jueves, 16 de junio de 2016

(Día 298) VEN CON MOCTEZUMA EL HORROR del interior del templo. CORTÉS se lo critica a MOCTEZUMA, y provoca otra víctima. En su aposento, los españoles descubren, tras una pared, UN GRAN TESORO DE MOCTEZUMA.

(50) –Y va Cortés, querido biógrafo mío, y solicita ver el horror.
     -México no solo era bucólico y pintoresco, sabio ectoplasma. “Por medio de doña Marina, le dijo a Moctezuma: ‘Os pido por merced que nos mostréis vuestros dioses y teúles. Y Moctezuma después de hablarlo con sus papas, nos dijo que entráramos en una torrecilla donde estaba su dios de la guerra, Huichilobos, de rostro muy ancho e ojos disformes y espantables. Y estaban allí unos braseros con copal, que es su incienso, y tres corazones de indios que aquel día habían sacrificado y se quemaban; y todas las paredes y el suelo tan bañados y negros de sangre y de costras que hedía muy malamente, peor que los mataderos de Castilla”. Describe otros ídolos, igualmente con corazones de sacrificados, “y todo estaba lleno de sangre, y  no veíamos la hora de salirnos afuera y quitarnos de tan mal hedor y peor vista; y tenían un tambor grande en demasía, con un sonido tan triste que parecía instrumento de los infiernos”. (Llegará el día en que Bernal oirá “aquellos malditos tambores” mientras sacrificaban a sus compañeros). “Y Cortés, medio riendo, le dijo a Moctezuma: ‘No sé yo cómo un gran señor y sabio  varón como vuestra merced es no haya colegido que estos vuestros ídolos no son dioses, sino cosas malas que se llaman diablos. Y el Moctezuma respondió medio enojado: ‘Señor, Malinche, si tal deshonor como has dicho creyera que habrías de decir, no te mostrara mis dioses. Nosotros los tenemos por buenos, y nos dan salud y victorias, e tenémoslos que adorar e sacrificar”. Total que Cortés solo consiguió que hubiera otra víctima, porque Moctezuma dijo que “antes de marcharse tenía que rezar e hacer un sacrificio para reparar el gran pecado que había hecho al dejarnos ver a sus dioses y ser causa del deshonor que les hicimos”. Luego Bernal va dando datos de todo el entorno sagrado, con otros  adoratorios, a cuyos altares llama “sacrificaderos”, y uno de ellos “con  muchas ollas grandes donde cocinaban la carne de los tristes indios que sacrificaban, y se la comían los papas (que, curiosamente, llevaban las orejas rajadas). Y asimismo, detrás de  aquella maldita casa había tzompantlis de calaveras e zancarrones (como los que habían visto poco antes de llegar a México)”. Subrayaban (y dulcificaban) la religiosidad del recinto “otros grandes aposentos a manera de monasterio donde se recogían muchas hijas de mexicanos como monjas hasta que se casaban”. Tras la idílica excursión, dear daddy, ¿qué hicieron?
     -Como Cortés tuvo que desistir de colocar un altar y una cruz en las mismísimas entrañas del tenebroso Templo Mayor, decidió pedirle permiso a Moctezuma para hacer la instalación en los aposentos de los españoles. Mandó con el recado a doña Marina, a Aguilar y (atención) a su paje Orteguita, curiosísimo mancebo que aprendió pronto el náhuatl, fue muy apreciado por Moctezuma y presenció hechos históricos de gran calado. Obtenida la licencia, lo prepararon en dos días, “y allí se decía misa a diario hasta que se acabó el vino; pero seguimos rezando por costumbre de buenos cristianos, y para que los mexicanos lo viesen y se inclinasen a ello; y uno de nuestros carpinteros, Alonso Yáñez, vio en la pared señal de que había habido una puerta que estaba anulada, y sospechóse que detrás estaría el tesoro de Axayaca, el padre de Moctezuma, porque teníamos noticia dello. Y secretamente abrimos la puerta y vimos tal número de joyas de oro, piedras preciosas y otras riquezas, que quedamos perturbados. E acordamos que no se tocase cosa ninguna dellas, sino que la puerta se volviera a cerrar y encalar como estaba antes”. Increíble la suerte de los españoles y garrafal el descuido de Moctezuma.

     (Foto 1ª: Reproducción de la inmensa explanada de Tenoctitlán-México, en la que se encontraba el Templo Mayor con sus numerosas dependencias, entre ellas otros adoratorios; hermosísimo conjunto arquitectónico destinado a los ritos más crueles que han podido surgir de las necesidades religiosas del ser humano. Foto 2ª: Montaje fotográfico de gran eficacia para poder comprender el gigantesco volumen que tenía el Templo Mayor y su emplazamiento exacto. Sirva de comparación el enorme edificio de la catedral de México, con la grandísima plaza del Zócalo enfrente, que tiene a su izquierda la interminable fachada del Palacio Nacional. Ciertamente, algo faraónico).



miércoles, 15 de junio de 2016

(Día 297) HACEN (con asombro) “TURISMO” POR MÉXICO. Desde la cima del templo más alto, MOCTEZUMA les muestra el esplendor de TENOCHTITLÁN. Con verdadero arrobo, BERNAL recuerda lo que vio.

(49) –Naturalmente, my dear, había que hacer turismo: ¡México!
     -No podía ser de otra manera, caro dottore: tenían que saturarse con las maravillas de aquella ciudad de ensueño (e infernal). “Nos dijo Cortés que sería bueno ir a la plaza mayor y ver el gran adoratorio de Huichilobos (Huitzilopochtli, el dios principal, el de la guerra). Les acompañó Moctezuma, que se quedó allá haciendo sus oraciones, mientras los españoles, acompañados por varios caciques fueron a Tlatelolco, el lugar del gran  mercado. Bernal se impresionó “con la multitud de gente, así como con las mercaderías, e indios esclavos y esclavas que allí había para vender. Y todo estaba puesto con mucho concierto, de la manera que se hace en  mi tierra, que es Medina del Campo”. Conociendo desde niño el principal mercado de España, dedica dos páginas a describir la variedad de artículos que estaban expuestos, y no puede evitar hablarnos de algo chocante. “Hablando con acato, también diré que vendían muchas canoas llenas de yenda (estiércol) de hombres. Era su costumbre meterse en unos apartados si tenían ganas de purgar los vientres, para que no se perdiese aquella suciedad”.
     -Es curioso, querido socio,  cómo evita el rudo Bernal las expresiones groseras. Dice luego que, visto el mercado, volvieron al Templo Mayor: “Desde arriba, donde estaba Moctezuma haciendo sacrificios, nos envió seis papas y dos principales para que nos acompañaran a subir. En lo alto había una placeta con unas grandes piedras donde ponían a los tristes indios para sacrificar, e una gran estatua como de dragón, e mucha sangre derramada de aquel día. Y Moctecuma le tomó de la mano a Cortés y le dijo que mirase su gran ciudad y todas las otras que estaban en medio del agua, e otros muchos pueblos en tierra alrededor de la misma laguna. E ansí lo estuvimos mirando, porque aquel grande y maldito templo era tan alto que todo lo señoreaba muy bien. Y desde allí vimos las tres calzadas que entran en México, la de Iztapalapa, que fue por la que entramos cuatro días antes, la de Tacuba, por donde salimos huyendo cuando nos desbarataron, y la de Tepeyac. Y vimos el agua dulce que venía (en acueducto) desde Chapultepec, de que se proveía la ciudad. E la laguna estaba llena de canoas que iban y venían, y de casa a casa no se pasaba sino por unos puentes levadizos”. ¿Recuerdas lo que viste escrito en el Zócalo?
     -¿Cómo no, querido Sancho? En esa gran plaza han recogido palabras de Bernal.
     -Allí están en letras de bronce, y  te descubrieron hace 25 años, alma sensible, al cronista-soldado. Entre otras, han copiado estas, que sí han sido del gusto de los mexicanos: “Y después de bien mirado, tornamos a ver la gran plaza y la multitud de gente que en ella había comprando y vendiendo, que solamente el rumor y zumbido de las voces sonaba más que a una legua. Entre nosotros hubo soldados que habían estado en muchas partes del mundo, en Constantinopla, en toda Italia y Roma, y dijeron que plaza tan bien compasada, y con tanto concierto, tan grande y llena de tanta gente, no la habían visto”. Luego Cortés, más papista que el papa, volvió a la carga hablándole a fray Bartolomé de Olmedo: “Paréceme, señor padre, que será bueno que demos un tiento a Moctezuma sobre que nos deje hacer aquí una iglesia”. Y nuevamente le hizo entrar en razón el frailuco diciéndole “que sería bien si aprovechase, mas que le parecía que no era cosa convenible hablar en tal tiempo, que no veía al Moctezuma de arte que tal cosa concediese”.

     (Foto: El pintor Diego Rivera, imaginativo maestro del dibujo y el color -y que no perdía ocasión de atizar a los españoles-, representa aquí el mercado de Tlatelolco, con una buena vista de Tenoctitlán-México en medio de la laguna. La figura central con abanico es la de un funcionario encargado del control del “tianguis” (todavía hoy llaman así a los mercados). Se diría que la mujer de blanco es una prostituta, y Rivera aporta el dato macabro de un guerrero que parece ofrecerle un brazo humano).


martes, 14 de junio de 2016

(Día 296) Tras nueve meses de viaje, ENTRAN EN MÉXICO el día 8 de noviembre de 1519; son bien recibidos, pero no se fían. MOCTEZUMA les habla de que fue pronosticada su llegada; le dice también a CORTÉS que nunca abandonarán a sus dioses. Bernal siempre hablará de Moctezuma con respeto, e incluso con afecto; y describe su aspecto.

(48) –Ausentado Moctezuma, docto cronista, se quedaron los españoles en unos alojamientos, donde “les dejaron aparejada una comida muy suntuosa a su uso y costumbre”. Pero en alerta.
     -Y qué remedio, santo abad: “Teníamos muy bien platicado el orden que en todo habíamos de guardar, y estábamos muy apercibidos”. Bernal nos señala la fecha porque es muy consciente de que está hablando de unos hechos trascendentales: “Y fue nuestra venturosa y atrevida entrada en la gran ciudad de Tenoctitlán-México a ocho días del mes de noviembre de 1519 años (tras nueve meses de viaje). Gracias a Nuestro Señor Jesucristo por todo”. Después de comer, volvió Moctezuma para tener una conversación más extensa, aunque los contenidos fueran parecidos, salvo su creencia en que “verdaderamente debe ser cierto que éramos los que nuestros antecesores de mucho tiempo pasado habían dicho que vendrían de donde sale el sol a señorear estas tierras (sus actitudes siempre serán desconcertantes). Cortés le respondió con las lenguas que  consigo siempre estaban, en especial doña Marina, que no sabía con qué pagar sus mercedes”. Y le hizo el habitual resumen de la estructura político-religiosa que debía dominar el mundo. “Hubo otras amables pláticas, pero por ser esta la primera vez que nos venía a visitar Moctezuma, e por no le ser pesado, cesaron los razonamientos. Y se despidió con gran cortesía de nuestro capitán y de todos nosotros, y salimos con él hasta la calle”. Bernal siempre hablará de Moctezuma con respeto, e incluso con afecto. El día siguiente Cortés le devolvió la visita. Prosiga vuestra reverencia de la manita de Bernal contándonos detalles de lo que fue ocurriendo a partir del big bang.
     -Se presentó Cortés, querido secre,  con varios soldados y sus oficiales más importantes (la jerarquía se iba consolidando): “Llevó consigo cuatro capitanes, Pedro de Alvarado, Juan Velázquez de León, Diego de Ordaz (recuérdese que estos dos ‘conversos’ habían sido del bando del gobernador de Cuba) y Gonzalo  de Sandoval (el más joven y el preferido de Bernal)”. El gran capitán habló de lo de siempre, pero machacando a fondo (aunque en frío), “e porque pareció que Moctezuma quería responder, cesó Cortés la plática e dijo a nosotros: ‘Con esto cumplimos, que es el primer toque’. Y Moctezuma dijo: ‘Señor Malinche: ya conozco todas las cosas que habéis venido predicando en los pueblos. No os hemos respondido porque desde siempre adoramos a nuestros dioses y los tenemos por buenos. También lo deben de ser los vuestros, pero no curéis más de nos hablar dellos”. Y luego se despidieron de él.
      Los españoles sintieron espontáneamente la necesidad de tratarle a  Moctezuma con respeto: “Platicábamos de  las buenas maneras y crianza que tenía e que le deberíamos tener mucho acato, e nos quitábamos las gorras acolchadas (no usaban casco) cuando delante de él pasábamos”. Y el ‘retratista’ Bernal nos lo describe: “Era el gran Moctezuma de unos 40 años (tenía bastantes más), de buena estatura, bien proporcionado e cenceño (delgado), y el rostro era largo e alegre, e los ojos de buena manera. E mostraba en el mirar, por una lado amor, e cuando era menester, gravedad. Era muy pulido e limpio; bañábase cada día una vez a la tarde. Tenía muchas mujeres por amigas (amantes), aunque tenía dos grandes cacicas por legítimas mujeres, que cuando usaba con ellas era muy secretamente. Era muy limpio de sodomías. Y sé que, ciertamente, desque nuestro capitán le reprendía el sacrificio y comer carne humana, desde entonces mandó que no le guisaran tal manjar”. Curiosamente, tenía también bufones, como en las cortes europeas: “unos indios corcovados muy feos, que entre ellos eran chocarreros (groseros), y otros que debían de ser truhanes y le decían gracias, e otros que le cantaban e bailaban”. Tenía un maravilloso zoo, con un apartado para los animales carnívoros, y acaba Bernal recordando algo escalofriante: “Y aun tuvimos por cierto que, cuando nos echaron de México y nos mataron unos 850 de nuestros soldados (no hay contradicción, porque, a los que había cuando llegaron a México, se unieron más de mil después), con los muertos mantuvieron muchos días aquellas fieras alimañas y culebras”.

     (Foto: Ahí tenemos una lograda escenificación del encuentro de Cortés con Moctezuma, que lleva su famoso penacho de plumas; en medio doña Marina; se reproduce el momento en que, cuando el gran emperador azteca le va a entregar un collar, Cortés está a punto de abrazarle, y un cacique indio le hace un gesto de horror para que no infrinja una prohibición absoluta).


lunes, 13 de junio de 2016

(Día 295) TEMBLANDO DE MIEDO, pero sin que les paralice, VAN DECIDIDOS HACIA MÉXICO. Sale a recibirles por el camino un alto embajador de MOCTEZUMA. El asombro de BERNAL fue inmenso al ver MÉXICO. Acontecimiento cumbre de la historia mundial: MOCTEZUMA Y CORTÉS SE MIRAN A LOS OJOS.

(47) –De sobra sabían, alma soñadora, que la muerte les sonreía.
     -Pero ellos, entrañable ectoplasma, le devolvían la sonrisa. El sufrido Bernal al habla: “Y como somos hombres y temíamos morir, no dejábamos de pensarlo; caminábamos encomendándonos a Dios y a su bendita madre Nuestra Señora, y platicando de qué manera podríamos entrar allá; y pusimos nuestros corazones en que Jesucristo, así como fue servido guardarnos de los peligros pasados, también nos guardaría del poder de México”. Moctezuma temblaba igualmente, y mandó otro embajador, pero ya del más alto nivel: “Envió un sobrino suyo que se decía Cacamatzín, señor de Texcoco, y llegó con el mayor fausto y  grandeza que en ningún señor de los mexicanos habíamos visto, en andas muy ricamente trabajadas, con plumas verdes y mucha pedrería engastada en oro muy fino, y, al bajar, le barrían el suelo por donde había de pasar. Y cuando lo vimos, platicamos entre nosotros que, si aquel cacique traía tanto triunfo, qué haría el gran Moctezuma”. Tras las remilgadas cortesías, y de falso a falso, el cacique dijo que Moctezuma les esperaba con los brazos abiertos, y Cortés le contestó que siempre estaría en deuda con él. Era un aparente recibimiento azteca de bienvenida, así que al día siguiente se pusieron en marcha encontrando todos los caminos llenos de curiosos (cada vez más metidos en la boca del lobo), y llegaron a Iztapalapa, ciudad de unos 20.000 habitantes, asentada en la ribera del lago y a solo 8 km de México. Irían angustiados, pero parece que el asombro era mayor: “Desque vimos tantas ciudades pobladas en el agua nos quedamos admirados, y decíamos que se parecía a las cosas de encantamientos que se cuentan en el Amadís, por los grandes cúes que tenían en el agua, y aun algunos decían que si lo que estaban viendo era un sueño, y yo no sé cómo contar cosas nunca vistas ni aun soñadas”. Partieron de Iztapalapa y llegaron, ¡por fin!, a México.  
     -Deja que continúe yo con la copla, pequeñuelo, que no quiero perderme ese momento estelar. Cortés se salió con la suya, pero nadie habría dado un céntimo por la suerte de aquella tropa de chalados: “Eran tantos los indios que nos venían a ver que hasta las torres estaban llenas dellos, y la laguna de canoas, porque jamás habían visto españoles ni caballos. Y nosotros, que no llegábamos a 400, teníamos en la memoria los avisos que nos habían dado nuestros indios amigos de que nos matarían dentro de México”. No es extraño que Bernal añadiera después: “Miren los curiosos lectores si había que ponderar mucho aquello: ¿qué hombres ha habido en el universo que tal atrevimiento tuviesen? Y entonces (que el curso de la Historia se detenga) apareció el cortejo del gran Moctezuma con muchos principales barriendo por donde iba a pasar, con los ojos bajos, porque ni por pensamiento le miraban a la cara. E Cortés se apeó del caballo, y los dos se hicieron muchos acatos, hablando por ellos doña Marina. Cortés también le quiso abrazar, y los grandes señores que le acompañaban le detuvieron el brazo porque se entendería como menosprecio”. Se trató de un encuentro breve y de circunstancias, pero ni las Indias ni el Mundo Occidental serían ya lo mismo, y  nos habría hecho falta que el testigo fuera Homero. Seguro que Bernal estaría de acuerdo: “Agora que lo estoy escribiendo, se me representa todo delante de mis ojos como si ayer fuera cuando esto pasó. Y es gran merced que Nuestro Señor nos diera gracia y esfuerzo para osar entrar en tal ciudad e me haber guardado de muchos peligros de muerte. Doyle muchas gracias también por haberme permitido escribirlo, aunque no tan cumplidamente como convenía y se requiere”.

     (Foto: El lago de Texcoco con Tenoctitlán-México en el centro; por una de las calzadas llegaron los cuatrocientos insensatos españoles a la capital, en medio de un hormiguero de indios, de momento pacíficos debido a la acogida oficial decretada por Moctezuma. La imagen es la mejor representación de una ‘boca de lobo’; era una ciudad superpoblada y sin escapatoria posible por la facilidad de anular sus salidas; además de ser una isla, al otro lado de las aguas estaba completamente rodeada de poderosos enclaves mexicanos).


domingo, 12 de junio de 2016

(Día 294) CORTÉS FINGE no saber que MOCTEZUMA era el instigador del ataque de los CHOLULTECAS, y éste le envía regalos. Los españoles y unos 1.000 tlaxcaltecas parten para MÉXICO. Pero los TOTONACOS tienen medio y vuelven a su tierra, sin que CORTÉS les fuerce a seguir. Como la veleta, MOCTEZUMA cambia de opinión y les prohíbe a los españoles ir MÉXICO.

(46) –Vaya papelón, colega: entrar en  México tras lo de Cholula.
     -Ya sabes, maestro, que las mentiras diplomáticas suavizan la tensión, y, a veces, hasta cuelan. Cortés le mandó un mensaje a Moctezuma contándole lo traidores que habían sido los de Cholula, y que “lo peor de todo es que sus papas y caciques dijeron que por consejo e mandado de él (Moctezuma) habían hecho la guerra, lo cual nunca creímos de tan gran señor. E como Moctezuma oyó esta embajada, creyó que no le poníamos la culpa de lo de Cholula, y luego envió seis principales con un presente de oro y joyas, e diciendo que le pesa de lo de Cholula, e que  quisiera que  se les hubiese castigado más porque son malos y mentirosos”. Repetición de la pamema: agradecimiento afectuoso de Cortés y abrazos efusivos a los embajadores del tierno emperador, enviándolos de vuelta con el aviso de que los españoles iban directos a México. “Y cuando los caciques de Tlaxcala supieron de nuestra partida, les pesó en el alma y enviaron a decir a Cortés que ya le habían dicho muchas veces que se guardase de entrar en tan recia ciudad, pero que, por la buena voluntad que nos tienen, nos quieren enviar diez mil hombres; Cortés se lo agradeció y les dijo que no es oportuno entrar con tantos guerreros en México, sobre todo siendo tan enemigos unos de otros, y que solamente necesitaba mil para llevar el fardaje y adobar los caminos”. Pero unos indios sí abandonaron: los amigos de Cempoala. Cuéntalo, deán de Sevilla.
     -Habían pasado ya demasiado miedo,  pizpireto veterano. “Los de Cempoala, que nos habían servido muy bien y muy lealmente, dijeron que querían volverse, porque tenían por cierto que si iban a México que habían de morir, ellos y nosotros. E por más que Cortés les rogó, y doña Marina se lo decía muy afectuosamente, que se quedasen, diciéndoles que no recibirían ningún daño y que les haría ricos, insistieron en  que se querían marchar. E desque aquello vio Cortés, dijo: ‘Nunca Dios quiera que nosotros llevemos por fuerza aquestos indios que tan bien nos han servido”. No sé a ti, secre, pero a mí me parece una buena muestra de que los españoles también  sabían tener un trato cordial y respetuoso con los indios. “Y mandó Cortés traer muchas mantas ricas para ellos e para el cacique gordo, señor de Cempoala; y envió una carta al teniente Juan de Escalante (capitán de la Villa Rica) contándole todo lo acaecido e dándole instrucciones”. Sigo, peque, que voy sin frenos.
     Se acercaba, pues, el gran momento, el salto a México. Suspense a tope: “Salimos de Cholula, con gran concierto y bien apercibidos; no sé por qué lo traigo tanto a la memoria, puesto que andábamos siempre con la barba sobre el hombro (como los suricatos)”. Llevaban además una compañía inquietante: dos embajadores de Moctezuma. Eran conscientes de que espías mexicanos observaban su marcha, aunque, de momento, encontraron pueblos que les recibieron bien. Pero Moctezuma o sus ídolos estaban desquiciados, porque cambió de opinión una vez más y le mandó a Cortés nuevos mensajeros con regalos y una advertencia: “Malinche, este presente te envía nuestros señor, el gran Moctezuma, como tributo para vuestro emperador, pero te dice que no vengas a México y que tiene todos sus vasallos en armas para que no entréis. Cortés respondió que se maravillaba de que el señor Moctezuma tuviera tantas mudanzas, que unas veces dice uno, y otras lo contrario; y que él no se puede volver atrás quedando como cobarde ante su emperador, por lo que, como fuera, habíamos de entrar en su ciudad; de forma que en adelante no le envíe Moctezuma más excusas sobre aquel caso. E luego comenzamos a caminar para México”. ¡Mamma mía…!

     Partieron, pues, de Cholula directos hacia México. Como el plano señala otros acontecimientos posteriores, los mencionamos ahora, aunque lo sabroso estará en los apasionantes y continuos incidentes que comentaremos a su tiempo. Llegaron a México en noviembre de1519; salieron de allí machacados en junio de 1520. Pero Cortés era muchísimo Cortés: a base de heroicidad, tenacidad e ingenio, mucho ingenio, consiguió entrar de nuevo, y para siempre, en agosto de 1521.


sábado, 11 de junio de 2016

(Día 293) DERROTADOS LOS CHOLULTECAS, le piden a CORTÉS que reorganice la población. Crece la preocupación de MOCTEZUMA, y piensa en recibir a los españoles para aniquilarlos. Se extiende por MÉXICO la admiración y el temor hacia ellos. BERNAL critica a BARTOLOMÉ DE LAS CASAS y a quienes dijeron que lo de CHOLULA fue una crueldad gratuita.

(45) –Caro socio: por donde pasaba Cortés, cuajaba su autoridad.
     -El método era doble, reverendo, pero infalible: la zanahoria o el palo. Vamos a ver ahorita mismo un ejemplo a pequeña escala de lo que después sería habitual en niveles más altos. Tras la masacre militar de Cholula, “mandó a los caciques y papas que poblasen la ciudad (los habitantes habían huido), e que hiciesen tianguis (‘mercados’, palabra que se sigue utilizando en México) sin temor, porque no les haría enojo ninguno. Respondieron que así lo harían, e que tenían necesidad de que Cortés les nombrase cacique, porque el que había fue uno de los que murieron en el patio. E luego preguntó que a quién le venía el cacicazgo, e dijeron que a un hermano del muerto, al cual señaló por gobernador hasta que otra cosa les fuese mandado. Y desque vio la ciudad poblada, llamó a los papas, principales y capitanes, y se les dio a entender todas las cosas tocantes a nuestra santa fe”. También en este caso el padre de la Merced le quitó de la cabeza a Cortés la idea de obligarles a destruir sus ídolos. Dice Bernal con precisión que “tenía la ciudad en aquel tiempo torres muy altas de adoratorios, y el cu mayor era de más altor que el de México (se trata del que tiene ahora encima un santuario católico). Y supimos que cuando Moctezuma conoció nuestra victoria sintió gran dolor y enojo, e que sacrificó a ciertos indios para que sus ídolos le hablasen sobre nuestra ida, e que le respondieron que con muestras de paz nos deje entrar en México, porque, con alzarnos los puentes, nos matarían e tendrían hartazgas de nuestros muslos e piernas, y con las tripas y todo lo demás se hartarían las culebras y tigres (jaguares) que tenían en unas casas de madera, como adelante diré”. ¿Qué tal la situación?
     -Está claro, insigne colaborador, que Bernal describe de oídas parte de esos horrores, porque la realidad con toda la crudeza del ‘atractivo’ zoo no la vio hasta llegar a México. A pesar de lo tremebundo del panorama, la empresa no era tan demencialmente suicida como antes, porque ya contaban con la ayuda de un poderoso ejército de indios. Yo, desde luego, hijo mío, me volvería para casa. Y sigue Bernal: “Este castigo de Cholula fue sabido en todas las provincias de la Nueva España, y, si antes teníamos fama de esforzados por saberse de las guerras de Potonchán, Tabasco, Cingapacinga y lo de Tlaxcala (vayan tomando nota vuesas mersedes del proceso bélico), luego nos tuvieron por divinos”. Déjame continuar, secre, porque Bernal va a perder los nervios con Bartolomé de las Casas, oponiéndose a él y a las durísimas críticas que surgieron por lo ocurrido en Cholula: “No puedo dejar de traer a la memoria las redes de maderos que había en Cholula llenas de muchachos a cebo para sacrificar y comer sus carnes, las cuales quebramos para que los indios fueran adonde eran naturales. Aquestas fueron las grandes crueldades que  nunca acaba de decir el obispo de Chiapas, Bartolomé de las Casas (se conocían bien), y afirma que sin causa ninguna, sino por nuestro pasatiempo y porque se nos antojó, se hizo aquel castigo; e no pasó como él escribe. Y también quiero decir que unos buenos franciscanos fueron a Cholula para saber de qué manera pasó aquel castigo, e los mismos papas e viejos de aquella ciudad les dijeron que todo fue como en esta relación escribo, y no como lo dice el obispo. Y si por ventura no se hiciera aquel castigo, nuestras vidas estarían en mucho peligro por los escuadrones que tenían de guerreros mexicanos y de Cholula; y que si allí, por nuestra desdicha, nos mataran, esta Nueva España no se ganaría tan presto”. Aunque solo el torero, en el ruedo y frente al toro, puede palpar la intensidad del peligro y la necesidad de actuar, se diría que Bernal busca amparo contra las críticas, y recurre a otro refugio: “Yo he oído decir a un fraile franciscano de buena vida, fray Toribio Motolinía (gran defensor de los indios) que si se hubiera podido evitar aquel castigo y los indios no dieran causa a que se hiciese, que mejor fuera; mas ya que se hizo, que fue bueno para que todos los de las provincias de Nueva España conociesen que aquellos ídolos son malos y mentirosos”.

     (Foto: Fray Toribio inmortalizado en un relieve que le ha dedicado su pueblo natal, Benavente. Ejemplar franciscano, gran historiador y decidido protector de los indios; no soportaba las exageraciones de Bartolomé de las Casas, pero, aunque fueron partidarios de dos líneas de actuación muy diferentes, sin embargo los dos consiguieron que mejorara considerablemente la situación de los nativos. En una carta que le escribió a Carlos V, se atrevió a decirle que se maravillaba de que ‘aguantara a Bartolomé de las Casas, ese hombre tan pesado’).


viernes, 10 de junio de 2016

(Día 292) DOÑA MARINA obtiene de una india la confirmación de que los cholultecas van a atacar. Aparentando confianza, CORTÉS acepta que le ofrezcan guerreros cholultecas para ir a MÉXICO. Súbitamente CORTÉS les dice que sabe su engaño y ordena a sus soldados que ataquen. Matanza implacable, pero agravada por la fiereza de los aliados tlxaltecas, a quienes, luego, el hábil CORTÉS consigue hacer amigos de los cholultecas.

(44) -¡Ay, pequeñín!: nuestra doña Marina rompía los corazones.
     - Lo tenía todo, romántico abad: inteligencia, simpatía y belleza; además los indios también valoraban su posición. Por esas circunstancias, y sin pretenderlo, obtuvo la confirmación definitiva de que cholultecas y mexicanos iban a atacar de inmediato: “Una india vieja, mujer de un cacique, como sabía que nos matarían a todos y vio que doña Marina era moza, de buen parecer y rica, vino secretamente y le aconsejó que se fuera con ella a su casa si quería salvar la vida, diciéndole que tenía pena de ella, y que allí la casaría con su hijo. E como lo entendió doña Marina, que en todo era muy avisada, le dijo: ‘¿Pues cómo lo sabes, siendo tan secreto?’. Contestó que su marido se lo había dicho, que era capitán de guerreros”. Buena discípula del experto en tretas, aparentó estar de acuerdo y que iba a recoger sus cosas, pero de inmediato se lo contó a Cortés, que retuvo a la anciana custodiada y aceleró sus preparativos de guerra. A la mañana siguiente, los de Cholula les trajeron un regalo envenenado: los guerreros que Cortés les había pedido como refuerzo para la campaña de México. “Era cosa de ver la priesa con que traían los caciques y los papas los indios de guerra que les habíamos demandado, con muchas risas y muy contentos como si ya nos tuvieran metidos en el garlito. Y trajeron tantos que no cupieron en los patios, por muy grandes que son, que todavía están sin deshacer por memoria de lo pasado. Y desque vio Cortés que habían venido tan de mañana, dijo: ‘¡Qué voluntad tienen estos traidores de vernos entre las barrancas (atrapados) para se hartar de nuestras carnes! ¡Mejor lo hará Nuestro Señor!’. E como Cortés estaba a caballo e doña Marina junto a él, comenzó a hablarles a los caciques”. Siga su reverencia.
     -Pues Cortés, juvenil jubilado, se despachó a gusto con una larga parrafada: les hizo saber que estaba al corriente de sus taimadas intenciones, recordándoselas detalladamente, y que “en pago de que veníamos a tenerlos por hermanos y decirles lo que Dios y el rey mandan nos querían matar e comer nuestras carnes, y que ya habían sacrificado a siete indios para tener victoria. Luego les dijo que las leyes reales mandan que tales traiciones no han de quedar sin castigo, e que por su delito han de morir”.  Bernal está justificando lo que va a ocurrir de inmediato. Déjame seguir, querido secre.
     -Fue una catástrofe. “E luego mandó Cortés disparar una escopeta, que era la señal que teníamos acordada, y se les dio una mano que se les acordará para siempre porque matamos muchos dellos”. Pero faltaba lo peor: “Y no tardaron dos horas en llegar nuestros amigos los tlaxcaltecas después de desbaratar a dos compañías de cholultecas que les impedían el paso, e iban por la ciudad robando y cautivando, que no los podíamos detener. Y al otro día vinieron otras capitanías de las poblazones de Tlaxcala y les hicieron mucho daño porque estaban muy mal con los de Cholula. Y desque vimos aquello, por pena que hubimos dellos, detuvimos a los de Tlaxcala para     que no hicieran más mal”. Después Cortés hizo otro sainete  diplomático con las embajadores mexicanos diciéndoles que, “aunque Cholula merecía ser asolada, por respeto a su señor Moctezuma, cuyos vasallos son, la perdonaba; e luego llamó a los caciques de Tlaxcala e les dijo que devolviesen los hombres y mujeres que habían cautivado, que bastaban los males que habían hecho”. Termina Bernal con una frase que muestra las increíbles habilidades componedoras del astuto jefe: “Y demás desto, Cortés hizo a los tlaxcaltecas amigos de los de Cholula, que, a lo que yo después supe, jamás quebraron la amistad”. De ver y no creer.

     (Foto: El municipio más importante del valle de Cholula es San Pedro de Cholula, que quizá lleve ese nombre por la gran devoción que Cortés le tenía al santo. La vista es del centro de la ciudad, cuya población actual ronda los 120.000 habitantes. Era un lugar ceremonial, lleno de adoratorios. Fue donde ocurrió lo que nunca perdonarán los mexicanos a los españoles. Hay un dato que no se debe olvidar: los cholultecas eran tributarios de Moctezuma, pero con un régimen suavizado, y los tlaxcaltecas se unieron a los españoles para librarse de los mexicanos y vengarse de los de Cholula, a los que odiaban por suponer una esclavitud añadida a la que ya sufrían bajo el dominio directo de Moctezuma).


jueves, 9 de junio de 2016

(Día 291) EL ASUSTADO MOCTEZUMA trata de romper la alianza española con los tlaxcaltecas. CORTÉS va a CHOLULA buscando amistad y excesivamente confiado. El recibimiento fue fingidamente cordial. Los españoles sienten que van a ser atacados y se enteran de que hay oculto un ejército azteca.

(43) –Y llegaron otros cuatro embajadores de Moctezuma: ¡qué pesado!
     -Era el pánico, monseñor. Estaba bien informado y quería romper la alianza de los españoles con los tlaxcaltecas. Los enviados venían cargados de regalos, y le dijeron a Cortés “que su señor Moctezuma se maravillaba mucho de que estuviéramos tantos días entre aquellas gentes pobres y sin policía (groseras), que aun para esclavos no son buenos, y que nos matarían para nos robar”. Esta vez (cambiante como la luna) el gran emperador azteca les invitaba a ir a México. Con su habitual tacto, Cortés se mostró muy agradecido, y creyó oportuno aprovechar la oferta mandando por delante a Pedro de Alvarado y Bernaldino Vázquez de Tapia a hablar con Moctezuma y ver la gran ciudad de México, quedando como rehenes los recién llegados. “Y porque había enviado así a la aventura a aquellos caballeros, se lo reprochamos. Y les escribió que se volviesen. Y como Moctezuma quiso saber cómo eran, parece ser que le dijeron sus embajadores que Pedro de Alvarado era de muy linda gracia en el rostro, como en su persona, y que  se parecía al sol. Y demás desto llevaban figurado su dibujo muy al natural, y desde entonces le pusieron el nombre de Tonatio, que quiere decir sol. Y tuvieron razón en así compararlo, porque así en el rostro como en el hablar era agraciado, que parecía que  se estaba riendo (se le olvida comentar que era muy rubio). Y desque volvieron a nuestro real, nos holgamos mucho, y les decíamos que no era cosa acertada lo que Cortés les mandó”. Comienzan ahora los tanteos con Cholula.
     -El hueso va a ser muy duro de roer, caro figliolo. Cortés presionó a los de Cholula para que le visitaran en Tlaxcala, pero le devolvieron el guante: ni hablar de ir allá porque era territorio peligroso para ellos; que fuera él a Cholula. “E viendo nuestro capitán que la causa que decían era muy justa, acordamos de ir allá. E dijeron los caciques de Tlaxcala que, puesto que no les creíamos e íbamos a Cholula, que lleváramos  10.000 de sus hombres de guerra. Cortés les dio muchas gracias por ello, pero como vimos que no estaría bien que fuésemos con tantos guerreros adonde queríamos procurar amistades, les dijo que  bastaría con 2.000. Una mañana comenzamos nuestra marcha, e los caciques de Cholula nos mandaron mensajeros a darnos la bienvenida a su tierra”. Sin embargo no quisieron que los tlaxcaltecas armados entraran en su ciudad. Cortés estuvo de acuerdo, y cuando vio que los de Cholula se tranquilizaron, les lanzó el repetitivo sermón religioso-político.
     -Y, naturalmente, le dieron la respuesta habitual. Prosiga el mosén.
     -Siempre se irritaban los indios cuando Cortés pretendía llegar y cambiar sus costumbres. Y ese mismo malestar mostraron los de Cholula, pero rubricaron su respuesta con una promesa que resultaría pura chatarra: “que dar la obediencia a ese vuestro rey que decís, les place”. Les llevaron entre una multitud de curiosos “y nos dieron de comer muy bien y en abundancia”. Pero poco a poco su actitud se fue haciendo extraña y huidiza. Los embajadores mexicanos les dijeron abiertamente que Moctezuma (ahora sí, ahora no) ya no quería verlos, de manera que Cortés preparó a sus hombres: “Muy desconcertada veo a esta gente. Estemos muy alerta, que alguna maldad hay entre ellos”. Habló con el cacique principal y le dijo “que por la mañana íbamos a partir para México, e que le tengan aparejados porteadores y que nos dieran comida (era una cortesía habitual). Y el cacique estaba tan cortado que no acertaba a hablar”. Los indios amigos habían observado que los de Cholula estaban preparando un ataque, y que, además, en los alrededores había una multitud de guerreros de Moctezuma. Se fueron acumulando detalles muy alarmantes que iban acrecentando la tensión de la espera, como cuando las nubes van bajando, agrupándose y volviéndose cada vez más negras: aquello iba a explotar…

     (Foto: Lo que vemos es una maqueta de la gran pirámide de Cholula, la de mayor extensión y volumen de México -no la más alta-, sobre la que se construyó el santuario cristiano. Esa ciudad era la más importante después de la capital del imperio azteca, Tenoctitlán, y un lugar de peregrinación lleno de pirámides religiosas, pero también un avispero de 100.000 almas, en el que se van a meter Cortés, sus soldados y los indios amigos, tlaxcaltecas y totonacos de Cempoala. A cara o cruz, como siempre, pero más dramáticamente que nunca).


miércoles, 8 de junio de 2016

(Día 290) LOS TLAXCALTECAS creían descender de gigantes. También pensaban que las profecías anunciaron la llegada de los españoles. Se rompieron las casetas que tenían los tlaxcaltecas para engorde de víctimas, y las liberaron. CORTÉS decide partir para MÉXICO. El gran error fue ir por CHOLULA.

(42) –Veamos, my dear, cómo surgían los mitos de gigantes.
     -Es que la naturaleza es engañosa, my honest priest. Dice Bernal que les preguntaron a los tlaxcaltecas de dónde procedían, “pues tan diferentes y enemigos eran de los mexicanos. Y contaron que les dijeron sus antepasados que antiguamente había entre ellos hombres muy altos y de grandes huesos, y porque eran muy malos los mataron peleando con ellos. Y para que lo viésemos, nos trajeron un hueso de ellos, que va de la rodilla a la cadera, del altor de un hombre. Yo me medí con él, y tenía tan gran altor como yo, que soy de razonable cuerpo; todos nos espantamos y tuvimos por cierto haber habido gigantes en esta tierra. Y aquel gran hueso lo mandamos a  Castilla para que lo viese Su Majestad”. Esta historieta del fósil nos sirve, al menos, para saber que Bernal no era un canijo.
     -Razonaron con lógica, secre, pero tenían de todo menos paleontólogos para poder saber que se trataba de fósiles de animales ya desaparecidos. También habían asimilado, como Moctezuma, la creencia de que “vendrían unos hombres desde donde nace el sol a les sojuzgar y señorear, y dijeron que si somos nosotros, que se holgarán dello, pues tan esforzados y buenos somos”. Pero, como todos aquellos pueblos, los de Tlaxcala tenían su parte siniestra: “Había unas casas de madera hechas de redes y llenas de indios e indias encarcelados y a cebo engordándolos para sacrificar y comer,  las cuales cárceles las deshicimos para que se fueran los presos. Y los tristes indios no osaban ir a sitio ninguno sino estarse allí con nosotros (terrible: único refugio), y así escaparon las vidas. Y dende en adelante, en todos los pueblos en que entrábamos, lo primero que mandaba nuestro capitán era quebrarles las cárceles y echarles fuera los prisioneros. Y Cortés mostró tener mucho enojo de los caciques de Tlaxcala y se lo riñó bien enojado, y prometieron que no matarían ni comerían de aquella manera más indios”. Bernal termina la historia con el desencanto de la realidad. “Digo yo, ¿qué aprovechaba todos aquellos prometimientos si, en volviendo la cabeza, hacían las mismas crueldades?”. Y llegó, por fin, el gran momento.
     -No sin discordias, querido Sancho. “Viendo Cortés que hacía 17 días que estábamos holgando en Tlaxcala, acordó con los que le teníamos buena voluntad partir en breve hacia México, pero hubo en el real muchas pláticas de disconformidad por los grandes poderes que tenía Moctezuma. Cuéntanos la réplica de Cortés.
     -Para Cortés y sus entusiastas era impensable renunciar ya  a México, y dijo que “sobraban otros consejos; y viendo su determinación, y sintiendo sus contrarios que muchos de los soldados le ayudábamos a Cortés y decíamos ‘¡adelante, en buena hora!’, no hubo más contradicción. Los que andaban en pláticas contrarias eran los que tenían haciendas en Cuba; que yo e otros pobres soldados teníamos siempre ofrecidas nuestras ánimas para Dios que las creó, y los cuerpos a heridas y trabajos en servicio de Nuestro Señor Dios y de Su Majestad. Viendo los caciques de Tlaxcala que queríamos ir a México, pesábales en el alma”. Se hartaron de decirles que era un desatino, y que, si iban, que nunca se fiaran, y que “so color de paces, los mexicanos les harían mayores traiciones”. Curiosamente, todavía estaban allí los embajadores de Moctezuma, “y decían que  el mejor camino para ir a México era por la ciudad de Cholula, y nos pareció bien, por lo que los caciques se entristecieron y nos dijeron que no fuéramos por allí porque en Cholula siempre tiene Moctezuma sus tratos dobles encubiertos; pero, por más que nos dijeron, acordamos ir por Cholula”. Pésima decisión.

     (Foto: zona arqueológica de la gran pirámide de Cholula, con el santuario de Nª Sª de los Remedios encima).


martes, 7 de junio de 2016

(Día 289) SE BAUTIZARON a las hijas de los caciques. Una de ellas, DOÑA LUISA, fue compañera de ALVARADO, y nos cuenta BERNAL el éxito de esa relación. XICOTÉNCATL ‘EL VIEJO’ le da información a CORTÉS sobre MÉXICO y le advierte del gran peligro de CHOLULA, población colindante con TLAXCALA. Hazaña de ORDAZ en el POPOCATEPETL.

(41) –Afortunadamente, nocturno ruiseñor, Cortés renunció a hacer papilla los ídolos, y se conformó con instalar un altar.
     -Y en él, piadoso clérigo, “se dijo misa al otro día e bautizaron las cacicas, y se puso a la hija de Xicotenca el Viejo el nombre de doña Luisa, y Cortés la tomó por la mano (era para él) y se la dio a Pedro de Alvarado (el rubio “Toniatu”), y le dijo a Xicotenca que lo tuviera por bien porque era su hermano y capitán y la trataría muy bien”.
     -Y tan bien que la trató, poético socio: fue un bello  romance que lo alargaron cuanto pudieron. “Y a las demás se les pusieron nombres de pila, y todas con sus dones”. El título de ‘don’ era muy distinguido: obsérvese que Cortés no lo tenía. A Bernal se le pone a tiro una digresión, y allá se lanza: “Aquella cacica, doña Luisa, era acatada y tenida por señora en la mayor parte de Tlaxcala. E della tuvo el Pedro  de Alvarado, siendo soltero, un hijo, don Pedro, e una hija, doña Leonor, que agora es mujer de don Francisco de la Cueva, buen caballero, primo del duque de Alburquerque; y es muy excelente señora, en fin, como hija de tal padre, que llegó a ser comendador de Santiago, gobernador de Guatemala, y es el que fue a Perú con una gran armada. Dejémoslo e volvamos a Cortés”.
     -Recuperado el hilo, dottore, Bernal dice que Hernán se reunió con varios caciques para que le hablaran de México. “Y Xicotenca, como era muy avisado y gran señor, tomó la mano a hablar, y dijo que Moctezuma era tan poderoso que, cuando quería tomar un pueblo, ponía en campo 150.000 hombres. Y Cortés le dijo: ‘Pues con tanto guerrero, ¿cómo nunca os acabaron de vencer?”. Xicotenca le dio varias razones: también ellos les mataban a muchos, había otros pueblos que odiaban a  Moctezuma, y, además, gran parte de sus soldados iban forzados a la guerra y luchaban sin ganas. Justo entonces, el cacique mencionó algo premonitorio, que sería el mayor obstáculo en el avance hacia México, y donde se daría el ataque español más criticado por los indigenistas: ¡CHOLULA! Le dijo Xicotenca a Cortés “que de donde más mal les ha venido continuamente es de una ciudad muy grande que está de ahí a un día de andadura, que se llama Cholula, que son grandes traidores; y que allí metía Moctezuma secretamente sus capitanías, y como estaba cerca, les asaltaban de noche”. Añadió datos sobre Tenoctitlán.  Pero subamos al Popocateptl.
     -Lo viste humear hace tres años con esos tus ojos pecadores, jubiloso corretón, y quieres que nos acerquemos con Bernal al volcán Popocateptl. Nos cuenta una historia: “En aquella sazón que estábamos en Tlaxcala, el volcán que llaman Popocatepeque echaba mucho fuego, y un capitán nuestro que se decía Diego de Ordaz (ya saben, el que, según falsos rumores, fue asesinado por mi sobrino Pedro Ortiz de Matienzo) tomó codicia de ir a ver qué cosa era, y demandó licencia a Cortés para subir a él, y se la dio; llevó consigo dos soldados y ciertos indios principales, que le dijeron que no se atreverían a subir más arriba de donde  tienen unos cúes de sus ídolos”. En el ascenso pararon una hora hasta que se calmó algo una llamarada envuelta en ceniza y humo, y después los tres españoles continuaron adelante. “Subieron luego hasta la boca, que era muy redonda y que habría el anchor de un cuarto de legua (no resulta muy exagerado, porque mide 840 metros), y que desde allí se aparecía toda la ciudad de México y la laguna y los pueblos que  están en ella. Y está este volcán obra de 13 leguas de México (casi exacto: son 70 km). Y después de bien visto, muy gozoso el Ordaz y admirado de haber visto México y sus ciudades, volvió a Tlaxcala, teniéndolo los indios en mucho atrevimiento, y nosotros nos admiramos de ello. Y cuando llegó Diego de Ordaz a Castilla lo demandó como armas (para su escudo) a Su Majestad, y así lo tiene ahora un su sobrino que vive en Puebla”.

     (Foto del Popocatepetl tomada desde Cholula. En esta ciudad quedó un pésimo recuerdo de las tropas formadas por españoles y tlaxcaltecas; era una población considerada especialmente sagrada por sus números templos, y sobre una de esas pirámides-adoratorio se construyó después la bella iglesia del primer plano: el santuario de Nuestra Señora de los Remedios).


lunes, 6 de junio de 2016

(Día 288) RECIBIDOS APOTEÓSICAMENTE POR LOS INDIOS EN TLAXCALA, se toman 17 días de descanso. No bajan la guardia, y los caciques les demuestran su buena voluntad, deseosos de que sus hijas se emparejen con los españoles. Nuevamente CORTÉS cae en el error de querer prohibirles su religión. Los frailes le hacen entrar en razón.

(40) –Lo nunca visto, secre: estaremos ¡17 días! de vacaciones, pero intensos, en Tlaxcala; aunque Cortés jamás descansa.
     -Fue apoteósico, monseñor: las calles llenas de expectación, agasajos continuos de todos los caciques y principales, e incluso de los siniestros sacerdotes: “Vinieron los papas de toda la provincia, que había muchos, con sus inciensos sahumándonos a todos, y los cabellos muy largos y engreñados, llenos de sangre que les salía hasta de las orejas, porque en aquel día habían hecho sacrificios, y traían las uñas muy largas; oímos decir que los tenían por religiosos y de buena vida”. Luego les llevaron a unos aposentos, donde también entraron los enviados de Moctezuma. Pero el ‘mosqueo’ era inevitable: “Y aunque estábamos en tierra que veíamos muy de paz, no nos descuidábamos de estar muy apercibidos, como era nuestra costumbre”. A un capitán le pareció excesiva tanta precaución, y Cortés le dijo: “Aunque los indios sean muy buenos, no hemos de creer en su paz, sino como si nos quisiesen dar guerra, que muchos capitanes fueron desbaratados por se confiar, y peor estamos nosotros por ser tan pocos”. Los grandes caciques Xicotenca el Viejo y Maseescací captaron la desconfianza y se sintieron ofendidos. Incluso le ofrecieron a Cortés rehenes para que estuviera tranquilo, “y todos estábamos asombrados de la gracia y amor con que lo decían, pero respondió que no hacían falta rehenes, y que en cuanto a estar apercibidos, que siempre lo teníamos por costumbre, y que no lo tuviesen a mal”. Después dijo el viejo Xicotenca: “Malinche, para que más claramente conozcáis que os queremos bien, os queremos dar hijas nuestras para que sean vuestras mujeres y hagáis generación; yo tengo una hija muy hermosa y quiérola para vos; y los demás caciques dijeron que traerían a sus hijas”. Y el reportero del detalle que es Bernal añade: “Como era ciego el viejo Xicotenca, con las manos tentaba a Cortés en la cabeza, en las barbas y en el rostro, y se la llevaba por todo el cuerpo. Y estaba allí presente el padre de la Merced y Cortés le dijo: ‘Señor padre, paréceme que será agora bien que demos un tiento a estos caciques para que dejen sus ídolos y no sacrifiquen’. Y el fraile dijo. ‘Dejémoslo hasta que traigan a sus hijas, y dirá vuestra merced que no las quiere recibir hasta que prometan de no sacrificar’. Al otro día trajeron 5 indias hermosas…”.
     -Sigue, maestro, que la cosa se pone interesante.
     -Cortés hizo el teatro que le aconsejó el fraile y les dijo que no recibiría a las mujeres hasta que renunciaran los indios a sus horribles costumbres religiosas, “y a las torpedades malas que suelen hacer”. Como si estuviera en el púlpito de la catedral de Toledo, les adoctrinó a fondo sobre las creencias cristianas. Y el bueno de Xicotenca no pudo contestarle otra cosa: “Malinche, bien creemos que vuestro Dios y esa gran Señora son muy buenos; pero ¿cómo quieres que  dejemos a nuestros dioses a los que desde muchos años nuestros antepasados han adorado y sacrificado?;   ¿qué harán nuestros papas y todos los vecinos y mozos de esta provincia sino levantarse contra nosotros?’. Así que  dieron por respuesta que no habláramos más de aquella cosa, porque no habían de dejar de sacrificar aunque los matasen. Y entonces dijo el padre de la Merced, que era buen teólogo: ‘Señor, no es justo que por la fuerza les hagamos cristianos. Y aun lo que hicimos en Cempoal, derrocarles sus ídolos, no quisiera yo que se hiciese aquí hasta que tengan conocimiento de nuestra fe. ¿Qué aprovecha quitarles ahora sus ídolos de un adoratorio, si los pasan luego a otro?”. Parece que Cortés titubeaba, porque solo cedió cuando dos de sus capitanes le dijeron que el consejo del fraile era muy sensato. Cuesta creer que el prudentísimo Hernán estuviera poniendo en peligro por segunda vez una valiosísima alianza que tanto esfuerzo había costado.

     (En el mapa se ve claramente que, hecha la paz con los tlaxcaltecas, los españoles tenían toda su retaguardia pacificada, pudiendo viajar hasta la costa del Atlántico sin encontrar un solo enemigo; México estaba –casi- al alcance de la mano).


domingo, 5 de junio de 2016

(Día 287) MOCTEZUMA SE ASUSTA al conocer la derrota de los TLAXCALTECAS; en adelante, su comportamiento resultará confuso. El rebelde XICOTENCA ‘EL MOZO’ rinde pleitesía a CORTÉS. Los TLAXCALTECAS colaboran entusiasmados con CORTÉS.

(39) –Digamos ya, fiel escribano, que Moctezuma va a resultar un personaje desconcertante, pero muy apreciado por los españoles.
     -Choca, ciertamente, docto abad, el contraste de la tiranía de su poder con la vulnerabilidad de su carácter. Escribe Bernal: “Tras darnos nuestro Señor la victoria de las batallas de Tlaxcala, voló nuestra fama por todas aquellas comarcas y fue a oídos del gran Moctezuma. Y si de antes nos tenían por teúles, puso espanto en todas las tierras cómo, siendo nosotros tan pocos y los tlaxcaltecas de muy grandes poderes, los vencimos. Por manera que Moctezuma temió nuestra ida a su ciudad, y nos envió cinco principales con un presente de oro y joyas muy ricas, y a decirnos que  se holgaba mucho de nuestra gran victoria y que quería ser vasallo de nuestro gran emperador”. Era, sin duda, una hipócrita oferta, porque se mostraba dispuesto a pagar tributo a Carlos V “con tal que no fuésemos a México, porque la tierra era fragosa”.
     -Como ves, jovencito, un argumento pueril. Los embajadores tuvieron ocasión de presenciar otro hecho preocupante para los mexicanos. “Vino el capitán Xicotenca el Mozo con muchos caciques y muy de paz, y le hizo mucho acato a Cortés, que, con gran amor, le mandó sentar cabe sí”. Pidió perdón por las batallas, diciendo que había creído que los españoles estaban al servicio de Moctezuma. Y sigue Bernal: “Era Xicotenca alto de cuerpo y de gran espalda y bien hecho, y tenía la cara larga e como hoyosa y robusta; era de unos 35 años, y mostraba en su persona gravedad. Y dijo que tenía por cierto que, con nuestra compañía, serían guardadas sus personas, mujeres e hijos, y no estarían con sobresalto de los traidores mexicanos. Y Cortés le dio las gracias muy cumplidas y con halagos”. Partieron los tlaxcaltecas, “y a los embajadores mexicanos les pesó en gran manera las paces, y le dijeron a Cortés que todo lo que le habían dicho era burla y palabras engañosas de hombres muy traidores”. Sin que Cortés diera importancia al comentario,  tras partir los mexicanos con la promesa de traer pronto más noticias de Moctezuma, y aprovechando el remanso de paz después  del triunfo logrado, lo primero que hizo fue mandar las maravillosas noticias a los de la Villa Rica, y darles algunas instrucciones, entre ellas las de que “siempre favoreciesen a los pueblos totonacos, nuestros amigos (desde Veracruz hasta Tlaxcala todo quedaba pacificado)”.
     -Sigue con la copla, santo clérigo, que también pensaba en las misas.
     -Así es, puritano joven. Entonces, aunque pecadores, éramos muy creyentes. Por eso pidió además Cortés a los de la Villa Rica “que le enviasen pronto dos botijas de vino que había dejado soterradas en su aposento, y asimismo trajesen hostias de las que habíamos traído de la isla de Cuba, porque ya se habían acabado”. Vuestras malisiosas y poco piadosas mersedes sepan que las botijas de vino eran solamente para celebrar la santa misa, y que aquellos toscos soldados se sentían medio perdidos si faltaba la eucaristía. Bernal al habla: “Volvieron de México seis principales y trajeron un rico presente del gran Moctezuma, que le rogaba a Cortés que no se confiase de los de tlaxcaltecas”. Era otra ingenua trampilla; casualmente los de Tlaxcala, ansiosos porque Cortés no se decidía a visitarlos, llegaron entonces en masa con sus caciques principales, “y nos hicieron gran acato”. Al decir Cortés que no había ido aún porque le faltaba gente para llevar a cuestas la artillería, “sintieron tanto placer que en los rostros se les conoció, y dijeron: ‘Malinche (Cortés), ¿por eso has esperado y no lo has dicho?’. Y trajeron al otro día sobre 500 indios de carga, y comenzamos a marchar con mucho orden camino de Tlaxcala”. Bernal, en boca de los nativos, llamará Malinche repetidamente a Cortés, y lo explica: “La causa de haberle puesto este nombre los indios es que, porque doña Marina, nuestra lengua, estaba siempre en su compañía, le llamaban a Cortés ‘el capitán de Marina’, y para más breve, le llamaron Malinche”. Tiene razón Bernal, pero lo deja confuso. En realidad se debía a que el nombre indígena de esa mujer sin par era Malinchin.

     (Foto: una escena del Lienzo de Tlaxcala, cuyo original, de mediados del XVI, se perdió, pero pudo ser reproducido en esta copia del XVIII; muestra a los tlaxcaltecas aportando provisiones a Cortés para la campaña de México; figura también doña Marina al lado de Cortés como su intérprete de la lengua náhuatl, y se ven detrás guerreros totonacos).


sábado, 4 de junio de 2016

(Día 286) LOS CACIQUES DE TLAXCALA deciden pactar, pero XICOTENCA ‘EL MOZO’ se opone. Nueva maniobra hábil de CORTÉS para evitar que algunos soldados se vuelvan a CUBA. Con un duro castigo a unos espías tlaxcaltecas, XICOTENCA se acobarda, y LLEGA LA PAZ DEFINITIVA.

(38) –Es curioso, paisano, el contraste entre un viejo y un joven. Las razones del corazón de un mancebo no suelen ser razonables.
     -Ya sabes, tierno abad, aquello de que se empieza pirómano y se termina bombero. Veamos las palabras de Bernal: “Xicotenca el  Mozo dijo que ya había muerto (matado) muchos teúles y la yegua, y que quería acabarnos de vencer y matar. Desque oyeron la respuesta su padre y los demás caciques (los ‘ancianos’), se enojaron y mandaron a todos los capitanes que no fuesen con el Xicotenca a darnos guerra”. Pero no se presentaron adonde Cortés para hacer las paces, al parecer por miedo al irascible y joven caudillo indio. Entre tanto, volvieron a flaquear los partidarios de Velázquez, ansiosos por acabar aquella pesadilla volviendo a Cuba: “Uno de ellos, que habló por todos y que tenía buena expresiva, le dijo a Cortés que mirase cuán mal andábamos todos”; pero el hábil capitán no tuvo difícil amontonar argumentos basados en las dificultades y peligros pasados, presentes y futuros. Tras contestarles que “en todos esos peligros no me habréis conocido tener pereza, que en ellos me hallaba con vosotros; e tuvo razón de lo decir porque en todas las batallas se hallaba entre los primeros”, elaboró una brillante réplica mostrándoles la botella medio llena, y apelando, entre otras cosas, a la riqueza, el honor y la gloria. “Y además de lo hablado por Cortés, todos los que le habíamos alzado por capitán y aconsejado dar al través con los navíos dijimos en alta voz que no se preocupase de corrillos ni de oír semejantes pláticas, sino de que estemos con buen concierto para hacer lo que convenga. Y así cesaron todas las pláticas”. Xicontenga el Joven, por su parte, como estrategia de despiste, mandó varios indios con comida a los españoles, “y supo doña Marina (porque lo decían los totonacos) que eran espías, y se lo dijo a Cortés, que consiguió que confesaran que así era y que Xicotenca iba a dar aquella noche con todas sus capitanías contra nosotros, por lo que mandó que  se les cortaran, a unos las manos, y a otros los pulgares, y se los enviamos a Xicotenca. Y como vio llegar a sus espías de aquella manera, perdió el  brío y la soberbia; además se le había ido del real un capitán con su gente porque tuvieron discusiones desde las batallas pasadas”. Santo remedio: aunque, pasado el tiempo, volverá a crear graves problemas este rebelde (quizá con sincera causa), los tlaxcaltecas fueron por fin a negociar la paz.
     -Y sería, dulce trovador, el principio de un bello amor eterno. Estamos asistiendo a una encrucijada esencial en el viaje hacia el enfrentamiento con Moctezuma. Españoles, totonacos y  tlaxcaltecas vencerán, serán derrotados y, conservando su alianza, lograrán la victoria definitiva. Cuando llegaron los caciques de Tlaxcala acompañados de una muchedumbre de indios, la primera reacción de los españoles fue de alarma, pero pronto vieron que venían en son de paz y con muchos regalos. Hicieron señales de amistad y gestos protocolarios de sumisión, “y dijeron que venían a meterse bajo la amistad de Cortés y de todos  sus hermanos teúles, y que les perdone por la guerra que nos habían dado, porque tuvieron por cierto que éramos amigos de Moctezuma viendo en nuestra compañía a muchos de sus vasallos que le dan tributos. Cortés se hizo el enojado por las tres veces que nos dieron guerra, pero dijo que los recibía en nombre de nuestro rey y señor. Y desde entonces nos traían muy bien de comer. Y cuando aquello vimos y nos parecieron las paces ser verdaderas, dimos muchas gracias a Dios, porque estábamos ya tan flacos y trabajados con las guerras, y sin saber el fin que habría dellas”. Le saca a Bernal de quicio que el cronista Gómara comente que los soldados se le querían amotinar a Cortés. Dice que “nunca capitán fue obedecido con tanto acato y puntualidad, y las palabras que le decían era para bien aconsejarle y porque les parecía que estaban bien dichas”.

     (En la foto, una estatua situada también en Tlaxcala-Xicohtencatl, pero de otro de sus héroes patrios: Tlahuicole. Su lucha fue contra Moctezuma, y anterior a la llegada de los españoles; quizá, de haber tenido la oportunidad, se hubiese unido a Cortés para tomarse la revancha contra los aztecas).


viernes, 3 de junio de 2016

(Día 285) AUNQUE DESMORALIZADOS POR LA DERROTA, los TLAXCALTECAS lanzaron un tremendo ataque por sorpresa, pero fracasaron. BERNAL alaba sentidamente a Dª MARINA (la Malinche). LOS TLAXCALTECAS, por fin, parecen decididos a una paz definitiva.

(37) -¿Te has dado cuenta, discípulo mío, que somos colegas?: yo fui Tesorero Real, y tú Secretario Real; altísimos funcionarios.
     -Habla por ti, mi señor, que yo jugaba en tercera división. Continuemos en compañía de Bernal, ese ilustrísimo soldado raso. Dice que en la peligrosísima batalla apresaron a tres indios principales. Lo que hizo Cortés con ellos fue mandarlos de vuelta a su pueblo “para que rogaran a los caciques de Tlaxcala que vengan de paz y nos den paso por su tierra para ir a México”. Pero, aunque tristes y desmoralizados por la derrota, los indios pensaron que podrían vencer luchando de noche, y Xicotenca lanzó un tremendo ataque por sorpresa, “y como estábamos tan acostumbrados a dormir siempre calzados y vestidos, y los caballos ensillados y enfrenados, con todo género de armas muy a punto, les resistimos con las escopetas y ballestas y estocadas, y de presto les hicimos volver las espaldas; mataron a un indio de nuestros amigos de Cempoal e hirieron a dos soldados y un caballo”. ¿Fatigoso, no?
     -Y que lo digas, piccolino. A Bernal le viene vivísimo el recuerdo del estado de ánimo de toda la tropa en aquel preciso momento: “Cuando amaneció, nos vimos todos con heridas (muchas, anteriores) y muy cansados, y otros enfermos y entrapajados (vendados con trapos), y ya se habían muerto sobre 45 soldados, y aun nuestro capitán, Cortés, tenía calenturas. Y dábamos en pensar qué fin tendría esta guerra, y si acabase, qué sería de nosotros, porque entrar en México lo teníamos por cosa recia. Y no sabíamos nada de los que quedaron en la Villa Rica, ni ellos de nosotros”. Y de repente, soñador poeta, el sin duda enamorado Bernal nos agasaja con una loa a nuestra india preferida: “E doña Marina, aun siendo mujer de la tierra, qué esfuerzo tan varonil tenía, que oyendo cada día que nos habían de matar y comer nuestras carnes con ají (chile mexicano), y habernos visto cercados en las batallas, y agora todos heridos y dolientes, jamás vimos flaqueza en ella, sino un muy mayor esfuerzo que de mujer”. Se queja luego de que el cronista Gómara, que siempre ensalza a Cortés, nunca habla del mérito de los soldados, “sino que todo lo que escribe es como de quien va a bodas y lo hallábamos todo hecho”. Sigo yo, peque. 
     Recordemos que Bernal escribió su magnífico libro al sentirse ‘cabreado’ por la crónica de Gómara, encargada por Martín Cortés para mayor gloria de su padre. Por eso, sin quitarle ningún mérito al gran capitán (ni perdonarle merecidas críticas), pone siempre de relieve la heroica contribución de toda la tropa. Dice después Bernal que mandaron de nuevo un mensaje de paz con otros tres indios que habían apresado: “Cuando llegaron a Tlaxcala los mensajeros, estaban en consulta los dos caciques principales, que se decían Maseescasi y Xicotenca el Viejo (padre del apasionado rebelde). Y desque oyeron la embajada, estuvieron suspensos un rato, y quiso Dios inspirar en sus pensamientos que hiciesen paces con nosotros. Y luego fueron a llamar a todos los caciques que había en sus poblaciones. Y ya todos juntos, les hicieron un razonamiento”. Básicamente, les hablaron de las buenas maneras de los españoles, que devolvían a los presos, y de la crueldad con que eran tratados por los mexicanos; y de que lo más acertado era aliarse con gente tan poderosa en la batalla para poder liberarse del yugo de Moctezuma. “Y a todos los caciques les pareció bien, y decidieron que se hicieran paces, y que se avisara a los capitanes que  dejaran de luchar”. Cortés y los suyos están a punto de conseguir uno de sus mayores logros, la llave para alcanzar México. ¿Pero…?: “Enviaron cuatro principales con el mensaje para los capitanes, y Xicotenca el (complicado) Mozo no los quiso escuchar, y  mostró tener enojo y los trató mal de palabras”.

     (Foto: a cada uno lo suyo; para los mejicanos Xicoténcal se ha convertido en un héroe del indigenismo, y le han colocado esa estatua en Tlaxcala, que, desde 1932, se llama Tlaxcala-Xicohténcatl).


jueves, 2 de junio de 2016

(Día 284) DURÍSIMA BATALLA CON LOS TLAXCALTECAS. Aunque agotados, los españoles, para no mostrar debilidad, les atacan de nuevo. Los aliados TOTONACOS se ensañan sin control con los TLAXCALTECAS. Los españoles apaciguan su miedo confiando en Dios. Salieron victoriosos, pero los indios no se rindieron.

(36) –No nos olvidemos de nuestra querida doña Marina, soñador.
     -Tú y yo sabemos, poético abad, que permanece en la sombra, pero influyendo con su presencia al lado de Cortés; ahora más que nunca, porque se ha convertido en su amante desde que Puertocarrero partió para España. El mancebo Bernal no aguantará mucho sin  hablar de ella. Pero dejémosle que siga con la batalla contra los tlaxcaltecas: “Y tengo para mí que les matamos entonces  4 capitanes; luego se retiraron y se llevaron la yegua, a la que hicieron pedazos para  mostrarlos en todos sus pueblos (como prueba de que los caballos eran vulnerables)”. Siguió durísima la pelea, pero más tarde supieron que se sintieron derrotados “porque les matamos muchos indios, y entre ellos 8 capitanes muy principales; y desque nos vimos con victoria, dimos muchas gracias a Dios Nuestro Señor; y con el unto del indio que ya he dicho, se curaron nuestros heridos, que fueron 15, y murió uno de ellos, y también se curaron 4 caballos. Y al otro día, dijo Cortés que era mejor ir nosotros a acometerlos, para que no sintieran nuestra flaqueza”. Salieron 7 jinetes, unos 200 soldados y sus amigos totonacos,  dejando una reserva en el ‘real’ (acuartelamiento).
     -Alto, socio, porque tenemos que fijarnos en un detalle importante: la forma de actuar de los indios amigos. Vamos a ver un pequeño aperitivo de la ‘vista gorda’ que harán los españoles sobre su comportamiento, dependiendo de las circunstancias: en las batallas decisivas, les recompensaban su valor y sacrificio ‘disimulando’ (como decían ellos) verdaderas salvajadas. Sigue Bernal: “Por los  pueblos prendimos veinte indios e indias sin hacerles ningún mal; y nuestros amigos, como son crueles, quemaron muchas casas. Y llegados al real, Cortés mandó que se soltasen los prisioneros, se les dio de comer y doña Marina y Aguilar les halagaron y les dijeron que no fuesen locos, que viniesen de paz”. Cortés los envió después, con los otros dos principales que tenían apresados, adonde el cacique Xicotenca (hijo) con el mensaje de que solo querían pasar por Tlaxcala para llegar adonde Moctezuma. La respuesta no fue muy educada: “Que fuésemos, y que harían las paces hartándose con nuestras carnes y honrando a sus dioses con nuestros corazones y sangre”. Supieron también que el ejército tlaxkalteca estaba unido y era terrorífico: 50.000 hombres.
     -Nunca lo tuvieron más difícil. ¿Cómo lo vieron, daddy?
     -Bernal no puede esconder el terror que sentían: “Y desque aquello supimos, como somos hombres y temíamos la muerte, nos confesamos con el padre de la Merced y con el clérigo Juan Díaz, que toda la noche estuvieron en oír de penitencia y encomendándonos a Dios que no fuésemos vencidos”. Fue tan importante el día de la batalla, que Bernal da la fecha, 5 de setiembre de 1519, y explica el perfecto orden con que diseñaron el ataque, “y supimos cierto que vendrían con intención de no dejar ninguno de nosotros con vida sin que fuera sacrificado a sus ídolos”. La lucha fue feroz, “y una cosa nos daba la vida, y era que como estaban muy amontonados, los tiros les hacían mucho mal, y demás desto el Xicotenca no era obedecido por dos capitanes que le eran contrarios, y como ya peleaban de mala gana y veían que les hacíamos mucho daño, comenzaron a aflojar. Y desque nos vimos libres de aquella multitud, dimos muchas gracias a Dios. Nos mataron a un soldado e hirieron a más de setenta y a todos los caballos. A mí me dieron dos heridas, una pedrada en la cabeza y un flechazo en el muslo, mas no eran para dejar de pelear, y asimismo lo hacían todos los que estaban heridos”.

     (En la foto, la habitual misa antes de la batalla: eran brutales, pero creyentes, y solo podían mantener a raya el pánico con el consuelo de la fe. Aunque estuvieran en la retaguardia, también muchos clérigos acababan masacrados).


miércoles, 1 de junio de 2016

(Día 283) Llegaron a ZOCOTLÁN, y vieron por 1ª vez otra cara del horror: los TZOMPANTLIS con calaveras ensartadas. Allí intentan los indios que vayan por una mala ruta, pero los totonacos les advierten a los españoles del peligro. El encuentro con los TLAXCALTECAS (luego los mejores amigos de los españoles) FUE MUY VIOLENTO.

(35) –Y Cortés, querido secre, seguía ganándose  a los indios.
     -Aprovechaba hasta la peor oportunidad, reverendo. Los de Zocotlán estaban llenos de curiosidad por los extraños visitantes; así que utilizó su asombro de ‘pardillos’ para exagerar la fiereza de los perros, el poder de los caballos y la fuerza destructiva de las armas de fuego. Para rematar la faena, los indios de Cempoala les contaron al detalle lo que les habían visto hacer a los españoles, y cómo gracias a ellos se encontraban libres del yugo de Moctezuma. Terminaron diciéndoles: “Andad presto y traedles algún presente. De manera que traíamos con nosotros buenos echacuervos (alcahuetes, liantes), porque de seguido trajeron adornos de oro, aunque era muy bajo. Y también trajeron 4 indias que fueron buenas para moler pan”. Pero luego vieron otra cara del horror.
     -Así es, florido poeta. Resultó nuevo para ellos: “Acuérdome que tenían puestos en una plaza tantos rimeros (conjuntos) de calaveras que se podían contar por miles, y en otra parte muchos rimeros de zancarrones (Bernal habla con propiedad: huesos grandes descarnados), y tenían en unas vigas muchas cabezas colgadas, y lo estaban guardando tres papas. Esto lo tuvimos que mirar después en todos los pueblos”.  Así que era típica de la cultura azteca esa ‘instalación’, conocida con el nombre de ‘tzompantli’. Pero el ‘simpático’ cacique les dio un consejo envenenado, y tanto que, de haberlo seguido, es muy probable que todos los españoles terminaran como los que acababan de ver ensartados. Trataron de convencerles de que se olvidaran de la ruta de Tlaxcala y fueran directos a México por Cholula, con el argumento de que el camino era más corto. Menos mal que los totonacos dejaron las cosas claras: “Y los de Cempoala le dijeron a Cortés: ‘Señor, no vayas por Cholula, que son muy traidores y tiene allí siempre Moctezuma sus guarniciones de guerra’; y que fuésemos por Tlaxcala que eran sus amigos, y enemigos de los mexicanos. Y así acordamos tomar el consejo de los de Cempoala, que Dios lo encaminaba todo”.
     -Sí, reverendo; pero parece que el Señor escribía derecho con renglones muy torcidos, porque en Tlaxcala se complicaron estúpidamente las cosas, y después, aunque mucho mejor preparados, habrían de pasar forzosamente por la temible Cholula. Seguro, dottore, que nos explicas bien el laberinto que fue Tlaxcala.
     -Siempre tan precavido, Cortés hizo alto en un pequeño pueblo, desde donde envió a dos totonacos con un mensaje pacificador para los tlaxcaltecas. La cosa salió tan mal que apresaron a los dos infelices. “Y esto fue porque, como sabían que  llevábamos en nuestra compañía muchos amigos indios que daban tributo a Moctezuma, tuvieron por cierto que íbamos contra ellos”. Los dos totonacos lograron escapar, pero trayendo pésimas noticias del ambiente de guerra que habían visto. “Y desque lo supimos, dijimos todos: ‘Pues que así es, adelante en  buenahora’ E yendo así, nos vinieron de frente hasta 6.000 indios (Bernal no era de los cronistas que más exageraban), con gritos, tambores y trompetilla, flechando y tirando varas, con su capitán, que se decía Xicotenca (era el soberbio y terco hijo del cacique principal; se convertiría en la  peor pesadilla para los españoles)”. El encontronazo fue terrible: “Decidieron cogernos algún caballo, y echaron mano a una muy buena yegua y al buen jinete que se decía Pedro Morón; le agarraron de la lanza y le hirieron malamente; y entonces  dieron una cuchillada a la yegua que le cortó el pescuezo en redondo, y colgado del pellejo (buen pintor expresionista), allí quedó muerta; y todavía pudimos salvar al Morón y quitárselo de poder, que ya lo llevaban medio muerto; y quitamos la cincha de la yegua por que no quedase allí la silla”.

     (Eso que ven vuesas mersedes en la foto es un muro del Templo Mayor de México: ahí dejaron los aztecas reproducido en piedra cómo quedaban ensartadas en los tzompantlis las calaveras de sus víctimas ritualmente sacrificadas; era el ‘atractivo’ reclamo que los españoles iban viendo por el camino).