martes, 14 de septiembre de 2021

(1521) Los indios acabaron con todos los hombres de Juan Bohó, y, a él, lo mataron salvajemente. Valdivia perdonó a Pedro Sancho de la Hoz varios motines. Francisco de Villagra, viendo que lo intentaba otra vez, lo ejecutó.

 

      (1111) El cronista Marmolejo sigue contando de forma abreviada la cosas que ocurrieron en Chile antes de que él  llegara a aquellas tierras, el año 1549. Ahora nos detalla cómo murió Juan Bohón, quien había fundado pocos años antes la ciudad de La Serena, cuando Valdivia se lo encargó por haber considerado que Francisco de Aguirre, a quien confió la misión, no había tratado allí como era debido a los indios: "Volviendo al capitán Joan Bohón, diré que, habiendo poblado la ciudad de La Serena,  Pedro de Valdivia, contento por su trabajo, partió de la ciudad de Santiago. Entonces el capitán Bohón quiso asentar el valle de Copiapó con el fin de tener seguro contra ataques indios aquel camino para los que del reino del Perú viniesen a Chile. Llegado a este valle, salieron los nativos fingidamente a servirle de paz cautelosamente. Una mañana, siendo capitán bisoño y con poca práctica en la guerra, y no teniendo guardia que le protegiese, los indios dieron en él, y, antes de que se pudiesen juntarse los españoles para defenderse, con grandísima braveza los mataron a todos, no escapando vivo ninguno de ellos, que eran treinta y dos,  salvo Juan Bohón. Al cual lo prendieron, y, atadas las manos con una cruz que él solía tener en un bastón, diciendo que con aquella en la mano pacificaría todo el reino de Chile, le trajeron por todo el valle triunfantes de él y de su miseria, y le dieron muerte tan dura, que, usando muchas crueldades, terminaron ahorcándole. Algunos dijeron que lo vieron ahorcado, y tenía cruces marcadas en las espaldas y en los pechos. Pudo ser que, como era buen cristiano, fuese Dios servido de que la cruz que él traía en la mano, se mostrase en su cuerpo para felicidad de su ánima. Sabido en la ciudad de La Serena lo ocurrido, los que en ella habían quedado miraron por sí viviendo recelosos de los naturales, y dieron aviso a la ciudad de Santiago. Les respondió Francisco de Villagra que mirasen ellos por su pueblo, ya que, al presente, no tenía gente que poderles enviar. Ellos no quisieron irse a Santiago, porque su deseo era ser vecinos de La Serena, y les parecía que podrían resistir por haber pocos indios en aquella comarca". Recordemos que después los indios arrasaron la ciudad, y el cronista nos lo explicará con más detalle.

     Ya hemos visto que Pedro de Valdivia corrió varias veces peligro de que lo matara Pedro Sancho de la Hoz, pero nunca se atrevió a castigarlo, quizá por temor a que tuviera que dar muchas explicaciones ante la Corona. Pero aquello no podía acabar bien: "Francisco de Villagra se quedó en la ciudad de Santiago por capitán de Valdivia, con todos los poderes, como persona a la que tenía por amigo. Entonces acaeció que un hidalgo principal casado en Toledo, llamado Pedro Sancho de la Hoz, había llegado hacía poco de España, nombrado por el emperador don Carlos gobernador del territorio que alcanzase, desde el Estrecho de Magallanes abajo, trecientas leguas por la costa de Chile (ya, de entrada, era una zona muy poco apetecible) . Pero, después de que Valdivia fue ido al Perú (aún  no tenía confirmado el título de gobernador), comenzó a decir que se creía que no volvería más, por lo que, teniendo él una cédula de gobernación, era justo que él gobernara Chile".  

     Las pretensiones de Sancho de la Hoz encontraron eco en bastante gente, e incluso se hablaba de que convenía matar a Francisco de Villagra antes de que volviese Valdivia. Pero se dio cuenta de que tenía que reaccionar rápidamente, y  no le tembló el pulso: "Informado Villagra por sus amigos, hizo información contra él por escrito, y hallándolo culpable, según su parecer, lo mandó prender y luego cortarle la cabeza, cosa de gran crueldad".

 

     (Imagen) Al cronista Marmolejo le pareció excesivo que Francisco de Villagra ejecutara por traidor, en 1547, a PEDRO SANCHO DE LA HOZ. Pero todo apunta a que Pedro, con su oportunismo, se lo estaba ganando a pulso. Solo el Rey podría haber ampliado los límites de la gobernación que le había concedido. Pero también se entiende que le cegara la ambición, ya que la situación era bastante confusa (pero no lo suficiente). Pedro había nacido en Calahorra (La Rioja), hacia el año 1510. Tenía el título de escribano público, y fue secretario de Francisco Pizarro. Él se encargó de dar fe de los repartos que se hicieron entre los conquistadores, en 1533, del botín de Atahualpa, ya ejecutado, e, incluso, escribió una crónica sobre aquella conquista. Volvió a España en 1535, se casó con la aristocrática Guiomar de Aragón y, el año 1539, regresó solo a Perú, habiéndole concedido Carlos V el descubrimiento y  gobernación  de las tierras situadas al sur de lo que les correspondía a Pizarro y a Almagro (siendo lo de este último territorio chileno). Se encontró con la sorpresa de que, muerto Almagro, Pizarro le dio permiso a Valdivia para conquistar territorio chileno, y Pedro tuvo que aceptar, de mala gana, asociarse con él. Ninguno de los dos tenía esos derechos por concesión del Rey, porque lo que le asignó a Sancho de la Hoz estaba más al sur, en una zona tan dura, que fue la tumba de muchas campañas. (Acababa de ocurrir entonces el desastre de la organizada por el obispo de Plasencia, Gutierre de Vargas Carvajal, y muchos años después se produjo la catástrofe de la  capitaneada por un hombre de todo punto excepcional: Pedro Sarmiento de Gamboa). Pedro de Valdivia buscó con sensatez su confirmación como gobernador, y lo consiguió, pero Pedro Sancho de la Hoz, queriendo lograrlo a la brava (y, además, se había arruinado), promovió varios atentados contra la vida de su rival, quien siempre lo perdonó, a él y a sus cómplices. Dado el carácter implacable de Pedro de Valdivia, solo puede tener una explicación: hizo encaje de bolillos para que Carlos V no tuviera nada que reprocharle, y persiguió su objetivo con insistencia y hábiles maniobras diplomáticas, que estuvieron a punto de torcerse en su trato con el gran Pedro de la Gasca, quien, sin embargo, terminó por reconocerlo como gobernador de Chile y, asimismo, consiguió que el emperador lo ratificara. En la imagen se ve que la concesión que le hicieron a Sancho de la Hoz era para descubrir por la costa del Mar del Sur (el Pacífico), y más abajo del Estrecho de Magallanes ("la otra parte del dicho Estrecho").




lunes, 13 de septiembre de 2021

(1520) El cronista nos dice que Pedro de Valdivia, antes de ser gobernador, actuaba en Chile con dureza y sin escrúpulos. Cuando partió hacia Perú con el deseo de ser nombrado gobernador, se apropió del dinero de varios soldados.

 

      (1110): Uno de los problemas principales de los capitanes españoles en las Indias era el de tener contentos a sus hombres premiando sus servicios: "En este tiempo, Valdivia, viendo que en los términos de Santiago no tenía indios que asignar a todos los que consigo tenía, quiso contentarlos, y, para ello, preparó ochenta hombres, diciéndoles que estaba informado de que la tierra de adelante era mejor que la de Santiago, por lo que tenía voluntad de llevarlos para que vieran que allí había indios más que suficientes para los cristianos. Todos alegres, con deseo de verlo, salieron con él, y llegaron al asiento donde ahora está la ciudad de Concepción. Viendo el sitio que para poblar allí tenía, con un buen puerto para navíos, pasó adelante, y, antes de que los indios se acabasen de juntar para pelear con él, decidió retirarse fingiendo que iban a dormir, para lo que dejó fuegos encendidos, pero siguió caminando de noche hasta que llegó a Santiago. Después de haber reposado, repartió algunos indios entre sus hombres".

     Pero el cronista Marmolejo nos va a mostrar también el talante tramposo y duro de Pedro de Valdivia, especialmente cuando tenía dificultades para conseguir lo que deseaba con urgencia: "Todos en general, viendo la riqueza de la tierra, creían que lo que le la faltaba a Valdivia era gente para poblarla. Dado que él estaba ocupado en conquistar la zona de Santiago, y ya tenía pacificado lo mejor de la comarca, como era astuto, pensó un modo de hacer lo que, desde hacía tiempo, tenía en su pecho determinado. Quería enviar al Perú en busca de gente a Francisco de Villagra y a Jerónimo de Alderete, hombres principales que después ambos fueron gobernadores, diciendo que les facilitaría el dinero  y los poderes que necesitasen". Valdivia les había dado licencia a muchos para que fueran a Perú, diciéndoles que el oro que llevaban sería un reclamo para que allí se animara la gente a ir a Chile. Pero tenía una sucia maniobra preparada: "Estando todos en el puerto para embarcarse, llegó Pedro de Valdivia sin haberlo comunicado, pero diciendo con astucia que iba a despedirlos y escribir al rey para que favoreciese las cosas de Chile. Los pasajeros comían y disfrutaban a la espera de embarcarse, y Valdivia los entretuvo con buena conversación, tras haberle mandado a los marineros que, secretamente, le trajesen el batel.  Ellos lo hicieron así, porque en aquel tiempo Valdivia era temido de todos por su mucho rigor, sabiendo que ahorcaba a los hombres fácilmente, y que su comportamiento era más que tiránico. El veterano Valdivia sabía que, mientras no tuviese un título más importante (aún no era gobernador) del que tenía, para que temiesen su autoridad, era necesario hacerlo así. Después fue hacia la mar, se metió en el barco y mandó que le llevasen adonde todos los que estaban en tierra tenían su oro, que eran noventa mil pesos (unos 270 kilos). Luego llevó el barco a tierra para que se embarcasen Jerónimo de Alderete y los capitanes Juan Jufre, Diego García de Cáceres, Diego Oro, Juan de Cárdenas, don Antonio Beltrán, Alvar Martínez y Vicencio de Monte. Llegados al navío mandó levantar las anclas y dar la vela para navegar hacia el Perú".

 

     (Imagen) Las figuras históricas y los hombres poderosos tienen siempre grandes capacidades, pero, muchas veces, ensombrecidas por graves defectos, lo que puede dar como resultado un balance muy positivo o, en ocasiones, desastroso. Acabamos de ver que Pedro de Valdivia, atormentado por su falta de medios económicos para su maravillosa campaña de Chile, no dudó ni un momento en estafar a sus propios soldados. Los dejó plantados en tierra, les robó su oro, y partió hacia Perú con ansias de que lo confirmaran como Gobernador de Chile. El cronista Marmolejo nos muestra la perplejidad de los soldados timados: "Los que quedaban en tierra y veían que les llevaba su oro, gritaban con tantos vituperios y maldiciones, que ponían temor a los oyentes. Pedro de Valdivia les había dejado un comunicado en el que les decía que respetasen a Francisco de Villagra como su teniente, y prometiéndoles que él volvería en breve con gente para ampliar el reino, y que les devolvería el oro que llevaba, a cada uno lo suyo. Los pobres engañados, que quedaron en el puerto animándose unos con otros, se volvieron a Santiago, visto que no podían hacer otra cosa. Un trompeta que allí estaba, llamado Alonso de Torres, viendo el navío ir a la vela, comenzó a tocar su trompeta diciendo: 'Mira  el lobo dónde va, Juanica, mira el lobo dónde  ...', de lo cual los presentes, aunque tristes y quejosos, no pudieron dejar de reír, pero al instante dio con la trompeta en una piedra donde la hizo pedazos". No se sabe si Valdivia devolvió o no lo robado, pero lo que sigue no es muy esperanzador: "Y así llegaron a Santiago, yendo entre ellos un soldado llamado Francisco Pinel, a quien Valdivia había quitado tres mil pesos de oro (casi diez kilos). Anduvo más de un año obsesionado por su dinero, hasta que Valdivia volvió al gobierno de Chile. Habiéndole pedido que se lo pagase, no se lo daba, entreteniéndolo con palabras, hasta que un día lo despidió de malas maneras, y el pobre, que era de poco ánimo, desesperado, se ahorcó". No parece que a Valdivia le quitara el sueño. En los archivos se ve otra reclamación semejante que le hicieron a Pedro de Valdivia y a varios de sus capitanes. Esta vez es del año 1554, pero por algo más grave. En el documento de la imagen, María de León, esposa de Juan Pinel (ya es casualidad que se apellidara también Pinel), el escribano público más antiguo de Chile, denunciaba a Pedro de Valdivia, al capitán Jerónimo de Alderete y a otros por haberle robado a su difunto marido unos cuatro mil pesos de oro y haberle matado a garrote vil.




(1519) Valdivia celebró la llegada de Monroy con refuerzos. Luego criticó injustamente a su amigo FRANCISCO DE AGUIRRE, pero se arrepintió, y le confió la refundación de la ciudad de La Serena.

 

     (1109) Así que, los mismos indios de Copiapó que mataron a los cuatro españoles, al ver  llegar a Alonso de Monroy, quien, con el 'músico' Pedro de Miranda, había huido tras herir gravemente a dos de sus caciques, los recibieron amablemente, quizá porque  les acompañaban setenta soldados. Monroy, a su vez, actuó diplomáticamente:  "Les dio a entender a los indios (con la habitual táctica de pacificación) que, en adelante, fuesen buenos y tuviesen en cuenta que los cristianos habían de permanecer. Les pidió que no quisiesen perder sus vidas bestialmente, sino conservarse con ellos en amistad. Pasando adelante su camino, llegaron a Santiago, donde fue en general bien recibido. Dado que le acompañaba la gente que le dio Vaca de Castro, Valdivia envió soldados a conquistar los territorios comarcanos,  y, porque el valle de Chile era el mejor y más  poblado que ningún otro, lo reservó para sí, y también porque en sus tierras había ricas minas de oro".

     Valdivia tomó otra decisión importante: "Habiendo calculado los indios que en la comarca de Santiago había, y considerando que los valles de Copiapó, Guaco, Limari y otros comarcanos no podían atender las necesidades de Santiago por la mucha distancia que había, mandó al capitán Francisco de Aguirre que fuese con soldados a poblar donde ahora es la ciudad de la Serena (el nombre se debe a que Valvidivia era natural de la extremeña Villanueva de la Serena)". Pero Francisco de Aguirre cometió un error: "Cumpliendo lo ordenado,  llegó al valle de Chile (actualmente llamado Valle del Elqui). Hallando buen servicio en los naturales, hizo alto algunos días, refrescando los caballos, que en aquel tiempo eran tenidos en mucho, porque valía un caballo mil ducados. Francisco de Aguirre tuvo noticia de que algunos indios servían mal y persuadían a otros a no servir, y le pareció oportuno castigar a algunos que, por no servir, habían huido, y así poner temor en los demás, de manera que obedeciesen mejor, pues, en general, los indios de este reino de Chile tienen condición de villanos. Para ello, salió una noche, llegó al lugar en que estaban retirados y tomó algunos, con muchos muchachos y mujeres, volviendo con ellos a su alojamiento. Luego se lo hizo saber a Valdivia creyendo que así ganaría méritos ante él, pero le sucedió al contrario, ya que, cuando lo supo, se indignó de tal manera, que le mandó que abandonase la misión y se volviese con la gente que llevaba. Llegado Aguirre a Santiago, después de haber dado sus justificaciones, y habiendo pasado algunos días sin que se volviese a hablar de ir a fundar la nueva ciudad, un caballero llamado Juan Bohón, le pidió a Valdivia que le confiase aquella empresa, se la concedió, y él partió con la misma gente que Francisco de Aguirre había llevado. Llegado a aquel lugar, viendo que era tan a propósito, lo pobló conforme a la orden que llevaba, y le puso el nombre de La Serena, al que los indios llamaban y llaman Coquimbo, y, para mejor cumplir con lo que a su cargo había tomado, anduvo conquistando y pacificando algunos valles". (La Serena, emplazada en la costa, tiene actualmente medio millón de habitantes, y es la capital de la región de Coquimbo).

 

    (Imagen) A pesar de que FRANCISCO DE AGUIRRE MENESES, nacido en Talavera de la Reina (Toledo) hacia el año 1500, decepcionó a Pedro de Valdivia por falta de tacto con los indios, fue un conquistador de gran relieve, hasta el punto de que, llegado el momento, será gobernador de Chile. Era un hombre culto, y descendiente, por distintas ramas, de reyes españoles, portugueses y europeos, teniendo un largo historial militar, que incluía una brillante actuación el año 1525 en la famosa batalla de Pavía. Eran muy pocos en las Indias los que podían estar a su altura en cuestión de antecedentes. Carlos V y el Papa le agradecieron sobremanera que el año 1527, durante el brutal saqueo de Roma, Francisco de Aguirre, al mando de unos soldados, evitó que un convento de monjas fuera víctima del pillaje de las tropas. Valdivia era testigo en Roma de estos hechos, y resulta degradable ver que ahora lo humille de tal manera. FRANCISCO DE AGUIRRE fue grande y lo seguirá siendo, como veremos. Llegó a Panamá en 1534, y fue uno de los soldados que, el año 1537, acudieron en auxilio de la población de Lima, acorralada por los incas. Estuvo después al servicio de Francisco Pizarro, coincidiendo con su viejo amigo Valdivia, y le resultó atractivo acompañarlo a la conquista de Chile en 1540. Tuvo que sentirse desairado cuando Valdivia, molesto por un error de estrategia, le anuló a Aguirre la misión de fundar La Serena, confiándosela de inmediato a Juan Bohón, el cual consiguió su objetivo el año 1544. Pero fue con trágicas consecuencias, porque, cinco años después, se produjo una sublevación de los indios, que arrasaron lo construido y mataron a Juan Bohón. Entonces Valdivia, curiosamente, le mandó a Francisco de Aguirre que refundara la ciudad, quizá por darse cuenta de que, con aquellos indios, no valían contemplaciones, sino la mano firme de un capitán con carácter enérgico para ganarles la partida, lo que supondría un reconocimiento de que, anteriormente, había sido injusto con él. Francisco de Aguirre tuvo tal éxito en este nuevo encargo, que lo que se celebra en La Serena es su refundación, ocurrida el 24 de agosto de 1549, y a quien se le da el mérito definitivo es a FRANCISCO DE AGUIRRE, cuya estatua como fundador sigue mostrando su actitud altiva en la ciudad, la cual, en sus inicios, también tuvo que soportar ataques de piratas, como los del famoso Francis Drake. El resto de sus andanzas, las iremos viendo sobre la marcha, de la mano de un  testigo privilegiado: ALONSO DE GÓNGORA MARMOLEJO.




sábado, 11 de septiembre de 2021

(1518) Monroy y Miranda, a puñaladas, lograron escapar de los indios, fueron a Perú y regresaron a Chile con refuerzos. Monroy murió en un segundo viaje, y, Pedro de Miranda, 27 años después, en una tragedia familiar.

 

     (1108) El entusiasmo de los indios al oír tocar la flauta a Pedro de Miranda era sincero, y sus ganas de aprender cómo se hacía, también, pero sus promesas, no: "Le dijeron a Miranda que, por lo agradecidos que a él le estaban, también le perdonarían la vida a Monroy, pero, antes, les había de enseñar a andar a caballo (los indios chilenos tuvieron pronto ese interés). Aunque, desde entonces, los indios les pusieron vigilantes para que no huyesen, ellos planeaban su libertad. Sacaban a los caciques al campo, les hacían subir a caballo y les decían de qué manera se habían de poner, y ellos recibían grandísimo placer manejando sus caballos y tocando la flauta. Un día, escondieron dentro de los borceguíes un cuchillo bien amolado cada uno, salieron al campo para el ejercicio habitual, y, viendo su oportunidad, arremetieron con dos de los caciques y  les dieron de puñaladas, dejándolos malheridos. Mientras los indios buscaban algún remedio para sus señores, mandaron a Barrientos, que estaba allí, que subiese a caballo. El tal Barrientos (también llamado Gasco) era un español que llevaba muchos días preso entre los indios, no pudiendo hacer otra cosa más que escapar, porque, aunque quisiera quedarse, lo matarían. Luego los tres se metieron por el desierto (de Atacama): cosa de grandísimo riesgo, porque habían de caminar ochenta leguas de arenales sin llevar qué comer para ellos ni para los caballos. Pero Dios los favoreció, porque tuvieron la suerte de encontrar en lo despoblado un carnero cargado de maíz, que les pareció ser milagro. Repartieron entre ellos lo que bastaba para el camino, lo demás se lo dieron a sus caballos, y, con los tasajos que del carnero hicieron, tuvieron provisiones para llegar a Atacama (ya en territorio peruano)".

     Lo peor ya lo habían pasado, y continuaron su camino: "Entrando por la tierra de Perú, supieron que don Diego de Almagro, hijo del Adelantado, había muerto, y también el marqués Francisco Pizarro, y que gobernaba el reino del Perú el licenciado Vaca de Castro. Con esta noticia, yendo en su busca, lo hallaron en el río Calcas cerca de Huamanga, donde los recibió bien, y le dieron cuenta de su peregrinación. Se habló mucho de que sería un viaje próspero para los que quisiesen ir a Chile, ya que fue grande la admiración al ver los estribos de oro, aunque hechos en obra tosca, y todos se entusiasmaban oyéndoles contar cosas de Chile. A los pocos días, Vaca de Castro les consiguió setenta hombres bien preparados con los que se volviesen, y no les dio más porque en aquel tiempo había acabado de ganar la batalla de Chupas (contra los almagristas) y no se fiaba de toda la gente que tenía".  

     El cronista Marmolejo va a ser ahora más preciso que lo que le contaba Pedro de Valdivia a Carlos V en un informe que le envió sobre este viaje a Perú. Al narrar los incidentes, Valdivia cuenta cómo huyeron de los indios Monroy, Miranda y Barrientos, el español que vivía con los nativos, del que, además, habla con desprecio, quizá por considerarlo un  desertor. Le decía al Rey, ente otras cosas, que tuvieron que huir sin los estribos de oro, porque los indios se los habían quitado. Marmolejo acaba de  indicar que ellos sí llegaron a Perú con los estribos. Y sigue narrando: "Con estos setenta hombres, Alonso de Monroy se volvió a Chile, tomando provisiones en Atacama para pasar el desierto. Llegó al valle de Copiapó, donde, siendo conocido, los principales señores lo vinieron a ver y les dieron (a los indios) los estribos de oro que habían quitado a sus compañeros cuando los mataron".

 

     (Imagen) Si, como vimos, la muerte de Gonzalo de los Ríos fue truculenta, no lo va a ser menos la del 'virtuoso flautista' PEDRO DE MIRANDA, quien entusiasmó a los indios con su música cuando acompañaba a Alonso de Monroy en su azaroso viaje a Perú. Digamos primero que el cronista Marmolejo, además de dar muestras de ser hombre culto, acertó al comparar a Miranda con Orfeo, ya que también este personaje mítico se sirvió de sus habilidades musicales para poder llegar en el Averno hasta donde estaba su enamorada Eurídice. El nacimiento de Pedro de Miranda tuvo lugar en Larraga (Navarra) el año 1517. Estuvo presente en la fundación de Santiago de Chile en 1541, y Pedro de Valdivia le premió generosamente sus importantes servicios, llegando a tener cargos políticos de relieve. Casado con Esperanza Rueda, tuvo nueve hijos, y sobrevivió a calamidades, hasta morir, en 1573, de manera trágica. Su mala fortuna se debió a que una de sus hijas, Catalina de Miranda (una bella mestiza, hija natural, pero reconocida por el matrimonio) se casó con Bernabé Mejía, el cual era, sin duda, un valiente soldado, pero maltratador y muy celoso, hasta el punto de ver con malos ojos que Catalina saliera de la casa de sus padres, por miedo a sus muchos admiradores. Por cuestiones de ese tipo, tenía duros enfrentamientos con ella y con su suegra. Y ocurrió que, cuando las dos volvían de misa, Bernabé Mejía, rabioso, perdió el control y atacó a su suegra con una espada, siendo Catalina la que recibió una mortal estocada por intentar protegerla, tras lo cual Mejía hirió a Esperanza Rueda. Luego llegaron al lugar su marido, Pedro de Miranda, y un mercader que estaba con él, Francisco de Soto, y se enzarzaron con el asesino, pero, siendo mucho más joven, mató a los dos. De lo que no se pudo librar fue de la ira de los vecinos. Entraron en masa a por él, lo mataron  a golpes y cuchilladas, lo arrastraron por la ciudad, y, finalmente, lo descuartizaron. El documento de la imagen desmiente un dato que se da por cierto. Se afirma que Mejía mató también a su suegra, pero no es cierto: solamente resultó herida. En el texto vemos que, un año después, ella le cedió una encomienda de indios a su único hijo varón, llamado asimismo Pedro de Miranda (y, de hecho, no murió hasta el año 1592). Se ve también que Esperanza de Rueda había estado casada con el gobernador de Chile Jerónimo de Alderete, el cual falleció pronto. Y, curiosamente, parece seguro que otro cronista chileno, Pedro Mariño de Lobera, se casó con una de las ocho hijas de Pedro de Miranda, llamada Francisca de Miranda.




viernes, 10 de septiembre de 2021

(1517) Las guerras de los españoles siempre eran forzadas. Valdivia mandó dos veces a Alonso de Monroy a Perú en busca de refuerzos. La primera, salvó la vida gracias a la música. La segunda, murió allá de enfermedad.

 

     (1107) Valdivia reaccionó rápidamente: "Salió de la ciudad con cuarenta hombres, y, llegado al valle de Quillota, halló algunos indios que estaban al servicio de los españoles que habían muerto, y algunos anaconas (criados indios) del Perú que se habían escondido. Después de haberlos recogido y haber observado el valle, comprendió que, para tener controlados a los nativos, era necesario hacer un fuerte en el que hubiese guarnición de ordinario. Y, con toda la diligencia posible, fueron en breve tiempo realizados los trabajos, y, asimismo, dio orden de hacer sementeras de maíz e impedir que  los indios hiciesen las suyas. También se ocupó de que se extrajera oro, como hombre prudente en todo. Los indios, viendo el orden que los cristianos tenían, y que ellos no podían sembrar ni salir al valle, comenzaron a venir en son de paz y a servir. Como a los que venían no se les hacía daño alguno, sino que los recibían bien, llegaban muchos todos los días. De esta manera se fue poblando aquel valle y otros comarcanos, gracias, sobre todo, al fuerte que se hizo en él".

     Una y otra vez se confirma que los españoles solo querían tener un control tranquilo de las tierras que conquistaban, y, para ello, hacían paces con los indios dejando en el olvido los perjuicios que, casi siempre por medio de engaños, les habían causado, muertes incluidas. En medio de aquellos percances, Pedro de Valdivia seguía ansioso por conseguir refuerzos de soldados que llegaran de Perú, y sabía que la única manera de conseguirlo era deslumbrarlos con expectativas de triunfos y riquezas: "Habiendo procurado darle importancia a aquellas tierras con el oro que había sacado, le pareció acertado enviar ya al Perú alguna muestra, y hubo algunos caballeros con voluntad de servirle en aquella misión.  Tras hacerles promesas, concertó, con el capitán Alonso de Monroy, Pedro de Miranda y otros cuatro soldados, que fuesen con noticias de la tierra de Chile e informasen en el Perú al que gobernase aquel reino (era una incógnita quién estaba al mando en aquellas tierras tan alteradas por las guerras civiles). Incluso tuvo una aparatosa idea para despertar el interés de posibles interesados en la aventura de Chile: "Y, para que en el Perú les diesen crédito de que era Chile una tierra próspera, les mandó a los que iban a partir que hiciesen los estribos de las sillas y las guarniciones de las espadas con oro. Salieron así de Santiago y llegaron al valle de Copiapó, que está de la ciudad de Santiago a ciento veinte leguas, donde, queriendo obtener provisiones,  fueron asaltados por los indios, los cuales, peleando con ellos y no dejándoles subir a los caballos, mataron a los cuatro soldados, y, al capitán Monroy y a Pedro de Miranda los prendieron y los llevaron ante los indios principales. Entonces, quiso Dios que viera allí Pedro de Miranda una flauta, y comenzó a tocarla, porque lo sabía hacer. A los indios principales les dio tanto contento oír su música, que le dijeron que les enseñase a tañer, y no lo matarían. Él les contestó que lo haría, pero que les rogaba que al capitán Monroy no lo matasen, porque era su amigo y lo quería mucho. Fue tanto lo que persuadió a aquellos principales con la flauta, que cedieron a su petición, remedando en parte a Orfeo, cuando fue en busca de su mujer al infierno".

 

     (Imagen) La empresa de Chile fue una consecuencia de la conquista de Perú, por la lógica del Plus Ultra, aquel impulso conquistador con el que llegaron los españoles a las Indias. El primer intento lo llevó a cabo Diego de Almagro, con la ilusión de que, si conquistaba aquellas tierras, se convertiría en un verdadero gobernador y podría disfrutarlo sin la rivalidad de Francisco Pizarro. Pero fracasó, volvió  a Perú y murió luchando contra el  gran Pizarro, habiendo sido antes socios y excelentes compañeros. El segundo y definitivo intento corrió a cargo de Pedro de Valdivia. Aunque murió trágicamente, había conseguido dar definitiva estabilidad a la conquista de Chile. Fue también en Perú donde se alistó en su ejército ALONSO DE MONROY. Había nacido, de familia hidalga, hacia el año 1510 en Salamanca, y, como vemos en la imagen de su registro de embarque, partió hacia Perú en 1537, siendo sus padres Cristóbal de Monroy y Constanza Gómez de Prado. En 1539, muerto ya Diego de Almagro, él y algún otro más, se asociaron con Pedro de Valdivia (y bajo su mando) para financiar la campaña de Chile. Durante el viaje Monroy salió en defensa de Pedro Sancho de la Hoz (otro de los socios), acusado de haberse unido a traidores. Valdivia se lo alabó, y extrañamente, porque luego fue objeto de nuevas traiciones de Sancho de la Hoz. Es posible que a Valdivia le gustara la intervención diplomática de Monroy porque, de  momento, tuvo un efecto positivo, ya que calmó la situación, pero ya veremos que la terquedad del sospechoso será tan repetitiva que le costará la vida. Pedro de Valdivia siempre le tuvo un gran aprecio a Alonso de Monroy, y lo nombró teniente general de la  nueva gobernación de Chile en 1541, recién fundada la ciudad de Santiago, la que sería la gran capital del país. Enseguida veremos que terminará con éxito el accidentado viaje que ahora está realizando con Pedro de Miranda hacia Perú, por encargo de Valdivia y con el principal objetivo de reclutar más gente. Llegará a Perú cuando ya habían asesinado a Francisco Pizarro y Cristóbal Vaca de Castro había derrotado y ejecutado a Diego de Almagro el Mozo. Tras volver a Chile en 1544, Valdivia le encargó otro viaje a Perú, en los turbulentos tiempos de la rebelión de Gonzalo Pizarro, y allí murió a principios del año 1546, en Lima, el valiente y leal ALONSO DE MONROY, pero por los efectos de una prosaica enfermedad contagiosa.




jueves, 9 de septiembre de 2021

(1516) Los indios mataron a muchos españoles. Fingieron después hacer la paz con Valdivia, pero volvieron a las andadas, y, en otro enfrentamiento, mataron a todos menos a un negro y a GONZALO DE LOS RÍOS, quien tuvo luego una mujer y una nieta siniestras.

 

     (1106) Pedro de Valdivia fundó la futura gran capital de Chile el 12 de febrero del año 1541: "Le puso el nombre de Santiago, amparándose en el apóstol como patrón de España, para ser favorecidos en los casos de guerra que contra los indios esperaba tener cada día. Pensando los indios que los españoles se querían perpetuar allí y que serían unos terribles vecinos, se conjuraron todos los caciques para matarlos. Y acaeció entonces que Valdivia había salido de la ciudad a buscar provisiones, y, como quedaron pocos españoles, pensaron los indios que mejor coyuntura no podían tener para conseguir lo que deseaban. Con ímpetu bravo, arremetieron quemando algunas casas y mostrando su braveza. Apretaron a los soldados de tal manera que, aunque resultaban rechazados, se volvían a rehacer, y así les ganaron casi toda la ciudad, matando a dos soldados que habían peleado bien, y a los que, faltándoles ayuda, los hicieron pedazos en la plaza. Alonso de Monroy, a quien Valdivia había dejado encomendada la ciudad, le envió a dar aviso haciéndole saber el aprieto en que estaba. Vino luego con gran presteza, y los indios lo supieron antes de que llegase. Los cuales, considerando además que ya les habían matado trecientos indios con sus furiosos ataques, y en especial los de un clérigo natural de Sanlúcar, llamado Lobo, que andaba entre ellos como lobo entre pobres ovejas, con estos temores, se volvieron a sus tierras, habiendo primero hablado entre sí de dar muestras de paz y ver lo que sucedía después".

     Como solían hacer todos los conquistadores de las Indias, Pedro de Valdivia, cuando llegó a la ciudad, quería una paz con los indios, olvidando su comportamiento anterior. Los caciques se mostraban amistosos, e incluso prometieron darle oro, con lo que se confirmó que tenían minas, y que era un tributo que solían pagar a los emperadores incas. A Valdivia le encantó la promesa, y, además, se dio cuenta de que ese oro sería un buen reclamo para que viniera más gente de Perú a incorporarse en su ejército: "Envió al capitán Gonzalo de los Ríos, que era su mayordomo, con doce hombres, diciéndole que recibiese el oro y se encargase de hacer un barco grande para enviar al Pirú a por la gente que necesitaba. Llegado al valle de Quillota, el capitán les pidió a los caciques que sus indios cortasen la madera con la que se pudiese hacer el barco. Se la dieron cautelosamente, y asimismo comenzaron a sacar el oro en las minas". Pero un cacique fue adonde Gonzalo de los Ríos, le enseñó una muestra de oro, y, mientras el capitán la veía, dio la señal a unos indios ocultos para que atacaran: "Salieron de sobresalto contra todos los españoles con tanto ímpetu, que, teniéndolos cercados y dándoles flechazos por el cuerpo, se vieron en tanta necesidad, que pelearon desesperadamente sin que quedase ninguno de ellos vivo, salvo el capitán Gonzalo de los Ríos y un negro, que acertaron a tener los caballos ensillados,  huyeron en ellos y llegaron a la ciudad de Santiago haciendo dieciséis leguas de camino  en un día, donde Valdivia fue avisado de lo sucedido".

 

     (Imagen) Como acabamos de ver, GONZALO DE LOS RÍOS se salvó de puro  milagro en un traicionero ataque de los indios. Era capitán y mayordomo de Pedro de Valdivia, así como uno de sus hombres de confianza, lo que tenía especial valor en aquellas conflictivas tropas. Había nacido en Córdoba el año 1515. Estaba tan entroncado en familias ilustres, que se le conocía como Gonzalo de los Ríos y Ávila Baena Mendoza Enríquez de Cisneros. Comenzó su carrera militar en la toma de Túnez y en la guerra de Francia, bajo el mando de Carlos V. Llegó a las Indias en 1534 con su tío Pedro de los Ríos y Aguayo, que había sido gobernador en el entorno de Panamá (recordemos que más tarde luchó como simple capitán en las guerras civiles de Perú). También Gonzalo se trasladó a Perú, y partió con  Pedro de Valdivia hacia Chile el año 1540. Sus andanzas posteriores nos las mencionará Góngora Marmolejo, pero  no queda más remedio que centrarnos en su vida personal, pues se vio envuelta en  circunstancias esperpénticas y siniestras. Pedro de Valdivia fue obligado por el Rey a terminar su relación amorosa con Inés Suárez, debiendo llevar de España a su verdadera esposa, Marina Ortiz de Gaete (la cual llegó después de haber muerto su marido). Valdivia se separó de Inés y siguió tonteando con otra mujer, María de Encío, pero, poco después, la abandonó, y convenció a su amigo Gonzalo de los Ríos para que se casara con ella. Hubo matrimonio y, por méritos propios de Gonzalo, más las generosas recompensas que les daba Valdivia, llegaron a ser muy ricos. Tuvieron tres hijos y tres hijas, pero ella odiaba a su marido, quizá por ser un entusiasta de las indias jóvenes. María era aficionada a los hechizos y las brujerías, y, al parecer, mató a su marido echándole mercurio en los oídos, siendo ya los dos muy mayores, puesto que ella tuvo que defenderse de esas acusaciones el año 1579, aunque reconoció que, siendo jóvenes, había recurrido a la magia para que dejara de serle infiel con las nativas. Pero no acabó ahí la cosa. Si María era bruja, su nieta Catalina de los Ríos y Lisperguer, llamada La Quintrala (el quintral es una hierba venenosa chilena), se caracterizaba por un sadismo brutal, y así se la recuerda en Chile. Teniendo solamente 17 años, asesinó a su padre, Gonzalo de los Ríos Encío, con un pollo envenenado. Un comentarista chileno ha escrito: "Tan surrealista es nuestro país, que algunos han decidido erigir un monumento (además de dedicarle biografías y películas) a la mujer más poderosa e inhumana de nuestra historia".




miércoles, 8 de septiembre de 2021

(1515) Cara y cruz: En cuanto llegó a Chile, Pedro de Valdivia fundó la ciudad de Santiago, pero, en dos ocasiones, aplicó con dureza la ley militar y ejecutó a varios amotinados.

 

     (1105) A mediados del año 1540 Valdivia tenía todo organizado para partir hacia Chile (con él iba  su amante, la brava Inés Suárez): "Juntó en breves días ciento setenta hombres bien aderezados. Se puso en camino y, prosiguiendo su jornada, llegó al valle de Atacama, que está a la entrada del despoblado (lo llama 'despoblado', pero es el durísimo desierto de Atacama), y, deteniéndose allí algunos días para conseguir provisiones con que pasar aquellas ochenta leguas (440 km) de arenales, un soldado de poco ánimo, arrepintiéndose de haber venido en aquella campaña, comenzó a tratar en secreto con otros amigos que debían volverse al Perú, pues estaban tan cerca de su frontera. Cuando lo supo Valdivia y confirmó que era  verdad, lo mandó enseguida ahorcar, para que no derribase los  ánimos de los demás. Después de haberse obtenido provisiones para el camino, entró por el desierto, y llegó al valle de Copiapó (Marmolejo pasa por alto los horrores de aquella travesía, que, en su día, ya conté), y, desde allí, llegó al valle de Mapocho, acariciando a los indios principales que de camino le salían a ver, y buscando dónde hacer asiento para poblar y desde allí descubrir nuevas tierras. Siendo informado de que en ninguna otra parte hallaría tan buen sitio como aquel, le pareció lo mejor, y pobló en lo que ahora es Santiago. Trazó la ciudad y repartió solares para que hiciesen casas algunos caballeros que consigo llevaba y otros soldados de menor condición, dándoles indios a la mayoría. Estando ocupado en esos asuntos, acaeció, como muchas veces se ve en semejantes campañas, que algunos soldados intentaron provocar alboroto y motín diciendo que habían venido engañados a mala tierra y que mejor les sería volverse al Perú, pues no veían muestras de riqueza, y que no era cosa justa pasar ellos tantos trabajos y necesidades, como por delante tendrían, para hacer señor a Valdivia".

     La situación de complicó extraordinariamente porque, a las quejas de los soldados, se unió la de algún hombre importante en la tropa: "Esta plática la encabezó luego un caballero de Córdoba que se llamaba don Martín de Solier (el apellido es francés), diciendo, con un Pastrana de Sevilla y con otros, que Valdivia era un militar codicioso de mando y que, por mandar, había abandonado el Perú, donde el marqués Pizarro le daba de comer y no le pareció suficiente, y que, ahora que los tenía dentro de Chile, los forzaría a todo lo que quisiese, sin dejarles volverse, y que era de hombres cuerdos mirar con tiempo lo que les depararía el futuro, y repararlo. Enterado Valdivia, consideró que  era necesario castigarlos, porque, aplicándoles la pena que las leyes de la guerra para tales casos determina, los demás evitarían caer en semejantes liviandades. Y, así, mandó prenderlos, y, para que no lo importunasen con ruegos de perdón, le ordenó a Luis de Toledo, alguacil mayor del campo, que los ahorcase de inmediato, y, con ellos, a otros que también eran culpables.  Luego juntó a  todo el ejército, les hizo un discurso de tipo militar,  y quedaron todos sosegados. Allí les amonestó para que se apartasen de tratos tan dañosos, pues de ellos solo podían resultar semejantes castigos. Quedó Valdivia con este castigo que hizo tan temido y reputado como hombre de guerra, que todos en general procuraban contentarlo y servirle en lo que quería". Como hemos visto otras veces, en las Indias no se podía abandonar un ejército sin permiso de la máxima autoridad. Pero no todos los jefes eran tan rigurosos, y aquí Valdivia está demostrando que tenía tendencia a inclinarse por duros castigos.

 

     (Imagen) Como el cronista Alonso de Góngora Marmolejo hizo el viaje a Chile con Valdivia el año 1549, no fue testigo de lo anterior, y se refiere a ello de manera escueta. Nos acaba de hablar del motín que le estaban preparando a Valdivia en Santiago (Chile) en 1540, y de cómo lo cortó rápidamente con ejecuciones. Voy a añadir algunos datos importantes y aclaratorios. La rebelión era de gran calado. Valdivia había partido de Perú después de que Diego de Almagro fuera decapitado por los partidarios de Francisco Pizarro. A su vez, muchos del bando de Almagro decidieron irse a Chile con Valdivia (amigo de Pizarro), pero dispuestos a traicionarlo si lo vieran ventajoso. Valdivia había salido de Santiago con parte de la tropa, y algunos rebeldes aprovecharon la ocasión en la ciudad. Uno de ellos, Alonso de Chinchilla, de 26 años y el más alocado, convencido de que iban a conseguir matar a Valdivia, salió a caballo por la ciudad ruidosamente y mostrando su entusiasmo. Fue apresado, lo sometieron a tormento y delató a otros cabecillas, que también acabaron en la cárcel. Eran Pedro Sancho de la Hoz, Bartolomé Márquez, Antonio de Pastrana (de 41 años, procurador de la ciudad), Don Martín de Solier, Martín Ortuño (vasco) y Sebastián Vázquez. Avisado Valdivia, volvió rápidamente a Santiago, y les abrió un proceso judicial a los implicados descubiertos. Con toda justicia, pero sin que le temblara el pulso, condenó a muerte a cinco de ellos, quedando absueltos (probablemente por conveniencia política) Don Martín de Solier y Pedro Sancho de la Hoz. El único condenado que se libró de  la ejecución, y en el último momento, fue Sebastián Vázquez, sin que se sepa por qué. Así se lo contaba Pedro de Valdivia a Calos V: "Hallé culpables a muchos, pero por la necesidad en que estaba, ahorqué a cinco, que fueron los cabecillas. Y disimulé con los demás, y, así, contuve a la gente. Confesaron que habían concertado en el Perú, con las personas que gobernaban a D. Diego, matarme ellos a mí acá, y, después, los otros a Francisco Pizarro allá". La carta la escribiría antes de haberle perdonado la vida a Sebastián Vázquez, porque, en realidad, solo ahorcó a cuatro. Don Diego es Don Diego de Almagro el Mozo, el cual estaba todavía bajo la tutela de sus capitanes (especialmente de Juan de Rada), tras haber sido ejecutado su padre. Tampoco se sabe por qué fueron absueltos Don Martín de Solier y el retorcido Pedro Sancho de la Hoz (de quien habrá mucho que contar).




martes, 7 de septiembre de 2021

(1514) En Chile encontraron los de Diego de Almagro a un español muy peculiar: Pedro Calvo. Fracasada la campaña, Almagro volvió a Perú. Comenzó la guerra civil, estando Pedro de Valdivia al servicio de Francisco Pizarro.

 

     (Imagen) El cronista Gonzalo de Góngora Marmolejo nos cuenta de forma concisa los comienzos de la llegada de los españoles a Chile (época inicial que él no conoció personalmente). Diego de Almagro quedó decepcionado: "Viendo la pobreza de los indios, y que, a diferencia del Perú, allí no había oro ni plata, acordó volverse, pero no por el camino que habían venido, sino por el despoblado de Copiapó, para no volver a pasar la Cordillera Nevada, donde tan mal les había ido. Aunque con mucho trabajo, después de haber pasado el desierto y llegados a Atacama, fueron al Cuzco, habiendo andado de ida y vuelta más de mil leguas (5.500 km). Luego hubo discordias entre Diego de Almagro y Francisco Pizarro sobre el reparto del Perú, y llegó a tanto, que los amigos de Pizarro mataron a Almagro. Entre los que más participaron en el conflicto, estaba Pedro de Valdivia, a quien Francisco Pizarro había nombrado maestre de campo, por ser de su tierra extremeña, y por tener práctica de guerra, la cual había adquirido en tiempos del marqués de Pescara con motivo de las diferencias que se tuvo con el rey Francisco de Francia sobre el Estado de Milán. Y así, sosegadas las discordias del Perú, Pedro de Valdivia, como hombre que tenía pensamientos grandes, viendo la oportunidad de lograr su pretensión por considerar que Francisco Pizarro estaba en deuda con él debido a sus servicios, le pidió que, en nombre suyo,  le enviase como capitán con gente para poblar la tierra de Chile. Confiaba, además, en que, puesto en ella, cualquiera que viniese al Perú con poder suficiente le otorgaría el gobierno de aquel reino, o en que, en el peor de los casos, lo podría negociar con Su Majestad. Francisco Pizarro, queriéndole agradecer lo que había servido en el Perú, y pensando que lo que le pedía no era cosa que pudiera perjudicarle, sino que, al contrario, acrecentaría su imperio, le respondió que le alegraba poder contentarlo en todo lo que quisiese. Y le encargó que, como capitán suyo, juntase gente y partiera cuando quisiese". Así empezó la verdadera conquista, y recordemos que, años después, Valdivia volvió de Chile a Perú para participar en las guerras civiles, pero, sobre todo, para que Pedro de la Gasca lo confirmara como gobernador de aquel territorio. Y lo consiguió astutamente, pero tras superar un incidente, como ya vimos. La imagen muestra, subrayados en rojo, los territorios chilenos que ha mencionado Marmolejo en el texto previo.




lunes, 6 de septiembre de 2021

(1513) Empezamos ya con la historia de la conquista de Chile. Nos la contará el cronista Alonso de Góngora Marmolejo con objetividad, y con precisión (debida a su gran memoria). Fue testigo de todo, menos del inicio, al que también se refiere.

 

     (1103) Acabada la interesante crónica de LOS COMENTARIOS, cuyo autor real era ÁLVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA, aunque aparentemente figuraba como tal su secretario Pedro Hernández, creo que  merecerá la pena meternos en la Historia de Chile de la mano de ALONSO DE GÓNGORA MARMOLEJO, otro testigo presencial de los hechos. En la imagen le haré una sencilla reseña, porque son escasos los datos que se conocen sobre su vida, salvo aquellos que, habiéndolos vivido, los cuenta él mismo tal como sucedieron. Quiero subrayar dos aspectos de su estilo. No era un literato, pero, aunque con sencillez, sabía narrar los hechos, y tenía una rara virtud reconocida por todos los críticos: en general, escribía siempre con objetividad, lo cual es, sin duda, la mayor virtud para narrar acontecimientos históricos.

     Como ya hablé en su día largo y tendido de las guerras civiles de Perú, aviso de que Alonso de Góngora iniciará su crónica mencionando parte de lo ocurrido, pero será breve, y aportará algunos datos interesantes. Como siempre hago, respetaré el texto del autor, pero lo abreviaré, y haré algunos cambios de estilo para que todo sea más comprensible y menos repetitivo. Empecemos, pues, a escuchar al cronista: "Después de haber descubierto el Perú don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro, pensaron que, como en el Perú habían hallado tanta abundancia de riqueza de oro y plata, lo mismo habría en Chile, y, como el mandar no sufre igual (lo dice en  alusión a la rivalidad que había entre Pizarro y Almagro), acordó don Diego de Almagro con sus amigos, y en conformidad de Francisco Pizarro, venir a descubrir en Chile. Salió con cuatrocientos hombres el año 1536, quedando por señor en el Perú Francisco Pizarro. Informado de que, si venía por Atacama (el terrible desierto) hasta llegar a Copiapó, había de pasar forzosamente ochenta leguas de despoblado falto de yerba y de agua, y, por conservar los caballos, que tenían mucho precio en aquel tiempo, dejó este camino y vino por la zona de los indios diaguitas. Luego atravesó la Cordillera Nevada por el mejor camino que había, donde, repentinamente, le sobrevino una tempestad de frío y nieve. No teniendo donde abrigarse, perecieron más de ochocientos indios que llevaba de servicio, sin poderlos ayudar. Con esta pérdida y la de muchos caballos, llegó al valle de Copiapó, donde halló un buen río y abundancia de alimentos para todos".

     Continuaron su marcha hasta el valle de Aconcagua, y Marmolejo contará algo que ya vimos hace tiempo, a lo que añade algún detalle interesante: "Allí acaeció una cosa notable, y fue, que, cuando se pobló Lima en el valle de Jauja, un soldado llamado Pedro Calvo Barrientos hizo un hurto, por el cual, en justicia, le cortaron las orejas. Viéndose avergonzado, abandonó en lugar  con intención de no verse más entre gente española, y así afrentado desamparó el campo y se metió tierra adentro. De pueblo en pueblo, vino a parar al reino de Chile, pidió ayuda a los indios y le dieron guías que lo llevaron en hamacas a sus hombros hasta llegar al valle de Aconcagua. Allí había dos caciques señores principales enemistados. Los indios lo encaminaron a uno de ellos, haciéndole su amigo, el cual, maravillado de que tal hombre viniese a su tierra, lo honró mucho".

 

     (Imagen) ALONSO DE GÓNGORA MARMOLEJO nos va a narrar las vivencias que tuvo (y las que le contaron) de la conquista de Chile, desde los primeros tanteos de Diego de Almagro, centrándose luego en el gran protagonismo de Pedro de Valdivia, y continuando la historia hasta finales del año 1575, pocos días antes de que muriera. Había nacido en Carmona (Sevilla) el año 1523. Llegó a Chile en 1549 sirviendo a Valdivia, y alcanzó el grado de capitán. Se decidió a hacer su crónica porque no había otra, salvo la Araucana, de Alonso de Ercilla (escrita en verso), y consideró que no era muy apropiada para mostrar la cruda realidad (además, Ercilla idealizaba a los indios araucanos). Así lo explicó (sin que le faltara razón) en la siguiente frase: "Me pareció necesario contar en prosa los muchos trabajos e infortunios que se han padecido en este reino de Chile, mayores que en ninguna otra parte de las Indias, por ser tan belicosos sus nativos". Otra circunstancia que le decidió a redactar la crónica fue quedarse frustrado (para fortuna de sus futuros lectores) al no obtener el cargo de Defensor de los Indios, que el gobernador Melchor Bravo Sarabia le concedió a quien no lo merecía, y, además, era mercader, no soldado. Así se queja: "Este puesto lo pidieron muchos soldados, y yo, Alonso de Góngora, era uno de ellos, pues, desde el tiempo de Pedro de Valdivia, había servido al Rey luchando para ganar este reino, y no había tenido remuneración de mis trabajos". Tenía ya 49  años y muchas ganas de comunicar todas las intensas vivencias que había acumulado  en las tortuosas batallas de Chile. Durante dos años fue componiendo su texto, terminándolo a finales de 1575, y murió a principios de enero de 1576 (le quedó un hijo mestizo), pero lo dejó ya preparado para que fuera publicado en España. Afortunadamente, no supo que su manuscrito (como ocurrió con otros también importantes) permaneció dormido durante siglos, hasta que el bibliófilo Andrés González Barcia (uno de los fundadores de la Real Academia de la Lengua) lo descubrió en algún lugar perdido, vio que era una joya, y lo guardó celosamente, pero falleció en 1743, y hubo que esperar hasta el año 1852 para que fuera publicado (en Madrid, con el título de HISTORIA DE TODAS LAS COSAS QUE HAN ACAECIDO EN EL REINO DE CHILE Y DE LOS QUE LO HAN GOBERNADO). ¿Las máximas virtudes de ALONSO DE GÓNGORA MARMOLEJO?: Supo narrar los hechos y lo  hizo con objetividad, lo cual es de agradecer.




sábado, 4 de septiembre de 2021

(1512) Hemos terminado ya la segunda crónica de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, pero, al final, figura un extraño documento en el que tiene mucho protagonismo Hernando de Ribera.

 

     (1102) Después de terminar el texto de la crónica titulada Comentarios, hay un añadido que admite dos interpretaciones. Algunos piensan que es una falsificación para favorecer en sus pleitos a Álvar Núñez Cabeza de Vaca, pero personalmente creo que es una sospecha muy retorcida, aunque nada hay seguro, ya que es casi ley de vida que quien publica algo trate de dar buena imagen. Cabeza de Vaca, antes de ser destituido, fue muy duro con el capitán Hernando de Ribera porque había permanecido más tiempo del debido en una  misión de conquista que le había confiado, llegando al extremo de querer ahorcarlo, pero tuvo que ceder para evitar un motín general. Hasta se decía que Cabeza de Vaca, en ausencia de Ribera, había tenido como amante a su mujer, una indígena. Cuando ya estaba preso en Asunción el gobernador, Hernando de Ribera, por petición de Pedro Hernández, hizo un informe de lo que habían descubierto en ese viaje excesivamente prolongado. En él se hablaba de maravillas, pero no conocidas personalmente, sino a través de lo que los indios les contaban. Quienes sospechan dicen que el informe sería falso, y resultado de un montaje de Pedro Hernández para aumentar el prestigio de Cabeza de Vaca de forma que pudiera seguir siendo gobernador, y así emprender una nueva campaña destinada a conquistar aquellas tierras tan  'prometedoras'. El documento está cargado de garantías legales, refrendado por Pedro Hernández ante numerosos testigos, y declarando Hernando de Ribera bajo juramento. Lo hizo el año 1545, y explica que el gobernador le envió desde el puerto de los Reyes con varios hombres en un bergantín por el río Paraguay hacia el norte en 1543. Bajó a tierra con cuarenta hombres, "y, yendo por muchos pueblos de indios, tomó de ellos copiosa relación para saber de ellos la verdad, como hombre que sabe la lengua caria, para que luego entrase personalmente el gobernador a conquistar aquella tierra". Los indios les informaron de la existencia de otras tribus, ya en términos peruanos, y hasta les aseguraron que, en aquella zona había mujeres amazonas, que eran guerreras. A esta fantasía, añadían otras, como la de  que había poblados de gente negra con casas de piedra, y donde abundaba "el metal blanco y el amarillo". Si bien la información era imprecisa, es muy probable que  estuvieran hablando de la lejana civilización inca,  debido a que rumores poco precisos se hubieran ido extendiendo hacia territorios que estaban al sur del imperio peruano. Eso explicaría que también hicieran otro comentario curioso: "Entre las dichas poblaciones hay cristianos. Fueron preguntados cómo lo sabían, y dijeron que indios de sus tribus, yendo cerca de aquel territorio, habían visto venir mucha gente vestida, blanca, con barbas y que traían caballos,  yendo montados en ellos". El documento es bastante más extenso. Hernando de Ribera juró solemnemente ser verdad todo lo dicho y pidió que se le diera una copia del original al gobernador Cabeza de Vaca, de cuya entrega fueron testigos el padre Paniagua, Sebastián de Valdivieso, Gaspar de Hortigosa, y Juan de Hoces, todos vecinos de Córdoba (España). Por otra parte, no parece tener sentido que se dude de la autenticidad de lo que dice Hernando de Ribera,  ya que con él iba en la expedición el alemán Ulrico Schmidl, quien hizo por su cuenta un relato casi idéntico, y, además, criticando a Álvar Núñez Cabeza de Vaca, al que le reprochaba no saber mandar y ser un prepotente.  

 

     (Imagen) Vamos a finalizar el tema de los COMENTARIOS de Álvar Núñez Cabeza de Vaca dedicándole esta reseña, como desagravio, a HERNANDO DE RIBERA. No se sabe su lugar de origen, pero llevaba tiempo en los territorios de Paraguay, por haber llegado en la expedición del veneciano Sebastián Caboto, quien, al servicio de Carlos V, anduvo navegando por aquellas tierras. Parece ser que Ribera, con otro grupo de españoles e indios, se quedó perdido en tierra, hacia 1527, hasta que fueron encontrados en 1536 por los hombres del gobernador de Río de la Plata, Pedro de Mendoza. En ese tiempo aprendió alguna de las lenguas nativas, lo que, como hemos visto, le sirvió para hablar con los indios carios en la expedición que le confió Cabeza de Vaca, y redactar el informe que hizo sobre las posibles riquezas del norte de Paraguay. A pesar de que Cabeza de Vaca se enfadó violentamente por su tardanza en volver, no es de creer que Hernando de Ribera se convirtiera en uno de sus enemigos. Antes de que llegara como gobernador Cabeza de Vaca, había establecido, junto a Juan de Salazar de Espinosa, y bajo sus órdenes, el poblado de La Asunción, que pronto se convertiría en la capital de Paraguay, ciudad en la que el propio Ribera fue luego regidor. No parece que formara parte en 1544 de la rebelión que destituyó al gobernador, y, ante la duda y mientras no haya pruebas de lo contrario, habrá que dar por cierta la autenticidad  del informe que declaró (para entregárselo al apresado Cabeza de Vaca) sobre su viaje a las tierras de los carios. Quien se hizo más tarde con la gobernación fue Domingo de Irala (probable principal impulsor, desde la sombra, de la destitución de Cabeza de Vaca), cuyos métodos no parecían gustarle a Hernando de Ribera. De hecho, consiguió que fuera destituido Francisco de Mendoza (siendo nombrado Diego de Andreu), al cual había elegido Irala como sustituto suyo al salir él de expedición. Más tarde se complicaron aún más las cosas en Paraguay, con la ejecución  de Andreu y la confirmación de Domingo de Irala como gobernador. Eran tiempos tumultuosos en los que Hernando de Ribera se mantuvo en la sombra. Hizo un viaje a España, y consta que figuraba en la lista de los que partieron de allí hacia Paraguay bajo el mando de Juan Ortiz de Zárate, cuya flota llegó el año 1572. Se supone que por entonces, y en Asunción, murió HERNANDO DE RIBERA. Dicho lo cual, damos por terminado el relato de los COMENTARIOS DE ÁLVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA, con quien la diosa Fortuna se mostró especialmente caprichosa.




viernes, 3 de septiembre de 2021

(1511) El cronista atribuye a un castigo de Dios las desgracias que les ocurrieron a varios enemigos de Cabeza de Vaca, quien, por culpa de ellos, tuvo que soportar ocho años de cárcel, siendo después rehabilitado por Felipe II.

 

     (1101) Quizá el carácter supersticioso que abundaba en aquellos tiempos pueda explicar que los oficiales temieran que Dios les estaba castigando por las injusticias a las que habían sometido al gobernador Cabeza de Vaca, pero no deja de ser una reacción que parece muy exagerada teniendo en cuenta que no les temblaba el pulso cuando castigaban cruelmente. Se diría que el cronista Pedro Hernández trata de cubrirles de culpas, o de aumentar las que tenían. Y sigue insistiendo en la misma línea: "Los oficiales del Rey manifestaban que le habían hecho muchos agravios e injusticias al gobernador, y que era mentira todo lo que habían dicho contra él, y que para ello habían obligado a hacer dos mil juramentos falsos, debido a la envidia que le tenían porque en tres días había descubierto más tierras y caminos que lo que ellos hicieron en los doce años que llevaban allí.  Y, por ello, que le rogaban por amor de Dios que les perdonase y les prometiese que no le diría a Su Majestad que ellos lo habían apresado".

     Por si fuera poco, se diría que muestra a Dios complacido por su arrepentimiento: "En cuanto lo dejaron libre al gobernador, terminaron el agua, viento y tormenta que habían durado cuatro días sin interrupción. Y, así, pudimos venir en el bergantín dos mil quinientas leguas por el mar, navegando sin ver tierra, y no comiendo (cada día) más de una tortilla de harina frita con una poca de manteca y agua. Y de esta manera vinimos con mucho trabajo hasta alcanzar las islas Azores, que son del serenísimo rey de Portugal, tardando en hacer el viaje tres meses. Cuando llegamos, los oficiales, por pasiones que traían entre ellos, se dividieron y vinieron cada uno por su parte, pero antes intentaron que la justicia prendiese al gobernador para que diese cuenta a Su Majestad de los delitos que habían hecho. Para tratar de conseguirlo, dijeron que, cuando pasó por las islas de Cabo Verde, había robado en el puerto. Oído por el corregidor, les dijo que su rey tenía bien protegido su puerto para que nadie robase. Entonces ellos se embarcaron y se vinieron para estos reinos de Castilla, donde llegaron unos diez días antes que el gobernador, y cuando supieron que ya venía, esa misma noche desaparecieron los delincuentes y se fueron a Madrid".

     El cronista Pedro Hernández recurre de nuevo al providencialismo: "En ese tiempo murió el obispo de Cuenca (Sebastián Ramírez de Fuenleal, fallecido en enero de 1547), que era presidente en el Consejo de las Indias, el cual tenía deseo y voluntad de castigar aquel delito y desacato que contra Su Majestad se había hecho en aquella tierra. Pocos días después de haber estado presos ellos (los funcionarios), y el gobernador igualmente, y sueltos bajo fianzas, Garci Venegas, que era uno de los que lo habían traído preso, murió de muerte desastrada y súbita, pues le saltaron los ojos de la cara, sin poder manifestar ni declarar la verdad de lo pasado, y Alonso Cabrera, veedor, su compañero, se trastornó, y mató a su mujer en Lora. Murieron también súbita y desastradamente los frailes que participaron en los escándalos y el levantamiento contra el gobernador, por lo que que pareció manifestarse que el gobernador no era culpable de lo que le acusaban. Después de haberlo tenido preso en la Corte ocho años, le dieron por libre y absuelto, pero,  por algunas maniobras que se hicieron, le quitaron la gobernación, porque sus contrarios decían que, si volvía a Río de la Plata, provocaría escándalos y alteraciones por castigar a los culpables. Y se la quitaron, además, sin haberle dado recompensa por lo mucho que gastó en el servicio cuando fue a socorrer a los españoles de Río de la Plata y a descubrir nuevas tierras".

    

     (Imagen) Sin más aclaraciones, el cronista Pedro Hernández termina su trabajo. Se limita a señalar que Álvar Núñez Cabeza de Vaca estuvo encarcelado ocho años, lo que quiere decir que, probablemente sin razón suficiente, hubo una dura sentencia contra él. Ya vimos que, sin embargo, en los años 1554 y 1556 (tres antes de que muriera), habían cambiado las cosas, pues le fueron concedidas sendas ayudas económicas. ÁLVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA protagonizó dos odiseas completamente diferentes, salvo en lo que se refiere a situaciones de extrema dureza. Su viaje por el sur de Norteamérica fue un calvario, pero lo convirtió en un personaje heroico y extraordinariamente famoso. Gracias a eso consiguió la gobernación de Río de la Plata, lo que le proporcionó gran  prestigio y poder, pero esas mieles fueron efímeras, y tuvo la desgracia de ser destituido por malos enemigos, difamado, juzgado y encarcelado, viendo manchado su buen nombre. Cabeza de Vaca se había casado con María Marmolejo, sin que se sepa nada de su posible descendencia, y, por un dato que ella aporta, sabemos que, en 1559, ya había muerto. Fue rehabilitado por el Rey, y, como vimos, compensado con dinero dos veces. La primera, el año 1554, y resumo el  texto en el que el futuro Felipe II le pide al virrey de Perú que le haga una concesión: "Álvar Núñez Cabeza de Vaca me ha hecho relación sobre su servicio a la Corona  en La Florida, donde gastó cuanto tenía, y después como gobernador de Río de la Plata, donde asimismo había gastado lo que él y sus parientes tenían, diciendo que ahora estaba tan pobre, que, si no le diésemos con qué sustentarse, moriría de hambre. Y me suplicó que le concediese un buen repartimiento de indios en Perú. Por lo cual, os mando que, yendo el dicho Álvar Núñez Cabeza de Vaca a esa tierra y llevando consigo a su mujer, le deis una encomienda de indios que rente mil pesos de oro cada año, y, si no hubiese ninguna vacante, su equivalente en dinero". Aunque Cabeza de Vaca no volvió a Perú, se le abonaba la pensión en España, muriendo el año 1559, al parecer en Sevilla, pero siendo enterrado en Valladolid. Aunque el final de su vida fue triste, sus increíbles aventuras y sus dos magníficas crónicas han dejado una huella imborrable. Se puede asegurar que fue también el verdadero autor de la segunda ('Comentarios'), a pesar de que oficialmente, y por razones de conveniencia, prefirió que se publicara como escrita por su fiel secretario Pedro Hernández.




jueves, 2 de septiembre de 2021

(1510) Quienes llevaban preso a Cabeza de Vaca quisieron envenenarlo, pero luego, a punto de naufragar y creyendo que era un castigo de Dios, le soltaron las cadenas. Veamos la mala catadura de Jaime Rasquín.

 

     (1100) En su día, hablé bastante de Juan Salazar de Espinosa, a quien la burgalesa Medina de Pomar le ha arrebatado sin pruebas su origen, siendo así que lo más probable es que naciera a 20 km de distancia, en Espinosa de los Monteros. El cronista Alonso Gómez de Santoya, en 1559, un año antes de que muriera Salazar, decía que era "vecino de Espinosa de los Monteros", y, en el archivo de Geneanet , todas las numerosas referencias lo sitúan como nacido en esa población el año 1508. Fue hombre de mucha valía, y a él le corresponde también el honor de haber fundado Asunción, la capital de Paraguay. Pero entonces aquellas tierras vivían inmersas en peligrosas y turbias aguas políticas.  Ahora vemos a Juan de Salazar entre la espada y la pared, probablemente con deseo de proteger y apoyar los derechos de Álvar Núñez Cabeza de Vaca como gobernador de Río de la Plata, pero consciente de que Domingo de Irala y sus cómplices podían cortarle la cabeza. No llegaron a tanto, pero lo apresaron y lo embarcaron junto a Cabeza de Vaca para enviarlos con graves acusaciones a España. El viaje fue truculento: "El gobernador, yendo así en el bergantín, rogó a los funcionarios que le dejasen llevar dos criados suyos para que le sirviesen por el camino y le hiciesen de comer.  Y ellos metieron en la nave a los dos criados, pero no para que le sirviesen, sino para que fueran bogando cuatrocientas leguas río abajo. Y habían hecho en Asunción una maldad muy grande, y era que, cuando lo prendieron, decían a sus partidarios mil males del gobernador, y luego les pidieron que les firmaran en blanco unos papeles. Tras conseguirlo, llenaron después un montón de hojas con informaciones falsas contra el gobernador (para acusarle ante el Rey)".

     En aquellos tiempos debía de ser relativamente fácil envenenar a un preso sin que se pudiera demostrarlo. Los funcionarios del Rey les encargaron un asunto siniestro a dos aliados suyos, un vasco apellidado Machín y un tal Lope Duarte (que iba a España para gestionar negocios de Domingo de Irala): "Les mandaron que envenenasen la comida del gobernador, y lo  hicieron tres veces. Pero él, para remediarlo, llevaba consigo una botija de aceite y un pedazo de unicornio (eran bastante crédulos), y, cuando sentía algo, usaba estos remedios con muy gran trabajo y grandes vómitos, y plugo a Dios que escapó de ellos. Un día rogó a los oficiales funcionarios Alonso Cabrera y Garci Venegas que les dejasen guisar a sus criados, porque de otra persona no lo había de tomar. Ellos se negaron, por lo cual estuvo algunos días sin comer, hasta que la necesidad le obligó a ello".

     Por fin, alcanzaron el océano Atlántico: "En el bergantín  iban veintisiete personas en total, y, en cuanto salieron a la mar, les tomó una tormenta que llenó todo el bergantín de agua, y perdieron casi todos los bastimentos, pues no pudieron salvar más que un poco de harina, un poco de manteca de puerco y de pescado y un poco de agua, y estuvieron a punto de perecer ahogados. A los oficiales que traían preso al gobernador les pareció que, por el agravio e injusticia que le habían hecho,  Dios quiso darles aquella tormenta tan grande, y determinaron soltarlo de sus prisiones. Por ese motivo, se las quitaron, y fue Alonso Cabrera, el veedor, quien se las limó, y él y Garci Venegas le besaron el pie, aunque él no quiso, y dijeron públicamente que ellos sabían que Dios les había dado aquellos cuatro días de tormenta por los agravios que le habían hecho sin razón".

 

     (Imagen) Ya mencioné a Jaime Rasquín como el prototipo de los indeseables que destituyeron al gobernador Cabeza de Vaca. Voy a 'plagiarme' un texto que escribí hace ocho años: En 1559 (15 años después de lo que ahora vemos, y justo cuando Cabeza de Vaca murió), Jaime Rasquín, con su flamante título de gobernador, va a tomar posesión de su cargo en el Río de la Plata, en donde anteriormente había colaborado para que le robaran miserablemente su puesto al excepcional Alvar Núñez Cabeza de Vaca, personaje legendario y notable narrador de sus propias odiseas. En la expedición del valenciano Jaime, va también Alonso Gómez de Santoya, quien se encargará después de darnos a conocer la arbitrariedad, incompetencia y mezquindad de Rasquín, y el fracaso de aquel viaje, que terminó de manera forzada, e increíblemente desviada, en Santo Domingo. Recojo las últimas palabras de la crónica de Santoya, porque son dramáticas y clarificadoras: "Los agraviados pedían justicia contra el Gobernador Rasquín (llenando la Audiencia de pleitos). Comenzáronsele a desvergonzar todos, de manera que, aunque se topaba en la calle con sus soldados, no hacían más caso de él que de un gabacho (acababa de nacer el despectivo mote de los franceses). Al fin, andaba solo como el más bajo hombre de la armada, que era lástima haberle conocido tan señor y verlo tan abatido. Y de aquí se puede colegir que la soberbia no sube al cielo”. Y, ya de paso, no me resisto a recoger una terrible anécdota contada por Gómez de Santoya, que deja bien claro lo que era la vida entonces para algunos 'diferentes'. Mantendré alguna dura expresión de la época, porque mucho más dura era la realidad: “Ocurrió un caso nefando (o sea, relativo al pecado nefando, la sodomía) y harto estupendo (sin duda, en el sentido de impresionante). En la nao capitana se halló que el contramaestre de ella era puto, que se echaba con un muchacho, y con otro pasaba un caso horrendo (no lo aclara). Y al contramaestre le dieron garrote y le echaron a la mar, y a los dos muchachos los azotaron, y, por ser sin edad suficiente, les quemaron los rabos, cosa que dio alteración harta en ambas naos, aunque dicen que el gobernador Jaime Rasquín lo sabía desde Canarias”. En el documento de la imagen se ve que Jaime Rasquín ya había muerto el año 1576, y que el Rey tenía prisa en que se zanjara el asunto de  una multa que se le había impuesto.




miércoles, 1 de septiembre de 2021

(1509) Los rebeldes no se atrevieron a matar a Cabeza de Vaca, y, tras once meses de encierro, lo embarcaron para España. Él quiso dejar como gobernador a Juan de Salazar, pero también lo metieron en el barco.

 

     (1099) Las críticas del cronista y escribano público Pedro Hernández contra Domingo de Irala, los funcionarios del Rey y sus cómplices siguen siendo muy duras. Sin que podamos contrastarlas con otras opiniones, hay algo que le inclina a uno a pensar que, aunque fueran exageradas, la razón estaba de parte de Cabeza de Vaca, entre otras cosas, porque había sido destituido violentamente, y sin haberle informado previamente de nada al emperador Carlos V. Hay también detalles que animan a tener esa opinión, como el hecho de que uno de los 'golpistas' mencionados haya sido el valenciano Jaime Rasquín, de quien, en su día, vi pruebas de su mala catadura moral, de lo que, en breve, haré un amplio comentario porque las recogí en la biografía que escribí hace años sobre Sancho Ortiz de Matienzo, doctor en leyes, canónigo de Sevilla y tesorero de la Casa de Contratación de las Indias, radicada en la misma ciudad.

     Lo que cuenta el cronista estaba absolutamente prohibido en las Indias: "Para ganarse los oficiales y Domingo de Irala a los indios, les dieron licencia para que matasen y comiesen a sus indios enemigos, y muchos de ellos eran cristianos recientemente convertidos, cosa tan en contra del servicio a Dios y a Su Majestad, y tan aborrecible a todos cuantos lo supieron.  Y, además, les decían a los indios que el gobernador era malo, que por eso no les consentía matar y comer a sus enemigos, y que por esta causa lo tenían preso. Pero, viendo los oficiales y Domingo de Irala que, con todo lo que ellos hacían, no cesaban los alborotos y escándalos, acordaron sacar de la provincia al gobernador, aunque los mismos que lo decidieron se quisieron quedar allí y no venir a España, pues, con sólo echarle de la tierra con algunos de sus amigos se contentaron".  

     El plan de llevar a Cabeza de Vaca a España va a generar una protesta en los dos bandos que había en la ciudad. Los amigos de los oficiales y de Domingo de Irala, por el modo de querer hacerlo, y, los partidarios del gobernador, por intentar llevarlo a cabo:  "Lo cual molestó mucho a sus cómplices, y entre ellos hubo muy gran escándalo, diciendo que los oficiales habían afirmado que tenían derecho a prenderle, pero habían prometido que irían con el gobernador a explicarle todo a Su Majestad.  Por ello, les exigían que fueran a España, aunque no quisiesen, a dar cuenta de lo que habían hecho.  Y, por esa protesta, tuvieron que ponerse de acuerdo para que dos de los oficiales partiesen con el gobernador, y los otros dos se quedasen en Asunción. Con el fin llevarlo a cabo, prepararon uno de los bergantines que el gobernador había hecho, y, cuando se supo,  hubo muy grandes alborotos por el gran descontento que la gente tenía al ver que querían llevarse al gobernador fuera de Río de la Plata. Entonces los oficiales acordaron prender a los que eran seguidos por la gente en su protesta, pero no osaron  hacerlo. Además, por petición del gobernador, al cual le habían pedido que calmase a la gente, dieron  su palabra de no sacarle de la prisión, y prometieron no prender a nadie y que soltarían a los que tenían presos. Como hacía tanto tiempo que tenían preso al gobernador en la cárcel (unos once meses) y ninguna persona le había visto, muchos recelaban de que le hubiesen matado secretamente, y pedían que dejasen entrar a dos religiosos y dos caballeros para que le viesen y pudiesen certificar a la gente que estaba vivo.  Los oficiales prometieron hacerlo tres o cuatro días antes de que lo embarcasen, pero no lo cumplieron".

 

     (Imagen) Luego llegó la pelea burocrática, como hacen los políticos peleones y retorcidos. Había sido mucha osadía destituir y apresar a Cabeza de Vaca, el gobernador de Río de la Plata nombrado por Carlos V. Los autores decidieron llevarlo preso a España para justificar ante el emperador su actuación: "Cuando esto pasó, los funcionarios reales prepararon muchos escritos contra el gobernador, y, para acusarle de delitos, escribieron cosas que nunca pasaron. Por su parte, los amigos del gobernador ocultaron, en un hueco del bergantín en el que lo iban a llevar a España, una información general que el gobernador había hecho para enviar a Su Majestad". Después el veedor Alonso Cabrera y el factor Pedro Dorantes se encargaron de trasladar al gobernador al bergantín sin dejar que fuera visto, a pesar de que lo habían prometido. Cabeza de Vaca, al ver que lo llevaban, les dijo algo que tiene importancia para opinar sobre el papel que tuvo en aquel drama un personaje histórico: "Señores, sed testigos que dejo por mi lugarteniente de gobernador al capitán JUAN SALAZAR DE ESPINOSA, para que por mí, y en nombre de Su Majestad, tenga esta tierra en paz y justicia hasta que Su Majestad provea lo que más servido sea". Sin embargo, el cronista Pedro Hernández va a poner en duda (a mi entender, injustamente) la fidelidad de Salazar. Según cuenta, estas palabras le sacaron de quicio al teniente de tesorero Garci Venegas: "Arremetió contra el gobernador con mucha furia, le puso el puñal en la sien, le hizo una herida pequeña y le dio tal empujón a él y a los que lo tenían sujeto, que cayeron todos al suelo, pero pudieron llevarlo a toda prisa al bergantín, que se puso en marcha río abajo. Dos días después, Domingo de Irala, el contador Felipe de Cáceres y el factor Pedro Dorantes fueron a la casa del capitán Juan de Salazar, lo prendieron a él y a Pedro de Estopiñán Cabeza de Vaca, fueron río abajo hasta alcanzar el bergantín en que estaba el gobernador, y con él vinieron presos a Castilla. Si el capitán Salazar hubiese querido, el gobernador no habría sido apresado, ni traído a Castilla, pero, como quedaba en el puesto de teniente del gobernador, lo disimuló todo". Lo que el cronista le exige a JUAN DE SALAZAR DE ESPINOSA DE LOS MONTEROS parece un imposible, porque lo único que habría conseguido es que Domingo de lrala y sus compinches le cortaran la cabeza. (Le debía este comentario  a mi casi paisano Juan de Salazar, natural de Espinosa de los Monteros-Burgos).