viernes, 16 de agosto de 2019

(Día 911) Vaca de Castro estimó que tenía, de momento, gente suficiente, y partió con ella desde Quito. Le molestó mucho que Belalcázar facilitara la huida del fugitivo Francisco Núñez de Pedroso.


     (501) A gran distancia, en Quito, el Gobernador Cristóbal Vaca de Castro había recibido las cartas de Alonso de Alvarado. Se alegró mucho de las  noticias, y la misiva fue un éxito porque le animó a ponerse en marcha y organizarse para la guerra contra los almagristas. Él, por su parte, envió mensajes a indios amigos y a españoles con el fin de que “se juntasen con él para castigar a Don Diego por la muerte que le había dado al Marqués y por haber ocupado el reino”. Vaca de Castro contaba, en principio, solamente con unos ciento veinte hombres, suyos y de Belalcázar, y se les iba a unir el capitán Pedro de Vergara con algunos más. A Vaca de Castro le parecieron suficientes para emprender el camino: “Salió de Quito, dejando por su Teniente de Gobernador a Hernando Sarmiento. Mandó primero al Adelantado Belalcázar que fuera por delante con veinte de a caballo a correr el campo, y que, como era tan conocido de los naturales de aquella región, por haberlos conquistado, les mandase proveer de bastimentos los aposentos por donde él había de caminar. Belalcázar dijo que lo haría como se lo mandaba, y anduvo hasta que llegó a Tomebamba, donde encontró al capitán Diego de Mora, a un tal Barrientos y a otros que, con deseo de servir al Rey, acudían a juntarse con Vaca de Castro”.
     Y aquí conviene analizar un detalle interesante, porque nos va a aportar datos sorprendentes sobre alguien de quien hablamos hace poco: “Entre estos venía el capitán Francisco Núñez de Pedroso, al que desterraron de la Ciudad de los Reyes cuando mataron a Francisco de Chávez (su gran amigo), el cual (Pedroso), por evitar que lo castigasen por tener que ver con la muerte del Marqués, fingió que venía a buscar a Vaca de Castro, y, al saber que el Adelantado Belalcázar estaba allí, le pidió que le favoreciese de manera que Vaca de Castro no le hiciese ningún mal tratamiento. Aunque a Belalcázar le avisaron de que había sido uno de los más culpables de la muerte del Marqués, y de que Vaca de Castro tenía gran deseo de apresar a los autores de aquella fechoría, para castigarlos conforme al delito tan grande que habían cometido, no solamente se alegró de que se salvase, sino que, para que pudiese ir sin que Vaca de Castro le viese, le dio un caballo, diciéndole que anduviese hasta entrar en su gobernación (la de Belalcázar), pues en ella no tendría nada que temer”.
     Vaca de Castro se alegró mucho al saber que Diego de Mora se le iba a unir con varios soldados, pero, como era de esperar por la insensatez y la osadía de Belalcázar, se le amargó el dulce: “Cuando supo que Belalcázar, sin su consentimiento, había facilitado la huida de Francisco Núñez de Pedroso, lo sintió grandemente, y enseguida, llamando a Belalcázar, se lo reprendió con alguna aspereza, y, de allí adelante, no se fio tanto de su persona como antes. Luego escribió al Teniente Sarmiento a Quito, amonestándole que procurase con diligencia saber por qué camino iba el capitán Francisco Núñez de Pedroso, y lo prendiese para castigarlo. Pero, aunque Sarmiento lo procuró, no pudo prenderlo, porque, con el guía que le dio Belalcázar, supo muy bien escabullirse y meterse en la gobernación, donde se juntó con el capitán Juan Cabrera, e fue con él a Antioquia”.

     (Imagen) Tendría que ser un buen capitán HERNANDO SARMIENTO  para que Vaca de Castro lo dejara al mando de la ciudad de Quito, pero es poco lo que se sabe de él. Sin embargo, un  documento en el que aparece nombra también al MARISCAL DIEGO CABALLERO, y su figura nos va a servir para sacar al escenario otro aspecto de lo que fue la vida de algunos españoles en las Indias: la de quienes nada tuvieron que ver con las luchas heroicas y evitaron todo riesgo o sufrimientos excesivos. En el referido documento, el Rey le concede permiso a Caballero para que “destos reinos, o del reino de Portugal e Islas de Cabo Verde e Guinea, pueda pasar a las Indias diez esclavos negros, el tercio de ellos hembras”. Al pie del escrito, se le autorizaba exactamente lo mismo a Hernando Sarmiento.  Precisamente, lo que caracterizó la biografía de Caballero fue una dedicación exclusiva e insaciable a los cargos políticos y a los negocios altamente lucrativos, gracias a lo cual llegó a ser inmensamente rico. Esclavizó y explotó cuanto pudo a los nativos de las Indias, aunque tuvo que reducir sus abusos cuando se dictaron leyes restrictivas y de protección a los indígenas. Con el  tiempo, amortiguó sus posibles remordimientos haciendo obras de caridad y donaciones a la Iglesia. La ostentosa capilla que construyó en la catedral de Sevilla (conocida como la Capilla del Mariscal) tuvo, sin duda, dos intenciones (la condición humana puede ser bastante contradictoria): resaltar su importancia social y conseguir indulgencias. El cuadro de la imagen lo muestra a él (a la derecha, delatado por su cara) con su hermano y su hijo, y es parte del magnífico retablo que allí mandó poner.



jueves, 15 de agosto de 2019

(Día 910) Empieza a crecer el odio de García de Alvarado contra Cristóbal de Sotelo. Para apoderarse de las ciudades, Sotelo va al Cuzco y Diego Méndez a La Plata.


     (500) En la tropa de Diego de Almagro el Mozo, que se encontraba en Jauja, había resultado un mazazo la muerte de Juan de Rada. Pero también se iniciaba el preludio de otro drama: “Se determinó que fuera un capitán a la Ciudad de los Reyes para traer hierro con que hacer armas, y otras cosas necesarias, y algunos dijeron que fuese García de Alvarado con cien de a caballo e cincuenta arcabuceros. Y, estando ya acordado, Cristóbal de Sotelo, con otros que cuerdamente vieron los daños que podrían resultar de aquella salida, e que los soldados robarían en la ciudad y harían daños e insultos, lo estorbó, de lo que García de Alvarado grandemente se resintió. Suprimida esta orden, los soldados decían públicamente que no querían otro General más que el mozo Don Diego, y que Cristóbal de Sotelo fuese Maese de Campo, e acordaron que fuese así, aunque de ello mostró recibir pena García de Alvarado porque le quitaban el cargo”. Acto seguido, Cristóbal de Sotelo, ya como Maese de Campo, fue con veinte de a caballo hacia el Cuzco con la misión de conseguir en aquella ciudad más amigos para la causa almagrista. Y la tensión aumentó: “García de Alvarado, cuando vio que Sotelo se le anteponía e iba al Cuzco a hacer lo que él quería cumplir, le pesó grandemente, y comenzó a tenerle odio, y aun la amistad que tenía con Don Diego aflojó, no siendo tan entera como al principio”.
     Como en toda guerra civil, no se respetaba el imperio de la ley, sino el de la fuerza. Llegado de nuevo al Cuzco con sus hombres Cristóbal de Sotelo, a pesar de ser uno de los conquistadores más tolerantes, manejó a su gusto a los amedrentados vecinos, y especialmente a los más importantes: “Llamó a los regidores, para que tornasen a reconocer como Gobernador de la ciudad a D. Diego de Almagro el Mozo. Prendieron a Felipe Gutiérrez, que se había escondido, y lo trajeron al Cabildo. Luego tomaron, para los gastos de la guerra, el dinero que hallaron de Francisco de Carvajal (el Demonio de los Andes), de Bachicao y de algunos otros que habían ido con Perálvarez”.
     Sotelo encargó a Diego Méndez que fuera con varios hombres a la villa de la Plata con las mismas intenciones, presentando los derechos del Mozo a su gobernación, puesto que los heredaba de su padre. Casi todos  se sometieron a la imposición, pero, a unos cuantos que se negaron a hacer lo que consideraban una traición a la Corona, los encarcelaron, entre ellos, a Antonio Álvarez, Villanueva y Vivanco. Después de dejar allí a Juan de Vera como Teniente de Almagro, partió Diego Méndez hacia las minas de Porco, “donde tomó más de sesenta mil pesos de oro, y los caballos y armas que halló, e con todo ello se volvió a la gran ciudad del Cuzco”.

     (Imagen) Vamos conociendo a muchos “conquistadores”, y ya nos salen al paso con frecuencia. Todo se entrelaza. Vemos ahora que se esconde de los almagristas FELIPE GUTIÉRREZ, el que pudo ser un importante gobernador en Veragua, pero fracasó. Y cómo le roban el dinero para las tropas de Diego de Almagro el Mozo a FRANCISCO DE CARVAJAL (el Demonio de los Andes). Las vidas de los dos se van a cruzar con la de NICOLÁS DE HEREDIA (del que también hemos hablado). Dos años después de lo que ahora cuenta Cieza, Vaca de Castro permitió a Diego de Rojas, Felipe Gutiérrez y Nicolás de Heredia que fueran a descubrir nuevas tierras al sur de Perú. Rojas, que iba al mando, fue herido  mortalmente. Quien debía sucederle, Gutiérrez, tuvo que abandonar la campaña por presión de sus soldados. Le tocaba a Heredia asumir el cargo, pero se lo arrebató Francisco de Mendoza, a quien mataron los soldados para ponerse a las órdenes de Heredia. Pero la expedición fracasó. ¿Qué fue de sus vidas? Felipe Gutiérrez murió en 1544, degollado por Gonzalo Pizarro al no querer unirse a su rebelión. Francisco de Carvajal y Gonzalo Pizarro, derrotados en la batalla de Jaquijaguana, también fueron condenados a muerte. Pero el Demonio de los Andes había saboreado anteriormente una hábil victoria contra los capitanes Lope de Mendoza y Nicolás de Heredia, a los que decapitó inmediatamente, y puso sus cabezas en la picota pública. En la imagen, que muestra parte de los servicios de Heredia, se dice claramente que Carvajal lo mató y le robó ocho mil pesos de oro. Si embargo, su viuda y sus hijas acusaron de su muerte y del robo a dos capitanes de Carvajal (ya difunto) que lograron salvar sus vidas.



miércoles, 14 de agosto de 2019

(Día 909) Aunque permanecía latente su rivalidad con Perálvarez Holguín, Alonso de Alvarado estaba muy contento con los soldados que habían reunido los dos, y le escribió a Vaca de Castro diciéndole que le esperaban en Huaylas.


     (499) Cieza, como siempre, se apiada de las molestias que sufrían los indios cuando les ‘caía’ una tropa de españoles en sus tierras, pero reconoce que era algo prácticamente inevitable: “Perálvarez mandó a sus hombres, bajo grandes penas, que no hiciesen ningún mal tratamiento a los indios, y que se gastasen las provisiones con moderación, pero poco aprovechó esta orden. Fue mucho el ganado y otras cosas que les robaron, aunque, en semejantes tiempos, no se puede evitar”. Está claro que se refiere a la desastrosa secuela del desorden general y de las urgentes necesidades de las guerras civiles.
     Después Cieza hace un comentario personal que no me parece acertado, aunque es una original visión de los hechos. Ya sabemos que, en la batalla de Chupas, va a ser derrotado y ejecutado Diego de Almagro el Mozo. Cieza avisa de que, cuando hable de ello, nunca le llamará traidor, ni tampoco a sus soldados. Lo ve así porque Vaca de Castro no había llegado de España autorizado a empezar una guerra, y considera que fue provocada por el afán de revancha de los pizarristas. Dice, incluso, que la intención de los almagristas era acatar la voluntad del Rey, y, en el caso de que quisiera castigarlos por haber matado a Pizarro (que fue en venganza por la ejecución de Almagro), “huir a lo más profundo de las provincias”. Reconoce, no obstante, que cometieron un grave error: destituir a las autoridades que había en Lima y hacer nuevos nombramientos. Pero resulta sorprendente su visión, ya que Vaca de Castro, según el poder que llevaba del Rey, se convirtió automáticamente en Gobernador del Perú por la muerte de Pizarro, con plena autoridad para hacer valer la fuerza de las armas. Además, los almagristas habían iniciado con el asesinato de Pizarro un viaje sin retorno hacia las manos de la Justicia. No habría ningún rincón en Perú en el que pudieran permanecer escondidos. Aquello era una guerra civil y una rebeldía contra la Corona que estaban destinadas a acabar desastrosamente.
     A pesar de que Alonso de Alvarado mostraba sutilmente que mantendría su autoridad por encima de la Perálvarez Holguín, se alegraba de las importantes fuerzas que habían reunido entre los dos para enfrentarse a los almagristas. En lugar de ir a Quito, donde pensaba que estaría Vaca de Castro, le envió un mensaje: “Le decía que él partía para Huaylas, y le pedía que, sin esperar más tiempo, viniese a encontrarse con él allí trayendo la gente que tuviese junta, pues, loado sea Dios, las cosas iban tan bien, que hallaría unos quinientos hombres, con él y con Perálvarez, para que le ayudasen a hacer lo que por Su Majestad le hubiese sido mandado. Luego Alonso de Alvarado salió para ir a Huaylas. Llegó a un aposento que se llama Yungay, que estaba a una jornada del campamento de Perálvarez, desde donde se escribieron cartas muy graciosas, y algunos iban a holgar de un real a otro. Y allí estuvieron aguardando las noticias del gobernador Vaca de Castro”.

     (Imagen) Nadie puede negar que PEDRO ÁLVAREZ HOLGUÍN fue un magnífico capitán. Nació hacia 1505 en Cáceres, y se daba la circunstancia de que tenía dos ilustres primos que vivieron también las aventuras de Perú (a los que ya conocemos): LORENZO DE ALDANA y FRANCISCO DE GODOY, el primero, de una valía excepcional, y, el segundo, un victorioso capitán que supo retirarse a tiempo y se acondicionó un lujoso palacio (el de la imagen) en el bello casco antiguo de Cáceres. A Holguín le vemos ahora con el mando supremo (solo equiparable al de Alonso de Alvarado) de la tropas pizarristas (ambos bajo la autoridad de Vaca de Castro). Pero hubo en el carácter de Holguín algo discordante, positivo y negativo. Su sentido del  honor lo llevaba a un extremo incomprensible. Recordemos que, tras jurarle a Diego de Almagro el Viejo (cuando, estando preso, le dejó andar libre por el Cuzco) que no escaparía, no solo lo cumplió al empezar la batalla de las Salinas, sino que llegó al absurdo de luchar contra Pizarro, yendo más allá de lo que exigía su promesa. Asesinado Pizarro, Vaca de Castro tuvo dificultades para que Holguín aceptara un puesto por debajo de la jerarquía de Alonso de Alvarado, y no es extraño que acabara harto de él, pues solo cedió presionado por su primo Lorenzo de Aldana. Todo apunta a que Holguín actuaba como un caballero medieval. Con ese espíritu quijotesco, cometió una imprudencia fatal en la guerra de Chupas. No pudo saborear la victoria que supuso el  final de Diego de Almagro el Mozo porque murió antes de que terminara la batalla. Pero, eso sí: de manera grandilocuente. Se puso delante de sus soldados antes de iniciar el ataque, llamativamente vestido blanco, y gritó a los enemigos: “¡Yo soy Pedro Álvarez Holguín!”. La única respuesta fueron dos arcabuzazos que lo tumbaron del caballo y le produjeron la muerte.



martes, 13 de agosto de 2019

(Día 908) Muere Juan de Rada. Todo indica que va a haber un roce entre Perálvarez Holguín y Alonso de Alvarado por pretender el máximo rango militar. Pizarristas y almagristas detienen su marcha a la espera de ver las intenciones de Vaca de Castro.


     (498) Al que se la tenían jurada era al capitán Gómez de Tordoya, porque había convencido a Perálvarez Holguín para que interviniese militarmente en el Cuzco, “y deseaban tomar de él venganza”. Llegaron con estos pensamiento a Jauja, “e hallaron que Juan de Rada, de su enfermedad, había muerto, de lo cual a todos les pesó grandemente”.
     Por su parte, Perálvarez Holguín continuaba caminando con su tropa, también dificultosamente, pero sabiendo que los almagristas habían dejado de perseguirlos. Mostrando claramente sus querencias, llevaban flameando el estandarte del Rey, y no tenían ninguna duda de que debían estar al servicio de su enviado, Cristóbal Vaca de Castro. Descansaron en Tambo, a medio camino entre Jauja y Cajamarca: “Y estando en este lugar, entraron en consulta el General Perálvarez, sus capitanes y los más principales, y acordaron enviar mensajeros al licenciado Vaca de Castro para que supiese lo que habían hecho en servicio de Su Majestad, y que ellos iban a buscarle para que les mandase que hiciesen lo que fuera más conveniente”.
     Encargaron la misión a Luis de León (vecino de Arequipa), Juan Alonso Palomino y Diego de Torres. Iban también con mensajes para el capitán  Alonso de Alvarado, porque sabían que se preparaba para luchar contra los almagristas. Pero se va a provocar una incipiente y lógica susceptibilidad, pues, como ya conocemos, Alvarado había sido Capitán General de Pizarro: “En las cartas le persuadían para que se juntase con ellos, pues todos tenían el mismo deseo de servir al Rey. Llegaron los mensajeros adonde estaba Alonso de Alvarado. Al saber que Perálvarez venía con caballeros tan lucidos y voluntad tan entera de servir al Rey, se holgó, mas dijo que pensar que él había de ir a meterse debajo de las banderas de Perálvarez, y ser inferior de quien había sido superior, lo tenía por locura. No determinó lo que iba a hacer, ni a los mensajeros ni en cartas, sino que dio excusas que pareciesen justas, para que no naciese entre ellos dos ninguna discordia”.
     Está claro que la precipitación de los hechos en que se veían envueltos se prestaba a tomar decisiones que posteriormente necesitarían un ajuste. La autoridad superior de Alonso de Alvarado sobre Perálvarez Holguín siempre había sido indiscutible desde el momento en que Pizarro, quizá aconsejado por su poderoso secretario Antonio Picado, le había dado el puesto de Capitán General de sus tropas, que, además, sin duda lo merecía. Habrá que esperar para saber si el desenlace de este roce fue sensato.
     Perálvarez y los suyos llegaron a un poblado llamado Guaraz, en la provincia de Huaylas. También se cansaron de dar tumbos por caminos tan complicados, y decidieron esperar allí, porque había mucha comida, hasta conocer la respuesta de Vaca de Castro a sus mensajes. Así que, tanto ellos, como los almagristas, habían decidido lo mismo: quedarse sin actuar hasta conocer las intenciones del representante del Rey. Con la diferencia de que los pizarristas permanecerían sin duda fieles a la Corona, mientras que los almagristas seguirían sus propios intereses.

     (Imagen) Los almagristas que partieron de Lima para enfrentarse a los pizarristas  pasaban de quinientos, y uno de sus capitanes era DIEGO DE HOCES. Como todos los implicados en las guerras civiles, estaba seguro de que la muerte lo acechaba, pero no sabía que solo le quedaba un año de vida. Era uno de los almagristas que vivían en Lima vejados por los pizarristas y casi en la miseria, lo que le impulsó a participar directamente en el asesinato de Pizarro. Hombre de gran fidelidad a los suyos, protegió después a Diego de Almagro el Mozo en una conjura que se preparó contra él en el Cuzco. En la derrota de la batalla de Chupas, Diego de Hoces pudo huir hasta Huamanga, pero lo apresaron. Posteriormente fue juzgado y degollado por orden del licenciado ANTONIO DE LA GAMA, de quien también habría mucho que contar. Nació en Sevilla el año 1495. Llegó a Puerto Rico como juez en 1519, casándose enseguida (aunque enviudó pronto) con Isabel  Ponce de León, hija del gran Juan Ponce de León, entonces gobernador de la isla. Muchas veces recurrieron en las Indias a Antonio de la Gama para ejercer interinamente puestos de gobernador (por ejemplo, en Puerto Rico), y siempre lo hizo bien. La larga lista de informes suyos que aparecen en los archivos de PARES, deja bien claro que fue una persona muy eficiente y sensata.  Así ocurrió igualmente cuando se trasladó a Perú, donde Pizarro lo tuvo en gran aprecio. Por su fidelidad a los Pizarro, estuvo a punto de malograr su biografía, ya que luchó (también era militar) junto al rebelde Gonzalo Pizarro, pero rectificó a tiempo, y se puso a las órdenes del gran Pedro de la Gasca en la batalla de Jaquijaguana, punto final de la vida de Gonzalo.



lunes, 12 de agosto de 2019

(Día 907) El sensato Cristóbal de Sotelo renunció a compartir el cargo de General con el irascible García de Alvarado. La enfermedad de Rada se fue agravando. Los almagristas, llenos de dudas, decidieron ir al Cuzco y esperar a ver qué planes tenía Vaca de Castro.


     (497) Después Perálvarez dejó libres al resto de los almagristas, pidiéndoles que le dijeran a Almagro el Mozo  que se conformara con el daño que ya había hecho y se dejara de rebeldías. Fue luego  hasta Jauja, desde donde siguió caminando, no sin antes insistirles a los indios en que no se aliaran con los almagristas.
     Pero ninguno de los dos bandos pensaba sinceramente en la paz. Aunque el capitán almagrista Cristóbal de Sotelo era partidario de salirle al paso a las tropas de Perálvarez, se impuso el criterio de Juan de Rada, que iba muy enfermo, y tomaron la decisión de no perseguirles, y dirigirse directamente a Jauja. Como era de prever, la doble capitanía de Sotelo y Alvarado resultó problemática: “Como mandaban Sotelo e García de Alvarado, no podía haber buen orden, porque lo que el uno mandaba, pareciéndole al otro no convenir, mandaba lo contrario. E, como Sotelo era tan cuerdo, como ya otras veces hemos dicho, pareciéndole que, si los dos mandaban, se perderían, dijo que él, mirando este daño, solo quería la autoridad que su persona tenía sin el cargo, y que, puesto que García de Alvarado era persona tan principal, usase en solitario el cargo de General, para que, con el parecer de los capitanes, se hiciese la guerra como él pidiese. A todos les pareció bien, y sólo quedó García de Alvarado como General, aunque a la mayoría de los soldados, y aun de los capitanes, les pesaba que no fuera Sotelo el General, pues era en gran manera querido, e sabía tratar a los soldados de tal forma que, andando bien corregidos, era por ellos amado”.
     La tropa de Perálvarez Holguín había conseguido despistar a los almagristas y se dirigía hacia Bombón, después de haber pasado por Jauja, adonde llegaron por fin sus enemigos, quienes lamentaron el tiempo perdido, y decidieron continuar la persecución. Tarea nada fácil porque se les complicó la marcha. Jarreaba agua sin cesar y el paso de los ríos se hacía imposible. Tuvieron otro contratiempo: “Viendo los indios (porteadores) las dificultades, cogían comida y se ausentaban para no dejar los caminos cubiertos con los muertos por las cargas que los cristianos, cruelmente, les hacían llevar. Con estas causas tan dificultosas, es difícil que una tropa pueda alcanzar a otra”.
     Los almagristas partieron de Jauja, pero tuvieron que dejar en aquel valle a Juan de Rada porque se encontraba muy grave. La prueba de que estaban llenos de dudas es que, en un punto determinado, dieron la vuelta, con un cambio total de planes que descartaba, de momento, atacar a los pizarristas: “Decidieron seguir desde Jauja hasta la gran ciudad del Cuzco, pasando por la de Huamanga, para engrosar su ejército con la gente que en aquellas ciudades hubiese, e aguardar a ver con qué intención entraba Vaca de Castro en el reino, e si se juntaba con el bando de los pizarristas, conforme a lo cual determinarían lo que más conviniese”.

     (Imagen) Haré como Cieza: desviarme un poco porque me sale alguien al paso. Resulta que hay un JUAN ALONSO que, por haber nacido en BADAJOZ, se le confunde a veces con el de la imagen anterior, aunque sus biografías fueron muy distintas. Este, en concreto, resultó un aventurero empedernido. Formó parte del reducido grupo de españoles que convivieron con los indios. Recordemos casos muy peculiares. Alonso de Molina, uno de los Trece de la Fama, se quedó con otros dos compañeros entre los indios, por puro gusto y a la espera de que los españoles volvieran, pero nunca se supo qué fue del trío. Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar fueron apresados por indios de Yucatán. Los españoles de Cortés trataron de recogerlos: Jerónimo aceptó, pero Gonzalo no quiso abandonar a los niños mestizos “tan bonicos que tenía”. Gonzalo Calvo de Barrientos se fue a vivir con indios chilenos (¡atravesando el desierto de Atacama!) al cortarle Pizarro una oreja por cometer un hurto. Álvar Núñez Cabeza de Vaca anduvo durante más de siete años entre tribus indias norteamericanas. El JUAN ALONSO del que hablamos ahora nació en Badajoz hacia el año 1471. Se hartó de batallar por Centroamérica, y huyó para vivir con los indios de la zona. En torno al 1513, andaba de campaña por allí el gran Vasco Núñez de Balboa, y se encontró con que Juan Alonso formaba parte de la guardia personal del cacique Careta. Fue providencial, porque Alonso logró que se estableciera una buena relación de amistad entre los indios y los españoles. Descubierto el Pacífico, se incorporó defitivamente a las tropas de Balboa como navegante y como intérprete, sin que se sepa qué fue posteriormente de su vida.



sábado, 10 de agosto de 2019

(Día 906) Los almagristas partieron de Lima hacia el Cuzco. Juan de Rada enfermó gravemente. Perálvarez ahorcó a dos almagristas.


     (496) Se dispusieron a partir de Lima, y Cieza se nos pone algo homérico al lamentar los derramamientos de sangre que les esperaban a aquellos valientes: “¡Oh, cómo era de ver a la noble juventud española que estaba en la Ciudad de los Reyes seguir las banderas de Chile! ¡Cuántos caballeros hijosdalgo, cuán adornados de gracias y cuán belicosos algunos de ellos, y cuán en tan poco tenían la vida para que la habladora fama no los dejase en las tinieblas del olvido, ni la inmortal memoria dejase de dar con su escritura testimonio de su valor!”.
     Se pusieron en marcha. Curiosamente, iba con ellos el Provincial de los Dominicos, Fray Tomás de San Martín, del que ya hemos hablado. Sorprende que fuera con los almagristas, lo que hace pensar que, aunque su posición definitiva fue de lealtad a la corona, es posibe que tuviera sus titubeos. Se quedó al mando de la ciudad Juan Alonso de Badajoz: “Pronto acordaron nombrar capitanes, y, aunque pesó a muchos, obedecieron como General a Juan de Rada. Fueron nombrados capitanes de a caballo Cristóbal de Sotelo, Juan Tello e García de Alvarado; capitanes de gente de a pie, Diego de Hoces, Marticote, Cárdenas e Juan de Olea; sargento mayor, Suárez, y alférez general, Gonzalo Pereira. Eran en total quinientos diecisiete españoles, todos muy lucidos”.
    Fue entonces cuando Juan de Rada, el que, por encima de todos, tenía la máxima influencia sobre el joven Diego de Almagro, empezó a sentir los síntomas del mal que acabaría con su vida,  librándolo así del trágico futuro de muchos de los cabecillas almagristas: “Juan de Rada enfermó en ese tiempo. Algunos dijeron que se debió a cierta ponzoña que le dio Juan Balsa en la comida, mas lo que parece cierto fue que, como ya era viejo e hacía un año que jamás se quitaba de encima las armas, la enfermedad le venía de quebrantamiento, e iba con mucha pena. Cuando llegaron a Guarochiri, se volvieron a Lima, con licencia de Don Diego, fray Tomas de San Martín y el capitán Diego de Agüero, y, con mañas que tuvieron, Juan de Saavedra y Gómez de Alvarado. Luego le fatigó mucho el mal a Juan de Rada, y, viendo que no podía gobernar a los sodados, habló cn Don Diego e con los capitanes para que se nombrase capitanes generales a Cristóbal de Sotelo e García de Alvarado. Cosa que no podía acabar bien porque es malo que gobiernen dos cabezas a un puñado de gente”.
      Tanto los almagristas como los pizarristas de Perálvarez Holguín trataban de sorprenderse con tretas de despiste. Holguín, quien,  como sabemos, había sido nombrado capitán general, iba con sus hombres hacia Jauja para saber qué hacían sus enemigos. Habían llegado antes al lugar doce hombres de Almagro con el fin de ganarse el apoyo de los indios guancas. Cieza dice que no picaron el anzuelo: “Como aquellos indios son tan entendidos, e ya tenían aviso de la venida de Vaca de Castro, así como del alzamiento de Alonso de Alvarado en Chachapoyas y de Perálvarez en el Cuzco, disimularon su deseo de unirse a ellos, y hasta enviaron a ciertos indios para comunicarle a Perálvarez la llegada de los almagristas. Cuando lo supo, mandó a Gaspar Rodríguez de Camporredondo que fuese a Jauja y procurase prender a algunos de los hombres de Don Diego. Gaspar Roríguez, con voluntad de servir al Rey, partió para Jauja, y dio de noche en los cristianos que estaban alli, y los prendió, y volvió con ellos adonde Perálvarez, el cual mandó ahorcar a dos de ellos”.

     (Imagen) Nos sale al paso por primera vez el nombre de JUAN ALONSO DE BADAJOZ, con claros indicios de su importancia, porque vemos que Diego de Almagro el Mozo le deja al mando de la ciudad de Lima. Nacido en Badajoz el año 1487, es probable que llegara desde Panamá con Diego de Almagro el Viejo a Perú poco después de la batalla de Cajamarca, porque no participó en el botín de Atahualpa. No obstante, sin prisa pero sin pausa, llegó a ser un hombre muy rico. Una de sus cracterísticas más notables fue la de sobrevivir a su permanente batallar en los ejércitos rebeldes, porque no solamente era necesario evitar las heridas mortales, sino, más difícil aún, librarse de que a uno le cortaran la cabeza después de sufrir las derrotas. Pero tantas veces fue el cántaro a la fuente, que, aunque tras largo tiempo, se rompió. Había ya salido derrotado en la batalla de las Salinas. Nadie lo castigó, y, terco en su rebeldía almagrista, formó parte de la conjuración que asesinó a Pizarro. Luchó después en la batalla de Chupas contra el Gobernador Critóbal Vaca de Castro. Tras la derrota, a su jefe, Diego de Almagro el Mozo, le cortaron la cabeza, y a él, nuevo milagro, solo le expulsaron del puesto oficial que tenía. Da la sensación de que abandonó por un tiempo los ajetreos militares. Pero, por aquello de que “cuanto más viejo, más pellejo”, volvió a las aventuras rebeldes, y, ya con más de sesenta años, se apuntó a la última guerra civil, luchando junto al amotinado Francisco Hernández Girón. Y entonces se acabó su historia: murió el año 1555, como consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Chuquinga. Tuvo dos “pecadillos”, noblemente corregidos: el año 1546, “fueron legitimados Pedro y Benito de Badajoz, hijos de Juan Alonso de Badajoz, vecino de Lima, y de Catalina, india soltera”.



viernes, 9 de agosto de 2019

(Día 905) Cieza habla de que las guerras civiles creaban cierta anarquía que perjudicaba a los indios. En los dos bandos había rivalidades por el rango militar. Los almagristas decidieron ir a ocupar el Cuzco.


     (495) Con la llegada de Peransúrez, la tropa ya ascendía a trescientos hombres. Decidieron entonces ir en busca de Vaca de Castro, dejando en el Cuzco la gente que estimaron necesaria, y estando dispuestos a dar la batalla a los hombres de Diego de Almagro si los encontraban por el camino.
     El deterioro social que trajeron consigo las guerras civiles perjudicó mucho a los nativos, aumentando los abusos a los que con bastante frecuencia estaban sometidos. Cieza, hablando de las salidas de las tropas, se lamenta de esta situación, y es justo que nos hagamos eco de sus palabras: “Querer hablar de los grandes males, daños, insultos, robos y vejaciones que se les hacía a los naturales en estos desplazamientos, es nunca acabar, porque no se tenía en más matar indios que si fueran bestias inútiles, y como si Cristo, Nuestro Dios, no se pusiera en la cruz por ellos como por nosotros. Si los capitanes querían poner algún remedio, no lo conseguían, porque, como en las guerras civiles que ha habido los soldados han tendido siempre al robo e a vivir libremente, queriéndolos corregir, se amotinaban, pasándose de un campo a otro, o se quedaban por los pueblos si no les dejaban seguir su propósito. Es verdad que también se puede, en alguna manera, relevarlos de culpa, por ser la tierra tan áspera y falta de animales, e muchos iban a pie por no tener caballo. También hay algunos despoblados en los que conviene, por el mucho frío que en ellos hace, llevar tiendas y provisiones, y, si se hiciese con moderación, yo no culparía llevar indios de servicio. Pero, si uno tenía necesidad de un puerco, mataba veinte, y si de cuatro indios, llevaba doce. Hablando más claro, diré que muchos llevaban a sus mancebas públicas en hamacas, a cuestas de los pobres indios”.
     Tanto en un bando como en otro, había ciertas rivalidades por la categoría militar. Entre los que iban con Perálvarez Holguín, el irascible Alonso de Toro tuvo un fuerte enfrentamiento con Don Pedro Portocarrero, que no se convirtió en tragedia porque mediaron sus compañeros. También en el campo de Diego de Almagro surgió un problema de celos profesionales. Estando en Lima, se enteraron de que Perálvarez se había adueñado del Cuzco y del empuje con que el temible Alonso de Alvarado se organizaba para atacarlos: “Recibieron por ello gran turbación, y los más principales entraron en consulta para determinar lo que harían. Gómez de Alvarado y Juan de Saavedra estaban dolidos de que Juan de Rada fuese el General y tuviese poder sobre ellos, habiendo sido hombre común y simple soldado, y se sentían muy poco valorados por Don Diego de Almagro, y, aunque paticipaban en algunas consultas, no era gustosamente”.
     Aquello era un sinvivir de preocupaciones y dudas: “A unos les parecía que debían ir a desbaratar al capitán Alonso de Alvarado, y, a otros, que fuesen a prender o matar a Vaca de Castro, y engrosar así su ejército, e después aguardar lo que Su Majestad proveería sobre aquellas cosas. Pero, finalmente, a todos les pareció bien el consejo del sensato Cristóbal de Sotelo, que era que fuesen a encontrarse con Perálvarez y le desbaratasen, pues no podía traer más de trescientos hombres, y después anduviesen hasta meterse en la gran ciudad del Cuzco”.

     (Imagen) La ilustre sangre de JUAN DE SAAVEDRA sería sevillana (como dice Inca Garcilaso), pero él no. Lo que sí resulta incuestionable es que fue un hombre sensato y humano. Por ser uno de sus capitanes de confianza, Almagro, durante la campaña de Chile, le confió la misión de avanzar explorando hacia el sur en aquel barco que, como ya vimos, había traído con refuerzos Noguerol de Ulloa. Llegaron los dos hasta una bahía a la que Saavedra le puso el nombre de VALPARAÍSO. Sería muy hermosa, pero ha quedado así llamada porque Saavedra nació en VALPARAÍSO DE ARRIBA, un pueblín de Cuenca. Dicen que la patria de un hombre es la infancia, y, en medio de las batallas constantes, los horrores, el sufrimiento y la enorme lejanía del lugar en el que vino al mundo, Juan de Saavedra mostró su agradecimiento por lo que más amaba. Cuando, como vimos, Almagro apresó a Hernando Pizarro, Saavedra fue uno de los que se opusieron a que fuera ejecutado. En las guerras civiles (las aborrecía), solo fue fiel a los almagristas hasta que se rebelaron contra la Corona. Siempre escogió lo que le parecía más correcto. Tuvo que abandonar las tropas de Almagro el Mozo y pasarse a las de Gonzalo Pizarro, para ser fiel al Rey. Y, lo que son las cosas, muerto ya El Mozo, decidió luchar junto al virrey contra Gonzalo por su clara rebeldía. Consta que en 1551 vivía en el Cuzco, pero pronto partió para España, muriendo el año 1554 en el conquense pueblo de sus amores, Valparaíso de Arriba. La chilena VALPARAÍSO (hoy con un millón de habitantes) la fundó PEDRO DE VALDIVIA el año 1544, pero respetó el nombre que Saavedra le puso a su bahía. Bien hecho.



jueves, 8 de agosto de 2019

(Día 904) Vaca de Castro fue consiguiendo que le aceptaran en todas partes como Gobernador. Le envió un mensaje a Gonzalo Pizarro para anunciarle la muerte de su hermano, pero los mensajeros no lo encontraron.


     (494) Nada más poderoso para Vaca de Castro que ese documento real que lo convertía inmediatamente en el legítimo Gobernador de todo el Perú. Solo los almagristas más acérrimos serían capaces de desafiarlo, y los tibios tendrían que disimular o someterse abiertamente a su autoridad: “Llegados a Quito los mensajeros que, desde Popayán, despachó Vaca de Castro, cuando allí vieron la cédula del Rey, Nuestro Señor, entraron en cabildo Pedro de Puelles (ya hablamos de su terrible muerte posterior), que estaba al mando, los alcaldes y los regidores, e aceptaron como gobernador a Vaca de Castro, quien, cuando lo supo, se alegró de que las cosas llevasen buenos principios, y, con mucha prisa, partió para ir allá”. Poco antes de llegar a Quito, recibió Vaca de Castro otra carta que, por venir de quien venía, le alegró en gran manera. Se la mandaba el gran Alonso de Alvarado, contándole que, al conocer la muerte de Pizarro, hizo pública su fidelidad al Rey, y que, reclutando tropas, permanecía esperándole en un lugar bien protegido: “De inmediato, Vaca de Castro le envió un traslado de la cédula del Rey, valorando la importancia de que se hubiera puesto bajo la bandera del Rey, y diciéndole que no se podía esperar menos de un caballero tan notable”.
     Al llegar a Quito, Vaca de Castro fue recibido con gran solemnidad, y, desde allí, continuó enviando cartas para que en todos los lugares supieran que ostentaba el título de Gobernador del Perú. Otro de sus principales objetivos era el de reclutar gente, formar un ejército poderoso e ir a Lima para derrotar a Diego de Almagro. Su título de Gobernador animaba a muchos hombres a alistarse en sus tropas. Informado de todo, sabía que Gonzalo Pizarro andaba por la tierra de la Canela. Pensó que, en cuanto conociera que los de Almagro habían asesinado a su hermano, volvería rápidamente a luchar contra ellos bajo sus órdenes. Como no llegaban noticias suyas, “mandó a Gonzalo Martín, vecino de Quito y conquistador antiguo, que fuera con treinta hombres a buscarlo, para que le contara que los de Chile habían matado al Marqués, su hermano, y que, como él era ahora el Gobernador, le pedía que volviese con la gente que tenía, para ir a castigar a Don Diego por lo que había hecho”. Los enviados, sin duda, pasarían muchas penalidades en las tierras amazónicas tras el rastro de Gonzalo Pizarro, pero no consiguieron encontrarlo. Tuvo Vaca de Castro más suerte con otro ‘fichaje’. Encargó a un mensajero que fuera a la zona de Bracamoros, y el capitán que andaba por aquellas tierras, Pedro de Vergara, aceptó de inmediato unirse a Vaca de Castro para luchar contra los almagristas.
    En el Cuzco, Perálvarez Holguín, como ya sabemos, tenía preso a Don Alonso de Montemayor, el enviado de Diego de Almagro, y no se fiaban de él porque siempre fue muy apreciado por los almagristas:  “Intentó huir porque, antes de que llegase Peransúrez, le dijeron que venían en su compañía algunas personas que estaban a mal con él, y temía que, siendo tiempos revueltos, quisiesen matarle, mas pronto Perálvarez lo tuvo de nuevo en sus manos e lo mandó prender, pero dándole el tatamiento que, como caballero, merecía”.

     (Imagen) Dediquemos otra imagen a PEDRO DE VERGARA (en realidad, “de Espinosa Vergara”). Era natural de Medina del Campo. Aceptó de inmediato, como nos cuenta Cieza, unirse a las fuerzas de Cristóbal Vaca de Castro contra los almagristas, y siempre se mantuvo dentro de la legalidad. Es Pedro otro ‘segundón’ cargado de méritos. Estuvo en la batalla de las Salinas como capitán de arcabuceros, y, tras la victoria, Pizarro, para agradecerle sus buenos servicios, le concedió la exploración y conquista de la zona de los indios bracamoros, tan bravos que más de una vez habían rechazado ataques del imperio inca. Fue Pedro de Vergara el primer capitán español que entró en aquel territorio del norte de Perú. Permaneció un tiempo inmerso en gandes dificultades, y suspendió su campaña cuando recibió la llamada de Vaca de Castro. Mereció la pena, porque lograron vencer a Diego de Almagro el Mozo en la batalla de Chupas, donde Pedro sufrió una herida. Tuvo después el privilegio de firmar como testigo de la dura sentencia dictada por Vaca de Castro contra los almagristas, en la que bastantes fueron condenados a muerte, siendo, lógicamente, El Mozo uno de ellos. Volvió más tarde Pedro de Vergara a la tierra de Bracamoros, pero también otros dos capitanes dejaron huella en el lugar. Juan Porcel fundó una ciudad con el nombre de su patria chica, Jerez de la Frontera. Resultó otro gran capitán, aunque, a diferencia de Pedro de Vergara, muy dado a cambiar de bando en las guerras civiles, a pesar de lo cual, vivió hasta el año 1560. Quien logró asentar una ciudad definitiva fue el jienense Diego Palomino, en 1546, y le puso el nombre de JAÉN DE BRACAMOROS, contando hoy con unos 90.000 habitantes. Un último detalle. En un momento determinado, PEDRO DE VERGARA fundó allá una ciudad luego desaparecida, a la que llamó Bilbao. Eso y su apellido hacen suponer que descendía de vascos.



miércoles, 7 de agosto de 2019

(Día 903) Con muy pocas ganas, Belalcázar se ve obligado a reunirse con Vaca de Castro debido al asesinato de Pizarro. Bien asesorado por Lorenzo de Aldana, decide Vaca de Castro ir directamente hacia Perú, ya como Gobernador, para enfrentarse a los almagristas


      (493) El primer paso que dio Vaca de Castro fue escribir a Belalcázar para que conociese la terrible noticia, y ordenarle que de inmediato, “puesto que siempre se había mostrado servidor de Su Majestad y era su Gobernador y Capitán  General, procurase reunir el máximo de gente e armas que pudiese y fuera a la ciudad de Popayán, donde le aguardaba”. Si en algo pensaba Belalcázar era principalmente en sus propios intereses. La noticia era dramática, pero es muy probable que lo que más deseara fuese tener vuelo propio y asentarse como Gobernador en las nuevas tierras que lograra conquistar. Hasta es posible que viera la muerte de Pizarro como una ventaja para sus proyectos. Pero la situación era muy delicada y evitó mostrarse como un rebelde: “Dicen que, vista por Belalcázar la carta de Vaca de Castro, le pesó grandemente, y que, más por temor que por voluntad, respondió a su llamada, pues siempre estuvo tibio en las cosas que le pidieron. Tenía otro motivo para no desear ir a Popayán, y era que se decía que el Capitán Jorge Robledo, fundador de aquellos pueblos y ciudades (por orden de Belalcázar), iba alzado con todos los que en aquel tiempo andábamos con él (Cieza, testigo de primera mano), y que el Adelantado Belalcázar deseaba prenderlo personalmente”. Así que, aunque forzado, le respondió que estaba contento de ir a Popayán. Pero contaba entonces con poca gente: “Se aderezó como mejor pudo, y, acompañado de algunos criados y amigos suyos, y de otros vecinos de la ciudad de Cali, partió, e llegó a la de Popayán, donde fue recibido por el Presidente Vaca de Castro”.
     El segundo paso de Vaca de Castro fue jurídico, y de gran importancia: “Juntos con él los más principales que allí se hallaban, Vaca de Castro mostró una Real Cédula en la que Su Majestad mandaba que si, durante su ida a Perú, muriese el Marqués Pizarro, pudiese él tomar en sí el gobierno de las provincias e ser su Gobernador en ellas, teniendo poderes tan bastantes como los que tenía el mismo Marqués. Cuando fue vista la cédula, estuvieron altercando sobre lo que mejor sería hacer para quitarle el reino a Don Diego de Almagro, pues lo tenía contra la voluntad de Su Majestad”. Algunos decían que era necesario que Vaca de Castro volviese a Panamá para preparar un ejército fuerte con el que ir a derrotar a los almagristas. El sensato Lorenzo de Aldana lo vio de otra manera: “No era de este parecer, y le dijo a Vaca de Castro que, con toda brevedad, fuese a Perú, porque, aunque Don Diego se hubiese nombrado Gobernador, había allí tales caballeros y servidores del Rey, que, sin ninguna duda, acudirían a su servicio, y que la ida a Panamá acarrearía mucho daño y no traería ningún provecho”. Vaca de Castro quedó convencido, y se preparó para ir a Quito. Envió previamente desde Popayán muchas cartas para que en todas partes se supiera que, según lo dispuesto por el Rey, era, desde la muerte de Pizarro, el Gobernador de todas aquellas tierras: “Mandó al Adelantado Belalcázar que fuese con él a Perú, y luego partió para la ciudad de Quito, llevando consigo al capitán Lorenzo de Aldana, pues tenía gran esperanza de que le ayudaría en los negocios”.

     (Imagen) Acabamos de ver que, uno de los que salieron de la villa de la Plata con Peransúrez para unirse a los tropas que habían de luchar contra los almagristas, era PEDRO DE HINOJOSA, del que ya conté algo. Su importancia en las guerras civiles resultó fundamental, sobre todo al provocar la derrota definitiva de Gonzalo Pizarro poniéndose con su tropa al servicio de Pedro de la Gasca. Cuando ejecutaron a Gonzalo, tuvo el detalle de vestirse de luto, sin preocuparse de las críticas que provocó. Había nacido en Trujillo el año 1513, y era pariente de los Pizarro.  Da la casualidad de que, cuando seguía fiel a los pizarristas, había tenido duros enfrentamientos en Panamá con Melchor Verdugo, el poco escrupuloso protagonista de la imagen anterior. En los años siguientes, Pedro de Hinojosa vivió las mieles del triunfador, llegando al culmen de su ascenso al ser nombrado Gobernador de la Plata, ciudad de la que había sido, años atrás, uno de sus fundadores. Pero allí su vida acabó de mala manera. Unos veteranos soldados, capitaneados por DON SEBASTIÁN DE CASTILLA, iniciaron una rebelión motivada por las leyes que recortaban los derechos de las encomiendas de indios. Al oponerse Pedro de Hinojosa a unirse a ellos y dirigir sus tropas, lo mataron a pesar de ser la máxima autoridad en La Plata. En aquellas demenciales rebeliones, siempre condenadas al fracaso, abundaban los soldados menos recomendables. Sirva de ejemplo que el terrorífico Lope de Aguirre era uno de los conspiradores. Tras matar a Hinojosa, los propios hombres de Sebastián de Castilla temieron las consecuencias, y lo asesiaron a él. El cabecilla de esta chapuza, Vasco Godínez, fue al Cuzco a suplicar perdón, ante las máximas autoridades, por la rebeldía y el asesinato de Hinojosa, pero fue apresado, juzgado y ahorcado.



martes, 6 de agosto de 2019

(Día 902) Alonso de Alvarado quería atacar ya a García de Alvarado. Le pidió (en un escrito) que acelerara su marcha a Vaca de Castro, quien entonces se enteró del asesinato de Pizarro. Perálvarez apresó en el Cuzco al almagrista Alonso de Montemayor.


     (492) Cieza nos va a dar ahora algunos datos entrelazados de lo que iba sucediendo en distintos sitios. Habla de que el gran Alonso de Alvarado, el más importante de los capitanes pizarristas, había planeado atacar y derrotar al capitán almagrista García de Alvarado, personaje inquieto y de pocos escrúpulos, “pensando que, si le desbarataba, sería una gran pérdida para los de Chile, porque tenían mucha confianza en él”. Para ello, buscó el apoyo del capitán Melchor Verdugo, que estaba en la provincia de Cajamarca, “al que le pidió que se juntase con él, pero no lo quiso hacer porque deseaba estar neutral”. Esta negativa le estropeó su estrategia, y decidió ponerse en contacto cuanto antes con Vaca de Castro, la máxima autoridad en el campo leal al Rey. En el extensísimo territorio de Perú, las comunicaciones eran muy lentas, y la primera preocupación de Alvarado fue situarse bien defendido en algún lugar seguro. Tambien aprovechaba el tiempo enviando mensajeros a distintas poblaciones para conseguir más soldados adeptos a su causa: “Y en cartas que le envió a Vaca de Castro, le decía que se diese prisa en llegar, porque, en cuanto los del reino supiesen que ya venía, pronto acudirían muchos para servir al Rey”.
     Los ejércitos contrincantes se preparaban frenéticamente para la batalla. Habíamos dejado a los capitanes pizarristas Perálvarez Holguín y Pensúrez en el Cuzco, como dueños de la situación, ocupados en esa tarea, y llegó entonces a la ciudad el almagrista Don Alonso de Montemayor, a quien Diego de Almagro el Mozo  le había encargado la difícil, y hasta peligrosa, misión de convencer a Perálvarez de que cambiara de bando, “pues, dado que siempre se había mostrado amigo del Adelantado Don Diego de Almagro, que lo fuese ahora de los vengadores de su muerte”. Pero, en cuanto entró en el Cuzco, se dio cuenta de que iba a fracasar y de que más le valía hacer un simple comentario de circunstancias: “Don Alonso de Montemayor se refrenó, como caballero cuerdo, e mostró voluntad de querer estar al servicio del Rey, mas Perálvarez lo prendió, y lo tenía bajo vigilancia para que no se volviese a la ciudad de los Reyes”.
     Por su parte, Vaca de Castro seguía en la ciudad de Popayán, donde le había llegado la noticia de la muerte de Pizarro. Recordemos que entonces le dio orden a Belalcázar de que no se moviera de la ciudad de Cali hasta un nuevo aviso suyo. Lo que quería era confirmar a la mayor brevedad los hechos, cosa nada fácil a tan gran distancia. Dio la casualidad de que unos españoles que iban por mar desde Panamá hacia el Cuzco tuvieron información de los principales acontecimientos, y también de que Vaca de Castro estaba en Popayán, de manera que, por evitar los riesgos de los conflictos armados, fueron por tierra a su encuentro y le pusieron al día de lo que estaba sucediendo: “Le dijeron que Don Diego de Almagro se había nombrado Gobernador del reino, y había enviado al capitán García de Alvarado a recorrer la costa, y aun a procurar tenerle (a Vaca de Castro) en sus manos para matarlo o prenderlo, y que (García) había apresado a Alonso de Cabrera e a otros, y los había matado, y que se llevó preso al licenciado García de León. Sabido esto, Vaca de Castro claramente entendió que el Marqués había sido matado y Don Diego nombrado Gobernador”.

     (Imagen) MELCHOR VERDUGO nació en Ávila hacia el año 1513. Pronto consiguió una fortuna en las Indias, y se casó con Jordana de Mejía Arévalo. Participó en el botín de Atahualpa y fue uno de los fundadores de Trujillo (año 1534). Le gustaba el relumbrón y la riqueza, aunque se lo ganó a pulso. Con ese afán consiguió que le concedieran un escudo de armas y ser nombrado Caballero de Santiago. Pizarro le adjudicó por sus méritos una encomienda de indios muy importante. El documento de la concesión le exige, como era habitual, que adoctrine a los indios cristianamente y que los trate con humanidad. Pero también se ve que, en la práctica, los encomenderos no se asustarían de esta ridícula amenaza: “Si así no lo hiciereis, cargue sobre vuestra conciencia, e  no sobre la de su Majestad, ni sobre la mía (la de Pizarro)”. De hecho, Cieza, aunque reconoce su valía como soldado, afirma que Verdugo fue “un patrón de los indios despiadado y cruel”. Llama la atención que Melchor Verdugo rechazara ayudar a Alonso de Alvarado en la lucha contra Diego de Almagro el Mozo, dándole la excusa de que no quería tomar partido por ninguno. Es probable que, ya muy rico (también tenía minas de plata), no quisiera complicarse la vida. No obstante, como las medias tintas eran mal asunto en las guerras civiles, terminó por ceder, y participó en la batalla de Chupas contra el Mozo. Más tarde se puso a las órdenes de Pedro de la Gasca frente a Gonzalo Pizarro, comportándose de forma brutal en sus correrías, de lo que tuvo que dar cuenta. Lo que quiere decir que Cieza no había hecho un juicio temerario sobre su mal carácter. Pero no salió malparado, porque siguió vivo hasta el año 1567, tocándole después a su viuda defender las posesiones familiares a base de pleitos.



lunes, 5 de agosto de 2019

(Día 901) Peransúrez consiguió que los vecinos de la Plata le otorgaran el mando contra los almagristas. Luego él y sus hombres se dirigieron hacia el Cuzco para reunirse con Holguín y Tordoya.


     (491) Además de estos dos temibles enemigos, había otro prestigioso militar que se iba a unir con ellos para vengar a Pizarro, el capitán Peransúrez, aunque se vio en algunas dificultades para asumir el mando supremo de los españoles que estaban en la Villa de la Plata: “Siendo aquel año alcaldes en la Villa de la Plata el capitán Garcilaso de la Vega e Luis Perdomo, y regidores Pedro de Hinojosa, Diego López de Zúñiga, Francisco de Almendras e Juan de Carvajal, y alguacil mayor Antonio Álvarez, vino la noticia de la muerte del Marqués, de lo que todos recibieron muy grandísima pena, pesándoles que un Gobernador del Rey y Capitán tan antiguo en las conquistas de estas Indias, fuese matado con tanta crueldad. Luego los alcaldes e regidores se reunieron en cabildo, y, después de haber alzado bandera de lealtad al Rey, acordaron mandar un mensaje al capitán Peransúrez para que volviese pronto. Cuando supo lo sucedido, le pesó grandemente, y, con toda brevedad, volvió a la Villa de la Plata. Se reunieron en cabildo muchas veces, aunque no concluían nada porque los regidores querían nombrar Capitán al virtuoso caballero Gonzalo de la Vega e a Diego de Rojas, pero pretendía serlo Peransúrez por haber sido Teniente de la gobernación de la villa, y hasta tuvo algún enfrentamiento con el alcalde Luis Perdomo. Entonces Pedro de Hinojosa habló bien y en tal manera que, reconociendo todos que Peransúrez era caballero e animoso, y que había sido Teniente del Marqués, determinaron que fuese Capitán”.
     Como Perálvarez Holguín les había enviado desde el Cuzco un mensajero para que se uniesen a la rebelión contra los almagristas, Peransúrez, ya al mando en la Villa de la Plata, preparó a su gente para, tras arengarlos, ir a reforzar la tropa de Holguín, quien estaba adquiriendo un gran protagonismo, y del que, no obstante, Vaca de Castro acabaría harto: “Salió Peransúrez de la Villa de la Plata llevando cincuenta y dos de a caballo, entre los cuales iban Garcilaso de la Vega, Pedro de Hinojosa, Gaspar Rodríguez de Camporredondo, Lope de Mendieta, Alonso de Loaysa, Diego Centeno, Luis Perdomo, Alonso de Mendoza, Juan de Carvajal, Diego de Rojas, Alonso Camargo, Lope de Mendoza, Diego Lope de Zúñiga, Diego de Almendras, Francisco de Tapia, Hernán Núñez de Segura, Luis de Rivera, Alonso Pérez Castillejo, Francisco Retamoso, Hernando de Aldana, Alonso Manjarres y otros (nombres que copio porque convendrá aportar datos de las biografías de estos héroes, varios de ellos casi anónimos)”. Como dato curioso, diré que Camporredondo era hermano de Peransúrez, pero, en la guerra de las Salinas, habían batallado en bandos contrarios, el primero junto a los almagristas y ,el segundo, del lado pizarrista.
    En su caminar, llegaron a Arequipa y allí se encontraron con el sargento mayor Francisco Sánchez y la gente que llevaba por orden de Perálvarez Holguín. Siguieron después su ruta, y, al alcanzar
su destino, el Cuzco, estuvieron a punto de tener un serio percance porque los de la ciudad pensaron que venían a atacarlos. Hasta se dispararon algunos arcabuzazos, aunque pronto salieron de su error, de manera que “el capitán Perálvarez, Gómez deTordoya y los demás los recibieron muy bien, y hubo mucha alegría en el Cuzco. Todos le dieron la obediencia a Perálvarez y lo reconocieron como General, y él nombró Capitanes de Lanzas al mismo Peransúrez y al Capitán Garcilaso de la Vega”.

     (Imagen) Anticipemos datos de un gran hombre: DIEGO CENTENO. Nació en  Ciudad Rodrigo (Salamanca) el año 1516. Partió para las Indias en 1535 con la expedición de Felipe Gutiérrez (del que ya hemos hablado). Llegaron a Veragua (Centroamérica), y aquello resultó durísimo y un fracaso total, en el que hasta los españoles comieron cadáveres. Fue entonces cuando Felipe Gutiérrez, fracasada su gobernación, atendió la desesperada llamada de ayuda que lanzó Pizarro al verse acorralado por una rebelión general de los Indios. Felipe partió hacia el Perú con varios hombres, y, uno de ellos, era el jovencísimo Diego Centeno. Controlados los ataques indígenas, Diego Centeno se vio envuelto en las guerras civiles, luchando contra Diego de Almagro en la batalla de las Salinas. Victoriosos los pizarristas, fue después con Peransúrez en 1540 a fundar la villa de la Plata (la actual Sucre boliviana). En la batalla de Chupas lo veremos nuevamente vencedor, enfrentado a Diego de Almagro el Mozo. Siempre guiado por la lealtad a la Corona, Diego Centeno va a luchar como un bravo capitán en las guerras civiles también contra Gonzalo Pizarro. Será derrotado en Huarina por el terrible Francisco de Carvajal, del que tuvo que esconderse largo tiempo para que no le cortara la cabeza. Conseguirá rehacerse y luchar luego al servicio del gran Pedro de la Gasca en la batalla de Jaquijaguana, donde fueron vencidos, y seguidamente ejecutados, Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal. Eran tantos los méritos y la valía de Diego Centeno, que le ofrecieron, nada menos que, la Gobernación de Paraguay. Quizá con gran sensatez, la rechazó porque prefirió explotar su mina de Potosí. Pero el Destino tenía otros planes, y allí murió de enfermedad en 1549, con solo 33 años. Qué gran tipo. Y qué lástima que se acabara su vida tan pronto. Cieza se encargará de mostrárnoslo en acción.



sábado, 3 de agosto de 2019

(Día 900) Finalmente, Francisco de Chávez fue ejecutado, y Francisco Núñez de Pedroso, desterrado. Los almagristas vieron con preocupación que los pizarristas estaban dirigidos por grandes capitanes.


     (490) Podían haber tenido alguna respeto por el brillante historial de Francisco de Chávez al servicio de los almagristas, pero, quizá ya hartos de su carácter intransigente, actuaron por la tremenda. Parece ser que también influyó un rencor reciente de Juan de Rada. Se enteró de que, cuando Diego de Almagro el Mozo lo nombró Capitán General, resultando desplazado del cargo y muy dolido Gómez de Alvarado, habiendo sido Rada un simple criado de su hermano, el gran Pedro de Alvarado, Chávez lo consolaba y le decía que era necesario poner remedio a tan gran injusticia. Sería, quizá, un detalle más para precipitar el destino de Chávez: “Sabiendo Juan de Rada que la gente andaba alborotada por lo que estaba ocurriendo, tomó consejo con sus amigos, y acordaron matar al capitán Francisco de Chávez y desterrar a Francisco Núñez de Pedroso. Al otro día, por la mañana, fueron, por mandato de Don Diego y de Juan de Rada, a dar la muerte a Francisco de Chávez, el cual ya estaba arrepentido de lo que había hecho. Le dijeron que se confesase, y, según cuentan, se asombró, y respondió que tenía dos sillas, una en el cielo y otra en el infierno, y que ya la Potencia Divina tenía determinado a cuál de aquellas partes había de ir, y que no quería confesarse. Según otros, lo que dijo fue que, puesto que así lo mataban sus amigos, que el diablo le llevase el ánima”.
     Comentando estos rumores sobre Chávez, Cieza muestra, una vez más, su alma de creyente, al recordar que Chávez, como ya vimos en su día, había obligado a unos frailes a volverse al convento con las sagradas formas que habían sacado a la calle para pacificar a la gente: “Bien pudo ser que dijese ambas cosas, porque un hombre que tan poco acatamiento hizo al Santísimo Sacramento, no esperaría tener mejor muerte que esta. Tras decir esto, fue ejecutado por el verdugo, y también lo fue el bachiller Enríquez. Al Francisco Núñez lo desterraron en aquel navío, donde habían embarcado también a Doña Inés, la mujer de Francisco Martín de Alcántara (asesinado con su hermanastro Pizarro), e a los hijos del Marqués. También desterraron a Diego de Peralta, vecino de la ciudad de la Paz, y hombre que ha servido mucho a Su Majestad”. Vemos, pues, que no solo había enfrentamientos y ejecuciones, sino que se utilizaba asimismo el destierro con quienes no habían creado conflictos pero suponían un riesgo potencial por razones de parentesco o amistad con sus enemigos.
     Los hombres de Diego de Almagro habían demostrado enorme osadía matando a Pizarro, pero su preocupacion aumentaba al ver que capitanes de gran talla continuaban fieles a su memoria y se preparaban para luchar. Probablemente, al que más temían era a Alonso de Alvarado: “Hacía ya muchos días que Perálvarez Holguín (pizarrista) le había quitado el mando de la ciudad del Cuzco al capitán Gabriel de Rojas (almagrista), y juntó gente para venir a buscar a los que habían matado al Marqués. Cuando se supo en la Ciudad de los Reyes, Don Diego de Almagro y los que con él estaban tuvieron mucha turbación viendo que, Alonso de Alvarado por un parte y Perálvarez por otra, se hubiesen levantado contra ellos. Tomando consejo sobre lo que harían, determinaron ir a desbaratar a Perálvarez”.

     (Imagen) El bachiller HERNANDO ENRÍQUEZ, que era, además, boticario y cirujano (no le faltaría trabajo entre tanto enfermo y herido), era natural de Barcarrota (Badajoz), como el valiente Gómez de Tordoya y el excepcional Hernando de Soto, a quienes frecuentaría en su pueblo  y en Perú. Nos servirá para entender lo peligroso que era nadar a dos aguas en las guerras civiles. Nos cuenta Cieza que enredó bastante en el conflicto que, a cuenta de una india, le costará la vida a Francisco de Chávez. Pero es que, además, Enríquez, incorporado a las tropas de los almagristas, estaba haciendo imprudentemente campaña contra Diego de Almagro el Mozo. Así que lo ejecutaron junto a Chávez. Luego ocurrió algo también muy frecuente tras la muerte de un español en las Indias: un largo pleito sobre su herencia. Su padre, como heredero, demandó a Diego de la Dehesa, un escribano del Cuzco, por apropiación indebida. Fue absuelto, pero hubo recursos. Lo que nos interesa ahora es el texto de la imagen. En él se confirma que Enríquez fue matado por orden de Diego de Almagro el Mozo, y se aclara que uno de sus albaceas había sido LUIS GARCÍA DE SANTMAMÉS. Y el tal Luis protagonizó otro ejemplo de los saltos mortales que había que dar para sobrevivir en medio de aquella locura bélica. Era almagrista, pero pronto luchó contra Diego de Almagro, quizá dolido por la muerte de Enríquez, y se unió a los pizarristas para servir a Vaca de Castro, representante del Rey. Ya firme en esa elección, siguió leal a la Corona cuando llegó el virrey Blasco Núñez Vela. Pero eso supuso inevitablemente enfrentarse a Gonzalo Pizarro, quien, aunque fue definitivamente derrotado y ejecutado por Pedro de la Gasca (ya muerto Núñez Vela), había vencido en la batalla de Huarina (año 1547), tras la cual, una de las muchas cabezas que rodaron fue la de LUIS GARCÍA DE SANTMAMÉS.



viernes, 2 de agosto de 2019

(Día 899) Intervino Rada y le obligó a ceder a Chávez, quien, airado y terco, le presentó con soberbia su dimisión a Almagro. Enterado Rada, apresó a Francisco de Chávez y a su amigo Francisco Núñez de Pedroso.


     (489) En cuanto salió de su casa Cristóbal de Sotelo, uno de los que allí estaban, adivinando que aquello no podía acabar bien, se lo hizo saber rápidamente a Juan de Rada, quien fue de inmediato a su encuentro: “Le dijo a Cristóbal de Sotelo que no siguiera adelante, pues no convenía a su autoridad que bastase una india libidinosa para moverlo a ir contra Francisco de Chávez”. Le respondió dándole a entender que ya había sido demasiado cortés con Chávez, y que, sin embargo, su actitud era amenazante. No obstante, dado que Rada le pidió que le dejase a él solucionar el problema, se  mostró de acuerdo, y volvió a su casa. Pero, si alguien no anduvo con contemplaciones, fue Juan de Rada: “Fue a la casa de Francisco de Chávez y le pidió con gran enojo la india, y, aunque le pesó, la sacó de su casa y del poder de aquel que la tenía, y se la dio a su primer señor”.
     El terco Francisco de Chávez convirtió el asunto en una cuestión de honor: “Viendo que Juan de Rada, contra su volundad,  le había sacado de su casa a la india, lo tomó por afrenta y oprobio suyo, y se fue adonde estaba Don Diego de Almagro, diciéndole, al parecer, que tomase el caballo e las armas que traía y que había recibido de su mano, que él no lo quería, ni tenerse más como su amigo, y que una le hizo su padre e bien se la pagó, y que otra le había hecho él e también se la pagaría. Lo cual dicen que le dijo porque hubo sospecha de que en Guáitara se carteó con Hernando Pizarro (traicionando a  Almagro el Viejo); lo cual jamás pude averiguar, ni lo creo, porque Francisco de Chávez siempre se  mostró fiel amigo de Almagro y enemigo de Hernando Pizarro”.
     Los que estaban presentes trataron de calmar a Chávez, pero él se mantuvo en su postura, e incluso dijo que “jamás sería amigo de Almagro ni sustentaría su partido”. Había que hacer algo con él: “Al oírlo Juan de Rada, mirando cuerdamente que no convenía darle libertad, quería prenderlo allí, pero no se atrevió porque Francisco Núñez de Pedroso era gran amigo suyo, y estaba alojado con los soldados en su cuartel como su capitán, por lo que le pareció que vendría en su ayuda”. Rada fue adonde estaba Núñez, le explicó lo que pasaba y, aunque su verdadera  intención era alejarlo de los soldados que tenía a su mando, le pidió que hablara con Chávez para covencerlo. Núñez, sin sospechar nada, hizo lo que le pedía, e incluso se esforzó en cambiar de idea a Chávez, pero estaba demasiado herido en su amor propio: no cedió.
     Juan de Rada consultó con los que estaban presentes qué decisión tomar. Se hablaba de apresarlo, y, al oírlo, Francisco Núñez de Pedroso dijo que, si lo hacían, que lo apresaran también a él con su amigo. Entonces Juan de Rada le tomó por la palabra y metió en la prision a los dos. ¿Y después, qué? Aún quedaba en el aire la necesidad de un último paso: “Venida la noche, para que no surgiese algún alboroto, porque tenían amigos, los enviaron a un navío que estaba en el puerto, y, con ellos, al bachiller Enríquez, porque, según decían, Francisco de Chávez tomó a la india por consejo suyo, y fomentaba la enemistad contra Don Diego de Almagro. Por la mañana hubo discusiones, pesándoles a algunos lo que se había hecho, y aprobándolo otros, e andaban en porfías”.

     (Imagen) FRANCISCO NÚÑEZ DE PEDROSO, nacido hacia el año 1500, demostró ser un gran amigo de sus amigos, aunque fueran tan tercos como un mulo en sus peores días, que fue el triste caso de Francisco de Chávez, quien, por no acatar la orden de entregar a una india, acabó preso. Y, por solidaridad, le pasó lo mismo a Pedroso. Veremos que después Chávez, y otro implicado, el bachiller Enríquez, fueron ejecutados. Se supone que, por el noble gesto de Pedroso, le perdonaron la vida, pero lo desterraron. Y ahí empieza el misterio del Capitán Francisco Núñez de Pedroso. ¿Qué fue de él? Solo he encontrado una pista de su deriva posterior. Aparece años después por tierras colombianas un Francisco Núñez de Pedroso que, con mucha probabilidad, ha de ser el mismo. Su destierro fue una bendicion porque dejó a gran distancia los campos de batalla de las guerras civiles, y se incorporó a las tropas de uno de los más humanos y cultos conquistadores de la Indias: Gonzalo Jiménez de Quesada, el fundador de Bogotá. Por encargo suyo, Pedroso estableció en 1551 una nueva población  cerca del gran río Magdalena. Le puso el nombre de Mariquita porque el cacique de la zona se llamaba Marquetá, y es un lugar tan agradable que Jiménez de Quesada lo convirtió en su rincón de descanso, e incluso pasó allí los últimos años de su larga vida. En el único documento que conserva el archivo digital PARES con una referencia a Pedroso (el de la imagen), se ve que en 1585 la viuda Catalina Bermúdez pone, como uno de los méritos de su marido, el capitán Gaspar de Enríquez, haber batallado bajo el mando del capitán Francisco Núñez de Pedroso “entre los dos ríos” (el Magdalena y el Cauca). En Mariquita hay un instituto que lleva el nombre de Francisco Núñez de Pedroso, pero solo saben de él que fue el fundador de la ciudad.



miércoles, 31 de julio de 2019

(Día 898) Cristóbal de Sotelo le dijo a Francisco de Chávez que ordenase a un soldado devolver a una india que retenía con permiso suyo. Se negó en redondo, y Sotelo se dirigió muy airado a la casa de Chávez.


      (488) Nos habla Cieza ahora de unos incidentes que nos dejan ver cómo la violencia entre los españoles, incluso del mismo bando, podía producirse de manera totalmente insensata. Uno de los protagonistas va a ser Cristóbal de Sotelo, entonces al mando en Lima, por delegación de Diego de Almagro el Mozo. Era una persona extraordinariamente razonable y con gran respeto a lo que estimaba justo, como lo deja bien claro el cronista. Da la casualidad de que, justo cuando iban a ocurrir los hechos, volvía a la ciudad el capitán García de Alvarado, que no participó en lo ocurrido, pero lo menciono porque, unos meses después, tuvo un conflicto violento con Sotelo, a quien uno de los hombres de Alvarado lo mató.
     Eso fue el resultado de un enfrentamiento importante, pero el de ahora comenzó por un asunto menor, envenenado por el amor propio. Resultó que “un soldado que era muy amigo de Francisco de Chávez (recordemos que no hay que confundirlo con el Francisco de Chávez que murió junto a Pizarro) había tomado una india a otro soldado que tenía mucha amistad con el capitán Cristóbal de Sotelo, y como era hombre de tanto pundonor y deseoso de que no se hiciera daño, envió a rogar con mucha amabilidad al capitán Francisco de Chávez, que, puesto que, con su permiso, el soldado habia quitado la india al que la tenía, que mandase que la restituyese”.
     Se negó en redondo: “Francisco de Chávez, con mucha arrogancia, le respondió que no quería que el soldado devolviese a la india, pues era suya, y que no le enviase ningún alguacil, porque lo maltrataría. Sotelo era sabio, y, conociendo los daños que se suelen seguir en las discusiones entre los capitanes, templando la ira con el saber de su persona, le rogó por segunda vez que se devolviese a la india a quien ya la poseía, indicándole que, si el otro decía que era suya, que la pidiese ante el juez”. Ante una nueva negativa altanera de Chávez, habló Sotelo con gran firmeza delante de seis amigos, y hasta dejó claro que, a pesar de estar en el bando de Almagro, cumpliría lo que las leyes del Rey ordenaran: “Dijo que le pesaba mucho que empezara a haber discordia y bandos entre ellos, que es causa de grandes daños, y que se alegraba en gan manera de no haber sido uno de los que mataron al Marqués,  y que, si seguía a Don Diego de Almagro, era por la amistad que tuvo con su padre, lo cual no suponía que él dejara de cumplir lo que Su Majestad mandara. Y dijo más: que no pensase que se saldría con lo que él no le consentiría. Después fue a la casa de Francisco de Chávez para quitarle la india, y, si se negase, la vida, o perder él la suya”.
     Sabiendo lo que va a ocurrir, Cieza se desespera por tanta estupidez violenta, y  no puede evitar desahogarse: “A vosotros, capitanes de mi nación, ¿qué os mueve a horadaros unos a otros vuestras entrañas con puñales y espadas? Lloro y en gran manera me acongojo en que, por cosas tan comunes, muriesen españoles tan adornados de serlo, reconocidos como merecedores de haber nacido a riberas del Ebro en cualquier región que atravesasen, pero enfrentados entre sí, pues, sin haber descubierto todos los secretos del Perú, levantaron guerras en las que los más de ellos, como testimonio de su desatino, quedaron muertos, de forma que luego vinieron a disfrutar de sus conquistas e poblaciones nuevas personas que no habían trabajado en aquellas tierras”.

     (Imagen) Ya hablamos de Francisco de Chávez el pizarrista. Toca hacerlo de FRANCISCO DE CHÁVEZ el almagrista. Tuvieron cosas en común, y otras muy diferentes. Nacieron los dos en Trujillo, cuna de tantos conquistadores, pero no todos bien avenidos, porque muchos vivieron el infierno de las guerras civiles. El pizarrista (que también estuvo inicialmente al sevicio de Almagro), fue un gran capitán, culto y generalmente razonable, pero odiado en la memoria de los peruanos de Huánuco por ser autor de una masacre de mujeres y niños como represalia. Eran parientes, y, el pizarrista, bastante mayor. Fueron ambos con Almagro a la campaña de Chile. A pesar de ser siempre fieles a su bando, los dos resultaron, por una vez, injustamente sospechosos. El mayor, como posibe cómplice de los asesinos de Pizarro; el otro, acusado por el gran Rodrigo Orgóñez de haberse puesto de acuerdo con los pizarristas en la batalla de las Salinas. Los dos Chávez salieron derrotados en esa batalla y Pizarro los perdonó. Pero el más joven siguió en el bando de los almagristas. Fue un bravo capitán, con un amor propio desmedido y terco. Da la casualidad de que, en cierta ocasión, apresó al Capitán Perálvarez Holguín, al que vemos ahora correteando para enfrentarse a él y a todos los almagristas que acababan de asesinar a Pizarro. El Chávez almagrista era bronco y poco religioso. Cieza le criticó que expulsara de la plaza de Lima a unos frailes que iban con el Santísimo suplicando que no se asesinara a Pizarro. Al mismo tiempo, los almagritas mataban al otro Francisco de Chávez, que trataba de calmarlos. Unos meses después, también Chávez el almagrista morirá. Había dado permiso a un soldado suyo para que tomara a una india que ya estaba concedida a otro compañero. Cieza nos está contando ahora de qué manera tan tonta se enredaron las cosas. A Chávez nada le importaba la india, pero sí mucho que se le negara el derecho a haberla entregado. Un simple pique por el mando, y su ciega terquedad, le costarán la vida. Fue algo tan estúpido, que, cuando fueron a matarlo, no se lo podía creer.