martes, 16 de agosto de 2016

(Día 359) Se va fraguando la traición de CRISTÓBAL DE OLID. Animado por el gobernador VELÁZQUEZ, decide hacerlo. BERNAL describe a OLID. CORTÉS tardó 8 meses en enterarse, pero la reacción fue instantánea: mandó una armada para apresar a OLID.

(412) –Vamos allá, poético jubilado, con el ‘sin ventura’ Olid.
     -Y veremos, por desgracia, ilustrísimo abad, cómo Cortés podía ser implacable con otros que tenían las mismas manchas que él. Bernal anticipa el caldo de cultivo de la armada que partió hacia Honduras bajo el mando de Cristóbal de Olid. Deja claro que Cortés obligaba a los soldados  a salir de expedición: “No aprovechaba nada decirle: ‘Señor, déjame descansar, que  harto estoy de servir’. Y Olid llevó muchos soldados que  no estaban a bien con Cortés por los malos repartos de indios y de oro”. Iban en seis navíos y llegaron primero a La Habana para aprovisionarse. Allí empezaron los enredos mefistofélicos: “Cinco soldados que eran personas de calidad, pero muy bandoleros y bulliciosos, aconsejaron al Cristóbal de Olid que, ya que iban  a tierra con fama de rica, que se alzase presto a Cortés”. Por si fuera poco, actuaban en representación “del gobernador Diego Velázquez, enemigo mortal de Cortés, que vino adonde estaba la armada, y se concertó que él y Olid se quedaran con Honduras en nombre de Su Majestad, a quien se haría sabedor dello”. Y como Bernal conoce el triste final, nos retrata ahora a Olid.                     -Dado que era tan amante del detalle como Nabocov (vete aprendiendo, voluntarioso escribano), lo pinta así: “Si Cristóbal de Olid fuera tan sabio y prudente como era esforzado y valiente, a pie y a caballo, sería extremado varón; mas  no era para mandar, sino para ser mandado. Tenía unos 36 años, natural de Baeza o Linares, de buen cuerpo, muy membrudo y gran espalda, bien entallado, algo rubio y con buena presencia en el rostro; y traía el belfo (labio) de abajo como hendido, a manera de grieta. Su plática era algo gorda e imponente, de buena conversación, y tenía también la condición de ser generoso. Al principio, cuando estaba en México, fue gran servidor de Cortés, pero esta ambición de mandar y  no ser mandado le cegó; y asimismo por causa de los malos consejeros; además fue criado en casa de Diego Velázquez cuando mozo, y su lengua de indios (intérprete) en la isla de Cuba, de manera que le reconoció el pan que comió, aunque más obligado estaba a Cortés que a Velázquez”. Qué terrible inquina la de este gobernador, que no abandonó nunca el intento de liquidar a Cortés, aunque le quedaba poca cuerda: murió el año siguiente. Observen vuesas mersedes  que Olid acaba de hacerle a Cortés lo que este le hizo a Velázquez, traicionarle. Continúa Bernal: “Hecho este concierto con Velázquez, llegó Cristóbal de Olid a una bahía, fundó una población y la llamó Triunfo de la Cruz, nombrando como alcalde y regidores a los que Cortés le había mandado, y tomó posesión en nombre de Su Majestad y de Hernán Cortés. Y todo esto lo hacía para que los amigos de Cortés no entendiesen que iba alzado”. Olid planeaba un doble juego: “Si había buenas minas y tierra muy poblada, alzarse con ella; de no ser así, volverse a México, a su mujer y repartimientos de indios, y disculparse con Cortés diciéndole que el trato que había hecho con Velázquez era solo para que le diese bastimentos y soldados”. La lejanía del destino le permitió a Olid mantenerse a salvo de las garras de Cortés, que tardó más de ocho meses en enterarse de que era un hombre engañado. Pero la reacción fue instantánea: “Como Cortés era muy animoso y no se dejaba burlar en tales casos, acordó enviar a Francisco de las Casas, persona de la que se podía fiar y era su deudo, contra el Cristóbal de Olid, con cinco navíos y 100 soldados. Llegaron a la bahía de Triunfo de la Cruz con banderas de paz, pero Olid no las tuvo por ciertas, y preparó dos carabelas para  no dejarles saltar a tierra”. La situación va a resultar de lo más complicada.  No se impacienten sus señorías, que mañana se lo contamos todo.

     Foto: Los datos de Bernal siempre son real. Todavía existe en Honduras la población Triunfo de la Cruz, fundada por Olid el 3 de mayo de 1524, día de esa conmemoración religiosa, “a unas 15 leguas (unos 85 km) de Puerto Caballos (ahora, Puerto Cortés)”. No va a tener nada fácil Francisco de las Casas el trabajito que le encargó Cortés, porque Cristóbal de Olid era uno de los militares más notables y eficaces de las durísimas campañas de la Nueva España.


lunes, 15 de agosto de 2016

(Día 358) Tomado México, CORTÉS organiza la expansión de su dominio. TRES DE SUS CAPITANES alcanzarán gran protagonismo. ALVARADO ejecuta a un cacique traicionero. BERNAL critica los procedimientos de ALVARADO. Pronto caerá en desgracia CRISTÓBAL DE OLID.

(110) -Qué variados destinos, socio, los de los capitanes de Cortés.
     -Hubo de todo, santo clérigo. Conquistado México, se nos cambian los decorados, y los actores interpretarán también papeles diferentes, pero casi siempre muy dramáticos. Seguiremos viendo la valía de Sandoval, pero así mismo su sencilla muerte, de pura enfermedad como cualquier labriego, al llegar a España en un viaje que hizo con Cortés; fue en 1528 y solo tenía 31 años. Alvarado y Olid morirán ejerciendo los dos como militares, pero de qué forma tan distinta el uno del otro. Asistamos a lo que sería el inicio del gran protagonismo histórico que iba a alcanzar Pedro de Alvarado (al que los indiios llamaban Tonatio, “rubio como el sol”). Escuchemos a Bernal: “Como Cortés tuvo siempre los pensamientos muy altos, quiso en todo remedar a Alejandro Magno; después que hubo poblado (de españoles) la gran ciudad de México, tuvo noticia de que en la provincia de Guatemala había recios pueblos e minas, y acordó enviar a conquistarla y poblarla a Pedro de Alvarado”. Partió para allá el 13 de noviembre de 1523. Llevaba unos 450 soldados, más los consabidos indios, no demasiados, pero de todos los pueblos que ya eran amigos: tlaxcaltecas, cholultecas y mexicanos. No era un viaje de placer, así que por el camino las escaramuzas fueron constantes, aunque con buen balance, “por manera que, de aquellas victorias, ya temían aquellos pueblos mucho al Alvarado, y los indios concertaron en aquella comarca de Utlatan demandarle paces”. Era una trampa, y Alvarado, que lo supo a tiempo, les siguió la corriente: “No pudiendo ya disimular más la traición que tenían urdida, mandó prender al cacique principal y, por justicia, le mandó quemar, y  dio el señorío a su hijo”. Una vez más en las ajetreadas andaduras de los españoles, a Alvarado le cayó como una bendición la enemistad entre indios: “En el gran pueblo de Gautemala se supo que Pedro de Alvarado había salido vencedor en todas las batallas, y como los de Utlatan eran enemigos suyos, acordaron enviar mensajeros con presentes de oro y darse por vasallos de Su Majestad, y Pedro de Alvarado les recibió de buena voluntad”. Va a pasar luego algo que le irá dando fama a Alvarado, a pesar de su encanto personal, de excesivamente duro y con  pocos escrúpulos en el sometimiento de los indios. En Guatemala fue bien recibido, y el vasallaje pacífico. Matiza el tema, reverendo.     
     -Lo que ocurrió es que los indios amigos incitaron a los españoles para que machacaran a sus enemigos, con razón o sin ella: “Muchos de los pueblos que se habían hecho vasallos de Su Majestad se quejaron de que  los de Izquintepeque eran malos y les saqueaban. Y dieron otras muchas quejas, e no fueron verdaderas. Y el Pedro de Alvarado fue contra ellos por les robar muy hermosas indias, e sin llamarles antes de paz, haciendo mucho daño y presa. Y valiera más que así no lo hiciera, sino conforme a justicia, que fue muy mal hecho e no como lo que mandaba Su Majestad”. Lo que demuestra que, en medio de toda aquella brutalidad, había unas reglas de conducta para ponerle cierto límite, y en la conciencia de Bernal estaban muy claras. Veremos cómo Pedro de Alvarado fue liderando empresas de gran envergadura, llegando a ser el gobernador de Guatemala. La otra cara de la moneda será Cristóbal de Olid: un empeño en prosperar parecido al de Alvarado, traerá como consecuencia que Cortés ordene su ejecución. Vayamos tirando del hilo: “Como Cortés tuvo noticias de que había ricas tierras y buenas minas en lo de Higueras y Honduras, envió allá con una armada al capitán Cristóbal de Olid, creyendo que le sería fiel y haría lo que le encomendase. También quería Su Majestad que se buscase el estrecho o pasaje para la Especiería”. Dejemos la historia en este punto. Como muy bien saben vuesas mersedes, tal paso acuático dejó de ser un sueño solamente cuando el franchute Lesseps, a finales del siglo XIX, hizo la machada de iniciar, con espantosa quiebra financiera de por medio, el proyecto del canal de Panamá; así que, como no existía ningún enlace marítimo hacia el Pacífico, se esfumó la prematura esperanza de Carlos V, y hubo que conformarse con la ruta que ya había descubierto Magallanes casi por el fin del mundo.

     Foto: Mapa de México y Centroamérica. Derrumbado el imperio azteca, había que disfrutar de sus viejos dominios, e incluso más allá. Sandoval sometió al cacique de Colima (al norte de Acapulco). Cortés mandó a Alvarado y a Olid, respectivamente, a las zonas de Guatemala y Honduras (a 2.000 km desde Tenochtitlán). Lo que Bernal llama las Higueras, que pronto se conoció como las Hibueras, viene a ser lo mismo que Honduras. En el gráfico se ve bien lo descaminada que era la idea de encontrar un paso marítimo al Pacífico por esas tierras. Tenían que andar también con mucho cuidado con el vecino de abajo, el temible Pedrarias Dávila, que dominaba Panamá y pretendía Nicaragua.


domingo, 14 de agosto de 2016

(Día 357) DESASTRE por culpa de las indisciplinadas tropas de GARAY. Los indios matan a más de 500 españoles. El competente SANDOVAL pone orden, y CORTÉS alaba su enorme valía. Se juzgó a los caciques rebeldes, ejecutando a varios, y nunca más hubo problemas. Llega a MÉXICO el licenciado ZUAZO, y también CORTÉS “se lo trabaja”.

(109) –Qué peligrosas, joven, las tropas sin un  jefe con  autoridad.
     -Lo vamos a ver, docto clérigo, en la propia salsa de los soldados de Garay, quien, aunque había perdido el respeto de muchos soldados, seguía siendo oficialmente el representante del rey y cabeza única del mando. Lo peor ocurrió cuando se fue a México para negociar con Cortés; su ejército se quedó en la zona de Pánuco bajo el precario control de su joven hijo, pero ni los capitanes (entre ellos Juan de Grijalva) ni los soldados “le acataban, sino que se juntaban en grupos y andaban robando por los pueblos y tomando las mujeres por fuerza como si estuvieran en tierra de moros. Y cuando lo vieron los indios, se concertaron para los matar, y en pocos días sacrificaron y comieron a más de 500 españoles”. Incluso se atrevieron a atacar la Villa de Santisteban, fundada por Cortés, matando a Vallejo, el capitán que regía la población. “Y Cortés tuvo tanto enojo, que de presto mandó a Sandoval que fuese con 150 soldados y 8.000 tlaxcaltecas y mexicanos. Como era muy ardido  (intrépido) y cuando le mandaban cosa de importancia  no dormía, no tardó en llegar”. Pero tuvo que pelear duramente y sin tregua hasta poder entrar en la villa. “Los vecinos le dieron gracias y loores por haber ido a socorrerles”. Todo cambió, porque, por fin, había disciplina y mando. Como de costumbre, Bernal ensalza las virtudes de su admirado amigo Sandoval. Tocaba después seguir con la tarea, que no era fácil. Orillando a los revoltosos capitanes de Garay, Sandoval mandó a siete “de los de Cortés”, que, al frente de varios grupos, “fuesen a por maíz y bastimento, y a hacer guerra, prendiendo solamente a los caciques que mataron a los españoles; resultó que apresaron hasta 20 que habían tenido que ver en la muerte de más de 500 soldados de Garay”. Sandoval le escribió a Cortés solicitando órdenes al respecto. “Y al saberlo, se holgó mucho de que la provincia estuviese otra vez en paz, e dijo Cortés delante de todos sus capitanes: ‘¡Oh, Gonzalo de Sandoval, qué en gran deuda os soy, e cuántos trabajos me habéis quitado!’. Y allí todos le loaron mucho diciendo que era muy extremado capitán, e que se podía nombrar entre los  más afamados. Luego Cortés escribió diciendo que enviaba a Diego de Ocampo para que se hiciese información contra los caciques, e lo que se sentenciase por justicia, se ejecutase”. Nunca faltaba el ropaje del protocolo. Prosiga el mosén.
     -Pero la decisión, hijo mío, ya estaba tomada de antemano: el juicio no era más que una forma de ‘vestir el muñeco’. En cuanto llegó Ocampo, “hicieron proceso contra los capitanes e caciques que mandaron la muerte de los españoles, y, por sus confesiones, se pronunció sentencia contra ellos; quemaron y ahorcaron a algunos, y a otros los perdonaron, y dieron los cacicazgos a sus hijos y hermanos, según convenía en Derecho”. También se puso remedio al conflicto entre españoles, “y se mandó que se embarcase en un navío a los alborotadores, enviándolos a la isla de Cuba. Hecho esto, Sandoval y Ocampo dieron la vuelta para México, y fueron bien recibidos de Cortés y de toda la ciudad. Y desde en adelante no se tornó más a levantar aquella provincia”. Así, pues, santo remedio: Sandoval rara vez fallaba.
     En esas fechas llegó a México el licenciado Alonso de Zuazo (a quien alude certeramente mi queridísimo secretario en la maravillosa biografía que me ha escrito). Le había rogado Garay que, como influyente funcionario real, intermediara ante Cortés para que le respetara sus derechos de exploración. Pero llegó cuando ya había fallecido Garay, y tras un viaje por mar muy accidentado. Para salvarse en una islita, “echaron muchos tocinos al agua y otras cosas, con el fin de aligerar el navío, y fueron tantos tiburones a los tocinos, que encarnizados con ellos, apañaron a uno de los marineros que bajaron al agua, lo despedazaron y lo comieron”. Consiguió Zuazo llegar a  México, y Cortés lo recibió por todo lo alto, ‘trabajándole’ tan primorosamente, por si acaso, que hasta le hizo alcalde mayor de la ciudad.

     Foto 1ª.- Por nadie muestra Bernal más afecto que por Gonzalo de Sandoval, algo más joven que él y, los dos, mancebos en aquel tiempo. Era de Medellín, como Cortés. El monumento de la foto está dedicado al cacique Coliman, muy duro de pelar, y está dedicado a un episodio anterior. Cristóbal de Olid lo sometió, pero volvió a rebelarse cuando el implacable, pero enamoradizo, capitán retornó a México presuroso para caer en brazos de su bella esposa (Bernal dixit). Foto 2ª.- Fue Sandoval el que  remató la faena. En el relieve que hay debajo de la poderosa figura de Coliman, se ve cómo el cacique hace las paces con él. Fueron tan definitivas que Sandoval fundó entonces la ciudad de Colima (costa del Pacífico), que es donde  se le ha erigido esa estatua al cacique peleón.



sábado, 13 de agosto de 2016

(Día 356) Se encuentran en MÉXICO los dos derrotados, NARVÁEZ y GARAY, y reconocen la grandeza de su vencedor, CORTÉS. Muere GARAY, y nuevamente surge el rumor de que lo ha asesinado CORTÉS, cosa que BERNAL niega rotundamente.

(108) –Qué espectáculo, coleguita: Narváez y Garay con Cortés.
     -Tres grandes personajes, querido Sancho, uno rebosante de gloria, y los otros dos con el orgullo malherido, pero todos caballerosos; aunque el fondo del alma de Cortés era un misterio. Oigamos a Bernal: “Y llegado que fue a México Garay, el mismo Cortés y muchos caballeros salieron a recibirle, y Garay iba asombrado de ver tanta ciudades, y especialmente por la de México”. Le habló a Hernán de su mala fortuna y le pidió ayuda. “Cortés se ofreció de muy buena voluntad y se habló de casar  una hija suya, que se llamaba Catalina Pizarro, que era niña (tendría 9 años y nació fuera de su matrimonio), con un hijo de Garay, que venía como capitán en la armada; y también le prometió ayudarle para que fuese a poblar donde el río de Palmas. Y con estos prometimientos, Garay estaba muy alegre”. Puesto que luego hubo otro sospechoso enigma, Bernal anticipa una muestra de confianza en Cortés: “Yo tengo por cierto que así como lo había capitulado y ordenado, lo cumpliera”.  Garay se quedó en casa de un amigo, “porque Cortés estaba haciendo sus palacios, tan grandes y con tantos patios que parecían el Laberinto de Grecia. Como estaba en  México Pánfilo de Narváez vino a ver a Garay, y abrazándose el uno al otro, se pusieron a hablar de sus trabajos y desdichas; y Narváez, medio riendo le dijo: ‘Hanme dicho que solía decir vuestra merced a sus capitanes que pelearan muy bien con los soldados de Cortés, para que no les tomaran descuidados como tomaron a Narváez. Pues sabed que nunca me han vencido descuidado, y que no ha habido en el mundo otro hombre más venturoso que Cortés, que lo ha sido como Octaviano, y, en el vencer, como Julio César, y, en el trabajar en las batallas, más que Aníbal’. A lo que respondió que en sus obras se veía. Luego Garay suplicó a Cortés que le diese licencia a Narváez para volver a Cuba con su mujer, que estaba rica de minas. Cortés lo concedió, y le ayudó con dos mil pesos”. Pero hay heridas que cierran en falso: más tarde Narváez, ya en España, testificó contra Cortés. ¿Qué fue de Garay, daddy?
     -Otro misterio, peque: “La noche de Navidad de 1523, después de maitines, almorzaron Cortés y Garay con  mucho regocijo, y, después de una hora, con el aire que le dio a Garay, que ya estaba mal dispuesto, le dio dolor de costado con grandes calenturas”. ¿Y? A ver cómo lo explicamos. Cortés, irremediablemente, provocaba envidias. Sus abusos dieron origen al odio; el odio de sus enemigos se cebó en él buscándole la ruina en virulentos procesos; y esos procesos incidieron principalmente en lo más grave: posibles asesinatos. Nadie le tenía más ganas que mi sobrino, el oidor Juan Ortiz de Matienzo, deseoso de degollarlo, a ser posible con cuchillo herrumbroso y mellado, y en sus manos estaba toda la instrucción judicial.
     Pero también de estas guerras salió bien librado. De sobra conocía Bernal todas las habladurías contra su gran jefe; pero solo le criticaba en cosas probadas. Una de las acusaciones contra Cortés fue la de haber envenado a Garay. Bernal, después de decir que se había puesto malo, reduce su versión a esto: “Mandaron los médicos sangrar y purgar a Garay, y desque vieron que arreciaba el mal, le dijeron que se confesase e hiciese testamento. Dejó por albacea a Cortés (prueba evidente de que confiaba en él), y, a los cuatro días de tener el mal, dio el alma a Nuestro Señor, que la crio. Y esto tiene la tierra de  México, que en tres o cuatro días morían de aquel mal de costado muchos de nuestros soldados en Texcoco y Coyoacán. Pues ya muerto Garay –perdónele Dios, amén- le hicieron muchas honras en el enterramiento, y Cortés y otros caballeros se pusieron de luto. Y como algunos maliciosos estaban muy mal con Cortés, decían que le había dado rejalgar (arsénico) en el almuerzo, y fue gran maldad decirlo, porque ciertamente de su muerte natural murió, porque así lo juraron sus médicos (probablemente en el juicio posterior)”.

     Foto 1ª.- Francisco de Garay se merece una extensa biografía, y es injusto que no la tenga. Llegó a Indias nada menos que  el año 1493, en el segundo viaje de Colón. Se hizo tan rico que construyó la primera casa de piedra del Nuevo Mundo, en Santo Domingo: la de la foto, conocida como Casa del Cordón. Foto 2ª.- Ese adorno, que contradictoriamente representaba la pobreza y la humildad franciscanas, se hizo muy popular en los palacios de la época: basta recordar la maravillosa Casa del Cordón que construyeron en Burgos los poderosos Velasco.



viernes, 12 de agosto de 2016

(Día 355) El poderoso FRANCISCO DE GARAY intenta de nuevo, con una enorme flota, competir con CORTÉS. Todo le va a salir mal: gran parte de sus hombres se cambia de bando, pierde autoridad ante el resto y, consciente de su incapacidad, le pide acogida a CORTÉS.

(107) –Esto ya es de risa, viejo seductor: Garay ataca de nuevo.
     -Uno se pegunta, generoso abad, cómo es posible que Cortés aguantara vivir en un continuo sobresalto: no se ha visto caso semejante. Es como si enemigos sin fin esperaran su turno en la cola para pelear con él. Francisco de Garay (sí, el de Sopuerta), ya había enviado algunos navíos de tanteo a explorar por la costa de México, con un rotundo fracaso que hasta le benefició a Cortés en armamento y hombres: “Pero como era rico y gobernador de Jamaica (y tú, reverendo, su abad), cuando supo de la buena ventura de Cortés y de las grandes ciudades que había descubierto, tuvo más envidia e codicia, y le nació la voluntad de venir en persona y traer la mayor armada que pudiese. Preparó 13 navíos, juntó 136 de caballo y 840 soldados, y partió de Jamaica el día 24 de junio de 1523. Pero cuando supo que, con 266 soldados, habíamos desbaratado a Pánfilo de Narváez, que tenía más de 1.300, temió la fortuna de Cortés, y tomó juramento a todos sus soldados de que no le desampararían e que le obedecerían como  capitán general”. Sus temores se harían poco a poco realidad, porque, ni su riqueza ni la impresionante expedición que había preparado fueron suficientes para evitar que todo quedara absorbido por el poderoso magnetismo del “divino” Cortés. Algunos soldados se le iban amotinando o huyendo a México. Pedro de Vallejo (probable menés, como tú, my dear), que estaba al mando en una villa próxima controlada por Cortés, “prendió a cuarenta soldados de Garay que estaban descuidados, y ellos tuvieron por buena su prisión; y cada día se le marchaban muchos soldados a Garay, que anochecían y no amanecían en el real. Llegaron al puerto unos enviados de Cortés, tuvieron pláticas secretas con los capitanes de Garay que estaban en los navíos, y se concertaron para entregarse. Luego le requirieron a Juan de Grijalva que también lo hiciese con su navío, y respondió tirando muchos tiros. Pero cuando vio que todas las naos se habían pasado a Cortés, así lo hizo él con su nao capitana (es extraño que Bernal solo diga, como de pasada, que el capitán Juan de Grijalva iba con Garay, sin  explicar que se trataba, nada menos, del que fue su admirado jefe en la 2ª expedición a México, la anterior a la de Cortés)”. Garay quedó abrumado, y no vio otra salida sino la de renunciar a México como objetivo de la expedición.  No dio la talla tu amigo.
     -Pero es comprensible, mozuelo. La enorme sombra de Cortés se tragó a Garay. Se dio cuenta de que era un rival invencible, “y pidió a los capitanes de Cortés que le diesen sus naos y todos sus soldados, porque quería ir a poblar a otra parte, al río de las Palmas; le respondieron que así lo harían”. Se dispuso Garay a recoger en su redil todas las ovejas que se le habían descarriado, “y, aunque les amenazaba con penas, era pregonar en balde, que hasta le decían que no era capitán para saber mandar ni hombre de guerra, por lo que Garay estaba desesperado”. Tan desesperado que se rebajó a escribirle a Cortés “comunicándole sus desdichas y trabajos, y pidiéndole que le recibiera, encomendándose a él, pero de manera que no fuese disminuida su honra. Y Cortés, viendo su carta, tuvo pena de él, y le respondió con mucha mansedumbre diciéndole que se viniera a México”. Me parte el alma, discípulo amado, ver a hombre tan prominente, de larga y victoriosa experiencia militar en Cuba bajo el mando del gobernador Velázquez, tan exitoso en sus negocios, inmensamente rico, gobernador de mi amada isla de Jamaica, de la que los dos éramos las máximas autoridades, perder de la noche a la mañana toda su poderosa armada naval, como por ensalmo, sin ningún enfrentamiento, simplemente porque el seductor Cortés le guiñó el ojo a sus soldados y se fueron todos tras él, dejando  a Garay abandonado como si de un barato folletín amoroso se tratara.

     Foto.- Please: que no se me alboroten los republicanos. El año 2009 visitaron los reyes Jamaica (por ahí aparece Trinidad Jiménez, y hasta asoma la cabecita de  Moratinos), y, desde la capital actual, Kingston, los llevaron a visitar la antigua, donde los vemos siendo recibidos por la autoridad local; los ingleses la llamaron Spanish Town, pero su nombre original fue Villa de Nuestra Señora de la Vega. Que sirvan estas palabritas como homenaje a su fundador, el, por muchos conceptos, ilustre Francisco de Garay. Aunque circula por ahí el dato de que estableció la población en 1534, yo les puedo asegurar que recibí con todos los honores en Quántix, el Reino de la Risa, a ese gran vizcaíno a finales  del año 1523.


jueves, 11 de agosto de 2016

(Día 354) MUERE CATALINA JUÁREZ, la primera mujer de CORTÉS, sospechoso de su asesinato. Conspiración contra PEDRO DE ALVARADO, el gran capitán que a veces actuaba con demasiado rigor.

(106) –Va a resultar, caro poverello, que Bernal era un guaperas.
     -Resulta cómico, dottore. En el grupo de soldados que iban con Sandoval había “tres que tenían el renombre de Castillo; uno dellos era muy galán y preciábase dello en aquellos tiempos, que era yo, y a esta causa me llamaban Castillo el Galán”.  Debía de tener las hechuras de su padre, el regidor de Medina del Campo, porque le conocían por el mismo apodo. Se permite esta frivolidad, y dice después: “Dejémonos de contar donaires y volvamos a nuestra relación”. Y lo que nos cuenta a continuación resultó trágico, y muy negativo para la imagen de  Cortés. Tema delicado: cuéntalo, reve.
     -Pues vamos por partes, joven. Sandoval y sus soldados establecieron una población, a la que le pusieron el nombre de Villa del Espíritu Santo (no muy lejos de la actual Veracruz). Se repartieron tierras de encomiendas de indios, y uno de los beneficiados fue Bernal, en la zona de Coatzacualcos. Arriba el telón y que empiece el drama: “Le vinieron cartas a Sandoval diciendo que  había entrado en el puerto del río Ayagualulco, que estaba a 15 leguas, un navío que traía de Cuba a doña Catalina Juárez, la Marcaida, que así tenía el sobrenombre, y era la mujer de Cortés. Fuimos por aquella señora y sus acompañantes, y se holgaron con nosotros. Sandoval se lo hizo saber muy en posta a Cortés, y luego se puso camino de México con todos. Y se dijo que, desque Cortés lo supo, le había pesado mucho de su venida, aunque no lo demostró, y mandó que les salieran a recibir en todos los pueblos del camino, haciéndoles mucha honra. Y en México hubo regocijo y juego de cañas. Y después de tres meses la hallaron a su mujer muerta de asma una noche, habiendo tenido un banquete el día anterior y en la noche una gran fiesta. Y porque no sé más desto que he dicho, no tocaremos en esta tecla. Otras personas lo dijeron más claro y abiertamente en un pleito que sobre ello hubo en la Real Audiencia de México”. Asunto muy turbio, secre, en el que los muchos enemigos que Cortés fue sembrando, y encabezados por mi sobrino el oidor de esa audiencia, Juan Ortiz de Matienzo, lo tuvieron contra las cuerdas. Iremos viendo otros casos en que Cortés fue sospechoso de asesinato por su tendencia al comportamiento maquiavélico y la abundancia de indicios, pero siempre se libró porque nada no se concretaba en certezas.
     Sigamos adelante. Desde su cuartel general en México, Cortés ostentaba su mando supremo (aún no confirmado por el rey) desbordante de todo tipo de actividad: administrativa, judicial y militar. No dejaba descansar a sus capitanes, y siempre brillan especialmente Olid, Sandoval (el preferido de Bernal) y Alvarado. El primero “había pacificado Colima, y como estaba casado con una portuguesa hermosa, dio la vuelta para México; pero enseguida se tornaron a levantar. Le mandó Cortés a Sandoval que fuera allá, y castigó a los caciques de Colima, dejando la tierra muy en paz, y nunca más se levantó (ya vimos el relieve que lo representa como fundador definitivo de esa ciudad colonial)”. Por su parte, Pedro de Alvarado fue cimentando su fama de implacable. En una de las refriegas, apresó a un cacique. “Algunos españoles de fe y crédito dijeron que lo hizo para sacarle mucho oro, y, sin  hacerle juicio, murió en prisiones. Lo cierto es que el indio le dio más de 30.000 pesos de oro (unos 120 kg); luego quedó de cacique su hijo, y le sacó mucho más que al padre. Cortés le escribió que todo el oro lo trajese para enviárselo a Su Majestad por causa que los franceses habían robado a Alonso de Ávila lo que llevaba a Castilla. E porque  no les daba su parte del oro, algunos soldados tenían hecha una conjuración para matarle a él y a sus hermanos, Jorge, Gonzalo y Gómez, todos Alvarado. Pero luego lo supo, y prendió a los que eran en la conjuración; y con juicio, ahorcaron a dos dellos, de manera que con estos dos apaciguó a los demás”.

     Foto 1ª. Es de suponer que la audiencia de México estaría en ese gran edificio de la plaza del Zócalo, el Palacio Nacional. Lo empezó a construir Cortés, y en sus dependencias corrió peligro de que mi sobrino Juan consiguiera que le condenaran por asesinato. Tampoco le haría ninguna gracia la bandera de Estados Unidos en el mástil: el grabado es de 1847, durante la ocupación gringa, que duró dos años. Foto 2ª.- Cortés, gran urbanista: tal y como la trazó, sigue en México intacta la espléndida plaza del Zócalo. A la izquierda se ve una parte de la catedral.



miércoles, 10 de agosto de 2016

(Día 353) LOS FRAILES JERÓNIMOS, máxima autoridad en Indias, esquivan las retorcidas intenciones del todopoderoso obispo FONSECA. CORTÉS se libra del incordiante ALONSO DE ÁVILA enviándolo a CASTILLA con un tesoro y cartas para CARLOS V. Se nos enternece SANCHO recordando anécdotas. El pirata francés FLEURY apresa a ALONSO DE ÁVILA.

(105) – Mon cher ami: los frailes jerónimos esquivaron a Fonseca.     
     -Bonne nuit, mon  chapelain: actuaron con astucia y sensatez; al fin y al cabo eran ellos los que más mandaban sobre el terreno en Indias: “Estaban entonces por gobernadores de todas las islas,  y nos dieron licencia para conquistar toda la Nueva España y herrar los esclavos, y repartir indios como se tenía por costumbre”. Pero se curaban en salud ante las posibles maniobras de tu amiguito Fonseca: “Y esta licencia que dieron fue hasta que Su Majestad fuese servido mandar otra cosa, porque entonces Su Majestad estaba en Flandes y era mancebo, y como sabían que el obispo de Burgos (Fonseca), que era  el presidente de Indias, nos era muy contrario, no le daban cuenta de muchos asuntos”. Cortés nunca paraba: dinos sus siguientes paso.
     -Avec plaisir, mon petit. Tenía que ganarse a un capitán problemático y con mucho carácter (del que ya hablamos): “Cortés tenía a Alonso de Ávila por hombre atrevido y no estaba muy a bien con él porque había sido criado del obispo de Burgos (Señor, Señor…), de manera que siempre procuraba  tenerle apartado de su persona, y por le contentar le dio ciertos pesos de oro y un pueblo que es de mucha renta. Le hizo así tan amigo y servidor suyo que le envió a Castilla, llevando 58.000 castellanos en barras de oro (unos 250 kg), y le llevaron las joyas de la recámara de Moctezuma (la que descubrieron en la 2ª entrada a México), que las tenía en su poder Cuauhtémoc; y fue un gran presente para nuestro gran César (imitando a Bernal, digamos ‘que dádivas quebrantan peñas’, aunque sean regias). Le mandaban también una relación de los acontecimientos más importantes, justificando de paso todo lo que habían hecho contra las imposiciones de Fonsequita, “suplicándole que le hiciese merced a Cortés de la gobernación de la Nueva España, y que fuese servido mandar al obispo de Burgos que no se entrometiese en ninguna de nuestras cosas, porque sería quebrar el hilo de la conquista destas tierras; y esto lo decíamos porque el obispo había mandado a dos oficiales de la Casa de Contratación de Sevilla, que se llamaban Pedro de Isasaga e Juan López de Recalde, que no permitiese  ninguna ayuda de armas, ni soldados, ni favor alguno para Cortés  ni para los soldados que con él estábamos”. No sabes, hijuelo mío, cuánto me alegro de que mi nombre no aparezca tan comprometido en el maravilloso libro de Bernal. (Me libré por los pelos: acababa de emprender el maravilloso viaje hacia  Quántix, el Reino de la Risa. Pero recuerdo con pena que Isasaga me tenía gran inquina, y el rapaz Recalde trató de mermar, a su favor, la herencia de mi hijo Luis, que apenas llegaba a los doce años).
     Las travesías del Atlántico eran un aspecto más de la lotería de calamidades que amenazaban a los aventureros de Indias; por si no bastara con  las enfermedades, el hambre, las tormentas y los naufragios, siempre había el riesgo de quedar atrapado por los garfios de los piratas. Alonso de Ávila, acompañado de Antonio de Quiñones, partió el día 20 de diciembre de 1522 del puerto de la Vera Cruz con muchas joyas del fabuloso tesoro de Moctezuma y tres jaguares que se les escaparon de las jaulas y tuvieron que matarlos, quedando varios marineros heridos. El capitán Quiñones por su parte, al llegar a las islas Azores, “como se preciaba de muy valiente y enamorado, revolvióse con una mujer, e hubo cierta cuestión, y le dieron una cuchillada de la que murió. Quedando solo Alonso de Ávila, siguió navegando camino de España, y,  no muy lejos, topó con Juan Florín (Jean Fleury), corsario francés, que le tomó el oro y los dos navíos, y lo llevó preso a Francia”. El rey francés se maravilló de aquellas riquezas, y “le mandó recado a nuestro emperador pidiendo que le mostrase el testamento de nuestro padre Adán para ver si solamente había dejado como herederos de las tierras de Indias a España y Portugal. E luego le tornó a mandar al Florín que fuese con otra armada a buscarse la vida por el mar (vean que la expresión  no es de hoy), pero dio con cuatro navíos vizcaínos que lo desbarataron y lo prendieron. Cuando lo supo Su Majestad ordenó que se hiciese justicia, y en el puerto del Pico lo ahorcaron”. Terminemos diciendo que Alonso de Ávila, tras dos años encarcelado en Francia, volvió a México, muriendo  trágicamente en una de las duras expediciones de las que formó parte.

     Foto: Ahí vemos al soberbio rey francés Francisco I, la bestia parda de nuestro Carlos V, de cuya caballerosidad abusó cuanto pudo, que fue mucho. En cuanto se hizo con las maravillas que Cortés le mandaba de Indias a su emperador, exigió guasonamente ver el testamento de Adán. Su corsario de origen florentino, Jean Fleury, terminó en la horca española, pero fue el primero de una larga lista de piratas franceses, holandeses e ingleses que se pasaron siglos dando la tabarra en las Indias.


martes, 9 de agosto de 2016

(Día 352) SE ENCUENTRAN CORTÉS Y NARVÁEZ, vencedor y vencido, abrazándose con afecto. El hiperactivo CORTÉS comienza a diseñar la nueva ciudad de MÉXICO. Rebeldía de indios en la zona de PÁNUCO, de los que BERNAL tiene un pésimo concepto. De nuevo, EL HORROR.

(104) –Veamos, secre, la caballerosidad de Narváez y de Cortés.
     -Fue bonito, santo padre, ver al vencido y al vencedor tratarse con respeto. Llevaba meses Pánfilo de Narváez preso y tuerto en la Villa Rica de Veracruz. Lograda la toma definitiva de México, Cortés hizo que se lo trajeran para hacerle comprender en su conjunto por qué se había visto obligado a luchar contra él. “Cuando Narváez iba de camino viendo las grandes ciudades y llegó a Texcoco, se admiró, y, en Coyoacán, con la laguna y ciudades que había pobladas, y sobre todo la gran ciudad de México, mucho más. Cortés había mandado que le salieran a recibir y le hicieran mucha honra. Llegado Narváez ante él, se hincó de rodillas y quiso besarle las manos, y Cortés  no lo consintió, y le abrazó mostrándole mucho amor, y le sentó cabe sí. Narváez le dijo que todos los capitanes muy nombrados que eran vivos afirmarían que se podría anteponer a Cortés a los muy afamados e ilustres que ha habido, que  no había otra ciudad más fuerte que la de México, y que él y sus soldados eran dignos de que Su Majestad les hiciera muy crecidas mercedes. Y le dijo otras muchas alabanzas; e son merecidas. Cortés le respondió que nosotros  no éramos suficientes para hacer tanto, sino con la gran misericordia de Dios”. Seguidamente Bernal, que no pudo asistir a la reconstrucción de Tenochtitlán por andar en otras misiones, nos da un pequeño detalle de los primeros planes urbanísticos: “Entonces Cortés puso orden en cómo poblar la gran ciudad de México, y repartió  solares para las iglesias, monasterios, casas reales y plazas, y también a todos los vecinos les dio solares. Luego vinieron cartas de Pánuco (costa del Atlántico) diciendo que toda la provincia estaba levantada y que eran muy belicosos guerreros porque habían muerto a muchos soldados de los que habían ido a poblar”. Lo que supone un botón de muestra de la dura tarea que le quedaba a Cortés: había caciques que se hicieron amigos, pero otros, libres del dominio de los mexicanos, pensaban que serían capaces de escapar también del poder español; era el caso de los de Pánuco, “que estaban encarnizados por los muchos soldados que habían muerto hacía dos años de los enviados por Garay, y así creyeron que harían con los nuestros”. La cosa era seria, y esta vez se puso Cortés al frente de sus tropas para solucionar el problema. Los choques fueron muy duros, y, de nuevo, el horror. Te toca, reve.
- Pues sigamos escuchando a Bernal: “Se fueron a dormir a un poblado que estaba vacío,  y vieron en un adoratorio de ídolos muchos vestidos y caras desolladas, con sus barbas y cabellos, que eran de los soldados enviados por Garay a poblar el Pánuco; y muchas dellas fueron reconocidas por otros soldados que decían que eran de sus amigos, y a todos se les quebró el corazón de las ver de aquella manera, y las llevaron a enterrar”. Prueba de la derrota total de México es el hecho de que gran parte de los indios guerreros que llevaba Cortés eran aztecas, y resultaron de gran eficacia en esta campaña: “Muchos amigos mexicanos, sin ser vistos, entraron en el pueblo donde estaban los enemigos y lo destruyeron, haciendo gran estrago y despojo”. Lo cierto es que todas aquellas gentes eran ya poco peligro para la maquinaria militar de Cortés, y le resultaba fácil someterlas, aunque con el precio inevitable de algunas bajas. Ya de vuelta, sufrieron otra escaramuza; los vencieron, y ahorcaron a dos caciques. Los indios vinieron luego de paz, “y Cortés mandó dar el cacicazgo a un hermano de uno de los caciques ahorcados”. Bernal hace un juicio durísimo de estos indios: “Otra gente más sucia y mala y de peores costumbres no la hubo como la de esta provincia de Pánuco, porque todos eran sodomitas, y se embudaban por las partes traseras, torpeza nunca en el mundo oída (quizá ‘solo’ se refiera a una forma de drogarse), y sacrificadores y crueles en demasía, borrachos, sucios y malos. Y fueron castigados con los males que les vinieron en tener como gobernador a Nuño de Guzmán (un personaje brutal), que les hizo a casi todos esclavos y los envió a vender en las islas”.

Foto: Nos viene bien el cuadro de Velázquez, porque representa como ninguno el respeto al vencido y la honrada, pero digna, sumisión al que ha ganado en buena lid. Justino de Nassau entrega las llaves de la perdida ciudad de Breda a Ambrosio Spínola, que, con una sonrisa amable, parece invitarle a un abrazo. Es lo  mismito que nos acaba de contar Bernal sobre el encuentro de Cortés con el derrotado Pánfilo de Narváez.


lunes, 8 de agosto de 2016

(Día 351) ASOMBRO GENERAL EN MÉXICO por la derrota azteca. Lo aprovecha CORTÉS para ampliar el dominio. SANDOVAL funda la población de MEDELLÍN. El insidioso obispo FONSECA envía a CRISTÓBAL DE TAPIA para hacerse gobernador, pero CORTÉS lo desactiva hábilmente.

(103) –Si los  moscones molestan, dulce trovador, se los espanta.
     -Era, magnífico abad, una de las tácticas preferidas de Cortés. Ya vimos que nadie se atrevía a enfrentársele tan bruscamente como el capitán Alonso de Ávila, y se lo quitó de encima enviándole con las joyas de Moctezuma a Castilla. ¿Que los soldados  casi se le amotinan por la mezquindad del reparto del botín? Pues les ordena salir de campaña  militar a poblar y a castigar a los indios que habían matado a españoles; partieron varios grupos, uno de ellos bajo el mando de Sandoval, con la misión de fundar una nueva población; cumplido el encargo, se bautizó el lugar, que aún pemanece, como Medellín (el nombre del pueblo de origen de los dos, Cortés y Sandoval). Bernal cita nada menos que cinco expediciones como radios de un círculo hacia el Atlántico y el Pacífico. Además interesaba hacerlo, “porque en aquellos días en que habíamos ganado México, cuando lo supieron en todas las provincias adonde ahora se dirigían, no podían creer que había sido destruido, y enviaban principales a dar el parabién a Cortés, hacerse vasallos de Su Majestad, y ver si era verdad que estaba por el suelo cosa tan temida dellos como fue México”. Di lo que piensas, querido Sancho.
     -Es algo que no se suele percibir, adorable plumífero: la caída de los aztecas fue una conmoción enorme en el resto de Centroamérica, y, pasara lo que pasara después, la primera sensación de aquellas gentes tuvo que ser, no solo de asombro, sino especialmente de un grandísimo alivio. Resulta expresivo lo que añade Bernal: “Y los principales hasta traían consigo a sus hijos pequeños y les mostraban México hablándoles como cuando solemos decir ‘aquí fue Troya”. A Bernal le solían preguntar por qué muchos conquistadores, incluido él, prefirieron partir con esas expediciones en lugar de quedarse en México, y lo explica: “Como veíamos que los pueblos cercanos eran pobres, mirábamos en los libros de  Moctezuma de dónde le traían los tributos, y allá queríamos ir, pero nos engañamos”. Por otra parte, la vida en México se había encarecido extraordinariamente, e incluso se falsificaba la pureza del oro, hasta el punto de que Cortés tuvo que ser implacable: “En aquella sazón ahorcaron a dos plateros que falsearon las marcas reales de los quilates mezclando el oro con puro cobre”. Y entonces (no se lo van a creer), ¡mi “padrino” volvió al ataque!  ¿Será posible, Fonsequita? Pero si ya se ha conquistado definitivamente México… Si todo está resuelto… Si Cortés lo ha hecho primorosamente... No hubo manera: era una obsesión. A mí solo me quedaban unos meses de vida, y a Fonseca tres años. Su odio a Cortés se le fue acentuando, y yo nada pude hacer para que abandonara el desquiciado acoso. Bernal da cuenta de aquel disparate: “En aquella sazón llegó a la Villa Rica un Cristóbal de Tapia, veedor de Santo Domingo, con provisiones encaminadas por el obispo don Juan Rodríguez de Fonseca para que le admitiesen como gobernador de la Nueva España. Y además traía muchas cartas en blanco para que hiciese  nombramientos a su gusto, con muchos prometimientos de grandes mercedes del obispo si le dábamos la gobernación a Tapia, y muchas amenazas si no se la entregábamos”.
     Cuando lo supo, Cortés echó mano automáticamente de sus habilidades de enredo; antes de que Tapia llegara a México, le salieron al paso sus mejores capitanes y fray Pedro de Melgarejo, “que tenía  buena expresiva”. Le dijeron que respetaban las disposiciones que traía, pero que  no se daban por enterados, porque todo era obra del obispo, que quería casarlo a Tapia “con Petronila de Fonseca, sobrina o hija suya (yo sé lo que era, pero bastante tengo con mis propias miserias). Tapia se enojó mucho, pero le dieron tejuelos de oro, le compraron unos negros, tres caballos y un navío, y, como era codicioso, se amansó y volvió a la isla de Santo Domingo (vaya papelón)”.

     Foto.- El corretón Cortés no se iba a echar la siesta cuando conquistó definitivamente Tenochtitlán: quiso controlar rápidamente a todos los indios de Centroamérica. Acaba de mandar a sus capitanes a la costa atlántica, ya bastante sometida, pero también los va a enviar a Oaxaca y Michoacán, en la del Pacífico, donde la situación era más complicada. Con el tiempo, le veremos llegar personalmente, con poca fortuna, a lugares tan distantes como California y Honduras.


domingo, 7 de agosto de 2016

(Día 350) MALDITA CODICIA: someten estúpidamente a tormento a CUAUCTÉMOC y al cacique de TACUBA. Sin embargo hubo generosidad: se benefició a los muchos tullidos que había en la tropa. Lograda la conquista, el respeto a CORTÉS fue disminuyendo.

(102) -¡Oro, oro, oro!, tierno infante: ¡maldito oro!
     -Lo que nunca es bastante resulta muy peligroso, my dear priest. Creo que fue el apocalíptico Leon Bloy quien dijo que el dinero era el excremento del Diablo. Por esa desmedida ambición quedó indeleble otra mancha española en la herida memoria histórica de los mexicanos. Bernal al habla: “Se recogió el oro y la plata que había en México, y pareció que fue muy poco, por manera que los oficiales del rey decían que Cuauhtémoc lo tenía escondido y Cortés holgaba dello para que no lo diese y tenerlo todo para sí. Y por esta causa acordaron los oficiales dar tormento a Cuauhtémoc y a su primo, el señor de Tacuba. Y ciertamente mucho le pesó a Cortés, y aun  a algunos de nosotros, que a un señor como Cuauhtémoc le atormentasen por codicia del oro habiéndose  fundido ya y hecho barras 380.000 pesos de oro (1.520 kg). Y, como los conquistadores que no estaban a bien con Cortés vieron tan poco oro (para el reparto, tras separar el quinto real y el del ‘jefe’), y le decían al tesorero real que tenían sospecha de que Cortés, por quedarse con el oro, no quería darle tormento, finalmente, para evitar que le achacasen algo, no pudo oponerse; así que le atormentaron a Cuauhtémoc quemándole los pies con aceite, y al señor de Tacuba también”. Triste cosa, reve.
     -Y total para nada, joven (porque no hubo más oro), salvo para que haya quedado grabada en  piedra la  vergonzosa escena en el monumento mexicano a Cuauhtémoc. Lo que sí encontraron los españoles fueron más joyas que les habían pasado desapercibidas en los aposentos de Moctezuma: “Valían dos veces más que lo que se sacó de los quintos del rey y de Cortés; todo lo cual enviamos al emperador con Alonso de Ávila (su viaje, como veremos, será una buena peripecia)”. Luego ocurrió que el mezquino reparto produjo dos reacciones. La primera fue atender una generosa propuesta del fraile de la Merced y de varios capitanes: ya que era tan poco, mejor sería dárselo a los más necesitados. Y lo hicieron, pensando que el oro oculto saldría  a flote y quedarían satisfechos. La descripción de los destinatarios  nos da una idea del montón de desgraciados que formaba parte de la tropa: “Los que quedaron mancos, cojos, ciegos y sordos, y otros que se habían tullido o estaban con dolor de estómago, y otros que se habían quemado con pólvora, y todos los que estaban con dolor de costado”. Pero el buen gesto no calmó la situación.  Si había más oro, alguien lo ocultó, y resultaba que le iba a tocar a cada soldado de a pie unos 250 gramos (conquista México para eso). ”Y desque aquellas partes nos señalaron,  ningún soldado las quiso tomar”. Bernal y otros se limitaron a mostrar así su disconformidad. “Pero los soldados que habían sido amigos y paniaguados del gobernador Velázquez se desvergonzaban diciendo que el oro lo tenía escondido Cortés, y las paredes de su casa amanecían cada mañana con muchos escritos en prosa y en verso, que decían que más conquistados nos traía que la conquista que dimos a México, y aun otras  palabras que no son para poner en esta relación”. Cortés, ingenuamente, entró al trapo: “Como era algo poeta, respondía también con buenos escritos; pero, como cada día iban más desvergonzados los dichos, puso: ‘Pared blanca, papel de necios’. Y amaneció escrito más adelante: ‘Y aun de sabios, e Su Majestad lo sabrá muy presto’. Y así, sabiendo quiénes eran los autores, se enojó y dijo públicamente que no se pusiesen más malicias, porque castigaría a los ruines desvergonzados”. Vayan acostumbrándose vuesas mersedes a ver en adelante al glorioso Cortés en otros empeños de gran calado (genio y figura….), pero el resto de su vida hará bueno el dicho de que “nunca segundas partes fueron buenas”. Seguirá apostando fuerte, como siempre hizo; sin embargo tendrá que morder el polvo con frecuencia porque la Fortuna dejará de mirarle con ojos de enamorada, y, además, a Cortés le pasará factura la parte más negativa de su carácter: muchos, probablemente los más ambiciosos, no le perdonarán los estragos de su habilidad como manipulador.

     Foto.- Relieve en el céntrico monumento que tiene Cuauhtémoc en México: se muestra la tortura de Cuauhtémoc y del cacique de Tacuba. Como veremos, luego ocurrió algo aún peor, y la semilla del odio prendió bien en el pueblo mexicano. No te extrañe, jovencito, que alguien que lo oyó, te contara que en un combate de boxeo, hace más de 40 años, el púgil español derribó al mexicano, y un patriota le hizo reaccionar al grito de: “¡ACUÉRDATE DE CUAUHTÉMOOOC..!”.


sábado, 6 de agosto de 2016

(Día 349) BERNAL ECHA LA VISTA ATRÁS y siente la necesidad de confesar el PAVOR QUE SENTÍA EN LAS BATALLAS. Y, sin ser necesario en absoluto, se esfuerza en justificarlo. CORTÉS empieza a reorganizar la ciudad. SORPRENDENTEMENTE, muy pocas indias que ya tenían los españoles quisieron volver con su gente.

(101) –Aprende, hijo mío;  Bernal no era un teórico: vivía y sufría.
     -Fue tanto, sabio ectoplasma, el horror acumulado, que, cuando terminó aquella terrible guerra, no solo le impactó un silencio de sordo total, sino que se hizo consciente del infierno en que había estado viviendo, y lo recuerda al escribirlo: “Agora que han acabado las recias batallas con los mexicanos, quiero contar lo que me acontecía después de ver sacrificar y abrir los pechos a los 62 soldados que se llevaron vivos. Alguno dirá que esto era por falta de tener yo muy gran ánimo para guerrear. Pero, si bien se considera, es por el demasiado atrevimiento que había de poner en lo más recio de las batallas, porque en aquella sazón presumía de ser buen soldado, y como cada día veía llevar a sacrificar a compañeros míos, e antes habían matado a ochocientos (en la huida de México), temía yo que un día u otro me habían de hacer lo mismo, porque ya me habían asido dos veces para me sacrificar y quiso Dios que me escapara. Y acordándome de aquellas feísimas muertes, y de que, como dice el refrán, cantarillo que va a la fuente…, desde entonces temí la muerte más que nunca. Antes de entrar en las batallas se me ponía una como grima y tristeza en el corazón, y orinaba una vez o dos (suena a eufemismo), y, encomendándome a Dios, cuando entraba en la batalla se me quitaba presto el pavor”. Hasta él  mismo se extraña de tener tanto miedo, porque era ya un veterano curtido en innumerables batallas desde su primera llegada a Nueva España con el capitán Francisco Hernández de Córdoba, pero vuelve a darse la misma explicación: “Digan aquí los caballeros que desto de lo militar entienden y se han hallado en trances de muerte, a qué se debía mi temor, si a la flaqueza de ánimo o al mucho esfuerzo, porque sentía en mi pensamiento que había de poner mi persona batallando en parte tan peligrosa que, por fuerza, había de temer entonces la muerte más que otras veces, y por esta causa temblaba mi corazón”. Termina su confesión con otro gráfico recuerdo: “Los mexicanos, aunque pudieran matarnos, no lo hacían, sino que daban heridas peligrosas para que  no nos defendiésemos, y a los que cogían, los llevaban vivos para sacrificarlos, y aun antes les hacían bailar delante del Huichilobos”. Ya desahogado, Bernal sigue el hilo de los hechos. Tu turno, reve.
     -Que me place, brillante plumífero. El compulsivo Cortés se dedicó de inmediato a limpiar y ordenar “la muy gran ciudad de México; la primera cosa que mandó a Cuauhtémoc fue que sus indios arreglasen los caños por donde llegaba el agua a la ciudad, que enterrasen todos los muertos para que las calles quedasen sin hedor ninguno, y que se hiciesen nuevamente los palacios y las casas, para que dentro de dos meses se volviese a vivir en ellas, señalándoles qué parte habían de dejar desembarazada para que poblásemos los españoles”. Lo que Bernal dice a continuación sobre las mujeres indias es sorprendente (juzguen vuesas mersedes cuáles podían ser los motivos de su comportamiento): “Cuauhtémoc y sus capitanes le dijeron a Cortés que los soldados les habíamos tomado muchas mujeres, y le pedían por merced que las hiciese volver. Les respondió que las buscasen, y vería si eran cristianas o se querían volver a sus casas. E hizo un mandamiento para que los soldados que las tuviesen, se las diesen si las indias querían volver de buena voluntad. Y los indios las hallaron. Pero había muchas mujeres que no querían ir con sus padres ni maridos, sino estarse con los soldados que las tenían; otras decían que no querían volver a idolatrar, y aun algunas dellas estaban ya preñadas, y desta manera no llevaron sino tres (asombroso), que Cortés mandó expresamente que se las diesen”.

     Foto: Bernal andaba corrigiendo su magnífico texto hacia 1568, 47 años después de la tremebunda experiencia luchando contra los aztecas, el pueblo más agresivo de la zona, y es evidente que seguía traumatizado por el recuerdo de los sacrificios humanos, precedidos sádicamente del forzado baile ritual de los condenados; también nos deja claro que, absurdamente, se sentía avergonzado de estar aterrorizado antes de comenzar cada batalla. Tuvo que aguantar 93 días empapado hasta los tuétanos por esa desesperante angustia.


viernes, 5 de agosto de 2016

(Día 348) Dos capitanes se disputan la honra de haber capturado a CUAUHTÉMOC. Media CORTÉS, pero, astutamente, será él quien lo hará figurar en su escudo de armas. El cerco a TENOCHTITLÁN había hecho estragos en la población. Los tlaxcaltecas obtienen, como premio, un buen botín.

(100) –Pero la vida sigue, my dear son, con el afán de cada día.
     -Y aunque de otra manera, caro dottore, el ritmo de Cortés y de los suyos, incluido Bernal, continuará trepidante. Ya sabemos que quien apresó a Cuauhtémoc fue el capitán García Holguín. Por ser un hecho tan excepcional, exigió que se le reconociera entre sus méritos personales como un supremo honor. Pero eran tiempos muy puntillosos en ese aspecto, y Sandoval le disputaba la distinción porque Holguín no había sido más que un “mandado” a sus órdenes. Intervino Cortés recordando culta y pomposamente una anécdota romana que parecía hecha a la medida: “Cuando Cornelio Sila trajo preso a Yugurta y entró el ejército triunfante en Roma, lo llevaba con una cadena de hierro al pescuezo, y Mario dijo que era él quien debía meterlo, por ser el capitán general, y finalmente nunca se determinó a quién correspondía la honra. Por lo que Cortés dijo que  haría relación dello a Su Majestad para que diese la merced de se lo dar por armas a quien fuese servido hacerlo”. Muy instructivo el ejemplo, pero Bernal no pierde ocasión de mostrar la afición que su gran jefe tenía a las ‘buenas promesas’ para terminar arramblando con todo: “Y pasados dos años, mandó Su Majestad que Cortés tuviese por armas  7 reyes, Moctezuma, Cacamatzin, los señores de Iztapalapa, Coyoacán, Tacuba y Mataltzingo, y este Cuauhtémoc, sobre el que era el pleito”.
     -No fue muy bonito, sensible jubileta, lo que vieron los españoles al ocupar los dominios perdidos por Cuauhtémoc: “Todo Tlatelolco estaba lleno de indios muertos, y hedía tanto que no se podía sufrir, de manera que presto nos volvimos a nuestros reales, y aun Cortés estuvo malo del hedor que se le entró en las narices e dolor de cabeza. Había tanta hedentina en aquella ciudad que Cuauhtémoc le rogó a Cortés que dejase a sus habitantes ir a los pueblos comarcanos, y se lo concedió. Durante tres días con sus noches no dejaron de salir, llenando las tres calzadas, hombres, mujeres y criaturas, tan flacos, amarillos, sucios y hediondos que era lástima de los ver”. Vacío ya Tlatelolco, lo inspeccionaron, “y aún estaban  entre los muertos algunos pobres mexicanos que no podían salir, y lo que purgaban de sus cuerpos era una suciedad como la de los puercos muy flacos que no comen más que yerba; y toda la ciudad estaba como arada, que  no quedaban ni raíces. También diré que no comían las carnes de sus mexicanos, sino solo de las nuestras y de tlaxcaltecas que apañaban”. El cerco, pues, hizo estragos. Pero fíjate, discípulo amado, cómo cambió de repente la situación: “Después de haber ganado esta grande y populosa ciudad, tan nombrada en el universo, Cortes mandó hacer un banquete en Coyoacán por las alegrías de haberla obtenido. Y para hacer la fiesta convidó a todos los capitanes y soldados que le pareció oportuno; e valiera más que no se hiciera aquel banquete por muchas cosas no muy buenas que en él acaecieron (o sea, que fue un desmadre)”. Cortés no se olvidó de hacer un reconocimiento de la valiosísima ayuda de los tlaxcaltecas, ensalzando la valentía con que lucharon a su lado contra los mexicanos: “Les habló a sus caciques dándoles las gracias  con prometimientos de que les daría más tierras y vasallos. Luego se despidió dellos, y se fueron todos ricos y cargados de oro, y aun  llevaron harta carne cocinada de mexicanos, que, como cosa de enemigos, la comieron por fiestas”. La conquista estaba ya hecha, los indios se fueron a sus poblados, y los españoles se enfrentaron  a la complejísima tarea de reconstruir y organizar lo destruido. Veremos ahora a los mismos protagonistas interpretando papeles distintos, aunque sin dejar las armas, y también envueltos en constantes conflictos propios de una sociedad en tensión. Mañana dedicaremos la tertulia a observar el corazón de Bernal, que justo ahora, cuando narra el final de la gran guerra, siente la necesidad imperiosa de confesar todo el terror que padeció.

     Foto: Una vez más resulta fiable Bernal: Cortés obtuvo muy pronto su escudo de armas, y lo que vemos es la versión en azulejos que se encuentra en el ayuntamiento de México. Aparecen encadenadas las cabezas de los siete caciques más importantes que logró apresar (todos con muerte violenta). El principal era Moctezuma, y después Cuauhtémoc; de nada les sirvió a Sandoval y Holguín disputar sobre la honra de haber apresado a este último: se quedó con ella Cortés. El lema del escudo debería haber sido “El fin justifica los medios”, pero dice pomposamente: YUDICIUM DOMINI APPREHENDIT EOS / ET FORTITUDO EIUS CORROBORABIT BRACHIUM MEUM (El juicio de Dios los tomó / y su fortaleza robusteció mi brazo). Seguro que Bernal pensaría: “E nosotros, los heroicos soldados, ¿qué tecla tocábamos allá?”. 


jueves, 4 de agosto de 2016

(Día 347) CUAUHTÉMOC se ve perdido y huye por la laguna. Un bergantín le apresa. Al ser llevado ante CORTÉS, le pide que le mate, pero le recibe con suma amabilidad. SE ACABÓ PARA SIEMPRE LA GUERRA DE MÉXICO. Y, de repente, EL SILENCIO tras 93 días de gritos constantes de los aztecas. Dice BERNAL que, como los sordos, se quedaron sin ruido. El mundo se detuvo y sus vidas no siguieron siendo las mismas.

(99) –Es fantástico, figliolo: asistiremos a un hecho esplendoroso.
     -Estamos en deuda con Bernal, querido preceptor: fue un heroico soldado, vivió una aventura excepcional y nos la está contando magistralmente. Ya vimos que Cortés no le daba respiro a Cuauhtémoc, resultando tan peligroso como una pequeña serpiente capaz de matar a un elefante. Dio otra orden que sería decisiva: “Le mandó a Gonzalo de Sandoval que entrase con los bergantines en el sitio donde estaba retraído Cuauhtémoc con toda la flor de sus capitanes. Y como el Sandoval entró con gran furia con los bergantines, cuando se vio cercado Cuauhtémoc tuvo temor de que le prendiesen o matasen, de manera que embarcó en 50 grandes piraguas que tenía aparejadas para salvarse y esconderse en otros pueblos, llevando a su familia y su hacienda, con oro y joyas, y tiró por la laguna adelante acompañado de muchos capitanes. Sandoval tuvo pronto noticia de que iba huyendo, y mandó a todos los bergantines que vieran por qué parte iba Cuauhtémoc, y que no le hiciesen ningún enojo, sino que buenamente procurasen prenderle. Y como el capitán García Holguín, amigo suyo, llevaba un bergantín muy suelto y gran velero, le mandó que fuese por la parte donde parecía que huía”. Te dejo la guinda, cósmico abad.
     -Siempre tan generoso, ejemplar mancebo. “Y quiso Dios Nuestro Señor que el García Holguín alcanzara las canoas en que iba el Cuauhtémoc, y en el arte y riqueza de él y sus toldos y asiento en que iba conoció que era el gran señor de México, e hizo como que le quería tirar con las ballestas; entonces Cuauhtémoc le dijo: ‘No me tires. Te ruego que no toques mis cosas, ni a mi mujer ni mis parientes, sino llévame luego adonde Malinche’. Y al oírlo Holguín, se gozó en gran manera, y con mucho acato lo abrazó y le metió en el bergantín con su mujer y treinta principales. Cuando  lo vio  Cortés, le hizo mucho acato y le abrazó con gran alegría, y Cuauhtémoc le dijo: ‘Señor Malinche, he hecho lo que he podido por mis vasallos; mátame con tu puñal’. Y lloraba con muchos sollozos. Cortés le respondió que, por haber sido tan valiente, le estimaba mucho más, que no tenía ninguna culpa y que descansase su corazón”. Consciente de la enorme trascendencia histórica del acontecimiento, Bernal anota solemnemente: “Prendióse a Cuauhtémoc en 13 de agosto, hora de Vísperas (6 de la tarde), día del señor San Hipólito, año de 1521. Gracias a Nuestro Señor Jesucristo y a Nuestra Señora, la Virgen Santa María, su bendita madre. Amén”. Y después, ¿qué? EL SILENCIO: como si el infierno se hubiese apagado y naciera de repente un nuevo mundo. Eso es lo que sintió Bernal con cierto estremecimiento telúrico, y lo dice: “Llovió y relampagueó y tronó aquella tarde y hasta medianoche mucha más agua que otras veces.  Al apresar a Cuahtémoc,  quedamos todos tan sordos como si hubiesen estado antes unos hombres encima de un campanario y tañesen muchas campanas y en aquel instante cesasen de las tañer. Y lo digo porque en los 93 días que en esta ciudad estuvimos, de noche y de día no dejaban de dar gritos y voces los mexicanos, unos guerreando en las canoas contra los bergantines y otros contra nosotros en los puentes, e tampoco dejaban de sonar los malditos tambores y cornetas y atabales de los adoratorios y torres de los ídolos, de  noche y de día, tanto que no nos oíamos los unos a los otros”. A partir de ese momento en el que el mundo pareció detenerse, el curso de las vidas de todos los implicados giró por completo. México quedaba definitivamente perdido para los aztecas, y ganado para los españoles. Por otra parte, veremos cómo Cortés y los suyos siguieron pintando sus biografías, pero con colores muy distintos. Nunca más alcanzarían una cima tan alta, y eso siempre acarrea frustración, aunque bastante premio tuvieron con seguir vivos.

     Foto 1ª.- Cuauhtémoc  no se rindió, sino que huía para refugiarse en pueblos amigos, pero  no pudo superar el cerco de los bergantines. Ese momento era el verdadero “the end” de la increíble película de la conquista de la Nueva España. El caudillo azteca fue, sin duda, un gran líder y un legítimo orgullo para el pueblo mexicano. Foto 2ª.- Hermosas palabras de la lápida colocada en Tlatelolco -la Plaza de las Tres Culturas-: bajo las apariencias de la victoria de unos y la derrota de otros, lo que se produjo fue “EL DOLOROSO NACIMIENTO DEL PUEBLO MESTIZO QUE ES EL MÉXICO DE HOY”.



miércoles, 3 de agosto de 2016

(Día 346) Una nao de la fracasada flota del oidor AYLLÓN le aporta a CORTÉS hombres y provisiones. En un templo de TLATELOLCO ven las cabezas de sus compañeros sacrificados, pero levantan el ánimo y consiguen una gran victoria. CUAUHTÉMOC, cada vez más acorralado.

(98) - Como siempre, querido filósofo de salón: una de  cal y otra de arena.
     -No fallaba, altísimo funcionario real. En la última refriega “nos mataron diez soldados a los que les cortaron las cabezas e las manos, pero les íbamos ganando gran parte de la ciudad. Se nos había acabado ya la pólvora, y entonces llegó a la Villa Rica un navío que era de la armada desbaratada de Lucas Vázquez de Ayllón”. Fue un regalo del cielo, porque el teniente del puerto le mandó a Cortés la pólvora, las armas y los soldados del barco.
     -Y déjame recordar brevemente, secre, “a los curiosos lectores” (como diría Bernal) quién era Lucas y lo que le pasó. Era el oidor, colega de mi sobrino Juan Ortiz de Matienzo, que medió inútilmente a favor de Cortés y fue encarcelado por Pánfilo de Narváez (tremenda osadía). Poco después, saltándose los derechos de mi sobrino, consiguió una licencia real para explorar por la zona de Florida: fracasó la expedición, murió Lucas, y acabamos de ver que una de sus naves le vino de perlas al amado de los dioses, Cortés. Y ahora, dicho lo cual, ¿qué más? Lo siento, hijos míos, pero de nuevo Bernal nos mete en el museo de los horrores: siguieron las batallas y “acordamos llegar hasta Tlatelolco (allí se refugiaba Cuauhtémoc con sus principales), y entramos primero en una plazuela donde tenían unos adoratorios; en una de aquellas casas había unas vigas, y en ellas muchas cabezas de nuestros españoles que habían matado, y tenían las barbas y cabellos muy crecidos, mucho más que cuando estaban vivos. Yo conocí a tres soldados compañeros míos, y desque los vimos de aquella manera se nos entristecieron los corazones. En aquella sazón, quedaron las cabezas donde estaban, mas a los doce días las quitamos y las enterramos en una iglesia que hicimos, que se llama agora de los Mártires”. Estaban con el alma triste, pero también esperanzada, porque los mexicanos se iban debilitando. Bernal llegó a la plaza mayor  de Tlatelolco dentro del grupo mandado por Alvarado, que marcó un objetivo muy simbólico: “Ordenó al capitán Gutierre de Badajoz que fuese a lo alto del cu de Huichilobos -que son 114 gradas- y pelearon muy bien, pero, como los contrarios les hacían retroceder gradas abajo, fuimos en su ayuda y lo subimos del todo, poniendo fuego a los ídolos, y levantamos nuestras banderas, siguiendo después peleando con los mexicanos en lo llano hasta la noche”.
     -Gran victoria, reverendo.
     -Bien dices, hijo mío. Ese triunfo fue, probablemente, el principio del fin de Cuauhtémoc. Alvararado se hizo con el templo mayor de Tlatelolco: “Desde donde batallaba, Cortés vio a lo lejos cómo ardía el cu mayor y nuestras banderas puestas encima, y se holgó mucho dello. Cuatro días después se juntó con nosotros, y el Cuauhtémoc ya se iba retrayendo dentro de la ciudad más hacia la laguna, porque los palacios en que vivía estaban por el suelo”. Los combates seguían siendo feroces, aunque los mexicanos se llevaban, con mucho, la peor parte. El cronista Gómara cuenta algo que Bernal pasa por alto: “En esta celada murieron 500 mexicanos. Tuvieron bien de qué cenar aquella noche nuestros indios amigos, porque no se les podía quitar el comer carnes de hombres”. Cada vez era más favorable la situación para negociar las paces, y Cortés, tan partidario de la vía diplomática, lo intentó dos veces. Cuauhtémoc se mostró receptivo, pero fue una simple estratagema para atacar a los españoles con la guardia baja. Era tan desesperada la vida de los sitiados que “cada noche muchos pobres indios se venían a nuestro real porque no tenían qué comer y estaban hartos de pasar hambre”.  Cuauhtémoc se encontraba atrapado: enfrente, los españoles; a sus espaldas, la laguna, con los bergantines vigilantes. ¿Jaque mate?

     Foto.- Un céntrico lugar en la capital de México: la Plaza de las Tres Culturas –la precolombina, la colonial española, y la del mestizaje-, donde el 2 de octubre de 1968 –poco después del famoso Mayo del 68-, el ejército mexicano disolvió una gran manifestación de protesta matando a más de 300 estudiantes. Ahí estaba la población de Tlatelolco: se ven los cimientos y las gradas del templo al que se subieron Bernal y sus compañeros, quemando los ídolos y colocando sus banderas. Poco tiempo después construyeron encima la iglesia actual, dedicada al apóstol Santiago.


martes, 2 de agosto de 2016

(Día 345) Los españoles van ganando terreno, y muchos tlaxcaltecas se animan a volver a la batalla, siendo bien recibidos por el diplomático CORTÉS. A petición suya, CUAUHTÉMOC está a punto de hacer las paces, pero sus caciques se oponen, y decide pelear hasta el último aliento.

(97) –Fíjate, viejo amigo: Cortés nunca se permitía calentones.
     -Es cierto, sabio ectoplasma. Todo lo que hacía estaba al servicio del objetivo. Abroncaba, premiaba, adulaba, amenazaba, mentía, luchaba heroicamente o escurría el bulto, pero mantenía sus sentimientos férreamente sujetos por un enorme sentido práctico, con visión de futuro. Además, sus tropas iban cimentando  sin prisa la victoria definitiva: “Nuestros bergantines osaban ya ir por doquiera de la laguna sin temor a las estacadas, y nos ayudaban muy bien dando caza a las canoas que metían bastimentos.  Los soldados iban cada día conquistando albarradas (defensas), calzadas y puentes. Y desque el cacique Esquesúchel vio que nos recuperábamos muy bien, le dijo a su hermano que le enviase pronto a Cortés todos los guerreros que pudiese sacar de Texcoco, y a los dos días llegaron más de 2.000 guerreros”. ¿Hubo bronca?
     -De eso nada, joven. Eran parte de los indios que, asustados, habían dejado tirados a los españoles, y Cortés les afeó esa conducta, pero con el fin de engrandecer su perdón: “Les hizo un parlamento con doña Marina y Jerónimo de Aguilar diciéndoles que siempre les tuvo buena voluntad, y que, si quería que fueran con nosotros a destruir a los mexicanos, era para que se vengasen dellos y volviesen ricos a sus tierras; y que, aunque por marcharse en el peor tiempo dejando a sus capitanes desamparados, eran dignos de muerte, que les perdonaba porque no sabían nuestras leyes. Luego abrazó a los caciques y les prometió darles tierras y vasallos, mostrándose muy agradecido con los que habían permanecido a nuestro lado. A los lectores les parecerá prolijidad hablarles tanto de batallas, y procuraré traerlo menos a la memoria, pero ha sido desta manera porque estuvimos 93 días luchando sin cesar. Entonces ya íbamos entrando en la ciudad, y aunque los mexicanos nos daban muchas refriegas, las calles que habíamos ganado estaban llanas y sin agua, corriendo por ellas los caballos muy gentilmente. Y como vio Cortés que estábamos mejor, mandó a tres capitanes mexicanos que teníamos presos que  fuesen a hablar a Cuauhtémoc, para que tuviese paces con nosotros”. Razonaba la propuesta con su peculiar estilo: le haría mercedes y le perdonaría las muertes de los españoles, recordándole de paso que no le quedaba otra porque carecían de agua y alimentos. ¿Accedió? 
Sigamos la versión de Bernal. Empieza por describirnos a Cuauhtémoc, y, como en el caso de Moctezuma, siempre lo valorará positivamente: “Era mancebo y muy gentil hombre para ser indio, de buena disposición y muy alegre, de unos 26 años, y casado con una muy hermosa mujer, hija del gran Moctezuma, su tío. Cuando oyó el mensaje, al principio tuvo pasión (se enfadó) de que le viniesen con aquellas pláticas, pero, según alcanzamos a saber, tenía voluntad de hacer las paces”. Sin embargo la mayoría de los principales estaban en contra. “Y los papas también decían que los ídolos les habían prometido la victoria cuando sacrificaban. Entonces Cuauhtémoc dijo: ‘Pues así queréis que sea, muramos todos peleando’. Y la respuesta fue que vinieron los mexicanos luego atacando como leones muy bravos, metiéndose por las puntas de las espadas para echarnos mano, y así siete días seguidos sin importarles nada morir peleando. Tuvimos otra dificultad, y es que supimos que venían a atacarnos por detrás otros pueblos amigos de los mexicanos, porque Cuauhtémoc les había enviado las cabezas de nuestros compañeros sacrificados, diciéndoles que ya habíamos muerto la mitad de nosotros.  El capitán Andrés de Tapia fue contra ellos con 120 soldados e muchos amigos tlaxcaltecas, y los hizo huir, de lo que Cortés hubo mucho placer”. Incluso volvió a repetir los jueguecitos diplomáticos liberando a varios presos importantes para que fueran adonde Cuauhtémoc con otra petición de hacer las paces. Pero ni modo, cuate: “Salieron los mexicanos con la mayor furia que les habíamos visto y  nos dieron muy recia guerra; les heríamos y matábamos, y parecía que deseaban morir peleando”.

     Foto: El año 1887 levantaron los mexicanos este monumento en la gran plaza situada donde se cruzan las dos arterias principales de la ciudad, la Avenida Insurgentes y el Paseo Reforma. El texto de la placa dice: “A la memoria de Cuauhtémoc (suya es la estatua) y de los guerreros que combatieron heroicamente en defensa de su patria. MDXXI (1521, año en que ocurrió lo que estamos contando)”. En cada uno de los lados aparecen los nombres de Cuitláhuac (hermano de Moctezuma y líder de la expulsión de los españoles),  Cacama,  Tetlepanquetzal y Coanacoch (caciques aztecas que también se enfrentaron  bravamente a los españoles).