer y del clérigo, ni de la excomunión, luego lo fue por decisión de Paniagua, provisor general del obispado. Salieron de Asunción, fueron tras los rebeldes,  los apresaron y, llevados a la ciudad, fueron castigados con más benignidad que la que merecían sus delitos. El capitán Ruy Díaz reducía su gravedad, favoreciéndolos secretamente en perjuicio del prestigio de Alonso de Riquelme, por la antigua rivalidad que entre los dos había”.

     El que peor llevaba la  tirantez entre Ruy Díaz y Alonso de Riquelme, era este último, y decidió marcharse a Asunción con 40 soldados. Tuvieron un viaje difícil porque se encontraban sobre la marcha a indios muy alborotados. Se enteraron también de que, yendo por la misma ruta, ya habían entrado en Asunción  el General Felipe de Cáceres y el obispo Pedro Fernández de la Torre. La noticia incomodó a Alonso de Riquelme porque estaba muy dolido con ellos desde que participaron en el apresamiento de su tío Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Por otra parte, en Asunción temía Paniagua que el obispo lo castigara por haber absuelto a Ruy Díaz a pesar de haber matado a su mujer y a un clérigo (como ya vimos). Sin embargo, no hubo problemas al llegar: “Sabido por el General que se acercaban, envió gente a saludarlos y a darles la bienvenida. Cuando entraron, salió para recibirlos hasta el puente de la iglesia mayor, donde, con mucha cortesía y afabilidad, se saludaron, y, desde aquel día, tuvieron el General y Alonso de Riquelme muy buena amistad, dejando aparte asuntos pasados”.

 

     (Imagen) Hemos visto que los rebeldes que quisieron escapar a España por haber encontrado piedras que creían preciosas, escogieron como jefe al inglés NICOLÁS COLMAN, quien fue, sin duda, una figura fuera de lo común. Les pudo haber costado la cabeza, pero, cosa rara, su único castigo fue impedirles la huida. Un descendiente suyo, paraguayo, Andrés Colmán (actualmente el apellido va con acento) Gutiérrez, nos facilita su biografía:   “Con solo 17 años había dejado atrás su Londres natal en compañía de un grupo de jóvenes marinos ingleses, para llegar hasta el puerto de Sanlúcar de Barrameda, donde la armada española estaba organizando una expedición para ir a las Indias. El 24 de agosto de 1535, más de una decena de naves, con unos 3.000 hombres a bordo, zarpaban para aquellas lejanas tierras. El comandante de la expedición era don Pedro de Mendoza y Luján, nombrado Primer Adelantado (con derecho a descubrir tierras) de Río de la Plata por el emperador Carlos V. Había organizado el viaje con fondos de su propio patrimonio, comprometiéndose a fundar tres fuertes y construir un camino real desde Río de la Plata hasta el Océano Pacífico, y con derecho a ser gobernador de las tierras conquistadas, quedarse con la mitad de los tesoros que tomase a los aborígenes y el 90% de los rescates de los prisioneros. Nacido el año 1518, Nicolás Colman, junto a otros ingleses, como John Ruter, Richarte Limon y Robert Briche, eran de los pocos extranjeros de la expedición. Pronto se hizo temible por su carácter irascible. Llegaron a Río de la Plata en enero de 1536, y, ya fallecido Pedro de Mendoza, Nicolás Colman iba bajo el mando de Juan de Salazar cuando fundaron  la ciudad de Asunción (15 de agosto de 1537). Cierta noche, Nicolás se vio envuelto en una pelea con varios conquistadores. Uno de ellos le cortó el brazo derecho con un fuerte golpe de espada. Resistiendo el dolor, Nicolás tomó otro puñal con la izquierda y lo hundió en el corazón de su adversario, antes de caer mal herido. Se ganó el apodo de ‘El manco inglés',  pero nunca perdió la destreza ni la rebeldía”. Luego Nicolás Colman tuvo un papel protagonista en el movimiento rebelde que vimos protagonizar a Diego de Abreu, quien murió en el intento, librándose una vez más el inglés de ser castigado. Así que salió bien parado del duelo, aunque les costó un brazo, de esta conjura de Abreu, y, como acabamos de ver, de la rebeldía que encabezó con el tema de las supuestas piedras preciosas. Se dio también la circunstancia de que tuvo un hijo mestizo y tristemente famoso, pero ejemplar: el franciscano JUAN COLMAN (conocido como Fray Juan Bernardo). Teniendo solo 24 años, fue en busca de un compañero apresado por los  indios. Cuando llegó,  ya lo habían matado, y luego hicieron  lo mismo con él, con un cruel rito destinado al canibalismo, pero los indios, con una reacción supersticiosa, abandonaron el cadáver. Se inició su proceso de canonización, como primer mártir de Paraguay, pero sigue paralizado por pura dejadez.




domingo, 16 de octubre de 2022

(Día 1855) Va de crueldades: Los guaraníes mataron a Ñuflo de Chaves y a su tropa. La respuesta de DIEGO DE MENDOZA fue hacer una escabechina con ellos. Extrañamente, el sensato virrey Francisco de Toledo ejecutó por aparente rebeldía a Mendoza.

 

     (1455) Ya hemos visto que Ñuflo de Chaves  iba por delante de su tropa con doce soldados y los indios guaraníes lo mataron a él y a todos los demás, menos al corneta, que pudo escapar y evitar que cayera en la trampa el resto de la tropa de españoles, a cuyo mando iba Diego de Mendoza, el hombre de mayor confianza de Chaves. Aun sabiendo los indios que el corneta podía dar aviso de lo ocurrido, se habían entusiasmado con la matanza que hicieron y se prepararon para sorprender  al resto de los españoles en un lugar apropiado: “Se situaron en un lugar peligroso por donde los nuestros habían de pasar. Don Diego de Mendoza descubrió su celada, y, encontrando otro lugar más seguro, mandó que pasasen por él a 20 arcabuceros de a caballo y algunos indios amigos para sorprender de espaldas al enemigo. Tras hacerlo,  acometieron a los indios consiguiendo que salieran a campo raso, y así pudo pasar don Diego con su gente. Ya todos juntos en el llano, se trabó una reñida pelea, y ayudando Nuestro Señor a los nuestros, pusieron en huida al enemigo con muerte de muchos de los suyos, y prendieron a algunos caciques, a los cuales mandó Don Diego hacer cuartos y empalarlos por los caminos. Para completar este castigo y tener fuerza suficiente, consiguió el apoyo de  indios de aquella zona que le eran leales y fue al pueblo del cacique Porrilla, donde estaban los principales autores de la traición y muerte de Ñuflo de Chaves aguardando a los nuestros y habiéndose reforzado de mucha gente de guerra. Confiados en eso, atacaron los indios con tanto esfuerzo, que pusieron a los españoles en gran aprieto, hasta que, favorecidos por Nuestro Señor, se enfrentaron a los indios y les hicieron retroceder. Entrando en el pueblo, le dieron fuego, y, yendo en su persecución, pasaron a cuchillo a cuantos topaban, sin perdonar sexo ni condición. Hicieron en ellos el más riguroso castigo que se ha visto en las Indias, pues, de alguna manera, hubo exceso de crueldad, ya que pagaban muchos inocentes lo que debían los culpables, con lo que se atajó el paso en alguna manera a tanta malicia. Hecho lo que más convino, Don Diego dio la vuelta a la ciudad de Santa Cruz, donde luego que llegó, el cabildo y toda la demás gente lo nombraron Capitán y Justicia mayor en nombre de Su Majestad, y como a tal le recibieron al uso y ejercicio de su oficio, en el ínterin que otra cosa fuese proveída por la real audiencia y virrey de aquel reino. Y dando cuenta, como debían, de lo sucedido a quien tocaba, fue aprobado don Diego, en cuya virtud asumió la gobernación de aquella tierra. Hasta que, andando el tiempo, don Francisco de Toledo, que por orden de Su Majestad fue proveído como virrey del Perú, envió por gobernador de esta provincia de Santa Cruz al capitán Juan Pérez de Zurita, persona principal y que había servido a Su Majestad en cargos preeminentes, hallándose en la conquista del reino de Chile, y administrando el gobierno de Tucumán. Y, con su entrada, ocurrieron las revoluciones y tumultos que en su lugar diremos, junto con la muerte de don Diego, para hablar del viaje de Felipe de Cáceres y el Obispo hasta llegar a la Asunción”. Pero no podremos ver lo que le ocurrió a Diego de Guzmán, porque el texto debería continuar en el siguiente tomo de la crónica de Ruy Díaz de Guzmán, el cuarto, que ya no existe. Haré, pues, uso de otras fuentes para conocer algo más sobre su vida y milagros.

 

     (Imagen) Hemos visto que DIEGO DE MENDOZA, al enterarse de la cruel muerte que dieron los guaraníes a Ñuflo de Chaves y a once de sus hombres, reaccionó con una ira desenfrenada, en parte por ser el cuñado de Chaves (casado con su hermana Elvira de Mendoza), y llevó a cabo una venganza terrible con los indios y sus familias. Diego había nacido en Asunción, en 1540, teniendo solamente 28 años cuando ocurrieron los hechos. Hijo de Francisco de Mendoza y de María Angulo, disfrutaba de un alto nivel social, ya que su padre era el gobernador de Asunción. Cuando Ñuflo de Chaves salió de los márgenes de Río de la Plata para andar de conquista por territorios que lindaban con Perú, le acompañaba Diego de Mendoza, el cual estuvo presente el año 1559 en la fundación de la ciudad de La Barranca, y, en 1561, en la de Santa Cruz de la Sierra. En 1564, regresó a Asunción y se casó con Ana de la Torre (con la que tuvo tres hijos), sobrina del obispo de Paraguay Pedro Fernández de la Torre. Poco después regresó a Santa Cruz con Chaves, quien le dio plenos poderes para estar al mando de la ciudad cuando él se ausentara. Como hemos visto, en 1568, Ñuflo de Chaves ‘se ausentó del todo’, porque lo mataron los indios. En esas circunstancias, se demostró lo apreciado que era Diego de Mendoza, ya que fue elegido gobernador de Santa Cruz de la Sierra por el voto de la gran mayoría de los vecinos. Pero esa decisión fue tomada de forma ilegal, porque no le correspondía a ellos, sino que era competencia exclusiva del Virrey de Perú, siéndolo entonces el extraordinario Francisco Álvarez de Toledo. Y tal situación va a dar origen a un conflicto sumamente raro en las Indias (pero sin que sea comparable con las terribles guerras civiles que hubo en Perú). El Virrey, al enterarse, tomó de inmediato la decisión de quitarle el puesto y otorgárselo a Juan Pérez de Zurita. Como los vecinos de Santa Cruz, rebeldemente,  no aceptaron esa imposición, Francisco de Toledo fue con una tropa a castigarlos, pero tuvo que regresar porque se encontró con los peligrosos indios chiriguanos. Entonces optó por una diplomacia falsa con cartas amistosas, mostrando enseguida sus verdaderas intenciones al mandar ahorcar al capitán Salgado, que apoyaba la rebelión. Después el Virrey, viéndose obligado a imponer su legítima autoridad, volvió a utilizar el engaño, pero esta vez para atrapar a DIEGO DE MENDOZA, de manera que consiguió que se presentara en Potosí, y allí fue decapitado el año 1571. Ya muerto, se convirtió, para los habitantes de Santa Cruz de la Sierra, en un mártir de la independencia, dado que aquel territorio, situado entre Perú y Río de la Plata, les había hecho sentirse ajenos a ambas zonas. Es posible que fuera el carismático Ñuflo de Chaves quien  hubiese despertado en ellos ese deseo.