jueves, 16 de septiembre de 2021

(1523) Cuando ya se iba a Chile Pedro de Valdivia como flamante gobernador, tuvo graves denuncias que luego se resolvieron. En Chile encontró arrasada por los indios la ciudad de La Serena, y un conflicto entre dos capitanes.

 

     (1113) Pedro de Valdivia estuvo a punto de perder lo que tanto deseaba y ya parecía conseguido: "Después de que Valdivia hubo alcanzado la merced que pretendía, pidió licencia al licenciado Gasca para irse, el cual se la dio con cédula y título de gobernador de Chile. También le dio a algunos que iban con el castigo de desterrados de Perú a Castilla, para que los llevase a Chile, y a otros que estaban en la cárcel porque habían sido secuaces de Gonzalo Pizarro, conmutándoles así sus penas. Al tiempo que Valdivia llegó con ellos a Arica, donde pensaba preparar las cosas para su viaje a Chile, le enviaron a Pedro de la Gasca, que estaba en Lima, muchas quejas sobre él desde varios sitios, diciendo que iba en rebeldía contra el rey, pues los que iban con él robaban a los indios y los apresaban, y que a los españoles que topaban por el camino les quitaban sus haciendas, lo cual los consentía Valdivia. Como esto indignó en tanta manera al presidente La Gasca, mandó luego al capitán Pedro de Hinojosa (van saliendo nombres de viejos conocidos de las guerras civiles de Perú) que fuese tras de él y lo tomase preso. Hinojosa lo alcanzó antes de que Valdivia saliese de Arica, y le explicó las razones de su llegada. Valdivia le dijo que cumpliese con lo mandado. Aunque algunos soldados suyos le dijeron que ellos podían ayudarle a continuar su camino, los reprendió gravemente, mandó que los capitanes y soldados siguiesen hacia Chile, y él se volvió preso a Lima con Hinojosa".

     La situación era muy delicada: "Antes de que Valdivia llegase, entre los asesores del presidente La Gasca había varios pareceres, creyendo algunos que volvería, y otros que no. Estando en esas dudas, llegó la noticia de que Hinojosa venía con Valdivia, por lo cual el presidente La Gasca, viendo aquel nublado deshecho, recibió grandísimo placer, y mandó que le diesen cárcel de acuerdo con la dignidad de su persona. A los pocos días, conocida su humildad, y que era mentira lo que de él se había dicho, teniendo, además, tan buenos amigos, en especial un caballero del Hábito de Santiago llamado Alonso de Alvarado, mariscal del Perú, que había venido con el presidente Gasca de Castilla y servido a su Majestad en aquella guerra,  en breve le fue concedida licencia para irse".

     Pero siguieron las emociones, porque llegaron entonces los que habían sido estafados por Valdivia: "Parece que andaba la fortuna jugando con él, ya que, cuando se preparaba para su viaje, llegaron a Lima los que iban en una fragata tras él. Le presentaron su querella al licenciado diciendo de Valdivia muchos males: Habían ido treinta hombres, creyendo que, cuantos más fuesen, las quejas tendrían más fuerza, pero eran poco prácticos en negocios, y no tuvieron con quién probar lo que decían, porque el que llevaba las probanzas no las quiso presentar. Viéndose engañados, y que Valdivia ya tenía el título de gobernador, procuraron reconciliarse con él. Valdivia les prometió pagar todo el dinero que les había tomado, y que les daría repartimientos de indios a todos, y les pidió que fuesen amigos de allí en adelante. Confirmados en la amistad, le dio el presidente La Gasca a Valdivia un navío en el que se embarcó". Pero recordemos que hubo alguien, Francisco Pinel, que pagó un alto precio, porque, al menos a él, no le devolvió los diez kilos de oro que le quitó, y, deprimido por su despreciativa y firme negativa, se ahorcó. Puede que sea la anécdota más miserable de la vida de Pedro de Valdivia.

 

     (Imagen) Pedro de Valdivia logró convencer en Lima al gran Pedro de la Gasca para que, en nombre de Carlos V, le confirmara el título de Gobernador de Chile, donde las campañas siempre fueron duras y sangrientas. Vuelto a territorio chileno, le esperaba otra catástrofe: "Llegó navegando a la ciudad de la Serena (fundada 5 años antes, como ya vimos, por Juan Bohón), y mandó bajar a tierra a algunos hombres para que fuesen a la ciudad y diesen aviso al pueblo de su llegada. Estos soldados llegaron a la ciudad y no hallaron gente alguna, pues pocos días antes los indios comarcanos, se concertaron todos, y una mañana, entrando en la ciudad repartidos, fueron a las casas de los vecinos, pues las conocían bien, y los llamaron a gritos. Los españoles salieron a las calles, y, antes de que se juntasen, y sin poder preparar cosa alguna en su defensa, los mataron a todos, no escapando más que un pobre hombre metido en un horno. Este llevó la noticia a la ciudad de Santiago, escondiéndose de día y caminando de noche (uno de los fallecidos fue el capitán Juan Bohón). Visto por Valdivia que no tenía sentido detenerse allí, navegó hasta el puerto de Santiago, y, llegado, vinieron a verle los amigos que en la ciudad tenía". El cronista hace luego alusión a un conflicto surgido entonces en Santiago, pero que se resolverá siete años después. Así como Valdivia llegó en barco, estaba ya en Santiago la tropa que había enviado por tierra desde Perú cuando él se demoró para dar explicaciones a Pedro de la Gasca: "En este mismo tiempo, entre la gente que vino por tierra, había  dos capitanes, Juan Jufré y Francisco de Ulloa, a los que Valdivia había confiado sus soldados, y entraron en discordia sobre asuntos del mando y otras cosas. El capitán Juan Jufré le ganó la iniciativa al capitán Francisco de Ulloa, y lo trajo consigo preso. Después, hubo entre ellos un largo pleito hasta que vino por gobernador de Chile don García de Mendoza, quien, estando al corriente de la cuestión, se la confió a un nuevo letrado. Era el licenciado Hernando de Santillán, y dictó sentencia condenando al capitán Juan Jufré a que devolviese a Francisco de Ulloa cierta cantidad de dineros en compensación de las cosas que le quitaron los soldados que consigo llevaba". Veremos enseguida que Pedro de Valdivia se va a lanzar hacia el sur, fundará en 1550 la ciudad de Concepción, y tendrá unos temibles enemigos: los araucanos.




miércoles, 15 de septiembre de 2021

(1522) Pedro de Valdivia consiguió de Pedro de la Gasca que lo confirmara como gobernador de Chile. FRANCISCO DE VILLAGRA también ansiaba el puesto, y hacía un doble juego, pero solo lo obtuvo tras morir Valdivia a manos de los mapuches.

 

     (1112) Según el cronista, Francisco de Villagra actuó sin contemplaciones porque sabía que Pedro Sancho de la Hoz y sus partidarios, ausente Pedro de Valdivia, iban a matarlo a él para hacerse fácilmente con el poder en la ciudad de Santiago: "Muerto Pedro Sancho, quedó Villagra en quietud, cuidando lo que Valdivia le había dejado a su cargo. Se hizo querido por muchos, ganándoles su voluntad". Pero también a Villagra le tentaba el ansia de poder, y tomó astutas medidas: "Puso en efecto una precaución oculta debajo de la amistad que debía a Valdivia. Dio orden de que se hicieran dos informes, uno a favor de Valdivia, y el otro en contra. Una vez terminados (y halló testigos para todo), mandó hacer una fragata, y en ella envió al Perú a algunos que veían mal a Valdivia y tenían quejas de él, y con ellos envió a Pedro de Villagra, que después fue gobernador, el cual llevaba las probanzas  con mala intención, de manera que, si viese a Valdivia mal considerado por el que gobernaba al Perú,  le ayudase a derribarlo con las que le perjudicaban él,  y, si lo hallase bien situado, presentase en su favor la otra probanza. Todo esto lo supo después Valdivia,  y de ello le resultó a Francisco de Villagra mucho daño y desasosiego".

     Entre tanto, Pedro de Valdivia también maniobraba a su favor, aunque haciendo méritos: "Llegado Valdivia al puerto de Arica (al sur de Perú), supo que el licenciado Pedro de la Gasca estaba en Lima con grandes poderes que traía del emperador don Carlos, y que Gonzalo Pizarro tenía el reino tiranizado, aunque esto ya lo sabía él por cartas del mismo Gonzalo. De allí navegó hasta Lima, y, llegado al puerto, supo que el licenciado Gasca iba caminando en busca  de Gonzalo Pizarro hacia el valle de Jaquijaguana (para luchar contra él). Tomando cabalgaduras, se dio tanta prisa que lo alcanzó en breve. Viéndose con él fue bien recibido por Pedro de la Gasca, que le hizo mucha honra y merced en su tratamiento".

     La intención de Pedro de Valdivia era transparente. La vía más directa para que se le confirmara como gobernador de Chile era la mediación de Pedro de la Gasca ante Carlos V. Él tenía poderes para nombrarle gobernador, aunque la confirmación definitiva tenía que dársela el emperador (casi como mero trámite). La forma más segura de convencer a La Gasca era arriesgar su vida ayudándole en la lucha contra Gonzalo Pizarro, y es lo que le va a ofrecer sin titubeos. Dio un paso adelante de mucho mérito, aunque después resultó que, imprevisiblemente, la victoria militar fue un paseo.

     Y sigue contando Marmolejo: "Como Valdivia era tenido por hombre de guerra, el licenciado Gasca le rogó que interviniese en todo lo que viese que al servicio de su Majestad convenía, porque él en su nombre se lo mandaba y en el suyo se lo pedía por merced, pues había probabilidades de que su venida fuese muy beneficiosa. Y así, Valdivia, sin estar al mando, sino como hombre privado, andaba en el campo de batalla y decía todo lo que a él le parecía convenir. Sucediendo lo que todos conocen (la derrota de Gonzalo Pizarro), y sabida la historia por parte del rey, todo se mostraba favorable a los deseos que él tenía. Estando bien avenido con el licenciado Gasca, vueltos que fueron a Lima, comenzó Valdivia a tratar en sus negocios pidiéndole la gobernación de Chile, y todo lo que decía le parecía muy bien al licenciado Pedro de la Gasca, teniéndole por muy hombre. Pedro de Valdivia supo negociarlo tan bien, que, con la ayuda de algunas personas principales, alcanzó de palabra la promesa de la merced que pretendía".

 

     (Imagen) El apellido VILLAGRA dejó en Chile un rastro histórico, pero no por un conquistador, sino por dos, lo cual se ha prestado a confusiones, y ahora los acabamos de mencionar juntos. FRANCISCO DE VILLAGRA era el que tenía preparadas dos actitudes para con Pedro de Valdivia: una, la de apoyarle si lograba ser gobernador, y, la otra, la de tratar de ganarle el puesto. Luego esto le pasará factura frente al vencedor Valdivia. Había nacido (como Juan Ponce de León), en Santervás de Campos (Valladolid), el año 1511. Su padre, Álvaro de Sarria, era comendador de la Orden de Santiago. En 1535, Francisco de Villagra había estado en Túnez luchando victoriosamente con Carlos V contra los turcos. El año 1537, ya andaba por Perú luchando, como almagrista, contra Francisco Pizarro, e hizo un fracasado intento de liberar a Diego de Almagro. En 1540, llegó, bajo las órdenes de Pedro de Valdivia, a Chile. Su confianza mutua flaqueó por parte de Valdivia al comprender que Villagra deseaba suplantarle con malas artes. No obstante, la colaboración entre ellos siguió funcionando. Sufrieron ambos la pesadilla de los indios araucanos. A Villagra lo derrotaron, y después le dieron muerte de forma horrenda a Valdivia, pero será el propio Villagra, en 1557, quien venza y mate al mítico cacique Lautaro. Tras la muerte de Valdivia (el 25 de diciembre de 1553), ejerció Francisco de Villagra como gobernador interino (siéndolo oficial luego dos veces), y, después de diversas peripecias que veremos más tarde, murió de enfermedad el año 1563. Entonces, tomó el relevo como gobernador interino su primo PEDRO DE VILLAGRA, el cual había nacido el año 1513 en Mombeltrán (Ávila). Estuvo, como Francisco, en Perú, y fue con él a Chile. Tras la muerte de Valdivia, le sucedió como gobernador Francisco de Villagra. Pasado un tiempo, se sintió gravemente enfermo, y le cedió a Pedro el mando de sus tropas, quien  tuvo que vérselas con los araucanos, a los que siempre derrotó. Francisco murió el año 1563, dejándole a Pedro como gobernador, pero, en 1565, le quitó el mando el nuevo titular, Rodrigo de Quiroga, y lo envió a Perú para que lo juzgaran por ciertas acusaciones, de las que fue absuelto. Murió en Lima en 1577, dejando fama de haber sido muy humano con los indígenas. La imagen muestra que, en 1555, su primo, FRANCISCO DE VILLAGRA, era gobernador de Chile, y que se le informaba al Rey que era digno de que le concediera el Hábito de Santiago.




martes, 14 de septiembre de 2021

(1521) Los indios acabaron con todos los hombres de Juan Bohó, y, a él, lo mataron salvajemente. Valdivia perdonó a Pedro Sancho de la Hoz varios motines. Francisco de Villagra, viendo que lo intentaba otra vez, lo ejecutó.

 

      (1111) El cronista Marmolejo sigue contando de forma abreviada la cosas que ocurrieron en Chile antes de que él  llegara a aquellas tierras, el año 1549. Ahora nos detalla cómo murió Juan Bohón, quien había fundado pocos años antes la ciudad de La Serena, cuando Valdivia se lo encargó por haber considerado que Francisco de Aguirre, a quien confió la misión, no había tratado allí como era debido a los indios: "Volviendo al capitán Joan Bohón, diré que, habiendo poblado la ciudad de La Serena,  Pedro de Valdivia, contento por su trabajo, partió de la ciudad de Santiago. Entonces el capitán Bohón quiso asentar el valle de Copiapó con el fin de tener seguro contra ataques indios aquel camino para los que del reino del Perú viniesen a Chile. Llegado a este valle, salieron los nativos fingidamente a servirle de paz cautelosamente. Una mañana, siendo capitán bisoño y con poca práctica en la guerra, y no teniendo guardia que le protegiese, los indios dieron en él, y, antes de que se pudiesen juntarse los españoles para defenderse, con grandísima braveza los mataron a todos, no escapando vivo ninguno de ellos, que eran treinta y dos,  salvo Juan Bohón. Al cual lo prendieron, y, atadas las manos con una cruz que él solía tener en un bastón, diciendo que con aquella en la mano pacificaría todo el reino de Chile, le trajeron por todo el valle triunfantes de él y de su miseria, y le dieron muerte tan dura, que, usando muchas crueldades, terminaron ahorcándole. Algunos dijeron que lo vieron ahorcado, y tenía cruces marcadas en las espaldas y en los pechos. Pudo ser que, como era buen cristiano, fuese Dios servido de que la cruz que él traía en la mano, se mostrase en su cuerpo para felicidad de su ánima. Sabido en la ciudad de La Serena lo ocurrido, los que en ella habían quedado miraron por sí viviendo recelosos de los naturales, y dieron aviso a la ciudad de Santiago. Les respondió Francisco de Villagra que mirasen ellos por su pueblo, ya que, al presente, no tenía gente que poderles enviar. Ellos no quisieron irse a Santiago, porque su deseo era ser vecinos de La Serena, y les parecía que podrían resistir por haber pocos indios en aquella comarca". Recordemos que después los indios arrasaron la ciudad, y el cronista nos lo explicará con más detalle.

     Ya hemos visto que Pedro de Valdivia corrió varias veces peligro de que lo matara Pedro Sancho de la Hoz, pero nunca se atrevió a castigarlo, quizá por temor a que tuviera que dar muchas explicaciones ante la Corona. Pero aquello no podía acabar bien: "Francisco de Villagra se quedó en la ciudad de Santiago por capitán de Valdivia, con todos los poderes, como persona a la que tenía por amigo. Entonces acaeció que un hidalgo principal casado en Toledo, llamado Pedro Sancho de la Hoz, había llegado hacía poco de España, nombrado por el emperador don Carlos gobernador del territorio que alcanzase, desde el Estrecho de Magallanes abajo, trecientas leguas por la costa de Chile (ya, de entrada, era una zona muy poco apetecible) . Pero, después de que Valdivia fue ido al Perú (aún  no tenía confirmado el título de gobernador), comenzó a decir que se creía que no volvería más, por lo que, teniendo él una cédula de gobernación, era justo que él gobernara Chile".  

     Las pretensiones de Sancho de la Hoz encontraron eco en bastante gente, e incluso se hablaba de que convenía matar a Francisco de Villagra antes de que volviese Valdivia. Pero se dio cuenta de que tenía que reaccionar rápidamente, y  no le tembló el pulso: "Informado Villagra por sus amigos, hizo información contra él por escrito, y hallándolo culpable, según su parecer, lo mandó prender y luego cortarle la cabeza, cosa de gran crueldad".

 

     (Imagen) Al cronista Marmolejo le pareció excesivo que Francisco de Villagra ejecutara por traidor, en 1547, a PEDRO SANCHO DE LA HOZ. Pero todo apunta a que Pedro, con su oportunismo, se lo estaba ganando a pulso. Solo el Rey podría haber ampliado los límites de la gobernación que le había concedido. Pero también se entiende que le cegara la ambición, ya que la situación era bastante confusa (pero no lo suficiente). Pedro había nacido en Calahorra (La Rioja), hacia el año 1510. Tenía el título de escribano público, y fue secretario de Francisco Pizarro. Él se encargó de dar fe de los repartos que se hicieron entre los conquistadores, en 1533, del botín de Atahualpa, ya ejecutado, e, incluso, escribió una crónica sobre aquella conquista. Volvió a España en 1535, se casó con la aristocrática Guiomar de Aragón y, el año 1539, regresó solo a Perú, habiéndole concedido Carlos V el descubrimiento y  gobernación  de las tierras situadas al sur de lo que les correspondía a Pizarro y a Almagro (siendo lo de este último territorio chileno). Se encontró con la sorpresa de que, muerto Almagro, Pizarro le dio permiso a Valdivia para conquistar territorio chileno, y Pedro tuvo que aceptar, de mala gana, asociarse con él. Ninguno de los dos tenía esos derechos por concesión del Rey, porque lo que le asignó a Sancho de la Hoz estaba más al sur, en una zona tan dura, que fue la tumba de muchas campañas. (Acababa de ocurrir entonces el desastre de la organizada por el obispo de Plasencia, Gutierre de Vargas Carvajal, y muchos años después se produjo la catástrofe de la  capitaneada por un hombre de todo punto excepcional: Pedro Sarmiento de Gamboa). Pedro de Valdivia buscó con sensatez su confirmación como gobernador, y lo consiguió, pero Pedro Sancho de la Hoz, queriendo lograrlo a la brava (y, además, se había arruinado), promovió varios atentados contra la vida de su rival, quien siempre lo perdonó, a él y a sus cómplices. Dado el carácter implacable de Pedro de Valdivia, solo puede tener una explicación: hizo encaje de bolillos para que Carlos V no tuviera nada que reprocharle, y persiguió su objetivo con insistencia y hábiles maniobras diplomáticas, que estuvieron a punto de torcerse en su trato con el gran Pedro de la Gasca, quien, sin embargo, terminó por reconocerlo como gobernador de Chile y, asimismo, consiguió que el emperador lo ratificara. En la imagen se ve que la concesión que le hicieron a Sancho de la Hoz era para descubrir por la costa del Mar del Sur (el Pacífico), y más abajo del Estrecho de Magallanes ("la otra parte del dicho Estrecho").




lunes, 13 de septiembre de 2021

(1520) El cronista nos dice que Pedro de Valdivia, antes de ser gobernador, actuaba en Chile con dureza y sin escrúpulos. Cuando partió hacia Perú con el deseo de ser nombrado gobernador, se apropió del dinero de varios soldados.

 

      (1110): Uno de los problemas principales de los capitanes españoles en las Indias era el de tener contentos a sus hombres premiando sus servicios: "En este tiempo, Valdivia, viendo que en los términos de Santiago no tenía indios que asignar a todos los que consigo tenía, quiso contentarlos, y, para ello, preparó ochenta hombres, diciéndoles que estaba informado de que la tierra de adelante era mejor que la de Santiago, por lo que tenía voluntad de llevarlos para que vieran que allí había indios más que suficientes para los cristianos. Todos alegres, con deseo de verlo, salieron con él, y llegaron al asiento donde ahora está la ciudad de Concepción. Viendo el sitio que para poblar allí tenía, con un buen puerto para navíos, pasó adelante, y, antes de que los indios se acabasen de juntar para pelear con él, decidió retirarse fingiendo que iban a dormir, para lo que dejó fuegos encendidos, pero siguió caminando de noche hasta que llegó a Santiago. Después de haber reposado, repartió algunos indios entre sus hombres".

     Pero el cronista Marmolejo nos va a mostrar también el talante tramposo y duro de Pedro de Valdivia, especialmente cuando tenía dificultades para conseguir lo que deseaba con urgencia: "Todos en general, viendo la riqueza de la tierra, creían que lo que le la faltaba a Valdivia era gente para poblarla. Dado que él estaba ocupado en conquistar la zona de Santiago, y ya tenía pacificado lo mejor de la comarca, como era astuto, pensó un modo de hacer lo que, desde hacía tiempo, tenía en su pecho determinado. Quería enviar al Perú en busca de gente a Francisco de Villagra y a Jerónimo de Alderete, hombres principales que después ambos fueron gobernadores, diciendo que les facilitaría el dinero  y los poderes que necesitasen". Valdivia les había dado licencia a muchos para que fueran a Perú, diciéndoles que el oro que llevaban sería un reclamo para que allí se animara la gente a ir a Chile. Pero tenía una sucia maniobra preparada: "Estando todos en el puerto para embarcarse, llegó Pedro de Valdivia sin haberlo comunicado, pero diciendo con astucia que iba a despedirlos y escribir al rey para que favoreciese las cosas de Chile. Los pasajeros comían y disfrutaban a la espera de embarcarse, y Valdivia los entretuvo con buena conversación, tras haberle mandado a los marineros que, secretamente, le trajesen el batel.  Ellos lo hicieron así, porque en aquel tiempo Valdivia era temido de todos por su mucho rigor, sabiendo que ahorcaba a los hombres fácilmente, y que su comportamiento era más que tiránico. El veterano Valdivia sabía que, mientras no tuviese un título más importante (aún no era gobernador) del que tenía, para que temiesen su autoridad, era necesario hacerlo así. Después fue hacia la mar, se metió en el barco y mandó que le llevasen adonde todos los que estaban en tierra tenían su oro, que eran noventa mil pesos (unos 270 kilos). Luego llevó el barco a tierra para que se embarcasen Jerónimo de Alderete y los capitanes Juan Jufre, Diego García de Cáceres, Diego Oro, Juan de Cárdenas, don Antonio Beltrán, Alvar Martínez y Vicencio de Monte. Llegados al navío mandó levantar las anclas y dar la vela para navegar hacia el Perú".

 

     (Imagen) Las figuras históricas y los hombres poderosos tienen siempre grandes capacidades, pero, muchas veces, ensombrecidas por graves defectos, lo que puede dar como resultado un balance muy positivo o, en ocasiones, desastroso. Acabamos de ver que Pedro de Valdivia, atormentado por su falta de medios económicos para su maravillosa campaña de Chile, no dudó ni un momento en estafar a sus propios soldados. Los dejó plantados en tierra, les robó su oro, y partió hacia Perú con ansias de que lo confirmaran como Gobernador de Chile. El cronista Marmolejo nos muestra la perplejidad de los soldados timados: "Los que quedaban en tierra y veían que les llevaba su oro, gritaban con tantos vituperios y maldiciones, que ponían temor a los oyentes. Pedro de Valdivia les había dejado un comunicado en el que les decía que respetasen a Francisco de Villagra como su teniente, y prometiéndoles que él volvería en breve con gente para ampliar el reino, y que les devolvería el oro que llevaba, a cada uno lo suyo. Los pobres engañados, que quedaron en el puerto animándose unos con otros, se volvieron a Santiago, visto que no podían hacer otra cosa. Un trompeta que allí estaba, llamado Alonso de Torres, viendo el navío ir a la vela, comenzó a tocar su trompeta diciendo: 'Mira  el lobo dónde va, Juanica, mira el lobo dónde  ...', de lo cual los presentes, aunque tristes y quejosos, no pudieron dejar de reír, pero al instante dio con la trompeta en una piedra donde la hizo pedazos". No se sabe si Valdivia devolvió o no lo robado, pero lo que sigue no es muy esperanzador: "Y así llegaron a Santiago, yendo entre ellos un soldado llamado Francisco Pinel, a quien Valdivia había quitado tres mil pesos de oro (casi diez kilos). Anduvo más de un año obsesionado por su dinero, hasta que Valdivia volvió al gobierno de Chile. Habiéndole pedido que se lo pagase, no se lo daba, entreteniéndolo con palabras, hasta que un día lo despidió de malas maneras, y el pobre, que era de poco ánimo, desesperado, se ahorcó". No parece que a Valdivia le quitara el sueño. En los archivos se ve otra reclamación semejante que le hicieron a Pedro de Valdivia y a varios de sus capitanes. Esta vez es del año 1554, pero por algo más grave. En el documento de la imagen, María de León, esposa de Juan Pinel (ya es casualidad que se apellidara también Pinel), el escribano público más antiguo de Chile, denunciaba a Pedro de Valdivia, al capitán Jerónimo de Alderete y a otros por haberle robado a su difunto marido unos cuatro mil pesos de oro y haberle matado a garrote vil.




(1519) Valdivia celebró la llegada de Monroy con refuerzos. Luego criticó injustamente a su amigo FRANCISCO DE AGUIRRE, pero se arrepintió, y le confió la refundación de la ciudad de La Serena.

 

     (1109) Así que, los mismos indios de Copiapó que mataron a los cuatro españoles, al ver  llegar a Alonso de Monroy, quien, con el 'músico' Pedro de Miranda, había huido tras herir gravemente a dos de sus caciques, los recibieron amablemente, quizá porque  les acompañaban setenta soldados. Monroy, a su vez, actuó diplomáticamente:  "Les dio a entender a los indios (con la habitual táctica de pacificación) que, en adelante, fuesen buenos y tuviesen en cuenta que los cristianos habían de permanecer. Les pidió que no quisiesen perder sus vidas bestialmente, sino conservarse con ellos en amistad. Pasando adelante su camino, llegaron a Santiago, donde fue en general bien recibido. Dado que le acompañaba la gente que le dio Vaca de Castro, Valdivia envió soldados a conquistar los territorios comarcanos,  y, porque el valle de Chile era el mejor y más  poblado que ningún otro, lo reservó para sí, y también porque en sus tierras había ricas minas de oro".

     Valdivia tomó otra decisión importante: "Habiendo calculado los indios que en la comarca de Santiago había, y considerando que los valles de Copiapó, Guaco, Limari y otros comarcanos no podían atender las necesidades de Santiago por la mucha distancia que había, mandó al capitán Francisco de Aguirre que fuese con soldados a poblar donde ahora es la ciudad de la Serena (el nombre se debe a que Valvidivia era natural de la extremeña Villanueva de la Serena)". Pero Francisco de Aguirre cometió un error: "Cumpliendo lo ordenado,  llegó al valle de Chile (actualmente llamado Valle del Elqui). Hallando buen servicio en los naturales, hizo alto algunos días, refrescando los caballos, que en aquel tiempo eran tenidos en mucho, porque valía un caballo mil ducados. Francisco de Aguirre tuvo noticia de que algunos indios servían mal y persuadían a otros a no servir, y le pareció oportuno castigar a algunos que, por no servir, habían huido, y así poner temor en los demás, de manera que obedeciesen mejor, pues, en general, los indios de este reino de Chile tienen condición de villanos. Para ello, salió una noche, llegó al lugar en que estaban retirados y tomó algunos, con muchos muchachos y mujeres, volviendo con ellos a su alojamiento. Luego se lo hizo saber a Valdivia creyendo que así ganaría méritos ante él, pero le sucedió al contrario, ya que, cuando lo supo, se indignó de tal manera, que le mandó que abandonase la misión y se volviese con la gente que llevaba. Llegado Aguirre a Santiago, después de haber dado sus justificaciones, y habiendo pasado algunos días sin que se volviese a hablar de ir a fundar la nueva ciudad, un caballero llamado Juan Bohón, le pidió a Valdivia que le confiase aquella empresa, se la concedió, y él partió con la misma gente que Francisco de Aguirre había llevado. Llegado a aquel lugar, viendo que era tan a propósito, lo pobló conforme a la orden que llevaba, y le puso el nombre de La Serena, al que los indios llamaban y llaman Coquimbo, y, para mejor cumplir con lo que a su cargo había tomado, anduvo conquistando y pacificando algunos valles". (La Serena, emplazada en la costa, tiene actualmente medio millón de habitantes, y es la capital de la región de Coquimbo).

 

    (Imagen) A pesar de que FRANCISCO DE AGUIRRE MENESES, nacido en Talavera de la Reina (Toledo) hacia el año 1500, decepcionó a Pedro de Valdivia por falta de tacto con los indios, fue un conquistador de gran relieve, hasta el punto de que, llegado el momento, será gobernador de Chile. Era un hombre culto, y descendiente, por distintas ramas, de reyes españoles, portugueses y europeos, teniendo un largo historial militar, que incluía una brillante actuación el año 1525 en la famosa batalla de Pavía. Eran muy pocos en las Indias los que podían estar a su altura en cuestión de antecedentes. Carlos V y el Papa le agradecieron sobremanera que el año 1527, durante el brutal saqueo de Roma, Francisco de Aguirre, al mando de unos soldados, evitó que un convento de monjas fuera víctima del pillaje de las tropas. Valdivia era testigo en Roma de estos hechos, y resulta degradable ver que ahora lo humille de tal manera. FRANCISCO DE AGUIRRE fue grande y lo seguirá siendo, como veremos. Llegó a Panamá en 1534, y fue uno de los soldados que, el año 1537, acudieron en auxilio de la población de Lima, acorralada por los incas. Estuvo después al servicio de Francisco Pizarro, coincidiendo con su viejo amigo Valdivia, y le resultó atractivo acompañarlo a la conquista de Chile en 1540. Tuvo que sentirse desairado cuando Valdivia, molesto por un error de estrategia, le anuló a Aguirre la misión de fundar La Serena, confiándosela de inmediato a Juan Bohón, el cual consiguió su objetivo el año 1544. Pero fue con trágicas consecuencias, porque, cinco años después, se produjo una sublevación de los indios, que arrasaron lo construido y mataron a Juan Bohón. Entonces Valdivia, curiosamente, le mandó a Francisco de Aguirre que refundara la ciudad, quizá por darse cuenta de que, con aquellos indios, no valían contemplaciones, sino la mano firme de un capitán con carácter enérgico para ganarles la partida, lo que supondría un reconocimiento de que, anteriormente, había sido injusto con él. Francisco de Aguirre tuvo tal éxito en este nuevo encargo, que lo que se celebra en La Serena es su refundación, ocurrida el 24 de agosto de 1549, y a quien se le da el mérito definitivo es a FRANCISCO DE AGUIRRE, cuya estatua como fundador sigue mostrando su actitud altiva en la ciudad, la cual, en sus inicios, también tuvo que soportar ataques de piratas, como los del famoso Francis Drake. El resto de sus andanzas, las iremos viendo sobre la marcha, de la mano de un  testigo privilegiado: ALONSO DE GÓNGORA MARMOLEJO.




sábado, 11 de septiembre de 2021

(1518) Monroy y Miranda, a puñaladas, lograron escapar de los indios, fueron a Perú y regresaron a Chile con refuerzos. Monroy murió en un segundo viaje, y, Pedro de Miranda, 27 años después, en una tragedia familiar.

 

     (1108) El entusiasmo de los indios al oír tocar la flauta a Pedro de Miranda era sincero, y sus ganas de aprender cómo se hacía, también, pero sus promesas, no: "Le dijeron a Miranda que, por lo agradecidos que a él le estaban, también le perdonarían la vida a Monroy, pero, antes, les había de enseñar a andar a caballo (los indios chilenos tuvieron pronto ese interés). Aunque, desde entonces, los indios les pusieron vigilantes para que no huyesen, ellos planeaban su libertad. Sacaban a los caciques al campo, les hacían subir a caballo y les decían de qué manera se habían de poner, y ellos recibían grandísimo placer manejando sus caballos y tocando la flauta. Un día, escondieron dentro de los borceguíes un cuchillo bien amolado cada uno, salieron al campo para el ejercicio habitual, y, viendo su oportunidad, arremetieron con dos de los caciques y  les dieron de puñaladas, dejándolos malheridos. Mientras los indios buscaban algún remedio para sus señores, mandaron a Barrientos, que estaba allí, que subiese a caballo. El tal Barrientos (también llamado Gasco) era un español que llevaba muchos días preso entre los indios, no pudiendo hacer otra cosa más que escapar, porque, aunque quisiera quedarse, lo matarían. Luego los tres se metieron por el desierto (de Atacama): cosa de grandísimo riesgo, porque habían de caminar ochenta leguas de arenales sin llevar qué comer para ellos ni para los caballos. Pero Dios los favoreció, porque tuvieron la suerte de encontrar en lo despoblado un carnero cargado de maíz, que les pareció ser milagro. Repartieron entre ellos lo que bastaba para el camino, lo demás se lo dieron a sus caballos, y, con los tasajos que del carnero hicieron, tuvieron provisiones para llegar a Atacama (ya en territorio peruano)".

     Lo peor ya lo habían pasado, y continuaron su camino: "Entrando por la tierra de Perú, supieron que don Diego de Almagro, hijo del Adelantado, había muerto, y también el marqués Francisco Pizarro, y que gobernaba el reino del Perú el licenciado Vaca de Castro. Con esta noticia, yendo en su busca, lo hallaron en el río Calcas cerca de Huamanga, donde los recibió bien, y le dieron cuenta de su peregrinación. Se habló mucho de que sería un viaje próspero para los que quisiesen ir a Chile, ya que fue grande la admiración al ver los estribos de oro, aunque hechos en obra tosca, y todos se entusiasmaban oyéndoles contar cosas de Chile. A los pocos días, Vaca de Castro les consiguió setenta hombres bien preparados con los que se volviesen, y no les dio más porque en aquel tiempo había acabado de ganar la batalla de Chupas (contra los almagristas) y no se fiaba de toda la gente que tenía".  

     El cronista Marmolejo va a ser ahora más preciso que lo que le contaba Pedro de Valdivia a Carlos V en un informe que le envió sobre este viaje a Perú. Al narrar los incidentes, Valdivia cuenta cómo huyeron de los indios Monroy, Miranda y Barrientos, el español que vivía con los nativos, del que, además, habla con desprecio, quizá por considerarlo un  desertor. Le decía al Rey, ente otras cosas, que tuvieron que huir sin los estribos de oro, porque los indios se los habían quitado. Marmolejo acaba de  indicar que ellos sí llegaron a Perú con los estribos. Y sigue narrando: "Con estos setenta hombres, Alonso de Monroy se volvió a Chile, tomando provisiones en Atacama para pasar el desierto. Llegó al valle de Copiapó, donde, siendo conocido, los principales señores lo vinieron a ver y les dieron (a los indios) los estribos de oro que habían quitado a sus compañeros cuando los mataron".

 

     (Imagen) Si, como vimos, la muerte de Gonzalo de los Ríos fue truculenta, no lo va a ser menos la del 'virtuoso flautista' PEDRO DE MIRANDA, quien entusiasmó a los indios con su música cuando acompañaba a Alonso de Monroy en su azaroso viaje a Perú. Digamos primero que el cronista Marmolejo, además de dar muestras de ser hombre culto, acertó al comparar a Miranda con Orfeo, ya que también este personaje mítico se sirvió de sus habilidades musicales para poder llegar en el Averno hasta donde estaba su enamorada Eurídice. El nacimiento de Pedro de Miranda tuvo lugar en Larraga (Navarra) el año 1517. Estuvo presente en la fundación de Santiago de Chile en 1541, y Pedro de Valdivia le premió generosamente sus importantes servicios, llegando a tener cargos políticos de relieve. Casado con Esperanza Rueda, tuvo nueve hijos, y sobrevivió a calamidades, hasta morir, en 1573, de manera trágica. Su mala fortuna se debió a que una de sus hijas, Catalina de Miranda (una bella mestiza, hija natural, pero reconocida por el matrimonio) se casó con Bernabé Mejía, el cual era, sin duda, un valiente soldado, pero maltratador y muy celoso, hasta el punto de ver con malos ojos que Catalina saliera de la casa de sus padres, por miedo a sus muchos admiradores. Por cuestiones de ese tipo, tenía duros enfrentamientos con ella y con su suegra. Y ocurrió que, cuando las dos volvían de misa, Bernabé Mejía, rabioso, perdió el control y atacó a su suegra con una espada, siendo Catalina la que recibió una mortal estocada por intentar protegerla, tras lo cual Mejía hirió a Esperanza Rueda. Luego llegaron al lugar su marido, Pedro de Miranda, y un mercader que estaba con él, Francisco de Soto, y se enzarzaron con el asesino, pero, siendo mucho más joven, mató a los dos. De lo que no se pudo librar fue de la ira de los vecinos. Entraron en masa a por él, lo mataron  a golpes y cuchilladas, lo arrastraron por la ciudad, y, finalmente, lo descuartizaron. El documento de la imagen desmiente un dato que se da por cierto. Se afirma que Mejía mató también a su suegra, pero no es cierto: solamente resultó herida. En el texto vemos que, un año después, ella le cedió una encomienda de indios a su único hijo varón, llamado asimismo Pedro de Miranda (y, de hecho, no murió hasta el año 1592). Se ve también que Esperanza de Rueda había estado casada con el gobernador de Chile Jerónimo de Alderete, el cual falleció pronto. Y, curiosamente, parece seguro que otro cronista chileno, Pedro Mariño de Lobera, se casó con una de las ocho hijas de Pedro de Miranda, llamada Francisca de Miranda.




viernes, 10 de septiembre de 2021

(1517) Las guerras de los españoles siempre eran forzadas. Valdivia mandó dos veces a Alonso de Monroy a Perú en busca de refuerzos. La primera, salvó la vida gracias a la música. La segunda, murió allá de enfermedad.

 

     (1107) Valdivia reaccionó rápidamente: "Salió de la ciudad con cuarenta hombres, y, llegado al valle de Quillota, halló algunos indios que estaban al servicio de los españoles que habían muerto, y algunos anaconas (criados indios) del Perú que se habían escondido. Después de haberlos recogido y haber observado el valle, comprendió que, para tener controlados a los nativos, era necesario hacer un fuerte en el que hubiese guarnición de ordinario. Y, con toda la diligencia posible, fueron en breve tiempo realizados los trabajos, y, asimismo, dio orden de hacer sementeras de maíz e impedir que  los indios hiciesen las suyas. También se ocupó de que se extrajera oro, como hombre prudente en todo. Los indios, viendo el orden que los cristianos tenían, y que ellos no podían sembrar ni salir al valle, comenzaron a venir en son de paz y a servir. Como a los que venían no se les hacía daño alguno, sino que los recibían bien, llegaban muchos todos los días. De esta manera se fue poblando aquel valle y otros comarcanos, gracias, sobre todo, al fuerte que se hizo en él".

     Una y otra vez se confirma que los españoles solo querían tener un control tranquilo de las tierras que conquistaban, y, para ello, hacían paces con los indios dejando en el olvido los perjuicios que, casi siempre por medio de engaños, les habían causado, muertes incluidas. En medio de aquellos percances, Pedro de Valdivia seguía ansioso por conseguir refuerzos de soldados que llegaran de Perú, y sabía que la única manera de conseguirlo era deslumbrarlos con expectativas de triunfos y riquezas: "Habiendo procurado darle importancia a aquellas tierras con el oro que había sacado, le pareció acertado enviar ya al Perú alguna muestra, y hubo algunos caballeros con voluntad de servirle en aquella misión.  Tras hacerles promesas, concertó, con el capitán Alonso de Monroy, Pedro de Miranda y otros cuatro soldados, que fuesen con noticias de la tierra de Chile e informasen en el Perú al que gobernase aquel reino (era una incógnita quién estaba al mando en aquellas tierras tan alteradas por las guerras civiles). Incluso tuvo una aparatosa idea para despertar el interés de posibles interesados en la aventura de Chile: "Y, para que en el Perú les diesen crédito de que era Chile una tierra próspera, les mandó a los que iban a partir que hiciesen los estribos de las sillas y las guarniciones de las espadas con oro. Salieron así de Santiago y llegaron al valle de Copiapó, que está de la ciudad de Santiago a ciento veinte leguas, donde, queriendo obtener provisiones,  fueron asaltados por los indios, los cuales, peleando con ellos y no dejándoles subir a los caballos, mataron a los cuatro soldados, y, al capitán Monroy y a Pedro de Miranda los prendieron y los llevaron ante los indios principales. Entonces, quiso Dios que viera allí Pedro de Miranda una flauta, y comenzó a tocarla, porque lo sabía hacer. A los indios principales les dio tanto contento oír su música, que le dijeron que les enseñase a tañer, y no lo matarían. Él les contestó que lo haría, pero que les rogaba que al capitán Monroy no lo matasen, porque era su amigo y lo quería mucho. Fue tanto lo que persuadió a aquellos principales con la flauta, que cedieron a su petición, remedando en parte a Orfeo, cuando fue en busca de su mujer al infierno".

 

     (Imagen) La empresa de Chile fue una consecuencia de la conquista de Perú, por la lógica del Plus Ultra, aquel impulso conquistador con el que llegaron los españoles a las Indias. El primer intento lo llevó a cabo Diego de Almagro, con la ilusión de que, si conquistaba aquellas tierras, se convertiría en un verdadero gobernador y podría disfrutarlo sin la rivalidad de Francisco Pizarro. Pero fracasó, volvió  a Perú y murió luchando contra el  gran Pizarro, habiendo sido antes socios y excelentes compañeros. El segundo y definitivo intento corrió a cargo de Pedro de Valdivia. Aunque murió trágicamente, había conseguido dar definitiva estabilidad a la conquista de Chile. Fue también en Perú donde se alistó en su ejército ALONSO DE MONROY. Había nacido, de familia hidalga, hacia el año 1510 en Salamanca, y, como vemos en la imagen de su registro de embarque, partió hacia Perú en 1537, siendo sus padres Cristóbal de Monroy y Constanza Gómez de Prado. En 1539, muerto ya Diego de Almagro, él y algún otro más, se asociaron con Pedro de Valdivia (y bajo su mando) para financiar la campaña de Chile. Durante el viaje Monroy salió en defensa de Pedro Sancho de la Hoz (otro de los socios), acusado de haberse unido a traidores. Valdivia se lo alabó, y extrañamente, porque luego fue objeto de nuevas traiciones de Sancho de la Hoz. Es posible que a Valdivia le gustara la intervención diplomática de Monroy porque, de  momento, tuvo un efecto positivo, ya que calmó la situación, pero ya veremos que la terquedad del sospechoso será tan repetitiva que le costará la vida. Pedro de Valdivia siempre le tuvo un gran aprecio a Alonso de Monroy, y lo nombró teniente general de la  nueva gobernación de Chile en 1541, recién fundada la ciudad de Santiago, la que sería la gran capital del país. Enseguida veremos que terminará con éxito el accidentado viaje que ahora está realizando con Pedro de Miranda hacia Perú, por encargo de Valdivia y con el principal objetivo de reclutar más gente. Llegará a Perú cuando ya habían asesinado a Francisco Pizarro y Cristóbal Vaca de Castro había derrotado y ejecutado a Diego de Almagro el Mozo. Tras volver a Chile en 1544, Valdivia le encargó otro viaje a Perú, en los turbulentos tiempos de la rebelión de Gonzalo Pizarro, y allí murió a principios del año 1546, en Lima, el valiente y leal ALONSO DE MONROY, pero por los efectos de una prosaica enfermedad contagiosa.




jueves, 9 de septiembre de 2021

(1516) Los indios mataron a muchos españoles. Fingieron después hacer la paz con Valdivia, pero volvieron a las andadas, y, en otro enfrentamiento, mataron a todos menos a un negro y a GONZALO DE LOS RÍOS, quien tuvo luego una mujer y una nieta siniestras.

 

     (1106) Pedro de Valdivia fundó la futura gran capital de Chile el 12 de febrero del año 1541: "Le puso el nombre de Santiago, amparándose en el apóstol como patrón de España, para ser favorecidos en los casos de guerra que contra los indios esperaba tener cada día. Pensando los indios que los españoles se querían perpetuar allí y que serían unos terribles vecinos, se conjuraron todos los caciques para matarlos. Y acaeció entonces que Valdivia había salido de la ciudad a buscar provisiones, y, como quedaron pocos españoles, pensaron los indios que mejor coyuntura no podían tener para conseguir lo que deseaban. Con ímpetu bravo, arremetieron quemando algunas casas y mostrando su braveza. Apretaron a los soldados de tal manera que, aunque resultaban rechazados, se volvían a rehacer, y así les ganaron casi toda la ciudad, matando a dos soldados que habían peleado bien, y a los que, faltándoles ayuda, los hicieron pedazos en la plaza. Alonso de Monroy, a quien Valdivia había dejado encomendada la ciudad, le envió a dar aviso haciéndole saber el aprieto en que estaba. Vino luego con gran presteza, y los indios lo supieron antes de que llegase. Los cuales, considerando además que ya les habían matado trecientos indios con sus furiosos ataques, y en especial los de un clérigo natural de Sanlúcar, llamado Lobo, que andaba entre ellos como lobo entre pobres ovejas, con estos temores, se volvieron a sus tierras, habiendo primero hablado entre sí de dar muestras de paz y ver lo que sucedía después".

     Como solían hacer todos los conquistadores de las Indias, Pedro de Valdivia, cuando llegó a la ciudad, quería una paz con los indios, olvidando su comportamiento anterior. Los caciques se mostraban amistosos, e incluso prometieron darle oro, con lo que se confirmó que tenían minas, y que era un tributo que solían pagar a los emperadores incas. A Valdivia le encantó la promesa, y, además, se dio cuenta de que ese oro sería un buen reclamo para que viniera más gente de Perú a incorporarse en su ejército: "Envió al capitán Gonzalo de los Ríos, que era su mayordomo, con doce hombres, diciéndole que recibiese el oro y se encargase de hacer un barco grande para enviar al Pirú a por la gente que necesitaba. Llegado al valle de Quillota, el capitán les pidió a los caciques que sus indios cortasen la madera con la que se pudiese hacer el barco. Se la dieron cautelosamente, y asimismo comenzaron a sacar el oro en las minas". Pero un cacique fue adonde Gonzalo de los Ríos, le enseñó una muestra de oro, y, mientras el capitán la veía, dio la señal a unos indios ocultos para que atacaran: "Salieron de sobresalto contra todos los españoles con tanto ímpetu, que, teniéndolos cercados y dándoles flechazos por el cuerpo, se vieron en tanta necesidad, que pelearon desesperadamente sin que quedase ninguno de ellos vivo, salvo el capitán Gonzalo de los Ríos y un negro, que acertaron a tener los caballos ensillados,  huyeron en ellos y llegaron a la ciudad de Santiago haciendo dieciséis leguas de camino  en un día, donde Valdivia fue avisado de lo sucedido".

 

     (Imagen) Como acabamos de ver, GONZALO DE LOS RÍOS se salvó de puro  milagro en un traicionero ataque de los indios. Era capitán y mayordomo de Pedro de Valdivia, así como uno de sus hombres de confianza, lo que tenía especial valor en aquellas conflictivas tropas. Había nacido en Córdoba el año 1515. Estaba tan entroncado en familias ilustres, que se le conocía como Gonzalo de los Ríos y Ávila Baena Mendoza Enríquez de Cisneros. Comenzó su carrera militar en la toma de Túnez y en la guerra de Francia, bajo el mando de Carlos V. Llegó a las Indias en 1534 con su tío Pedro de los Ríos y Aguayo, que había sido gobernador en el entorno de Panamá (recordemos que más tarde luchó como simple capitán en las guerras civiles de Perú). También Gonzalo se trasladó a Perú, y partió con  Pedro de Valdivia hacia Chile el año 1540. Sus andanzas posteriores nos las mencionará Góngora Marmolejo, pero  no queda más remedio que centrarnos en su vida personal, pues se vio envuelta en  circunstancias esperpénticas y siniestras. Pedro de Valdivia fue obligado por el Rey a terminar su relación amorosa con Inés Suárez, debiendo llevar de España a su verdadera esposa, Marina Ortiz de Gaete (la cual llegó después de haber muerto su marido). Valdivia se separó de Inés y siguió tonteando con otra mujer, María de Encío, pero, poco después, la abandonó, y convenció a su amigo Gonzalo de los Ríos para que se casara con ella. Hubo matrimonio y, por méritos propios de Gonzalo, más las generosas recompensas que les daba Valdivia, llegaron a ser muy ricos. Tuvieron tres hijos y tres hijas, pero ella odiaba a su marido, quizá por ser un entusiasta de las indias jóvenes. María era aficionada a los hechizos y las brujerías, y, al parecer, mató a su marido echándole mercurio en los oídos, siendo ya los dos muy mayores, puesto que ella tuvo que defenderse de esas acusaciones el año 1579, aunque reconoció que, siendo jóvenes, había recurrido a la magia para que dejara de serle infiel con las nativas. Pero no acabó ahí la cosa. Si María era bruja, su nieta Catalina de los Ríos y Lisperguer, llamada La Quintrala (el quintral es una hierba venenosa chilena), se caracterizaba por un sadismo brutal, y así se la recuerda en Chile. Teniendo solamente 17 años, asesinó a su padre, Gonzalo de los Ríos Encío, con un pollo envenenado. Un comentarista chileno ha escrito: "Tan surrealista es nuestro país, que algunos han decidido erigir un monumento (además de dedicarle biografías y películas) a la mujer más poderosa e inhumana de nuestra historia".




miércoles, 8 de septiembre de 2021

(1515) Cara y cruz: En cuanto llegó a Chile, Pedro de Valdivia fundó la ciudad de Santiago, pero, en dos ocasiones, aplicó con dureza la ley militar y ejecutó a varios amotinados.

 

     (1105) A mediados del año 1540 Valdivia tenía todo organizado para partir hacia Chile (con él iba  su amante, la brava Inés Suárez): "Juntó en breves días ciento setenta hombres bien aderezados. Se puso en camino y, prosiguiendo su jornada, llegó al valle de Atacama, que está a la entrada del despoblado (lo llama 'despoblado', pero es el durísimo desierto de Atacama), y, deteniéndose allí algunos días para conseguir provisiones con que pasar aquellas ochenta leguas (440 km) de arenales, un soldado de poco ánimo, arrepintiéndose de haber venido en aquella campaña, comenzó a tratar en secreto con otros amigos que debían volverse al Perú, pues estaban tan cerca de su frontera. Cuando lo supo Valdivia y confirmó que era  verdad, lo mandó enseguida ahorcar, para que no derribase los  ánimos de los demás. Después de haberse obtenido provisiones para el camino, entró por el desierto, y llegó al valle de Copiapó (Marmolejo pasa por alto los horrores de aquella travesía, que, en su día, ya conté), y, desde allí, llegó al valle de Mapocho, acariciando a los indios principales que de camino le salían a ver, y buscando dónde hacer asiento para poblar y desde allí descubrir nuevas tierras. Siendo informado de que en ninguna otra parte hallaría tan buen sitio como aquel, le pareció lo mejor, y pobló en lo que ahora es Santiago. Trazó la ciudad y repartió solares para que hiciesen casas algunos caballeros que consigo llevaba y otros soldados de menor condición, dándoles indios a la mayoría. Estando ocupado en esos asuntos, acaeció, como muchas veces se ve en semejantes campañas, que algunos soldados intentaron provocar alboroto y motín diciendo que habían venido engañados a mala tierra y que mejor les sería volverse al Perú, pues no veían muestras de riqueza, y que no era cosa justa pasar ellos tantos trabajos y necesidades, como por delante tendrían, para hacer señor a Valdivia".

     La situación de complicó extraordinariamente porque, a las quejas de los soldados, se unió la de algún hombre importante en la tropa: "Esta plática la encabezó luego un caballero de Córdoba que se llamaba don Martín de Solier (el apellido es francés), diciendo, con un Pastrana de Sevilla y con otros, que Valdivia era un militar codicioso de mando y que, por mandar, había abandonado el Perú, donde el marqués Pizarro le daba de comer y no le pareció suficiente, y que, ahora que los tenía dentro de Chile, los forzaría a todo lo que quisiese, sin dejarles volverse, y que era de hombres cuerdos mirar con tiempo lo que les depararía el futuro, y repararlo. Enterado Valdivia, consideró que  era necesario castigarlos, porque, aplicándoles la pena que las leyes de la guerra para tales casos determina, los demás evitarían caer en semejantes liviandades. Y, así, mandó prenderlos, y, para que no lo importunasen con ruegos de perdón, le ordenó a Luis de Toledo, alguacil mayor del campo, que los ahorcase de inmediato, y, con ellos, a otros que también eran culpables.  Luego juntó a  todo el ejército, les hizo un discurso de tipo militar,  y quedaron todos sosegados. Allí les amonestó para que se apartasen de tratos tan dañosos, pues de ellos solo podían resultar semejantes castigos. Quedó Valdivia con este castigo que hizo tan temido y reputado como hombre de guerra, que todos en general procuraban contentarlo y servirle en lo que quería". Como hemos visto otras veces, en las Indias no se podía abandonar un ejército sin permiso de la máxima autoridad. Pero no todos los jefes eran tan rigurosos, y aquí Valdivia está demostrando que tenía tendencia a inclinarse por duros castigos.

 

     (Imagen) Como el cronista Alonso de Góngora Marmolejo hizo el viaje a Chile con Valdivia el año 1549, no fue testigo de lo anterior, y se refiere a ello de manera escueta. Nos acaba de hablar del motín que le estaban preparando a Valdivia en Santiago (Chile) en 1540, y de cómo lo cortó rápidamente con ejecuciones. Voy a añadir algunos datos importantes y aclaratorios. La rebelión era de gran calado. Valdivia había partido de Perú después de que Diego de Almagro fuera decapitado por los partidarios de Francisco Pizarro. A su vez, muchos del bando de Almagro decidieron irse a Chile con Valdivia (amigo de Pizarro), pero dispuestos a traicionarlo si lo vieran ventajoso. Valdivia había salido de Santiago con parte de la tropa, y algunos rebeldes aprovecharon la ocasión en la ciudad. Uno de ellos, Alonso de Chinchilla, de 26 años y el más alocado, convencido de que iban a conseguir matar a Valdivia, salió a caballo por la ciudad ruidosamente y mostrando su entusiasmo. Fue apresado, lo sometieron a tormento y delató a otros cabecillas, que también acabaron en la cárcel. Eran Pedro Sancho de la Hoz, Bartolomé Márquez, Antonio de Pastrana (de 41 años, procurador de la ciudad), Don Martín de Solier, Martín Ortuño (vasco) y Sebastián Vázquez. Avisado Valdivia, volvió rápidamente a Santiago, y les abrió un proceso judicial a los implicados descubiertos. Con toda justicia, pero sin que le temblara el pulso, condenó a muerte a cinco de ellos, quedando absueltos (probablemente por conveniencia política) Don Martín de Solier y Pedro Sancho de la Hoz. El único condenado que se libró de  la ejecución, y en el último momento, fue Sebastián Vázquez, sin que se sepa por qué. Así se lo contaba Pedro de Valdivia a Calos V: "Hallé culpables a muchos, pero por la necesidad en que estaba, ahorqué a cinco, que fueron los cabecillas. Y disimulé con los demás, y, así, contuve a la gente. Confesaron que habían concertado en el Perú, con las personas que gobernaban a D. Diego, matarme ellos a mí acá, y, después, los otros a Francisco Pizarro allá". La carta la escribiría antes de haberle perdonado la vida a Sebastián Vázquez, porque, en realidad, solo ahorcó a cuatro. Don Diego es Don Diego de Almagro el Mozo, el cual estaba todavía bajo la tutela de sus capitanes (especialmente de Juan de Rada), tras haber sido ejecutado su padre. Tampoco se sabe por qué fueron absueltos Don Martín de Solier y el retorcido Pedro Sancho de la Hoz (de quien habrá mucho que contar).




martes, 7 de septiembre de 2021

(1514) En Chile encontraron los de Diego de Almagro a un español muy peculiar: Pedro Calvo. Fracasada la campaña, Almagro volvió a Perú. Comenzó la guerra civil, estando Pedro de Valdivia al servicio de Francisco Pizarro.

 

     (Imagen) El cronista Gonzalo de Góngora Marmolejo nos cuenta de forma concisa los comienzos de la llegada de los españoles a Chile (época inicial que él no conoció personalmente). Diego de Almagro quedó decepcionado: "Viendo la pobreza de los indios, y que, a diferencia del Perú, allí no había oro ni plata, acordó volverse, pero no por el camino que habían venido, sino por el despoblado de Copiapó, para no volver a pasar la Cordillera Nevada, donde tan mal les había ido. Aunque con mucho trabajo, después de haber pasado el desierto y llegados a Atacama, fueron al Cuzco, habiendo andado de ida y vuelta más de mil leguas (5.500 km). Luego hubo discordias entre Diego de Almagro y Francisco Pizarro sobre el reparto del Perú, y llegó a tanto, que los amigos de Pizarro mataron a Almagro. Entre los que más participaron en el conflicto, estaba Pedro de Valdivia, a quien Francisco Pizarro había nombrado maestre de campo, por ser de su tierra extremeña, y por tener práctica de guerra, la cual había adquirido en tiempos del marqués de Pescara con motivo de las diferencias que se tuvo con el rey Francisco de Francia sobre el Estado de Milán. Y así, sosegadas las discordias del Perú, Pedro de Valdivia, como hombre que tenía pensamientos grandes, viendo la oportunidad de lograr su pretensión por considerar que Francisco Pizarro estaba en deuda con él debido a sus servicios, le pidió que, en nombre suyo,  le enviase como capitán con gente para poblar la tierra de Chile. Confiaba, además, en que, puesto en ella, cualquiera que viniese al Perú con poder suficiente le otorgaría el gobierno de aquel reino, o en que, en el peor de los casos, lo podría negociar con Su Majestad. Francisco Pizarro, queriéndole agradecer lo que había servido en el Perú, y pensando que lo que le pedía no era cosa que pudiera perjudicarle, sino que, al contrario, acrecentaría su imperio, le respondió que le alegraba poder contentarlo en todo lo que quisiese. Y le encargó que, como capitán suyo, juntase gente y partiera cuando quisiese". Así empezó la verdadera conquista, y recordemos que, años después, Valdivia volvió de Chile a Perú para participar en las guerras civiles, pero, sobre todo, para que Pedro de la Gasca lo confirmara como gobernador de aquel territorio. Y lo consiguió astutamente, pero tras superar un incidente, como ya vimos. La imagen muestra, subrayados en rojo, los territorios chilenos que ha mencionado Marmolejo en el texto previo.




lunes, 6 de septiembre de 2021

(1513) Empezamos ya con la historia de la conquista de Chile. Nos la contará el cronista Alonso de Góngora Marmolejo con objetividad, y con precisión (debida a su gran memoria). Fue testigo de todo, menos del inicio, al que también se refiere.

 

     (1103) Acabada la interesante crónica de LOS COMENTARIOS, cuyo autor real era ÁLVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA, aunque aparentemente figuraba como tal su secretario Pedro Hernández, creo que  merecerá la pena meternos en la Historia de Chile de la mano de ALONSO DE GÓNGORA MARMOLEJO, otro testigo presencial de los hechos. En la imagen le haré una sencilla reseña, porque son escasos los datos que se conocen sobre su vida, salvo aquellos que, habiéndolos vivido, los cuenta él mismo tal como sucedieron. Quiero subrayar dos aspectos de su estilo. No era un literato, pero, aunque con sencillez, sabía narrar los hechos, y tenía una rara virtud reconocida por todos los críticos: en general, escribía siempre con objetividad, lo cual es, sin duda, la mayor virtud para narrar acontecimientos históricos.

     Como ya hablé en su día largo y tendido de las guerras civiles de Perú, aviso de que Alonso de Góngora iniciará su crónica mencionando parte de lo ocurrido, pero será breve, y aportará algunos datos interesantes. Como siempre hago, respetaré el texto del autor, pero lo abreviaré, y haré algunos cambios de estilo para que todo sea más comprensible y menos repetitivo. Empecemos, pues, a escuchar al cronista: "Después de haber descubierto el Perú don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro, pensaron que, como en el Perú habían hallado tanta abundancia de riqueza de oro y plata, lo mismo habría en Chile, y, como el mandar no sufre igual (lo dice en  alusión a la rivalidad que había entre Pizarro y Almagro), acordó don Diego de Almagro con sus amigos, y en conformidad de Francisco Pizarro, venir a descubrir en Chile. Salió con cuatrocientos hombres el año 1536, quedando por señor en el Perú Francisco Pizarro. Informado de que, si venía por Atacama (el terrible desierto) hasta llegar a Copiapó, había de pasar forzosamente ochenta leguas de despoblado falto de yerba y de agua, y, por conservar los caballos, que tenían mucho precio en aquel tiempo, dejó este camino y vino por la zona de los indios diaguitas. Luego atravesó la Cordillera Nevada por el mejor camino que había, donde, repentinamente, le sobrevino una tempestad de frío y nieve. No teniendo donde abrigarse, perecieron más de ochocientos indios que llevaba de servicio, sin poderlos ayudar. Con esta pérdida y la de muchos caballos, llegó al valle de Copiapó, donde halló un buen río y abundancia de alimentos para todos".

     Continuaron su marcha hasta el valle de Aconcagua, y Marmolejo contará algo que ya vimos hace tiempo, a lo que añade algún detalle interesante: "Allí acaeció una cosa notable, y fue, que, cuando se pobló Lima en el valle de Jauja, un soldado llamado Pedro Calvo Barrientos hizo un hurto, por el cual, en justicia, le cortaron las orejas. Viéndose avergonzado, abandonó en lugar  con intención de no verse más entre gente española, y así afrentado desamparó el campo y se metió tierra adentro. De pueblo en pueblo, vino a parar al reino de Chile, pidió ayuda a los indios y le dieron guías que lo llevaron en hamacas a sus hombros hasta llegar al valle de Aconcagua. Allí había dos caciques señores principales enemistados. Los indios lo encaminaron a uno de ellos, haciéndole su amigo, el cual, maravillado de que tal hombre viniese a su tierra, lo honró mucho".

 

     (Imagen) ALONSO DE GÓNGORA MARMOLEJO nos va a narrar las vivencias que tuvo (y las que le contaron) de la conquista de Chile, desde los primeros tanteos de Diego de Almagro, centrándose luego en el gran protagonismo de Pedro de Valdivia, y continuando la historia hasta finales del año 1575, pocos días antes de que muriera. Había nacido en Carmona (Sevilla) el año 1523. Llegó a Chile en 1549 sirviendo a Valdivia, y alcanzó el grado de capitán. Se decidió a hacer su crónica porque no había otra, salvo la Araucana, de Alonso de Ercilla (escrita en verso), y consideró que no era muy apropiada para mostrar la cruda realidad (además, Ercilla idealizaba a los indios araucanos). Así lo explicó (sin que le faltara razón) en la siguiente frase: "Me pareció necesario contar en prosa los muchos trabajos e infortunios que se han padecido en este reino de Chile, mayores que en ninguna otra parte de las Indias, por ser tan belicosos sus nativos". Otra circunstancia que le decidió a redactar la crónica fue quedarse frustrado (para fortuna de sus futuros lectores) al no obtener el cargo de Defensor de los Indios, que el gobernador Melchor Bravo Sarabia le concedió a quien no lo merecía, y, además, era mercader, no soldado. Así se queja: "Este puesto lo pidieron muchos soldados, y yo, Alonso de Góngora, era uno de ellos, pues, desde el tiempo de Pedro de Valdivia, había servido al Rey luchando para ganar este reino, y no había tenido remuneración de mis trabajos". Tenía ya 49  años y muchas ganas de comunicar todas las intensas vivencias que había acumulado  en las tortuosas batallas de Chile. Durante dos años fue componiendo su texto, terminándolo a finales de 1575, y murió a principios de enero de 1576 (le quedó un hijo mestizo), pero lo dejó ya preparado para que fuera publicado en España. Afortunadamente, no supo que su manuscrito (como ocurrió con otros también importantes) permaneció dormido durante siglos, hasta que el bibliófilo Andrés González Barcia (uno de los fundadores de la Real Academia de la Lengua) lo descubrió en algún lugar perdido, vio que era una joya, y lo guardó celosamente, pero falleció en 1743, y hubo que esperar hasta el año 1852 para que fuera publicado (en Madrid, con el título de HISTORIA DE TODAS LAS COSAS QUE HAN ACAECIDO EN EL REINO DE CHILE Y DE LOS QUE LO HAN GOBERNADO). ¿Las máximas virtudes de ALONSO DE GÓNGORA MARMOLEJO?: Supo narrar los hechos y lo  hizo con objetividad, lo cual es de agradecer.




sábado, 4 de septiembre de 2021

(1512) Hemos terminado ya la segunda crónica de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, pero, al final, figura un extraño documento en el que tiene mucho protagonismo Hernando de Ribera.

 

     (1102) Después de terminar el texto de la crónica titulada Comentarios, hay un añadido que admite dos interpretaciones. Algunos piensan que es una falsificación para favorecer en sus pleitos a Álvar Núñez Cabeza de Vaca, pero personalmente creo que es una sospecha muy retorcida, aunque nada hay seguro, ya que es casi ley de vida que quien publica algo trate de dar buena imagen. Cabeza de Vaca, antes de ser destituido, fue muy duro con el capitán Hernando de Ribera porque había permanecido más tiempo del debido en una  misión de conquista que le había confiado, llegando al extremo de querer ahorcarlo, pero tuvo que ceder para evitar un motín general. Hasta se decía que Cabeza de Vaca, en ausencia de Ribera, había tenido como amante a su mujer, una indígena. Cuando ya estaba preso en Asunción el gobernador, Hernando de Ribera, por petición de Pedro Hernández, hizo un informe de lo que habían descubierto en ese viaje excesivamente prolongado. En él se hablaba de maravillas, pero no conocidas personalmente, sino a través de lo que los indios les contaban. Quienes sospechan dicen que el informe sería falso, y resultado de un montaje de Pedro Hernández para aumentar el prestigio de Cabeza de Vaca de forma que pudiera seguir siendo gobernador, y así emprender una nueva campaña destinada a conquistar aquellas tierras tan  'prometedoras'. El documento está cargado de garantías legales, refrendado por Pedro Hernández ante numerosos testigos, y declarando Hernando de Ribera bajo juramento. Lo hizo el año 1545, y explica que el gobernador le envió desde el puerto de los Reyes con varios hombres en un bergantín por el río Paraguay hacia el norte en 1543. Bajó a tierra con cuarenta hombres, "y, yendo por muchos pueblos de indios, tomó de ellos copiosa relación para saber de ellos la verdad, como hombre que sabe la lengua caria, para que luego entrase personalmente el gobernador a conquistar aquella tierra". Los indios les informaron de la existencia de otras tribus, ya en términos peruanos, y hasta les aseguraron que, en aquella zona había mujeres amazonas, que eran guerreras. A esta fantasía, añadían otras, como la de  que había poblados de gente negra con casas de piedra, y donde abundaba "el metal blanco y el amarillo". Si bien la información era imprecisa, es muy probable que  estuvieran hablando de la lejana civilización inca,  debido a que rumores poco precisos se hubieran ido extendiendo hacia territorios que estaban al sur del imperio peruano. Eso explicaría que también hicieran otro comentario curioso: "Entre las dichas poblaciones hay cristianos. Fueron preguntados cómo lo sabían, y dijeron que indios de sus tribus, yendo cerca de aquel territorio, habían visto venir mucha gente vestida, blanca, con barbas y que traían caballos,  yendo montados en ellos". El documento es bastante más extenso. Hernando de Ribera juró solemnemente ser verdad todo lo dicho y pidió que se le diera una copia del original al gobernador Cabeza de Vaca, de cuya entrega fueron testigos el padre Paniagua, Sebastián de Valdivieso, Gaspar de Hortigosa, y Juan de Hoces, todos vecinos de Córdoba (España). Por otra parte, no parece tener sentido que se dude de la autenticidad de lo que dice Hernando de Ribera,  ya que con él iba en la expedición el alemán Ulrico Schmidl, quien hizo por su cuenta un relato casi idéntico, y, además, criticando a Álvar Núñez Cabeza de Vaca, al que le reprochaba no saber mandar y ser un prepotente.  

 

     (Imagen) Vamos a finalizar el tema de los COMENTARIOS de Álvar Núñez Cabeza de Vaca dedicándole esta reseña, como desagravio, a HERNANDO DE RIBERA. No se sabe su lugar de origen, pero llevaba tiempo en los territorios de Paraguay, por haber llegado en la expedición del veneciano Sebastián Caboto, quien, al servicio de Carlos V, anduvo navegando por aquellas tierras. Parece ser que Ribera, con otro grupo de españoles e indios, se quedó perdido en tierra, hacia 1527, hasta que fueron encontrados en 1536 por los hombres del gobernador de Río de la Plata, Pedro de Mendoza. En ese tiempo aprendió alguna de las lenguas nativas, lo que, como hemos visto, le sirvió para hablar con los indios carios en la expedición que le confió Cabeza de Vaca, y redactar el informe que hizo sobre las posibles riquezas del norte de Paraguay. A pesar de que Cabeza de Vaca se enfadó violentamente por su tardanza en volver, no es de creer que Hernando de Ribera se convirtiera en uno de sus enemigos. Antes de que llegara como gobernador Cabeza de Vaca, había establecido, junto a Juan de Salazar de Espinosa, y bajo sus órdenes, el poblado de La Asunción, que pronto se convertiría en la capital de Paraguay, ciudad en la que el propio Ribera fue luego regidor. No parece que formara parte en 1544 de la rebelión que destituyó al gobernador, y, ante la duda y mientras no haya pruebas de lo contrario, habrá que dar por cierta la autenticidad  del informe que declaró (para entregárselo al apresado Cabeza de Vaca) sobre su viaje a las tierras de los carios. Quien se hizo más tarde con la gobernación fue Domingo de Irala (probable principal impulsor, desde la sombra, de la destitución de Cabeza de Vaca), cuyos métodos no parecían gustarle a Hernando de Ribera. De hecho, consiguió que fuera destituido Francisco de Mendoza (siendo nombrado Diego de Andreu), al cual había elegido Irala como sustituto suyo al salir él de expedición. Más tarde se complicaron aún más las cosas en Paraguay, con la ejecución  de Andreu y la confirmación de Domingo de Irala como gobernador. Eran tiempos tumultuosos en los que Hernando de Ribera se mantuvo en la sombra. Hizo un viaje a España, y consta que figuraba en la lista de los que partieron de allí hacia Paraguay bajo el mando de Juan Ortiz de Zárate, cuya flota llegó el año 1572. Se supone que por entonces, y en Asunción, murió HERNANDO DE RIBERA. Dicho lo cual, damos por terminado el relato de los COMENTARIOS DE ÁLVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA, con quien la diosa Fortuna se mostró especialmente caprichosa.




viernes, 3 de septiembre de 2021

(1511) El cronista atribuye a un castigo de Dios las desgracias que les ocurrieron a varios enemigos de Cabeza de Vaca, quien, por culpa de ellos, tuvo que soportar ocho años de cárcel, siendo después rehabilitado por Felipe II.

 

     (1101) Quizá el carácter supersticioso que abundaba en aquellos tiempos pueda explicar que los oficiales temieran que Dios les estaba castigando por las injusticias a las que habían sometido al gobernador Cabeza de Vaca, pero no deja de ser una reacción que parece muy exagerada teniendo en cuenta que no les temblaba el pulso cuando castigaban cruelmente. Se diría que el cronista Pedro Hernández trata de cubrirles de culpas, o de aumentar las que tenían. Y sigue insistiendo en la misma línea: "Los oficiales del Rey manifestaban que le habían hecho muchos agravios e injusticias al gobernador, y que era mentira todo lo que habían dicho contra él, y que para ello habían obligado a hacer dos mil juramentos falsos, debido a la envidia que le tenían porque en tres días había descubierto más tierras y caminos que lo que ellos hicieron en los doce años que llevaban allí.  Y, por ello, que le rogaban por amor de Dios que les perdonase y les prometiese que no le diría a Su Majestad que ellos lo habían apresado".

     Por si fuera poco, se diría que muestra a Dios complacido por su arrepentimiento: "En cuanto lo dejaron libre al gobernador, terminaron el agua, viento y tormenta que habían durado cuatro días sin interrupción. Y, así, pudimos venir en el bergantín dos mil quinientas leguas por el mar, navegando sin ver tierra, y no comiendo (cada día) más de una tortilla de harina frita con una poca de manteca y agua. Y de esta manera vinimos con mucho trabajo hasta alcanzar las islas Azores, que son del serenísimo rey de Portugal, tardando en hacer el viaje tres meses. Cuando llegamos, los oficiales, por pasiones que traían entre ellos, se dividieron y vinieron cada uno por su parte, pero antes intentaron que la justicia prendiese al gobernador para que diese cuenta a Su Majestad de los delitos que habían hecho. Para tratar de conseguirlo, dijeron que, cuando pasó por las islas de Cabo Verde, había robado en el puerto. Oído por el corregidor, les dijo que su rey tenía bien protegido su puerto para que nadie robase. Entonces ellos se embarcaron y se vinieron para estos reinos de Castilla, donde llegaron unos diez días antes que el gobernador, y cuando supieron que ya venía, esa misma noche desaparecieron los delincuentes y se fueron a Madrid".

     El cronista Pedro Hernández recurre de nuevo al providencialismo: "En ese tiempo murió el obispo de Cuenca (Sebastián Ramírez de Fuenleal, fallecido en enero de 1547), que era presidente en el Consejo de las Indias, el cual tenía deseo y voluntad de castigar aquel delito y desacato que contra Su Majestad se había hecho en aquella tierra. Pocos días después de haber estado presos ellos (los funcionarios), y el gobernador igualmente, y sueltos bajo fianzas, Garci Venegas, que era uno de los que lo habían traído preso, murió de muerte desastrada y súbita, pues le saltaron los ojos de la cara, sin poder manifestar ni declarar la verdad de lo pasado, y Alonso Cabrera, veedor, su compañero, se trastornó, y mató a su mujer en Lora. Murieron también súbita y desastradamente los frailes que participaron en los escándalos y el levantamiento contra el gobernador, por lo que que pareció manifestarse que el gobernador no era culpable de lo que le acusaban. Después de haberlo tenido preso en la Corte ocho años, le dieron por libre y absuelto, pero,  por algunas maniobras que se hicieron, le quitaron la gobernación, porque sus contrarios decían que, si volvía a Río de la Plata, provocaría escándalos y alteraciones por castigar a los culpables. Y se la quitaron, además, sin haberle dado recompensa por lo mucho que gastó en el servicio cuando fue a socorrer a los españoles de Río de la Plata y a descubrir nuevas tierras".

    

     (Imagen) Sin más aclaraciones, el cronista Pedro Hernández termina su trabajo. Se limita a señalar que Álvar Núñez Cabeza de Vaca estuvo encarcelado ocho años, lo que quiere decir que, probablemente sin razón suficiente, hubo una dura sentencia contra él. Ya vimos que, sin embargo, en los años 1554 y 1556 (tres antes de que muriera), habían cambiado las cosas, pues le fueron concedidas sendas ayudas económicas. ÁLVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA protagonizó dos odiseas completamente diferentes, salvo en lo que se refiere a situaciones de extrema dureza. Su viaje por el sur de Norteamérica fue un calvario, pero lo convirtió en un personaje heroico y extraordinariamente famoso. Gracias a eso consiguió la gobernación de Río de la Plata, lo que le proporcionó gran  prestigio y poder, pero esas mieles fueron efímeras, y tuvo la desgracia de ser destituido por malos enemigos, difamado, juzgado y encarcelado, viendo manchado su buen nombre. Cabeza de Vaca se había casado con María Marmolejo, sin que se sepa nada de su posible descendencia, y, por un dato que ella aporta, sabemos que, en 1559, ya había muerto. Fue rehabilitado por el Rey, y, como vimos, compensado con dinero dos veces. La primera, el año 1554, y resumo el  texto en el que el futuro Felipe II le pide al virrey de Perú que le haga una concesión: "Álvar Núñez Cabeza de Vaca me ha hecho relación sobre su servicio a la Corona  en La Florida, donde gastó cuanto tenía, y después como gobernador de Río de la Plata, donde asimismo había gastado lo que él y sus parientes tenían, diciendo que ahora estaba tan pobre, que, si no le diésemos con qué sustentarse, moriría de hambre. Y me suplicó que le concediese un buen repartimiento de indios en Perú. Por lo cual, os mando que, yendo el dicho Álvar Núñez Cabeza de Vaca a esa tierra y llevando consigo a su mujer, le deis una encomienda de indios que rente mil pesos de oro cada año, y, si no hubiese ninguna vacante, su equivalente en dinero". Aunque Cabeza de Vaca no volvió a Perú, se le abonaba la pensión en España, muriendo el año 1559, al parecer en Sevilla, pero siendo enterrado en Valladolid. Aunque el final de su vida fue triste, sus increíbles aventuras y sus dos magníficas crónicas han dejado una huella imborrable. Se puede asegurar que fue también el verdadero autor de la segunda ('Comentarios'), a pesar de que oficialmente, y por razones de conveniencia, prefirió que se publicara como escrita por su fiel secretario Pedro Hernández.