martes, 15 de enero de 2019

(Día 728) Almagro funda en el valle de Chincha la ciudad de Almagro (que poco duró). Pizarro, sin dejar de reforzar su ejército, acepta la propuesta de Almagro de nombrar dos mediadores por cada parte para decidir los límites de las gobernaciones.


     (318) Lo afirma así Cieza porque era entonces muy frecuente en los juicios y probanzas que los testigos se limitaran a decir, para favorecer a alguien, que era verdad lo que les preguntaban. Todos los interesados halagadores le aseguraban a Almagro que tenía derecho a fundar en el valle de Chincha: “Al cabo de algunos días llegó a la provincia de Chincha, a principio del mes de octubre de mil quinientos treinta y siete, dando algunas razones en un auto ante los escribanos, por las cuales mostraba convenir fundar allí la ciudad, ya que Su Majestad era de ello servido e caía en los términos de su gobernación; la situaron en aquel valle de Chincha, e llamose la ciudad Almagro. Esta fundación no permaneció muchos días”. Quiso dejar Almagro memoria de su localidad de origen, o de su propio apellido, pero tanto él como la recién nacida Almagro van a desaparecer pronto. Fue el destino de casi todos los que se rebelaron contra la Corona. Hasta en los documentos sobre las Indias fueron marginados: su rastro queda claro solamente en los hechos que ocurrieron mientras sirvieron al Rey; las referencias a sus períodos de rebeldía son muy escasas. Casi como una broma de la Historia, la única ciudad que, en recuerdo de Almagro, lleva su nombre en las Indias, fue rebautizada así, como ya vimos, hace escasos años en Chile, al borde del desierto de Atacama, por donde él pasó con su tropa a la vuelta hacia Perú de su terrible campaña por aquellas tierras andinas.
     A poca distancia, Pizarro, igual de inquieto y ajetreado que su ‘viejo amigo’ Almagro, ordenó que fueran reforzadas sus tropas en Lima, y esperaba impaciente que volvieran del Cuzco sus negociadores, el licenciado de la Gama, el factor Illán Suárez de Carvajal y Diego de Fuenmayor. No tardaron en llegar y le pusieron al corriente de la propuesta de Almagro. Después de oírlos, reunió a sus capitanes y consejeros para que le dieran su opinión sobre lo que lo convendría hacer: “Les dijo que Almagro quería dejar la decisión sobre el conflicto en manos de terceros que determinasen lo que fuese hecho, aunque no dejaba todavía de engrosar su ejército y de  prepararse para salir del Cuzco con todas las armas que pudiera aderezar. Después de que hubieron tratado sobre ello, pareciéndoles que sería cordura procurar la paz e concordia, y huir de la guerra e de las disensiones, pensaron que el Gobernador debería nombrar, como Don Diego de Almagro, otros dos caballeros, y se vería lo que determinaban acerca de la partición de las gobernaciones, pero sin que dejara de juntar el máximo de gente posible ni de hallarse aparejado para todo lo que fuese necesario”. Le pareció bien el consejo a Pizarro, y le pidió a su secretario, Domingo de la Presa, que redactara un documento público (con la contundencia propia de las promesas que no se piensan cumplir): “En él asentaba que estaba presto, e prometía aceptar lo que dijeren, aclararen, hicieren y concertaren los terceros que fuesen puestos de la parte del Adelantado Don Diego de Almagro e de la suya, e que no iría contra ello jamás”.
    
     (Imagen) No solo el poderoso Antonio Picado ejercía como secretario de Pizarro. También lo era el vasco DOMINGO DE PRESA, nacido en Las Encartaciones de Vizcaya. Muestro ahora en la imagen un documento del año 1553, del que ya dije algo. Resumo su contenido: Pedro de la Presa (sobrino de Domingo) dice que su tío fue a Perú con Pizarro hacia 1523, donde sirvió al Rey, no solo como soldado en la conquista, sino también como Contador y en cargos de Justicia, por lo cual Pizarro le dio repartimientos de indios. Luego afirma que Domingo “falleció en la ciudad de Sevilla cuando vino hace unos doce años para casarse y volverse a Perú con su mujer, de manera que su herencia me pertenece a mí por no haber dejado hijo legítimo, y a otras personas de quien tengo poder para ir a cobrarlo”. Sigue diciendo: “Aunque se han enviado poderes para cobrar la dicha hacienda con Jerónimo de Escribano, mercader vecino de Bilbao, nunca ha enviado recado de Perú. Por lo cual, suplico a Vuestra Alteza que me dé la licencia para que yo pueda ir a cobrar los dichos dineros”. En el expediente se ve escrito un ‘No ha lugar’. Le negaron el permiso a Pedro de la Presa, y ordenó el Rey que se enviaran directamente los bienes de su tío a la Casa de la Contratación de Sevilla, quizá para luego entregárselos. DOMINGO DE LA PRESA, que había hospedado en su casa a Diego de Almagro el Mozo, reciente huérfano, se imaginaría que estaba tramando el asesinato de Francisco Pizarro, pero se libró de verlo consumado porque partió hacia España poco antes de que lo mataran, aunque los dos, él y Pizarro, murieron casi al mismo tiempo.



lunes, 14 de enero de 2019

(Día 727) Cieza critica el mal trato a los indios que se utilizaban como porteadores. Almagro está a punto de cortarle la cabeza a Hernando Pizarro al enterarse de que los presos del Cuzco habían escapado.


     (317) En la mente profundamente cristiana de Cieza todo tenía un sentido: “Llegados al valle de Nasca, maltrataron a los indios, los cuales, por los pecados de sus padres y los suyos, merecían el castigo que por las manos de los españoles, permitiéndolo Dios Nuestro Señor, les ha venido”. Da a entender que, más que un maltrato intencionado y sádico por parte de los españoles, lo que había era una utilización de los indios sin que les preocupara lo que fuera de ellos: “No había marchado un ejército de españoles, cuando ya venía otro, y, si unos tenían poco temor de Dios e no tenían caridad para remediar que no fuesen muertos tantos millares de indios, los otros tenían menos, porque los capitanes de Pizarro eran tan remisos que no lo estorbaban, ni se molestaban en impedir tantos daños como se hacían. Y Almagro y los suyos no llevaban otra intención más que la de conseguir su deseo y tener la gobernación”. Parece ser que, aunque hubo abusos siempre, el ambiente casi anárquico que se produjo durante las guerras civiles trajo también pésimas consecuencias para los indios. En tiempos anteriores, Pizarro cuidó mucho el respeto a los nativos, castigando incluso con pena de muerte algún tipo de abuso.
     Quienes recibían un buen trato eran los indios amigos que luchaban al lado de los españoles. Los demás estaban expuestos a la llegada de tropas que arrasaban con sus provisiones, e incluso a ser forzados a ir como porteadores en las duras expediciones: “En Nasca Almagro mandó asentar su real, y allí los españoles se proveían a su voluntad a costa de los pobres indios, a quienes harto temor causaba ver que, estando ellos pacíficos, los cristianos los tratasen con tanta inhumanidad. E de los indios que habían venido de la sierra con el oro del Rey y el resto del bagaje, quedaron algunos muertos por los caminos, y otros tan lastimados de los pies, que no los pudieron aprovechar mientras vivieron”.
     Cuando ya Almagro iba a partir de Nasca, se le amargó la salida: “Le vino la noticia de que  en el Cuzco se  habían liberado Gonzalo Pizarro y Alonso de Alvarado. Cuando lo supo, recibió muy gran enojo, y más por la gente que se habían llevado, e pesole por no haberles cortado las cabezas. Rodrigo Orgóñez le decía que debía matar ya a Hernando Pizarro, y Almagro ciertamente estaba tan enojado que, si no fuera por la intercesión de Diego de Alvarado, habría muerto Hernando Pizarro aquella vez”.
     A la hora de establecer una nueva población, Almagro se apoyaba complacido en las justificaciones lisonjeras de sus hombres: “Algunos a los que había consultado le decían que los términos de su gobernación llegaban hasta el valle de Lima, otros que hasta la ciudad de Trujillo, y otros que no pasaba de Mala. Muchos de los que están en aquellas tierras miran tan mal lo que conviene a sus conciencias, que, como un gobernador quiera demostrar sus derechos, hallará tantos testigos unánimes, que no habrá ninguno que no diga, si pregunta,  que tiene la razón de su parte”.

     (Imagen) Vuelve a librarse HERNANDO PIZARRO de ser ejecutado. Y esta vez casi de milagro, porque la rabia de Almagro tuvo que ser difícil de controlar al saber que Gonzalo Pizarro, Alonso de Alvarado y los demás presos se habían escapado. Pero se diría que cortarle la cabeza a Hernando Pizarro superaba el horror que podía digerir. No es de extrañar que, cuando Hernando Pizarro, demostrando tener más estómago y más vileza, lo condenó a él a muerte, le echara en cara Almagro que muchas veces le había perdonado a él la vida durante los seis meses en que lo tuvo preso. Al llegar a España, pagó Hernando Pizarro con más de veinte años de cárcel su crueldad. Además, lo abrasaron a pleitos de todo tipo, por asuntos económicos y por hacerle responsable de muchas muertes. Hasta él pleiteaba a diestro y siniestro. En 1553, tuvo uno pintoresco, con este enunciado: “Diego Martín, clérigo, residente en el Cuzco, demanda al Comendador de la Orden de Santiago Hernando Pizarro  sobre el cobro de cierta deuda que pedía por el tiempo que estuvo sirviendo a dicho Comendador como capellán y mayordomo”. Ya lo tenía como capellán antes de ir a las Indias, cosa que aquietaba las conciencias y daba cierto tono social; luego, en un extraño regate, lo llevó a Perú para servirle como mayordomo. Incluso tan tarde como el año 1564, seguía Hernando en la cárcel y pleiteando, esta vez contra Arias Maldonado, un español que estaba aprovechando en Perú una hacienda que se le había requisado a Hernando Pizarro. La imagen muestra el inicio del expediente judicial.






sábado, 12 de enero de 2019

(Día 726) Gonzalo y sus compañeros huyen del Cuzco sin haber querido hacer daño a nadie. Perálvarez Holguín, cumpliendo su palabra, no escapa. Le vuelven a aconsejar a Almagro que mate a Hernando Pizarro, y se niega, pero tampoco acepta la idea de enviárselo preso al Rey.


     (316) Oigamos, pues, a Cieza: “Perálvarez Holguín e Garcilaso de la Vega habían ido el día anterior a cazar. Venido Perálvarez, le rogaron los capitanes Pizarro y Alvarado quisiese juntarse con ellos para irse a Lima, pues con ello haría gran servicio a Su Majestad e al Gobernador, y él no lo quiso hacer, respondiéndoles que había dado a Almagro su palabra de no huir (bajo la estricta forma de ‘pleito homenaje’) e no la podía quebrantar, por lo que determinaron prenderlo con toda moderación. Después de juntar todos los que pudieron ir con ellos, partieron del Cuzco sin matar ni hacer daño alguno”.
     Mientras tanto, Diego de Almagro seguía avanzando hacia Lima, totalmente ajeno a lo que había sucedido en el Cuzco. Llegaron a la provincia de Lucanes llevando preso a Hernando Pizarro, sobre quien volvieron a hacer consideraciones, y Cieza nos da a entender que seguían pesando los criterios discutidos ya en el Cuzco: “Tomó Almagro el parecer de letrados entendidos en aquellos negocios, cuyas razones yo no las sé, pero el licenciado Prado y el bachiller Guerrero muchas veces le dijeron que firmarían con sus nombres que estaría my justificado cortar la cabeza a Hernando Pizarro y a Gonzalo Pizarro. Si fuera por el parecer del general Rodrigo Orgóñez, Almagro jamás sacaría de la ciudad del Cuzco a Hernando Pizarro vivo”. Aunque algunos historiadores ven a Cieza como excesivamente defensor de Pizarro, la siguiente frase suya bastaría para reconocer que, en líneas generales, su criterio era también generoso con Almagro, recogiendo palabras suyas que le honraban: “Mas el Adelantado Don Diego de Almagro no quería que la sangre de los hermanos de su compañero se esparciese y derramase solo por asegurar los límites de su gobernación”. Quizá le faltó el sentido práctico y duro que requería la situación, como luego se demostró, pero hubo alguien que le sugirió la solución perfecta: “El Contador Juan de Guzmán le había aconsejado también en el Cuzco que, como tenía el navío en que fue a Chile, debía enviar presos en él a España a Hernando Pizarro y a Gonzalo Pizarro, secuestrándoles su hacienda para el Fisco Real, y enviándolos con persona que los entregase en las manos de Su Majestad”. Se había utilizado bastantes veces en las Indias este sistema para resolver conflictos muy graves, y con excelentes resultados. Y Cieza se lamenta: “Consejo de amigo fuera, si él lo tomara, pero no fue capaz de recibirlo ni guiarse por él, de manera que no se resolvió nada más por entonces”.
     Según avanzaba, Almagro iba fraguando la idea de fundar una ciudad “para tener la costa segura y que los despachos que le viniesen de parte de Su Majestad le llegasen seguros a sus manos sin ser estorbados, y para recibir allí a gente, socorro y caballos de Tierra Firme (Panamá), de la Nueva España (México) y de otras partes, y se acordó edificarla en el valle de Chincha”. Al parecer, cometieron a su paso muchos abusos contra los indios, y Cieza, siempre tan providencialista, una vez más critica duramente a los españoles por hacerlo, pero considera que los propios pecados de los nativos les trajeron como consecuencia un castigo divino.

     (Imagen) El contador JUAN DE GUZMÁN acaba de dar el más sensato de los consejos para evitar la guerra, pero, pasado el tiempo, no pudo perdonar que Almagro fuera decapitado, ni que en 1540 Francisco y Hernando Pizarro lo despojaran a él de su bienes y del cargo de Contador Oficial que venía desempeñando, como constata el enunciado de la siguiente Cédula Real:  “Real Cédula de D. Carlos al licenciado Vaca de Castro, por la que le manda entienda en el asunto de Dª Catalina de Padilla, mujer de Juan de Guzmán, Contador de la provincia de Nueva Toledo (la Gobernación de Diego de Almagro), el cual intervino en arreglar las paces entre Almagro y Pizarro, y, antes de venir a España, fue apresado por éste y su hermano Hernando y despojado de sus bienes y del cargo de Contador, así como del repartimiento de indios que Almagro le había dado”. Quizá todo eso fuera el motivo de que  participara en 1541, como ya comenté, en la conspiración que acabó con la vida de Pizarro. Es posible que el hecho de que no fuera ejecutado por un delito tan grave, se debiera a que luego luchó incorporado a las fuerzas leales al Rey (hemos visto un caso semejante, el de Nicolás de Heredia). No parece que viviera holgadamente sus últimos años. En 1548, su mujer intentó hacer valer los méritos de Guzmán presentando testigos en el Consejo de Indias. Aún vivía en 1556, pero tuvo otro sinsabor. El documento de la imagen revela que  entonces se encontraba en España  y residía en Ocaña, así como que estaba envuelto en un pleito promovido por Blas de Madrid, quien le reclamaba los bienes de su hijo Juan Fernández de Madrid, muerto en Perú.



viernes, 11 de enero de 2019

(Día 725) Algunos de los liberados estuvieron a punto de matar a Gabriel de Rojas, pero Alonso de Alvarado les hizo entrar en razón. Gonzalo Pizarro y los suyos consiguieron controlar a los pocos hombres de Almagro que habían quedado en el Cuzco.


     (315) Así lo cuenta el cronista: “Tomando el negocio como propio, fue llamando a algunos que sabía que les habían de ayudar, e se juntaron casi treinta hombres armados, y encubiertamente se metieron en las casas de Gonzalo Pizarro. En la casa de los presos, ya estaban los palos gastados con el fuego. Diego Hernández, un velador cómplice, cuando le pareció que la ciudad estaba sosegada, comenzó a cantar, como señal de que saliesen los capitanes. Y así, Gonzalo Pizarro y Alonso de Alvarado salieron por la ventana sin ser sentidos de los guardianes que estaban con Antón de Almagro, ni nadie los vio porque la  noche estaba muy oscura, e anduvieron hasta que llegaron hasta la misma posada de Gonzalo Pizarro. Al ver juntos a aquellos sus amigos, se abrazaron unos con otros. Luego acordaron Gonzalo Pizarro, Alonso de Alvarado y Lorenzo Aldana ir a prender a Gabriel de Rojas, e para tomarlo sin sorpresa ninguna, les pareció bien llevar a un tal Setiel, que había sido criado de Hernando Pizarro y se había pasado al bando de Almagro. Fueron a su casa, y Setiel, viendo que no tenía más remedio, todo turbado y creyendo que lo iban a matar, salió de ella. Gonzalo le dijo: ‘No hayáis temor ninguno, Setiel, que de hombres como vos no se hace caso’. Dicho esto, le mandó que fuese a la casa de Gabriel de Rojas y llamase a la puerta. Llegados allí, Setiel dio grandes golpes de manera que Rojas los pudo oír, e mandado abrir la puerta, supo lo que pasaba, y temiendo que lo matasen, se metió en lo más adentro de su cámara debajo de las cortinas y paños de su cama. Entrando dentro, algunos lo quisieron matar, e dicen que lo maltrataron ásperamente, poniéndole las manos en las barbas, y que habría llegado la cosa a su final de no entrar Alonso de Alvarado (siempre sensato). Después de hablar algunas palabras con él, le sacó de allí diciéndole que perdiese el temor, pues ningún mal se le haría. Lo pusieron preso, y volvieron adonde estaban Antón de Almagro y sus compañeros durmiendo, y le dijo Gonzalo a voces que abriera la puerta. Al reconocerlo, Antón de Almagro recibió gran turbación, y salió temblando suplicándole que no le quitasen la vida. Mandaron que no se matase a ningún hombre, y le pusieron a Antón de Almagro preso con Gabriel de Rojas”.
     Después lo importante era controlar la situación en el Cuzco: “Los que estaban en la ciudad oían el estruendo, mas como  Diego de Almagro había llevado consigo toda la gente de su confianza, ninguno quiso ponerse en contra de los liberados, quienes, además, se pusieron con todos sus amigos en parte donde, si viniese alguna gente a socorrer a los apresados, pudiesen salir contra ellos. Gonzalo Pizarro andaba con otros por todas las casas tomando los caballos para poder ir a la Ciudad de Los Reyes”.
     Fue entonces cuando Pedro Álvarez Holguín  tuvo el noble gesto  de cumplir la promesa de honor militar que, como ya vimos, le había hecho a Diego de Almagro. Como comenté anteriormente, no se limitó a permanecer preso, sino que llegó al extremo de formar parte de la tropa de Almagro en la ya próxima batalla de las Salinas, luchando contra los soldados de Pizarro, su viejo amigo y paisano, a quien siempre había servido fielmente.

     (Imagen) Va siendo hora de que empecemos a dar datos de GONZALO PIZARRO, porque su protagonismo irá en aumento. Ha estado siempre actuando como un bravo capitán, pero oscurecido por las poderosas sombras de sus hermanos Francisco y Hernando Pizarro. También vimos con más autoridad que él a su otro infortunado hermano, Juan Pizarro, igualmente bastardo de Gonzalo Pizarro el Viejo, pero los dos hijos de la misma madre. Juan habría llegado muy lejos de no haber muerto luchando en el cerco a que Manco Inca sometió el Cuzco. Y van a ocurrir cosas que dejarán a Gonzalo como un rebelde solitario en las guerras civiles, puesto que Hernando partió para España y Francisco fue asesinado. Este dramático hecho ocurrió mientras Gonzalo lideraba una aventura que pudo ser grandiosa pero acabó en uno de los mayores desastres de las campañas de Indias: la exploración del Amazonas. Murieron la mayoría de sus hombres, y Francisco de Orellana (por fuerza mayor o traicionando a Gonzalo) siguió río abajo en solitario logrando la gloria de ser el primero que lo recorrió entero. Vuelto Gonzalo a Lima, supo del asesinato de Francisco, y, dos años después, al surgir una rebelión general de los encomenderos por el rigor del virrey Núñez Vela, los propios oidores de la Audiencia de Lima, en franca rebeldía contra el virrey, lo nombraron Gobernador de Perú. En el documento de la imagen se ve que, previamente, le exigieron un ‘pleito homenaje de caballeros’ en el que Gonzalo se comprometía a ejercer el cargo con fidelidad al Rey (se supone que fingió aceptarlo). El trágico final de Gonzalo no tardaría mucho en llegar.



jueves, 10 de enero de 2019

(Día 724) Lorenzo de Aldana se implica en preparar la huida de los presos de Almagro. Consiguen escapar, yendo entre ellos el cronista Pedro Pizarro, quien también lo cuenta. Apresaron, además, al capitán Gabriel de Rojas.


      (314) El alguacil del los turnos de noche, que era amigo suyo, estuvo de acuerdo en poner durante las guardias nocturnas a soldados que no los delataran mientras horadaban la pared: “Jara y Cueto pudieron presto juntar dieciséis que querían ayudar, y, viendo que aquel negocio era importante y requería ser bien llevado, decidieron hacérselo saber a Lorenzo de Aldana (lo que quiere decir que daban por cierto que el capitán Aldana tenía ya deseos de traicionar a Almagro). Llegaron a su posada y, en muy gran secreto, le dieron parte de lo que pasaba. Lorenzo de Aldana creía que se burlaban, mas se lo afirmaron con tantos juramentos, que les creyó, e, tomando sus armas, se fue con ellos a la posada (no a la prisión) de Gonzalo Pizarro, donde se habían juntado catorce. Viendo Lorenzo de Aldana que  era necesario evitar que cortasen el puente de Apurima, para impedir que, cuando supiera Almagro que se habían escapado los capitanes, enviase gente contra ellos que los prendiese por no poder atravesar el río, mandó a dos de los juntados que fuesen a guardar el puente y evitasen también que pasase alguien con algún aviso”.
      La versión de Pedro Pizarro es menos detallada, y le da a Aldana un protagonismo inicial y principal en la liberación de los presos (uno de los beneficiados fue el propio Pedro): “Sintiendo mucho lo que le había dicho Almagro, Lorenzo de Aldana se quedó en el Cuzco, de lo que Almagro saldría perjudicado, pues, algunos días después de que partiera, habló secretamente con amigos que tenía en la ciudad,  y con algunos que veía que estaban agraviados por la entrada que en ella había hecho Almagro, pidiéndoles que le ayudasen a soltar a los presos. Después de tener ganadas algunas voluntades, mandó cartas a  Gonzalo Pizarro y Alonso de Alvarado, y, ya concertados, ordenó que se encargaran de la guarda nocturna de los presos los amigos con los que había hablado, y fue así como, velando estos, abrieron dos ventanas de la prisión que daban a la plaza, por las que salieron los presos, juntándose con los amigos que les esperaban, que eran más de cincuenta. Tomaron algunos caballos y algunas armas, y prendieron al capitán Gabriel de Rojas. Se dieron luego toda prisa para que no le llegase la noticia a Almagro antes de que ellos le tomaran la delantera. Gonzalo Pizarro, Alvarado y los demás que con ellos íbamos (se incluye Pedro Pizarro en el grupo) tomamos un camino por la tierra adentro hasta llegar a Lima, y, con nuestra llegada, el Marqués Don Francisco Pizarro recibió grande alegría”. Total que a Almagro le costó caro el desaire que había hecho a Lorenzo de Aldana: perdió un magnífico capitán y lo ganó Pizarro, habiendo, además, facilitado la fuga de los valiosos presos.
      Pero sigamos la misma peripecia  a través del texto de Cieza. Ya en franca rebeldía contra Almagro, Lorenzo de Aldana, como importante capitán, se hizo cargo de la estrategia. Su vida, intensísima en el pasado, será en lo sucesivo una apasionante novela de fidelidades y traiciones, con la excepcional habilidad de conservarse vivo y poderoso hasta el año 1571, atravesando, entre otros riesgos extremos, las terribles guerras civiles.

     (Imagen) Va a ser esta la cuarta imagen dedicada a GABRIEL DE ROJAS, porque creo que es oportuno ampliar datos sobre las figuras de relieve a medida que aparecen sus nombres en las crónicas. Al ser derrotado en la batalla de las Salinas, Pizarro no quiso ejecutarlo, reconociendo que había puesto siempre la paz por encima de sus ambiciones. Muerto Pizarro, se vio obligado también a luchar en el bando rebelde de Gonzalo Pizarro, pero se pasó a las tropas del Rey en cuanto pudo. Una flecha india envenenada acabó con su vida en 1549. Cuando el gran Pedro de la Gasca le envió la noticia al Rey, escribió que Rojas “era el más entero vasallo e celoso del servicio de Su Majestad que en estas tierras he conocido”. La familia de los Rojas fue una de las más ilustres de Cuéllar. El primero que llegó a esta población fue el cordobés Gómez de Rojas. Era sobrino del gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba. Casi todos sus hijos buscaron la riqueza y la gloria en las Indias, destacando especialmente Gabriel. Ya comenté que se mostró muy generoso con sus paisanos de Cuéllar, y lo prueba un documento del año 1550 en el que el Rey ordena a la Audiencia de Lima “que se traigan a la Casa de la Contratación de Sevilla los bienes que quedaron a la muerte del capitán Gabriel de Rojas, a petición de la villa de Cuéllar, pues dejó en su testamento 28.800 ducados (equivalentes a unos 112 kilos de oro) para cierta capellanía del Hospital de la Magdalena, cuya renta habría de repartirse a perpetuidad entre los pobres de esa villa”. Tuvo un hijo natural al que sin duda quiso mucho, puesto que le puso el nombre de su padre, Gómez de Rojas, y le reservó el grueso de su herencia.



miércoles, 9 de enero de 2019

(Día 723) Lorenzo de Aldana, por negarle Almagro ayuda y por un comentario despectivo, decide no acompañarlo a Lima. Al partir Almagro con su tropa, Gonzalo Pizarro y Alonso de Alvarado planean escapar de la prisión.


     (313) El cronista Pedro Pizarro, que estaba también preso, aunque en un grupo separado del lugar en que tenían a Hernando Pizarro, Gonzalo Pizarro y Alonso de Alvarado, no menciona esta causa del resentimiento de Lorenzo de Aldana, pero sí otra: “Aconteció que Almagro riñó con un caballero de los que trajo de Chile, llamado Lorenzo de Aldana, natural de Cáceres, porque este le pidió mil pesos para poder acompañarle en su viaje a Lima, como se los había dado a Diego de Alvarado, a Gómez de Alvarado y a otros. Respondiéndole Almagro que no tenía nada que darle, y Aldana le dijo: ‘Bien sabe Vuestra Señoría que venimos destrozados (y era cierto), y, pues Vuestra Señoría ha dado a otros, es justo que se me dé a mí algún socorro, porque no dándoseme, no podré ir a servirle en este viaje’. Dicen que, desatando la lengua don Diego de Almagro, le respondió: ‘Quedaos si queréis, pues sin Mari Aldana haremos la guerra”. La respuesta no pudo ser más insultante para un capitán tan veterano y extraordinario como Aldana. Poco después lo veremos cumpliendo una misión del más alto nivel al servicio de Pizarro.
     Lo prepararon todo para salir hacia Lima. Se llevaban preso a Hernando Pizarro (buen rehén para las negociaciones) y encerraron en sitio seguro a Gonzalo Pizarro y Alonso de Alvarado. Como fruto de sus campañas y  de lo arrebatado a los de Pizarro en el Cuzco, Almagro tenía mucho oro y plata, pero quería cumplir con las normas del ‘quinto real’. Sigue contando Cieza: “Habló con el tesorero Alonso Riquelme, diciéndole que aparejase todo el oro e plata de Su Majestad porque quería llevarlo consigo para, desde la costa, embarcarlo y enviarlo  España. Ya iban a salir de la ciudad con el Adelantado quinientos cincuenta españoles, cuando Lorenzo de Aldana le dijo que no se hallaba en disposición de seguirle. Almagro le dijo que hiciera como quisiese. A Perálvavez le ordenó que no saliese de la ciudad, so pena de fementido por no cumplir la palabra de caballero que había dado. Perálvarez prometió hacerlo así”.
     Con todo ya dispuesto, emprendieron el viaje. Pero va a ocurrir algo muy importante en el Cuzco. Y veremos luego también que, a lo largo de las inútiles negociaciones, la tensión irá aumentando hasta desembocar en un conflicto fatal (esta vez para Almagro). Cuenta Cieza: “Pusieron a Antón de Almagro, que se decía que era hermano del Adelantado, como guardián de la prisión en la que estaban Gonzalo Pizarro y Alonso de Alvarado, quienes determinaron buscar el modo de salir de aquel lugar, aunque perdiesen las vidas en el intento. Alonso de Alvarado le dijo a Gonzalo Pizarro que debían comunicar con Cueto y Jara, que habían sido amigos y criados de Hernando Pizarro, para que juntasen gente y viniesen a sacarlos de la prisión”. Gonzalo se entusiasmó con la idea, y le dijo que se podría contar también con algunos parientes suyos, y hasta confiaba en que Lorenzo de Aldana les ayudara (quizá supiera que, resentido, estaba incubando la idea de traicionar a Almagro): “Había una ventana en la pared de aquella prisión, que por fuera era de barro y por dentro tenía como una red de palos, y determinaron quemarlos con una vela de las que les daban por la noche”.

     (Imagen) Recordemos que Pedro Álvarez Holguín condenó a muerte a Diego de Almagro el Mozo y a cinco de sus hombres como cómplices en el asesinato Francisco Pizarro. Ya sabemos que  ‘el Mozo’ fue ejecutado meses después. ¿Qué fue de los otros cinco? PEDRO DE OÑATE siguió luchando en el bando almagrista. Escapó con vida tras la derrota en la batalla de Chupas, pero fue capturado y degollado por el capitán Diego de Rojas. JUAN VÁZQUEZ DE OSUNA no ha dejado apenas rastro en los archivos. Solo se sabe que, al ser derrotado junto a Almagro, su casa del Cuzco fue saqueada por los pizarristas. Todo indica que su participación en el asesinato de Pizarro fue fruto del rencor acumulado desde la derrota y ejecución de Diego de Almagro el Viejo. No aparecen datos sobre su muerte. FRANCISCO PÉREZ estuvo en la lista negra de los asesinos de Pizarro que manejaba Vaca de Castro, representante del Rey. Tampoco he visto confirmado que lo ejecutaran. DIEGO MÉNDEZ (hermano del gran Rodrigo Orgóñez) consiguió huir con Diego de Almagro el Mozo después de la derrota de Chupas, sin que le pillaran cuando fue apresado el Mozo y ejecutado. Ya vimos que huyó con otros españoles adonde Manco Inca para negociar una paz, y que los indios del gran cacique los mataron a todos. NICOLÁS DE HEREDIA fue ejecutado por el brutal Francisco de Carvajal cuando luchaba contra Gonzalo Pizarro. Sus hijas reclamaron desde España su herencia con una larga documentación de méritos (ver imagen) en la que se escamotea su participación en el asesinato de Pizarro, y solo se habla de los servicios (fueron muchos y valiosos) que le prestó al Rey.



martes, 8 de enero de 2019

(Día 722) Se repite la escena. Almagro echa la culpa de todo a Pizarro. Rodrigo Orgóñez le dice que mate a Hernando Pizarro, a Gonzalo y a Alonso de Alvarado. Diego de Alvarado insiste en que sería una barbaridad. Deciden salir del Cuzco llevando preso a Hernando Pizarro. Perálvarez Holguín trata de huir con varios hombres, pero Aldana se lo dice a Almagro y lo retiene.


     (312) Los representantes de Pizarro, después de terminados los trámites del convenio, partieron para Lima. En cuanto salieron, Almagro convocó a todos sus capitanes para que supieran lo que se había tratado, y se centró principalmente en una catarata de quejas, las viejas y las nuevas, contra Pizarro, con tanto detalle e insistencia, que mostraba con claridad su rencor y que, en realidad, no confiaba en una solución pacífica. Les decía que cuando él se dirigió a Chile, ya sabía muy bien Pizarro cuáles eran los límites de las gobernaciones: “Y que no solamente le pesó cuando lo supo, sino que con todas sus fuerzas le insistió para que fuese a aquellas tierras. Les dijo también que, si Pizarro se había vuelto a Lima, no había sido más que por hacer llamamiento de gente para venir contra ellos, y les preguntó qué creían que se debía hacer”.
     Y se repitió,  de pe a pa, la escena que ya conocemos: “Rodrigo Orgóñez dijo que debían, con toda prisa, sin aguardar a que el Gobernador Pizarro tuviese un ejército poderoso, salir ya del Cuzco e irlo a buscar, cortando primero la cabeza a Hernando Pizarro, Gonzalo Pizarro y Alonso de Alvarado. Diego de Alvarado no se avenía a que se aprobase el consejo de Orgóñez, diciendo que deberían procurar la paz sin muertes de hombres principales. Finalmente, acordaron salir del Cuzco y llevar preso a Hernando Pizarro, y dejar presos en la ciudad a Alonso de Alvarado y Gonzalo Pizarro a cargo de Gabriel de Rojas”.
     Cieza nos habla de que los que se habían pasado al bando de Almagro ya no se fiaban de sus buenas palabras, y parecían dispuestos a abandonarle: “Los que en la batalla de Abancay estaban con Alonso de Alvarado y le habían dicho a Almagro que se pondrían a su servicio, como el tiempo se alargase, sospechaban que las promesas que les hizo fueron fingidas y que sus cosas no iban guiadas hacia el servicio de Su Majestad, e algunos tenían voluntad de huir a la Ciudad de los Reyes. El principal movedor de este deseo era el capitán Perálvarez Holguín (recordemos que era un pizarrista apresado por Almagro), y el que más quería estar ya delante del Gobernador Don Francisco Pizarro, y hasta veinte amigos se ofrecieron para salir  con él del Cuzco. Y cuando ya iban a partir, Lorenzo de Aldana, que era primo de Perálvarez y entonces estaba bajo el mando de Almagro (fue íntimo de Pizarro y cambió varias veces de bando en las guerras civiles), por quitarle el propósito a Perálvarez, le hablaba de los trabajos y peligros que habían de pasar hasta llegar a Lima, porque les atacarían muchos indios de guerra”.
     Perálvarez no le  hizo caso: “Lorenzo de Aldana le avisó de todo ello a Almagro, pidiéndole por merced que, al detenerlo, no le hiciesen  ninguna molestia. Almagro mandó llamar a Perálvarez, y le reprochó su intención. Lo detuvo en su casa y le tomó pleito homenaje. A Lorenzo de Aldana le pesó que le tomara pleito homenaje (era una promesa entre caballeros que obligaba muy estrictamente; en este caso, para que no huyera). Perálvarez, por su parte, también se quejaba de Aldana por haberlo delatado. Por esta causa, Lorenzo de Aldana mostró después no tener tan verdadera amistad con Almagro como había tenido antes (un motivo más para sus cambios de bando)”.

     (Imagen) Curioso personaje PEDRO ÁLVAREZ HOLGUÍN. Tenía fama de soberbio, pero también era hombre de honor. Apresado por Almagro, intentó escapar. Se descubrió su plan, y Almagro, aunque no lo castigó, le obligó a hacer un juramento caballeresco de no volverlo a intentar. Fiel a su palabra, se  negó después a  huir con otros pizarristas que escaparon de la prisión, e incluso luchará más tarde junto a Almagro contra Pizarro en la batalla de las Salinas. Al ser derrotados, Almagro fue ejecutado, y Pizarro, que apreciaba a su paisano Holguín y comprendió su actitud, no tomó represalias contra él,  sino que lo incorporó a sus tropas. Tras ser asesinado Francisco Pizarro, el hijo de Almagro le propuso a Holguín que se uniera a sus fuerzas. Pinchó en hueso: se incorporó a las de Vaca de Castro, el representante del Rey, quien lo nombró Justicia Mayor del Cuzco. Luego ocurrieron dos hechos dramáticos. El primero fue que Holguín juzgó y sentenció a muerte (en ausencia) al hijo de Almagro y a sus principales cómplices en el asesinato de Pizarro (la imagen es parte de la sentencia, y muestra al pie la firma de Holguín). Ordenó “que los condenados, después de ser apresados, fueran sacados, atando a cada uno de la cola de un caballo, y traídos arrastrados por las calles a la plaza pública, donde serán hechos cuartos para que sean puestos por los caminos más públicos, para que a ellos les sea castigo,  y a otros ejemplo”. El segundo se refiere a que Holguín, poco después, luchó contra Diego de Almagro el Mozo, muriendo los dos en Chupas: él batallando, y, ‘el Mozo’, siendo ejecutado según lo dispuesto en la sentencia dictada anteriormente por el propio Holguín.



domingo, 6 de enero de 2019

(Día 721) Comentario sobre el testamento de Isabel de Espinosa. Muerto ya Gaspar de Espinosa, los otros tres emisarios de Pizarro se mostraron de acuerdo con la propuesta de Almagro, pero, pudiendo hablar con Hernando y los otros presos, estos les dijeron secretamente que no se podía perdonar los abusos de Almagro.


     (311) Se pueden comentar varias cosas de lo que se deduce del testamento de doña Isabel de Espinosa. Gaspar de Espinosa murió en 1537, teniendo unos 52 años, y su esposa, Isabel, posible pariente suya, puesto que tenían el mismo apellido y eran los dos de Medina de Rioseco (en el documento siempre se dice, erróneamente, Ruyseco), falleció cinco años después, el día siguiente a la redacción de las cláusulas, tan enferma que no las pudo firmar. Tenían entonces solamente dos hijos, y menores de edad, porque los puso bajo tutela y curatela, quienes, fallecido su padre y estando a punto de hacerlo su madre, habían decidido abandonar la peligrosa vida de las Indias para disfrutar de sus riquezas en España. Por lo que vimos en el apartado de una imagen anterior, Gaspar e Isabel tuvieron otro hijo, llamado Juan de Espinosa (al que, como vimos, le implicaron en la retención de la herencia de Hernando de Luque), sin duda el mayor, y fallecido antes de 1542, puesto que se hace constar que su madre, Isabel, figuraba entonces como su heredera. Aparece nítidamente que era habitual tener abundantes indios como servidores, y negros como esclavos. Pero también que, con cierta frecuencia, se sentía afecto por algunos de estos, y que (cosa habitual en aquellos testamentos) se disponía a veces que recuperaran la libertad. Como se acostumbraba en España, las familias ricas, y la de Gaspar de Espinosa lo era extraordinariamente (incluso poseían un barco mercante), tenían un lugar preeminente en alguna de las iglesias, y es donde Isabel pide que sea enterrada. Hasta las personas más empecatadas y más valientes sentían pánico a morir sin confesión, y dejaban un importante caudal destinado a que los clérigos celebraran por sus almas infinitas misas. Hubo un tiempo en que el rey requisó mucho oro llegado de las Indias, dando a cambio perjudicialmente un fondo de bonos llamado ‘juro’, como ocurrió con la cantidad que Isabel le había enviado a Pedro de Espinosa. No aclara de quién se trata, pero quizá fuera un hermano suyo o de su marido; en otros documentos aparece como banquero residente en Sevilla, actividad principal de los poderosos miembros de la familia Espinosa.
     Dicho lo cual, sigamos ya con Cieza. Al licenciado de la Gama, al factor Diego de Fuenmayor y al factor  Illán Suárez de Carvajal, los tres emisarios de Pizarro que quedaban después de la muerte del licenciado Espinosa, les pareció muy sensata la propuesta que les hizo Almagro: “Le dijeron que querían volver a dar cuenta de todo ello al Gobernador Pizarro, y les contestó que se dieran la mayor prisa en hacerlo. Le pidieron licencia para ver a Hernando Pizarro, a Gonzalo Pizarro y a Alonso de Alvarado antes de partir, y también se la concedió. E los visitaron, y en secreto les dijeron los tres capitanes que hablasen con el Gobernador Pizarro para que no perdonase la afrenta que se les había hecho al haberles prendido e tenerlos Almagro en su poder tan maltratados”. Lo que quiere decir que no se apagaba el ansia de venganza. Después de verlos, volvieron adonde Almagro para formalizar el plan de negociación: “Almagro les mandó que se ratificasen en lo que se había dicho (zanjar el asunto con dos representantes de cada bando), y lo hicieron así, firmándolo el Adelantado, y ellos también lo firmaron en presencia del escribano Alonso de Silva, lo cual ocurrió a veintiocho días del mes de  agosto de mil quinientos treinta y siete”.
    
     (Imagen) Nunca se sabía cómo iban a derivar las fidelidades. De los cuatro mediadores que le envió Pizarro a Almagro, uno murió mientras cumplía su misión, Gaspar de Espinosa. Ya comenté que otro, Illán Suárez de Carvajal, fue fiel  a los Pizarro durante las guerras civiles hasta que cambió de postura para no saltarse la legalidad, con tan mala fortuna que el virrey Blasco Núñez Vela desconfió de sus intenciones y lo mató a puñaladas. El tercero, ANTONIO DE LA GAMA, como experimentado letrado y hombre de confianza de Pizarro, añadiría peso en la argumentación para poder convencer a Almagro, aunque  con pobres resultados. Muerto ya Francisco Pizarro, mantuvo su lealtad a Gonzalo Pizarro, pero solo durante cierto tiempo. Como otros muchos, se dio cuenta de que el desastre definitivo estaba cerca, y se pasó al ejército del gran Pedro de la Gasca, el representante del Rey. Nos queda el cuarto, DIEGO DE FUENMAYOR. Su hermano Alonso de Fuenmayor, Gobernador y Arzobispo de Santo Domingo, hombre de grandes valores y muy eficaz, lo envió con una tropa para auxiliar a Francisco Pizarro, que se veía en apuros por los ataques de Manco Inca (recordemos que al mismo tiempo, y con el mismo fin, había ido también Gaspar de Espinosa). El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo asegura que, después de estas fracasadas gestiones, Diego de Fuenmayor le rogó con desesperación al propio Pizarro que evitara la guerra contra Almagro, pero resultó igualmente inútil. En 1538 partió para España con una remesa de 600.000 pesos de oro que le enviaba Francisco Pizarro al Emperador, y no regresó nunca a las Indias (otra prueba de sensatez). Veo en PARES que luego se le encargaron misiones diplomáticas en territorio francés. 



sábado, 5 de enero de 2019

(Día 720) Segunda parte del testamento de Isabel de Espinosa, detallando sus numerosos bienes. Falleció en 1542, a los pocos días de testar.


     (310)  (Continuación del testamento de la viuda de Gaspar de Espinosa): “Declaro que yo debo a Francisca de Angulo, sin escritura, doscientos y veinte y cinco pesos de oro y que de estos le he comprado una negra, en cien pesos, de Melchor de Morales, que él la tiene en su poder, y  mando que le pague el resto a ella o a su marido, García Navarro. Mando que, porque Pedro Baquero, de color prieto (negro), me ha hecho buenos servicios, no sean vendidos él ni dos hijos que tiene, uno llamado Perico y otra llamada Isabelica, sino que vayan a Castilla el padre e hijos con García Ortiz de Espinosa, mi hijo, y le sirvan y no se puedan vender él ni sus hijos. Mando que una negra que yo tengo, que se llama Constanza, si quisiere ir a Castilla con el dicho García  Ortiz de Espinosa, que la lleve para que le sirva, y, si ella no quisiere ir, que se venda, y, si ella diere por sí doscientos pesos, que sea horra (libre) dando los dichos doscientos pesos. Nombro por mis albaceas en Castilla a Juan de Espinosa, canónigo de la Iglesia de Valladolid y a Francisco de Espinosa y al dicho García Ortiz de Espinosa, mis hijos. Declaro que yo tengo seis casas de alquiler en la plaza pública desta ciudad, y una estancia en el río de Bagre en que están algunos negros e indios, con sus tierras y maíces cogidos y por coger. Digo que tengo joyas de oro y anillos y perlas en un cofre que no quiero que se vendan. Digo que es de García Ortiz de Espinosa una medalla con una esmeralda en medio y un caballo blanco con sus aderezos, y  mando que se lo den, y dos botones de oro que se hicieron para él. Digo que tengo treinta y cinco negros y  negras, poco más o menos. Tengo en Castilla unas casas en la villa de Valladolid, que el licenciado Gaspar de Espinosa compró en trescientos mil maravedís. Digo que tengo en Medina de Rioseco las casas de la plaza, las casas de la Castra, las casas de la Rúa y las casas de la Misericordia, que todas rentan veinte y ocho mil maravedís. Digo que yo tengo en la ciudad de Sevilla cien ducados de juro de cierto dinero que tomó Su Majestad en oro y plata que iba consignado a mi señor Pedro de Espinosa.  Digo que yo tengo aderezando un barco en el astillero, y mando que se acabe de aderezar,  y, si les pareciere bien a mis albaceas fletarlo para alguna parte, lo hagan, o lo vendan”.
    “Dejo por herederos a los dichos Francisco de Espinosa y García Ortiz de Espinosa, mis hijos, y encomiendo y encargo al dicho señor canónigo Juan de Espinosa la tutoría y curadoría de los dichos mis hijos. En la ciudad de Panamá, sábado, nueve días del mes de diciembre, año del nacimiento de nuestro Salvador  Jesu Christo de mil y quinientos y cuarenta y dos años. Testigos, Francisco Martin, Francisco Hernández maestre, Vicente Italiano, Juan de Ceballos,  Pedro Hernández y Diego Sáenz, estantes en la dicha ciudad. La dicha doña Isabel de Espinosa comenzó a firmar en el registro, y no pudo”.
     Isabel murió el diez 10 de diciembre de 1542, siendo enterrada en la iglesia de San Pedro Mártir, como había pedido, bajo la supervisión de los doctores Pedro de Villalobos y Francisco Pérez de Robles, y del licenciado Lorenzo Paz de la Serna.

     (Imagen) Ya que se ha mencionado la herencia del clérigo HERNANDO DE LUQUE, será oportuno explicar lo que, al parecer, dio origen a disputas sobre su destino.  Asunto complejo porque, quizá manipulando a Luque, Gaspar de Espinosa había conseguido que lo nombrase albacea de su testamento. En una Real Cédula del año 1536, se pide la investigación del asunto. Aporta datos que aclaran cómo Luque, siendo un clérigo, pudo convertirse en socio capitalista de Pizarro y Almagro, y luego de Espinosa. El extraordinario y cultísimo obispo de Panamá Fray Tomás de Berlanga (quizá barriendo para el obispado) argumentaba que Luque, “sin tener otros bienes algunos de patrimonio más que los que obtuvo como administrador del obispado de Panamá por tiempo de doce años, hizo sociedad con los gobernadores Francisco Pizarro y Diego de Almagro para ir a descubrir el Perú, y que el licenciado Espinosa, como su albacea, dice que ha llegado a un acuerdo con los dichos gobernadores para que por la parte que pertenecía al dicho Luque se le diesen catorce mil pesos (es de suponer que Pizarro y Almagro obtuvieran muchísimo más)”. Al morir Luque, quedó libre su obispado de Túmbez (nunca pudo visitarlo), cuyo nombramiento fue mal visto por el Papa. El Rey, en una carta enviada en 1535 a su embajador en Roma (véase la imagen), le dice aliviado: “El dicho Don Hernando de Luque, a quien habíamos nombrado (propuesto) para el obispado de Túmbez, es fallecido, y por esto no hay necesidad de despachar sus (asuntos)”.



viernes, 4 de enero de 2019

(Día 719) Cieza ya no menciona a Gaspar de Espinosa; así que habrá que darle por muerto. Texto resumido del testamento de su mujer, Isabel de Espinosa (primera parte).


     (309) Ni siquiera el muy informado Cieza llegó a comprender en su totalidad el cúmulo de intentos que se hicieron para solucionar aquel gravísimo problema. Vamos  a ver un desesperante laberinto de propuestas  de negociaciones en un querer y no poder, porque, de hecho, solo habrían dado su conformidad si el contrario hubiese cedido. Sin embargo insistían, entre argucias y recelos, haciéndose la ilusión por ambas partes de que iban a conseguir colar un contrato con trampa, pero que, una vez firmado, tuviera fuerza jurídica suficiente para obligar a mantener la paz.
     En las siguientes actuaciones de los enviados por Pizarro no se menciona al licenciado Gaspar de Espinosa, quien hasta entonces se mostraba como jefe del grupo de negociadores, así que hemos de suponer que ya había fallecido. En la reseña de la imagen anterior, no hice ninguna mención a su familia porque carecía de datos. Pero he encontrado un curioso documento que aclara cuestiones importantes al respecto. Se trata de un testamento, y voy a hacer un amplio resumen del texto (ya hice una breve alusión) para que se vea el peculiar estilo con que se redactaban entonces las últimas voluntades y el interés que tenían desde el punto de vista humano. Sabremos bastante más de Gaspar de Espinosa (se verá con claridad que era un hombre muy rico) y de cómo se vivía en Panamá en aquellos tiempos, porque quien otorga el testamento es su mujer, ISABEL DE ESPINOSA. Escuchemos sus palabras:
     “In Dei nomine, amén. Sepan cuantos esta carta de testamento vieren cómo yo doña Isabel de Espinosa, mujer legítima que he sido del licenciado Gaspar de Espinosa, mi señor, difunto, que Dios haya, vecina desta ciudad de Panamá deste reino de Tierra Firme llamado Castilla del Oro,  natural de la villa de Medina de Rioseco, hija de García Ortiz y de doña María de Espinosa, su mujer, mis señores padres, vecinos que fueron de la dicha villa, difuntos, que Dios perdone”.
     “Estando yo enferma, mando que, si deste mal falleciere, que mi cuerpo sea sepultado en la iglesia mayor desta ciudad de Panamá y catedral de señor San Pedro Mártir, en el lugar donde yo me siento, enfrente del altar de Nuestra Señora. Mando que en la dicha iglesia me digan otras cien misas rezadas además de las que en la iglesia rezaren los curas y clérigos della y que en los monasterios del señor San Francisco y de la Merced desta ciudad de Panamá me digan los religiosos en cada monasterio otras cincuenta misas de lo mismo. Mando que me digan en la dicha villa de Medina de Rioseco, en el monasterio de señor San Francisco, trescientas misas rezadas por mis padres y abuelos. Mando que, por cuanto yo me concerté con el señor obispo don fray Tomás de Berlanga,  en relación a la casa y hospital que el licenciado mi señor mandó hacer en la plaza desta ciudad y porque el dicho licenciado la mandó hacer de paja, que yo la hiciese de madera recia la dicha casa, que se acabe la dicha casa. Ruego y pido por merced a los hermanos de la cofradía de Nuestra Señora de la Concepción de esta ciudad que acompañen mi cuerpo el día de mi enterramiento”. (Seguiremos con la segunda parte).

     (Imagen) Aunque, al morir GASPAR DE ESPINOSA, dejó una considerable fortuna a sus herederos, los documentos revelan que, sin la presencia  de su poderosa personalidad, quedaron algo desamparados frente a quienes tenían ganas de revancha (o de justicia). Una cédula del año 1542 dice que “el Fiscal del Consejo de Indias denuncia que Juan de Espinosa, hijo del licenciado Gaspar de Espinosa y heredero suyo, siendo por ello albacea y tenedor de los bienes del difunto Hernando de Luque, clérigo y provisor de la catedral de Panamá, concertó con el Marqués Francisco Pizarro, por sí y en nombre del Adelantado Diego de Almagro, difunto, cierta compañía que entre los tres tenían, por virtud de la cual cobró 13.000 pesos de oro”. El Fiscal exigía que se devolviera ese dinero a la Iglesia, por ser heredera universal de Luque. El 1553, Felipe II “le pide a D. Antonio de Mendoza, Virrey de Perú, que le dé algún cargo a García (Ortiz) de Espinosa, vecino de León (Huánuco), en atención a los servicios prestados a la corona por su padre, el licenciado Gaspar de Espinosa”. Era habitual pedir mercedes basándose en los méritos de ilustres familiares, pero García encontró obstáculos. Tuvo que esperar cinco años para que lo nombraran regidor de Huánuco. La carta de la imagen es de 1558, y está escrita por Francisco de Espinosa insistiendo en que parece olvidada la petición que hizo su hermano García. Para hacer fuerza, insiste en que otro hermano suyo, Juan de Espinosa (el denunciado por el Fiscal en 1542) y su padre, Gaspar de Espinosa, murieron al servicio del Rey.



jueves, 3 de enero de 2019

(Día 718) Orgóñez está a punto de apresar a Manco Inca. Nueva propuesta de Almagro: que se resuelva el conflicto mediante dos mediadores de cada parte. Cieza dice que muchos opinan erróneamente sobre este asunto, tan complejo que hasta él tiene dudas tras 16 años de investigación.


     (308) Orgóñez quería someter definitivamente a los indios y los fue persiguiendo: “Pero Manco Inca había cobrado tanto miedo de los cristianos, que iba a toda prisa por aquellas sierras. Estaba tan turbado y temeroso, que le dijo a su gente que quería esperar a Orgóñez e procurar con él la paz, mas no concluyó ninguna cosa porque los suyos le amonestaron que no lo hiciese, pues le quitarían al momento la vida. Después los españoles prendieron a mucha parte de su gente, y él se escapó con solo una mujer que tenía. Cuando lo supo Rodrigo Orgóñez, le pesó no haberlo apresado. Partió para volver al Cuzco, soltando primero mucha gente  de la que había apresado y que estaba al servicio de Manco Inca”.
     Cuando llegó Orgóñez al Cuzco, aún andaba Almagro en negociaciones con los enviados de Pizarro. Cieza nos dijo antes que volvería a hablar de la muerte del licenciado Gaspar de Espinosa, pero se olvida de hacerlo. Se limita a decir que, antes de que muriese, hubo un nuevo planteamiento para conseguir la paz definitiva entre ambas partes. Nos revela que Pizarro les había dicho a sus negociadores “que él aprobaría cualquier concierto que tomasen con el Adelantado Almagro con la condición de que Hernando Pizarro lo tuviese por bueno, e, como este no deseaba otra cosa más que verse libre, aconsejaba a los mensajeros que llegaran de cualquier manera a un acuerdo con Almagro, a condición de que salieran de la prisión en la que estaban él, Gonzalo Pizarro y Alonso de Alvarado”. Hasta un ciego vería que, una vez libres, los Pizarro no cumplirían sus promesas. Así que Almagro sugirió encauzar el asunto de otra manera, que, aunque en principio era sensata, tampoco serviría de nada: “Propuso que él nombrara dos personas sabias e doctas, e que el Gobernador Don Francisco Pizarro nombrase otras dos, dándoles entrambos poder para que pudieran, tomando información de expertos pilotos, dividir la gobernación e señalar sus términos, e, si alguno de los dos tuviese ocupado lo ajeno, que le obliguen a que lo abandone, pues él quería más seguir la razón que no su fortuna, e que se obligaba a respetarlo hasta que Su Majestad otra cosa mandase”.
     Luego Cieza nos asegura dos cosas: que hizo un trabajo a conciencia para dejar claro y con información objetiva la historia que está contando y la complejidad de estas negociaciones, y que ni así pudo llegar a entenderlas en todos sus detalles: “Todas esto que voy narrando es verísimo (¿se usaría entonces la palabra al estilo italiano?) e pasó así, e son palabras sacadas de los procesos de los escribanos Domingo de la Presa e Alonso de Silva, quienes las escribieron en aquel tiempo, e de los originales que con muy gran trabajo he buscado, sacando testimonios de notarios y de los libros de los cabildos, e lo demás lo vi por mis propios ojos. Y así, procuro hablar algunas veces para rebatir a los que, estando en sus casas lejos de acá, quieren desde allí comprender lo que, en dieciséis años que llevo peregrinando por estas partes, no lo he podido saber enteramente”.

     (Imagen) GASPAR DE ESPINOSA nació hacia 1484 en Medina de Rioseco (Valladolid). Se duda de que, salvo el de bachiller, tuviera títulos académicos, pero había estudiado en Salamanca, era muy culto y pertenecía a una familia de ricos banqueros descendientes de conversos judíos (como ocurría con el gran filósofo, de ascendencia portuguesa, Baruch Spinoza). Quizá por su prestigio personal, se le trató como licenciado e incluso como doctor. Estuvo muy relacionado con Pedrarias Dávila, también descendiente de conversos. Lo nombró alcalde de Santa María La Antigua, la primera ciudad española en zona continental. Dirigió el proceso contra Vasco Núñez de Balboa, pero no quiso sentenciarlo a muerte, siendo Pedrarias quien tuvo que asumir la responsabilidad de hacerlo. Pedrarias lo mandó a conquistar tierras panameñas. Espinosa sentó las bases para la fundación en Panamá de Natá de los Caballeros. Actuó con crueldad contra los indios, haciendo muchos esclavos en una época en la que todavía era bastante frecuente. Al margen de esa falta de escrúpulos (frecuente entre las tropas del brutal Pedrarias Dávila), Gaspar de Espinosa fue un hombre muy valorado. Por eso  intervino en un momento clave de la crisis de los dos gobernadores, Pizarro y Almagro. Llevó la voz cantante en representación de Pizarro, dándole con vehemencia, aunque sin parcialidad, sensatos consejos a Almagro para que dejara de lado el ansia ciega de poder y evitara a cualquier precio que la guerra civil arrasara con todo y con todos. Fracasó, y, según los cronistas, el enorme disgusto acabó con su vida.



miércoles, 2 de enero de 2019

(Día 717) Almagro le ordena a Orgóñez que acose a Manco Inca para que no entre en el Cuzco. Paullo se niega a unirse a Manco Inca. Orgóñez hace huir a Manco Inca y libera a varios españoles, entre ellos al maltratado Ruy Díaz.


     (307) Cieza nos va mezclando la situación de las negociaciones con la del temor de Almagro a que Manco Inca aprovechase su partida hacia Lima para atacar en el Cuzco: “Almagro quería que se firmara con los enviados de Pizarro el convenio que incluía en sus términos como gobernador el pueblo de Mala, pero dio lugar la enfermedad del licenciado Espinosa, e creyendo que presto fuera sano, dilataron algunos días el firmarlo. E como tuviese intención de salir pronto de la ciudad del Cuzco, temía que, cuando saliese para la ciudad de Lima, vendría con toda su fuerza Manco Inca y la tornaría a cercar. Como tenía tanta confianza en Orgóñez, le mandó que con doscientos españoles fuese a conquistarlo”.
     También nos explica la situación de Manco Inca desde que decidió retirarse a Vilcabamba: “Partió con su gente hacia aquel lugar llevando con muy gran cuidado a los cristianos que tenía presos, especialmente al capitán Ruy Díaz, que no habían sido pocos los trabajos y el maltratamiento que en su persona habían hecho. Llegado al valle y fortaleciéndolo, enviaba cada día mensajeros a Paullo (el emperador títere de los españoles) para que se viniese a juntar con ellos, bastando ya lo que había servido a los cristianos, mas Paullo le respondió cuerdamente que mantenía su amistad con ellos porque todo lo lograban con su esfuerzo, como lo probaba la resistencia de tan pocos contra miles de indios que se habían juntado para les matar, y que le aconsejaba que no se pusiese en armas contra los españoles. Al recibir el recado, Manco Inca mostraba mucha ira contra él, y para que su gente lo odiase, decía muchas palabras de deshonor en su contra, como que los españoles usaban de él feamente, e que Almagro le había nombrado Inca. Después Manco Inca le mandó al sumo sacerdote Villahoma que se hicieran muchas albarradas (obstáculos de defensa) por los caminos por los que podían venir, e muchos hoyos hondos para que los caballos y los cristianos fuesen muertos”.
   Rodrigo Orgóñez se puso en marcha con toda prisa porque sabía que Ruy Gómez  y los otros españoles que tenía presos Manco Inca aún estaban vivos. Encontraron muchas dificultades por las barreras y hoyos que habían preparado los indios: “Llegaron por fin adonde los indios estaban, habiéndose despeñado muchos caballos por ser el camino muy dificultoso. Orgóñez mandó a los españoles lanzarles muchas jaras con sus ballestas. Los indios se mostraron valientes, mas los cristianos los fatigaron de tal manera que les obligaron a dejar su fortaleza, y quedaron muertos y heridos muchos de ellos; y Manco Inca se salió de otro fuerte. Ruy Díaz e los otros cristianos que tenía Manco Inca presos, al ver que los indios huían de los españoles, muy alegres después de tanto tiempo que lo estaban deseando, salieron de unos aposentos sin que nadie se lo impidiera e fuéronse adonde los cristianos, que mucho se holgaron con su venida, pesándoles de ver tan transfigurado al capitán Ruy Díaz, el cual les contó cuán maltratado había sido de los indios”.

    (Imagen) Añadamos (a lo ya dicho en otra ocasión) algún dato sobre RUY DÍAZ LOBO. Llegó a Perú en 1531 bajo las órdenes del duro Belalcázar. En 1534, fue uno de los héroes que en Teocajas, siendo solo cincuenta hombres de a caballo, lograron desbaratar un ejército de miles de indios. Pasó después a ser capitán de la tropa de Diego de Almagro, a quien le llevó refuerzos por mar cuando volvía de Chile hecho trizas. En su barco llegaba el jovencísimo Diego de Almagro el Mozo, quien desde entonces empezó a escalar las duras peñas de la gran tragedia que fue su vida. Ahora lo vemos eufórico  a Ruy Díaz tras escapar de las garras de Manco Inca. Había estado encerrado durante meses de angustia y sufrimientos. Tuvo suerte de que no lo mataran los indios, pero pronto será asesinado por las tropas pizarristas, como su libertador Rodrigo Orgóñez, a quienes no se respetó su pacífica rendición en la batalla. De ahí que su familia denunciara después a Hernando Pizarro como principal responsable de infringir las normas militares. Así se ve en la imagen, que es parte de un documento firmado por el Rey. El texto dice: “Sabed que un pleito está pendiente ante Nos, en el nuestro Consejo de las Indias, entre Juan de Chillón, por sí y en nombre de Diego de Chillón, y Leonor Hernández Lobo de la una parte, y de la otra Hernando Pizarro (es curioso que no lo llame capitán), sobre la muerte del capitán Ruy Díaz, de la que los susodichos acusan (y se lo reclaman) al dicho Hernando Pizarro”. El Rey termina después el documento ordenando a sus funcionarios que tomen declaración sobre los hechos a diversos testigos.



martes, 1 de enero de 2019

(Día 716) Gaspar de Espinosa queda desmoralizado ante la terquedad de Almagro. Pedro de Candía se pasa al bando de Almagro. La guerra civil es inminente, pero los hombres de Almagro se ocupan también de frenar las escaramuzas de Manco Inca.


     (306) El florido discurso no le movió ni un milímetro a Almagro de su posición. Hasta aludió a que esas cosas tenía que decírselas a Pizarro: “Almagro le dijo: ‘Eso quisiera yo, licenciado, que le hubierais dicho vos al Gobernador Pizarro antes de que vinieseis acá, pues sabed que, comenzando su gobernación desde el río de Santiago (algo más lejos que Quito), no puede alargar el término que tiene señalado (doscientas setenta leguas) hasta el Cuzco, y ni siquiera llegar a Lima, para que, contentándose con lo suyo, me dejara libremente lo que a mí el Rey me ha dado, lo que he de tener yo o perder la vida’. El licenciado Espinosa le dijo: ‘Pues bien: ¿sabéis qué pienso de este negocio?, que el vencido, vencido, y el vencedor, perdido’. Y así, yéndose a su posada, le dio un mal súbito que le causó la muerte, como adelante diremos”. Total que el veterano y lúcido Gaspar de Espinosa, se fue de este mundo sabiendo con toda certeza lo que iba a ocurrir: hubo un vencedor que acabó tan trágicamente como el vencido.
     Almagro se reunió de nuevo con sus capitanes y con un Diego de Alvarado incansable en su moderación, todo lo contrario del previsible Rodrigo Orgóñez, que será el polo puesto: “Trataron sobe lo mejor que se podría hacer, porque Pizarro juntaría gran pujanza de gente, y, puesto que podría venir contra ellos sin mucha dificultad, sería acertado salir con brevedad del Cuzco e caminar hacia Lima. Orgóñez seguía dando por consejo que matasen a Hernando y Gonzalo Pizarro. Diego de Alvarado y Vasco de Guevara hablaron en su favor para que no muriesen. Y  no se trató después otra cosa sino en preparar las armas y hacer pólvora, lo cual encargaron a Pedro de Candía, y se decidió que, antes de que saliesen del Cuzco, había de ir Orgóñez a desbaratar a Manco Inca para que no volviese a poner cerco sobre la ciudad del Cuzco”.
     Vemos, pues, ahora que Almagro no solo ocupó el Cuzco, sino que, considerándolo legítimamente suyo, también se encargó de enfrentarse al peligro de Manco Inca, quien, a pesar de haber asegurado que se retiraba a las montañas de Vilcabamba sin intención de pelear, lo seguía haciendo mediante escaramuzas de indios a su servicio. Había que neutralizar ese problema. Y, sorprendentemente, Cieza nos muestra a Pedro de Candía colaborando con Almagro. Aunque, a veces, los cronistas lo presentan como un hombre fanfarrón, el que también Pizarro hubiese escogido antes a Candía para misiones muy delicadas muestra que confiaba en su gran valía personal. Incluso Cieza critica en él cierta falta de autoridad sobre sus soldados, pero todo indica que su habilidad negociadora era importante. No pudo ser un brillante capitán que lograra grandes conquistas al frente de un ejército, y solamente dirigió una campaña, en la que anduvo por tierras chilenas en condiciones muy adversas, fracasando en el intento. Si, como nos cuenta Cieza, Almagro le dio el mando de la artillería tras abandonar a los pizarristas, fue por su gran destreza en el cargo, adquirida en las guerras europeas. Con ese prestigio llegó a las Indias  en 1526, año en el que conoció a Almagro y a Pizarro, entonces incondicionales amigos, y ahora enfrentados a vida o  muerte. 


     (Imagen) Ya sabemos que PEDRO DE CANDÍA tuvo mucho protagonismo al lado de PIZARRO. Fue uno de “los trece de la fama”. Él hizo el disparo de artillería que era la señal para que los españoles salieran a apresar a Atahualpa. Acompañó en 1528 a Pizarro durante su viaje a España para ayudarle a conseguir que  el Emperador le concediera la gobernación de las tierras descubiertas en Perú. Tomado el Cuzco, Pizarro nombró a Pedro de Candía alcalde de la ciudad. Sintonía a tope. Pero el destino de Candía va a estar marcado por las ambigüedades. A veces almagrista y a veces pizarrista, los historiadores suelen confundir los tiempos. Cieza, en su comentario, tampoco entra en detalles. Fue en el Cuzco donde se puso al servicio de Almagro, pero pronto veremos que, en la batalla de las Salinas, se pasó a las tropas de Hernando Pizarro. Derrotado y muerto Almagro, Pedro de Candía, con permiso de Hernando Pizarro, encabezó una durísima expedición a la andina zona de Ambaya. Resultó un fracaso y a su vuelta estuvo a punto de ser ejecutado por Hernando Pizarro, que no se fiaba de su lealtad. En cuanto pudo, el maltratado Candía se alió de nuevo con los almagristas. En la batalla de Chupas, Almagro el Mozo sospechó que Pedro de Candía erraba el tiro de la artillería a propósito con intención de favorecer a las tropas leales al Rey. Fue adonde él, lo llamó traidor, y con la mayor saña, lo mató a lanzadas, cerrando así la increíble biografía de un hombre algo excéntrico, pero absolutamente extraordinario, aunque no es cierto que llegara a visitar al gran emperador Huayna Cápac (padre de Atahualpa), a pesar de que Poma de Ayala dibujó la escena (la de la imagen).



lunes, 31 de diciembre de 2018

(Día 715) Los enviados de Pizarro, después de hablar con Hernando Pizarro, le dicen a Almagro que están conformes con el trato. Gaspar de Espinosa le expone a Almagro, con brillantes ejemplos, cuán catastróficas son las guerras civiles.


     (305) Entre dudas y trampas, la negociación iba perdiendo posibilidades de éxito, y los enviados de Pizarro andaban desesperados: “E pareciéndoles a todos ellos que las cosas salían ya del término de la razón, respondieron que querían volver a hablar con Hernando Pizarro. Almagro accedió, y, cuando consultaron con Hernando Pizarro, les respondió: ‘Puesto que ya habéis comenzado a tratar estos negocios con Almagro, no dejéis de concluirlos, sino que con toda brevedad lo hagáis, de manera que yo sea liberado de la prisión; por lo demás, dadle lo que él quisiere, pues, no embargante lo que por vosotros le fuere señalado, el Rey proveerá lo que más servicio le hiciere (lo único que quería Hernando era la libertad, sin ninguna intención de respetar los acuerdos). Dicho esto, salieron de allí e volvieron a hablar con el Adelantado Almagro, para firmar con él el trato, de manera que lo tuviesen por estable hasta que viniese el obispo de Panamá a señalar los límites de las gobernaciones”.
     El que llevó la voz cantante frente a Almagro fue el licenciado Gaspar de Espinosa. Le soltó un discurso de alto voltaje, que resumiré lo mínimo posible porque fue brillante y el último de su vida, ya que tanta presión fue superior a sus fuerzas, y murió poco después: “Como el licenciado Gaspar de Espinosa era varón tan docto y viera que, si no les aconsejaban hombres modestos y desapasionados, se perderían los dos gobernadores, quedando toda la tierra destruida, tomando aparte a Almagro, le dijo: ‘Si todos los hombres pensaran solamente en servir a Dios e guiar las cosas por el camino de la razón, no habría habido tantas y tan grandes guerras, mas, como la condición humana se inclina siempre a querer dominar, se han perdido por ello muchos reyes y grandes señores. Aunque hay pocas ocasiones para que estas guerras comiencen, después se van encendiendo de tal manera que, aunque los que las causaron desean verlas acabadas, ya no pueden. E las guerras más temibles y más crueles son las civiles. A Roma nunca la pusieron en tanto peligro Aníbal ni Pirro ni otra nación ninguna como sus mismos ciudadanos, ni en setecientos años sufrieron tanto como en las guerras civiles de Sila y Mario, y del gran Pompeyo, e de Julio César. Muchas ciudades de España están perdidas e casi despobladas por tener sus vecinos bandos de unos contra otros. Pues si ahora, después de haber servido tanto tiempo a Su Majestad, os mostráis en vuestras senectudes como autores de guerras civiles, ¿qué esperáis sacar de ellas sino mataros los unos a los otros, o que venga un juez mandado por el Rey, de manera que perdáis las gobernaciones, e acaso también las vidas. No penséis que toda vuestra felicidad está en que se os dé hasta Mala, pues se aguarda con brevedad al obispo de Panamá para que, señalando los límites de las gobernaciones, cada uno conozca lo que es suyo”.

     (Imagen) Ya entrado en años, GASPAR DE ESPINOSA mandó  en 1536, desde Panamá, una carta a la Audiencia de Santo Domingo comunicando que Pizarro estaba en apuros  por el feroz acoso de Manco Inca, tanto en Lima como en el Cuzco. Pedía que enviaran urgentemente toda la ayuda posible, porque el dominio sobre Perú corría mucho peligro. Cuando recibió el refuerzo (unos doscientos cincuenta soldados), lo transportó personalmente en un barco suyo hasta Lima. El peligro de los indios ya había remitido, y la tropa sirvió para reforzar a Pizarro contra Almagro. Llegado Gaspar de Espinosa, empleó su experiencia y sensatez para tratar de restablecer la paz entre los dos, pero fracasó. La imagen muestra su firma al pie de la mencionada carta (a la derecha). Pero también, curiosamente, la de un excepcional personaje burlado por el destino: el vasco PASCUAL DE ANDAGOYA. Pudo haber sido el verdadero descubridor y conquistador de Perú, pues fue quien tomó  el testigo del gran VASCO NÚÑEZ DE BALBOA tras su ejecución, siendo así el primero que se aventuró por la costa del Pacífico en dirección Sur, pero dio la vuelta, tras un largo recorrido, por sentirse muy enfermo. Tuvo después cargos importantes. Precisamente, figura su firma en la carta porque era entonces alcalde de Panamá. Llegó a participar en las guerras civiles, pero murió en 1548 luchando contra Gonzalo Pizarro. El excepcional cronista Gonzalo Fernández de Oviedo dijo de él que era un hidalgo ilustrado digno de mejor suerte.