jueves, 16 de enero de 2020

(Día 1006) Con mucha habilidad, el capitán Garcilaso de la Vega evitó el compromiso de aprobar el nombramiento de Gonzalo Pizarro. Francisco de Carvajal se puso a las órdenes de Gonzalo Pizarro.


     (596) Nos traslada de nuevo Cieza a Lima (donde ya estaba el virrey), pero solamente para precisar un detalle: "El factor Illán Suárez de Carvajal, fiel servidor del Rey, le escribió una carta cifrada, que yo en mi poder tuve, al licenciado Benito Suárez de Carvajal, su hermano, en la que le decía que sirviese lealmente al Rey, y que fuese a la Ciudad de los Reyes para unirse al virrey. El licenciado le respondió que cumpliría lo que pedía, y le escribió al virrey haciéndole saber lo que pasaba en el Cuzco". Poco se imaginaban que, pasado un tiempo, como ya sabemos, el virrey mataría a Illán, su hermano, Benito, como venganza, lo haría con el virrey, y él mismo tendría un final trágico, pero en otra aventura más placentera: se cayó desde lo alto de una casa en el transcurso de un lance amoroso.
     En el Cuzco, Gonzalo Pizarro seguía amedrentando para conseguir reforzar su nombramiento con nuevos votos, pero va a tropezar con  un valiente más hábil que él: "Sabiendo que no había aprobado su elección el capitán Garcilaso de la Vega (padre del cronista Inca Garcilaso), regidor de la ciudad, le notificó que diese su voto, y respondió que él no era letrado, por lo que no sabía si podía dárselo para ser Justicia Mayor. Pizarro le envió al licenciado Carvajal para que le aclarase a Garcilaso si podía dar su voto en justicia en aquel asunto. Carvajal afirmó que sí podía darlo en justicia. Entonces Garcilaso fue al cabildo y explicó a los que allí estaban que él no era regidor por el voto del cabildo, sino por ausencia de un vecino, y que, aunque había actuado como tal hasta entonces, lo dejaba, y con protestación de no serlo más. E, diciendo esto, se salió".  
    Y ahora, un tenebroso fantasma va a ir adquiriendo protagonismo en esta trágica aventura: "Pasadas estas cosas, Gonzalo Pizarro y los del cabildo mandaron a Pedro de Hinojosa que fuese a la ciudad de Arequipa para hacer venir a Francisco de Carvajal, el que fue sargento mayor en la guerra de Chupas, y para traer las armas y gente que hubiese en ella. Francisco de Carvajal estaba harto deseoso de ir a España, y jamás pudo hallar aparejo para ello. Dicen que, al saber que le llamaba Gonzalo Pizarro, le pesó, porque deseaba estar fuera de aquellos negocios, mas, como hombre ejercitado en la guerra, dijo: 'Harto quería yo no meter mis manos en la urdimbre de esta tela, mas, ya que es así, yo prometo ser el principal tejedor en ella'. Y luego se aderezó para venir al Cuzco, diciendo palabras feas contra las ordenanzas, y que él había sido como el gato, que tanto le pueden acosar y herir, que contra su mismo señor se vuelva para arañarlo, y que decente cosa era oponerse contra aquellas leyes de su Majestad". Siempre que citan los cronistas textualmente a Carvajal, le oímos soltar frases quevedescas, ingeniosas y sardónicas.
     Vemos, pues,  a Carvajal dispuesto a seguir a Gonzalo Pizarro. Por su parte, Pedro de Hinojosa cumplió el resto del encargo, pero un detalle muestra el clima de miedo que oprimía a las autoridades: "Se volvió a la ciudad del Cuzco, habiéndose antes ausentado el corregidor de Arequipa, a pesar de que los de la ciudad no recibieron ningún agravio de Hinojosa, porque solo se ocupó en sacar las armas y la gente que pudo recoger".

     (Imagen) DIEGO DE MALDONADO EL RICO, al que he dedicado la imagen anterior, tenía un hijo mestizo llamado JUAN ARIAS DE MALDONADO. La imagen actual es de un escrito suyo fechado en 1567. Por casualidad, y a través de él, me entero de que, en la década de 1560, hubo una rebelión de mestizos de la que apenas se habla. Terminó en fracaso (no parece que Juan recibiera ningún castigo) y sin dejar apenas rastro documental, pero saca a la luz el malestar que sentían muchos de ellos al verse considerados inferiores a los criollos, hijos de español y española. Algo que ocurría incluso con quienes habían nacido de una princesa inca, como era el caso de Juan Arias de Maldonado, que fue uno de los principales líderes de la revuelta, entre los que también estaba un hijo mestizo del último protagonista de las guerras civiles, el rebelde Francisco Hernández Girón. No les preocupaba la situación de los indios, sino la suya en particular. Así, por ejemplo, ocurrió que Juan, que carecía de la sensatez y generosidad de su padre, Diego de Maldonado el Rico, fue procesado y condenado por maltratar a los indios de las encomiendas que consiguió como merced del Rey, basada en los méritos de su progenitor. Su hermano Cristóbal, también mestizo, había tenido otro motivo de rencor. Con gran ambición, consiguió casarse con una niña de la alta nobleza inca, Beatriz Clara Coya, que acababa de heredar una enorme fortuna. Tenía solamente nueve años, y el gran virrey Francisco Álvarez de Toledo anuló el matrimonio. Unos diez años después, Beatriz se casó con un sobrinonieto de San Ignacio de Loyola, el extraordinario capitán MARTÍN GARCÍA ÓÑEZ DE LOYOLA (del que ya hablé tiempo atrás), cuya mayor hazaña consistió en derrotar el año 1572 a un emperador inca rebelde, Túpac Amaru, aunque mucho después, Martín, en 1598, siendo Gobernador de Chile, murió luchando contra los araucanos.



miércoles, 15 de enero de 2020

(Día 1005) Hubo varios que se jugaron la vida por oponer resistencia al ilegal nombramiento de Gonzalo Pizarro. A Pedro Alonso Carrasco casi lo mataron.


     (595) Faltaba aún otro trámite, el de confirmarse en el cabildo la concesión hecha a Gonzalo Pizarro. Algunos de los asistentes  se encontraron en serios apuros: "Cuando se estaba votando dentro del cabildo, el alcalde Antonio de Altamirano, viendo que la intención de Gonzalo Pizarro era tiránica y malvada, salió del cabildo para no firmar, y lo mismo hizo Diego de Maldonado el Rico. Luego salió de allí Gonzalo Pizarro portando la vara, y todos le dieron su obediencia como Justicia Mayor. Estando Diego de Maldonado  en su casa, fue el capitán Cermeño acompañado de arcabuceros para llevarle a las casas de Gonzalo Pizarro, que muy enojado estaba porque no había querido firmar. Cuando llegó, Gonzalo Pizarro, con el rostro airado, le mandó que, pues tenía el voto principal en el cabildo, firmase sin excusa, y le avisó de que, si no lo hacía, le sería quitada la vida. Y firmó con una firma falsa y diferente de la que hacía. Antonio de Altamirano también firmó. Diego de Maldonado había hecho junto a Pedro de los Rios una declaración secreta, en la que decían que no se juntarían con Gonzalo Pizarro, ni se hallarían en deservicio de Su Majestad".
     A pesar del chantaje de las tremendas amenazas, hubo alguien que se se negó a ponerse a su servicio: "Le aconsejaron a Gonzalo Pizarro sus aliados que, para que tuviese más fuerza el nombramiento de Justicia Mayor, hablase con Alonso Carrasco, procurador de la ciudad, para que presentase en el cabildo un escrito en el que constase que el pueblo se alegraba de la elección que se había hecho. Pero Alonso, actuando cuerdamente, y viendo que lo que le mandaban no era justo, no quiso hacerlo. Gonzalo Pizarro, indignándose contra él, mandó luego que le confiscaran los bienes. Sabiéndolo Pedro Alonso Carrasco, y temiendo que le matasen, fue a refugiarse en una iglesia, pero, no teniéndose por seguro, se fue a las casas de Alonso de Mesa, vecino del Cuzco, en las cuales estuvo escondido dos días. Gonzalo Pizarro estaba tan airado contra Pedro Alonso Carrasco, que, según dicen, mandó a ciertos criados suyos que lo matasen. Lo cierto es que Pedro Alonso de Carrasco salió una noche para visitar su casa y fue  herido nalamente de tres heridas, de las que los autores pensaron que quedaba muerto. Por esta causa no fue este Pedro Alonso Carrasco con Garcilaso y Gabriel de Rojas cuando desde esta ciudad partieron para juntarse con el virrey, como más adelante será contado". Al bravo Carrasco ya le dediqué una imagen.
     Cieza necesita desahogarse con el lector,y confiesa que la obra que tiene en sus manos casi sobrepasa sus fuerzas, pero asegura que seguirá adelante porque la importancia de los hechos lo merece: "Habiendo yo puesto las manos en escribir obra tan difícil, no dejaré de pasar grandes vigilias, ni de mirar que las relaciones concuerden unas con otras, ni permitiré que en cosa alguna nos apartemos de la verdad. En  ninguna parte de esta obra me vi tan acongojado como en este punto, porque mi débil juicio no bastaba para contar cosas tan grandes, y pensé poner fin a mi relato, dejando el campo abierto para que otro más sabio lo prosiguiera, pero la constancia que he tenido en él me da ánimo para seguir adelante".

     (Imagen) Ya le dediqué una imagen a Diego de Maldonado de Álamos y otra a DIEGO DE MALDONADO NIETO, apodado, quizá para diferenciarlo, 'El Rico'. Ampliaré lo que dije sobre este último. Da la casualidad de que los dos nacieron en Dueñas (Palencia). Coinciden también en que estaban juntos en el cabildo del Cuzco cuando fueron presionados por Gonzalo Pizarro para que votaran a favor de su nombramiento como Justicia Mayor. Ni uno ni otro estaban por la labor, pero El Rico se portó con más valentía que su homónimo, y, jugándose la vida, se opuso abiertamente. Tenía el mérito añadido de que, con ello y siendo uno de los españoles con mayor número de encomiendas de indios, y más extensas, estaba defendiendo, por lealtad al Rey y en perjuicio propio, las Leyes Nuevas, que limitaban los rentables derechos de los españoles y mejoraban la situación social de los nativos. Vemos en la imagen un folio del expediente de sus méritos y servicios, que presentó ante el Rey el año 1561. Se ve claramente que los partidarios de Gonzalo Pizarro se la tenían jurada, de manera que, enrolado al servicio del virrey Blasco Núñez Vela, que fue finalmente derrotado, se vio obligado a huir continuamente para que no lo mataran. Primero estuvo a punto de hacerlo el terrible Francisco de Carvajal. Pudo escapar, pero lo encontraron unos soldados enemigos y le dieron una cuchillada en la cabeza. Más tarde, en otra huida, lo apresaron, quedando retenido más de seis meses, hasta que llegó Pedro de la Gasca y pudo incorporarse a su ejército, participando así en la victoria que acabó con la vida de Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal. Le enviaron después a trasladar a sesenta presos pizarristas, de los más peligrosos, y, de nuevo, faltó poco para que lo mataran. Siempre leal al Rey, también luchó contra el rebelde Francisco Hernández Girón. El siempre leal DIEGO DE MALDONADO EL RICO murió el año 1570.



martes, 14 de enero de 2020

(Día 1004) Los miembros del cabildo del Cuzco, algunos sin reparos, otros con reticencias, y sin que faltara quien se resistiera, nombraron a Gonzalo Pizarro Justicia Mayor.


     (594) Veamos cómo fueron las votaciones. Juan Vélez de Guevara, alcalde, lo aprobó (lo que quiere de decir que, aunque fue un hombre de confianza de Vaca de Castro, ahora va a apoyar la incipiente rebeldía de Gonzalo Pizarro). También lo hizo el alcalde ordinario, Antonio de Altamirano. Al capitán Diego de Maldonado el Rico le tembló el pulso: "Dijo que, por cuanto su deseo era acertar en aquello que conviene al servicio de su Majestad, pedía a sus mercedes que le dieran licencia para que él se informara con un letrado, pues estaba dispuesto a responder, y lo firmó con su nombre".
     Cieza aclara, de paso, que quiere detallar cómo se efectuaron las votaciones para que los futuros lectores sepan quiénes fueron los que nombraron a Gonzalo Justicia Mayor, y sigue después copiando del documento: "Hernando Bachicao, regidor, dijo que su voto era que Gonzalo Pizarro fuera Justicia Mayor hasta que su Majestad lo confirmase. Francisco Maldonado dijo que, puesto que había mucha gente de guerra en la ciudad, y los alcaldes no podían actuar en los pleitos criminales, votaba que fuera Justicia Mayor y también Teniente General, porque así convenía a la pacificación de la ciudad. El regidor Diego Maldonado de Álamos dijo que no era letrado para poder acertar en lo pedido por Gonzalo Pizarro, ni sabía si, de derecho, podía él hacerle Justicia Mayor, y que, todo lo que podía hacer como regidor de la ciudad, aquello votaba. Juan Julio de Ojeda dijo que se arrimaba al voto de don Diego Maldonado de Álamos, y que ese era su parecer".
     En este punto, el responsable de esta edición del texto, Marcos Jiménez de la Espada (al que ya dediqué una imagen) pone una nota a pie de página que resulta interesante porque deja en evidencia la parcialidad de las cronistas oficiales, casi siempre tratando de agradar al Rey, o a algún personaje determinado. Critica en concreto a Antonio de Herrera, quien, al recoger los textos de Cieza, suele eliminar o añadir párrafos. Dice Espada: "Herrera pone en boca de Diego de Maldonado de Álamos un largo, bellísimo y elocuente discurso, como él mismo lo hubiera pronunciado en la situación del regidor, del cual supone además, gratuitamente, que firmó el acta del cabildo a la fuerza, y protestando como lo habían hecho Antonio Altamirano y Diego de Maldonado el Rico". La reacción de estos dos últimos la veremos de inmediato.
     Después Cieza recoge el texto del nombramiento (lo resumo): "Vistos los votos por los señores justicias y regimiento, dijeron que nombraban al capitán Gonzalo Pizarro Justicia Mayor e le daban el poder cumplido que se requiere, recibiendo de él juramento en debida forma". Al parecer, hubo algunos notables que atizaron más el fuego: "Dicen que en ese tiempo, tratando este asunto el licenciado De la Gama, el licenciado Carvajal, el licenciado León,el licenciado Barba y el bachiller Guevara (siempre se guardaba la jerarquía), mostraban su parecer de que Gonzalo Pizarro podía ir con fuerza armada a apelar las ordenanzas. Lo que sabemos es que se dieron los votos, y que redundaron en gran daño, pues muchos simples, creyendo que lo que afirmaban era así, siguieron al tirano en sus desatinos".

    (Imagen) Vamos a ir descendiendo por un tronco familiar. El famoso condotiero italiano Fabricio Colonna se puso al servicio del Rey de España en las guerras contra Francia, en la zona de Nápoles, bajo las órdenes del Gran Capitán. Una tal Juana Julia de Colona, probable hija de Fabricio, o, al menos, pariente cercana, se casó con Pedro de Ojeda, de quien un nieto suyo presentó en 1560 un documento de los méritos (la imagen muestra un folio) conseguidos en las Indias por varios miembros de la familia. Dice de Pedro de Ojeda que llegó el año 1510 a la zona del Darién (junto a Panamá) con Diego de Nicuesa (al que, por error, llama Alonso de Nicuesa). Pedro era ya un hombre rico en España (se presentó en las Indias con caballos y armas), digno, pues, de los Colonna. El escrito hace suponer que viajó con toda la familia, porque indica que le acompañaba "un muchacho de ocho años (su hijo)", a quien hemos visto recientemente convertido en uno de los capitanes de confianza de Vaca de Castro. Se trataba del burgalés JUAN JULIO DE OJEDA COLONA, quien conservó el nombre y apellido de su madre. Juan Julio conoció a Diego de Almagro el Viejo en Panamá, y se trasladó con él al Cuzco cuando ya Atahualpa había sido apresado, pero no ejecutado. Entonces se hizo un reparto del inmenso botín conseguido, del que se beneficiaron principalmente los veteranos, pero se decidió también darles parte a los que llegaron más tarde, como Juan Julio. Se decantó después, y para siempre, por el bando de los Pizarro. Batalló contra Almagro el Viejo, y luego contra su hijo (en este caso, al servicio de Vaca de Castro). Cayó en rebeldía enfrentándose al virrey (su viuda lo demandó) al lado de Gonzalo Pizarro. Pero algo indica que, como otros muchos, en la batalla de Jaquijaguana se pasó, en último extremo, a las tropas de Pedro de la Gasca, porque no fue castigado, ya que, en 1551, vivía tranquilamente en el Cuzco.




lunes, 13 de enero de 2020

(Día 1003) Los del Cuzco le nombraron a Gonzalo Pizarro capitán para luchar contra Manco Inca, pero él presionaba para que le dieran también los cargos de Capitán General y Justicia Mayor.


     (593) Pero Pizarro quería más. Envió insistentemente cartas a Diego de Maldonado y a Pedro de los Ríos, que residían en Andahuailas, para que fuesen al Cuzco: "A pesar de que  no querían ir ni estar presentes en los levantamientos, no aprovechó su deseo, porque, fueron tantas las cartas que les mandó, que tuvieron que ir al Cuzco. Cuando se supo que Gonzalo Pizarro había sido nombrado capitán para luchar contra Manco Inca, de todas partes llegaban soldados bien provistos de arcabuces y pólvora para seguirle, pues deseaban que los bullicios se convirtiesen en guerra, para salir de la pobreza que con la paz tenían".
     Luego Gonzalo trabajó a fondo para conseguir más poderes: "Se alegró en gran manera de haber sido nombrado capitán contra Manco Inca, porque le pareció que era un escalón para subir adonde él deseaba. Habló con los más principales pidiéndoles que, como el virrey quería ejecutar las ordenanzas y él había salido de las Charcas para servirles a ellos, le nombrasen su procurador. Los del cabildo, después de haber altercado sobre aquello, acordaron todos juntos darle a Gonzalo Pizarro poder cumplido para que fuera a la Ciudad de los Reyes a  fin de que las ordenanzas fueran apeladas  ante Su Majestad. Hecho esto, Gonzalo Pizarro andaba acompañado de gente de guerra, y mostraba ya por sus palabras que su deseo se extendía a más que ser procurador".
    Le quedaba un paso nás: "Habló con amigos suyos pidiéndoles que  convenciesen a los vecinos para que lo aceptasen como Justicia Mayor, y esto lo hizo para tener entero mando sobre todo. Cuando lo supieron los del cabildo, se alteraron en gran manera, pareciéndoles que Gonzalo Pizarro, aprovechándose de ellos y dejándoles sin mando, se quería alzar con el reino y oponerse al virrey. Pareciéndoles mala su intención, acordaron no concedérselo. Gonzalo Pizarro, como entendió las voluntades de algunos, decía falsamente que no quería ser procurador ni capitán de ciudad tan ingrata, pero no dejaba de andar acompañado de arcabuceros y escopeteros".
    El caso es que los del cabildo volvieron a reunirse, y Gonzalo Pizarro se presentó ante ellos para hacerles una declaración, que Cieza vio tiempo después en poder del notario, y la transcribe. Tenía fecha de 27 de junio de 1544. Era una auténtica farsa, con amenaza incluida, ya que empezaba por decir que, puesto que se negaban a darle el cargo de Justicia Mayor, retiraba su petición, pero que lo aceptaría gustoso si se lo daban, ya que convenía para pacificar a la gente de guerra, de manera que, porque los soldados se lo habían pedido, quería que le nombraran. La enredada argumentación no podía ser más ridícula, pero los del cabildo, ya solos, sometieron el tema a votación, sin duda amedrentados "porque los arcabuceros disparaban pelotas dando a entender que lo mismo harían con ellos si no le obedeciesen a Gonzalo Pizarro".
     Qué situación. Llegó la hora de votar si se le nombraba a Gonzalo Capitán General yJusticia Mayor, y fue evidente que algunos, aterrorizados, trataron de evitar el compromiso. Los abiertamente partidarios de Gonzalo Pizarro lo aprobaron encantados. Hubo otros que se tragaron el sapo por miedo, y también se mostraron conformes. Pero no faltaron los que, echándole mucho valor, trataron de evitar el compromiso.

     (Imagen) JUAN DE BETANZOS era descendiente de una familia noble y culta de origen gallego. Tuvo en común con Francisco de Villacastín (imagen anterior) su pasión por la cultura de los incas y haberse casado con una de sus princesas. Fue un personaje excepcional y de muchas facetas. Parece ser que ejerció como escribano en Santo Domingo, y hasta es posible, incluso, que estuviera con Pizarro y los Trece de la Fama en la isla del Gallo. Tuvo pronto un gran interés en aprender el idioma de los incas, el quechua, y alcanzó tal perfección que ejerció como intérprete para Pizarro, Vaca de Castro y el virrey Blasco Núñez Vela. Su intimidad con los Pizarro fue muy estrecha, aunque se deterioró con Gonzalo Pizarro. Hay que dar por hecho que en las guerras civiles luchó contra Diego de Almagro el Viejo, Diego de Almagro el Mozo, el virrey Núñez Vela (a pesar de haber sido su intérprete), y hasta, inicialmente, contra Pedro de la Gasca. Pero, en este caso, ocurrió que fue apresado por los hombres del habilísimo representante del Rey, quien se empeñó en convencerlo de la insensatez que suponía seguir rebelado contra la Corona, y Juan de Betanzos le hizo caso. Muerto Gonzalo Pizarro, su vida posterior dio un giro radical, dedicándose en el Cuzco a atender sus ricas haciendas. No obstante, participó después, por sus conocimientos lingüísticos, en importantes misiones para pacificar a indios rebeldes. Se había casado en 1544 con Doña Angelina (la princesa inca Curisimay Ocllo, mujer principal de Atahualpa y luego amante de Francisco Pizarro), con quien demostró tenerle mucho afecto. Quedando viudo en 1562, se casó con Catalina Velasco. JUAN DE BETANZOS murió en 1576, dejando una hija de Doña Angelina, tres hijos de su segunda mujer y otros cinco naturales. Permanecerá siempre en el recuerdo por su magnífico libro SUMA Y NARRACIÓN DE LOS INCAS, un extraordinario trabajo histórico, digno de todo crédito y basado en la información que le dieron los propios incas, a quienes les caía bien aquel amable español.



sábado, 11 de enero de 2020

(Día 1002) Le trajeron a Gonzalo Pizarro noticias de apoyo, y recuperó su ánimo. Con ello, se convirtió en un líder popular.


     (592) Gaspar Rodríguez, Bachicao y los que iban con él no solo se alegraron de lo que les comunicó Mezcua, sino que le pidieron que volviera al Cuzco: "Le dijeron que fuera a avisarle a Gonzalo Pizarro de su próxima llegada, y le dieron cartas de algunos vecinos de la Ciudad de los Reyes en las que daban a entender el odio que tenían al virrey, y que con todas sus fuerzas iban a procurar echarlo del reino si no quisiese suspender las ordenanzas. Mezcua, por llevar tan alegres noticias, anduvo con mucha presteza, hasta que llegó al Cuzco al tiempo en que Gonzalo Pizarro se disponía a salir de la ciudad".
     Los vecinos, de por sí, ya estaban bastante alterados, y dispuestos a oponerse a la aplicación de las leyes. Entonces Gonzalo recuperó el entusiasmo: "Llamó a  Alonso de Toro, a Villacastín y a otros amigos suyos, les mostró las cartas que le habían escrito desde la Ciudad de los Reyes, y asimismo le mandó a Mezcua que dijese lo que había oído a Gaspar Rodríguez y a los que venían con él. Noticias por las cuales cesó su deseo de volverse a las Charcas, y se calentaban los ánimos de los vecinos para que le eligiesen como Procurador General, para así defender que no se cumpliesen las leyes, y apelarlas ante Su Majestad".
     Esto hace que Cieza, y no sin razón, reflexione sobre la enorme trascendencia que pueden tener algunas pequeñas casualidades: "Por esto el lector puede ver cuán frágil y deleznable es este mundo, pues tantos cambios hay en cada hora que en él vivimos. Estando Gonzalo Pizarro con voluntad de volverse, e los del Cuzco sin ninguna de aceptarle como procurador, ni darle ningún otro cargo, llegaron para alterar la ciudad los vecinos que venían de Lima, cuando él, con codicia de mandar, deseaba que le dieran tal mando, que pudiese, como superior de todos, ir a la Ciudad de los Reyes a echar de ella al virrey, y después, en virtud de una clásula del testamento del Marqués, su hermano, hacerse aceptar como gobernador. Y así, extendida la fama en Perú de que los del cabildo habían nombrado procurador a Gonzalo Pizarro, alegráronse por todas partes. Dichosos aquellos que, con habilidad, pudieron dejar de seguir las banderas de este tirano. Cuando estábamos metidos en los espesos cañaverales de Quimbayá (por donde andaba Cieza de campaña), nos llegó hasta allá este furor y nos hizo comprender cuán crueles son las guerras civiles".
     Los ya asustados vecinos del Cuzco, se colmaron de rabia con lo que contaban los que habían llegado de Lima, especialmente porque aseguraban que el virrey, quien, a lo largo de su viaje, iba aplicando las Leyes Nuevas, estaba decidido a hacerlo en todo el Perú. Los recién venidos (recordemos que eran también vecinos del Cuzco) decían abiertamente que los de Lima deberían apresar al virrey si no cambiaba de actitud. Todo se ponía a favor de los deseos de Gonzalo. Tuvo, además, la suerte de que le dieran los vecinos un primer cargo importante por una emergencia. Casualmente, se rumoreaba que Manco Inca iba a intentar apoderarse del Cuzco, y lo nombraron a Gonzalo Capitán General para el posible enfrentamiento. Lo cual tuvo un ventaja añadida, porque había que reclutar una tropa y ese refuerzo le serviría también para enfrentarse al virrey, si fuera necesario.

     (Imagen) Cieza nos presenta a Villacastín como uno de los hombres de confianza de Gonzalo Pizarro, pero escasean los datos sobre su biografía. Siguiéndole la pista, me sorprende que hablen de él en una revista francesa (para vergüenza nuestra) de estudios hispánicos llamada e-Spania. Resumo lo que cuenta sobre nuestro hombre. Se llamaba FRANCISCO DE VILLACASTÍN. Nació probablemente en Villacastín (Segovia). Cuando Diego de Almagro el Viejo, vuelto de Chile, cercó la ciudad del Cuzco con los pizarristas dentro (y pronto la ocuparía), ya estaba Villacastín bajo el mando de Hernando Pizarro, así que, si ahora le vemos con Gonzalo Pizarro, quiere decir que, casi con seguridad, estuvo luchando bajo el mando de Vaca de Castro en la batalla de Chupas, en la que derrotaron y ejecutaron a Diego de Almagro el Mozo. En ese cerco del Cuzco, estaban los pizarristas tan desesperadamente hambrientos, que Hernando Pizarro mandó salir a algunos de sus hombres, entre ellos Villacastín, en busca de alimentos. Pero la aventura era muy arriesgada. Fueron atacados por los almagristas, y a él lo dejaron sin conocimiento de un golpe en la cabeza. El cronista Garcilaso de la Vega cuenta que, tiempo atrás, había tenido un incidente menos heroico. Lo había anotado alguien en un libro del cronista Gómara. Ocurrió muchos años antes en la selva panameña, lo que prueba la antigüedad de Villacastín como conquistador. Los monos tiraban piedras desde los árboles, y una le quebró dos dientes a Villacastín, casi al mismo tiempo de que lo abatiera con su ballesta. FRANCISCO DE VILLACASTÍN y Gonzalo Pizarro murieron juntos en 1548, tras salir derrotados en la batalla de Jaquijaguana. Tuvo otra peculiaridad: se casó con una india de la nobleza inca, Marca Chimpu Yupanqui, y, atraído por aquella cultura, llegó a dominar el idioma quechua. En las dos cosas coincidió con alguien del que hablaré en la próxima imagen.



viernes, 10 de enero de 2020

(Día 1001) Cieza hace un elogioso retrato de Diego Centeno, sin ocultar sus defectos. Gonzalo Pizarro, desmoralizado, estuvo a punto en el Cuzco de abandonar su empresa.


     (591) Los del cabildo de Lima no perdían la esperanza de que el virrey moderara su actitud con respecto a  la ejecución de las Leyes Nuevas, y querían que nadie se precipitase con reacciones violentas. Con esa intención, alarmados por el clima de protesta que había en el Cuzco, le enviaron allá con un mensaje de tranquilidad a Diego Centeno, a quien le pillaba de paso aquella ciudad en su vuelta a la villa de La Plata. El virrey dio, muy contento, su aprobación, y le entregó a Centeno, para los del Cuzco, una copia de las Leyes Nuevas y de los poderes que le había dado el Rey.
     Cieza no suele hablar de la trayectoria personal de los protagonistas de estas historias, salvo en casos muy especiales, aunque siempre con brevedad. Ahora lo hace refiriéndose a Diego Centeno (al que ya me he referido muchas veces), y eso bastaría para reconocerlo como un gan capitán, a pesar de que Cieza no oculta sus defectos: "Puesto que, en lo de adelante, hemos de hacer gran mención de Diego Centeno por las altas cosas que emprendió, aunque acabaron la mayoría infelizmente y con desgracia por algún secreto juicio de Dios, diremos ahora su naturaleza y quiénes eran sus padres. Era un hijodalgo natural de Ciudad Rodrigo. Su padre se llamó Hernando Carveo, y su madre, Marina de la Vera. Tenía el cuerpo no muy alto, su rostro, blanco y alegre, la barba rubia y nobles condiciones. Le consideraron poco liberal con su hacienda, y de la del Rey gastó mucho, atribuyéndosele algunos vicios generales que los hombres de las Indias tienen con soltura. También le censuraban por algunos afectos naturales, aunque los malos y envidiosos nunca dejan de hallar defectos en los buenos y virtuosos. Pasó a estas partes de las Indias con edad de veinte años. Tuvo gran afinidad con el capitán Peransúrez y con otros caballeros de este reino". Como cuenta Cieza, es verdad que Centeno sufrió duras derrotas, pero terminó triunfando brillantemente, aunque tuvo la fatalidad de fallecer, de muerte natural, poco después.
     No estaba muy contento Gonzalo Pizarro en el Cuzco: "Cuando llegó a la ciudad, aunque le visitaban Alonso de Toro, Villacastín y Tomás Vázquez con algunos otros, mostrándole su apoyo y diciéndole que eran sus fieles amigos, había en todos un gran deseo de no cumplir lo que él quería, porque sabían qu el virrey estaba ya en la Ciudad de los Reyes y no les parecía que fuera cordura oponerse al mandato real. Viéndolo Pizarro, muy triste y algo enojado decía que había sido un necio al dejarse llevar por lo que le decían en cartas, y mandó enseguida que viniesen indios para preparar su salida del Cuzco. Y, así, cuentan que todo su fardaje salió. Y estando su persona a punto de hacer lo mismo, llegó Gómez de Mezcua, quien se había encontrado con Gaspar Rodríguez de Camporredondo, con Bachicao y con otros, que venían abrasando la tierra y echando de sí palabras feísimas contra el virrey y sus ordenanzas,  los cuales, cuando supieron que el capitán Gonzalo Pizarro estaba en el Cuzco, recibieron un grandísimo placer".

     (Imagen) El capitán TOMÁS VÁZQUEZ tuvo una línea continua de fidelidad a los Pizarro, pero, por eso mismo, en algunos momentos quebrantó la lealtad a la Corona. El texto de la imagen deja claro que ya estuvo al lado de Francisco Pizarro en Cajamarca. Un testigo confirma literalmente que "fue uno de los primeros descubridores y conquistadores de este reino, y en la conquista sirvió mucho a Su Majestad, principalmente en Cajamarca, en la prisión de Atahualpa, señor de estos reinos". Años más tarde, el también sometido emperador Manco Inca se quejó de que los soldados que lo tenían preso, entre ellos Vázquez, lo maltrataron y de que, además, 'lo mearon'. En la batalla de Chupas, luchó al lado de Vaca de Castro, pero era lógico, porque Vázquez permanecía pizarrista. Pero, por continuar siéndolo, se enfrentó al virrey Blasco Núñez Vela. De ahí que su viuda, Brianda de Acuña, lo demandara por tener responsabilidad en su asesinato. Sin duda, también luchó contra Pedro de la Gasca, el representante del Rey, pero es muy probable que se pasara a su bando en el último momento, pues no fue castigado. No obstante, algo le inclinaba a la rebeldía: poco tiempo después actuó como hombre importante al servicio del último de los sublevados. Así lo confirma otra viuda, que presentó una demanda porque "su marido murió a manos de Tomás Vázquez, capitán de Francisco Hernández Girón". Y el cronista Inca Garcilaso nos explica cómo, en el último momento, Vázquez pegó el cambiazo en medio de la batalla. Resumo sus palabras: "Se hizo una escaramuza pequeña, pero de mucha importancia, porque el capitán Tomás Vázquez y unos doce amigos suyos se pasaron a los de Su Majestad. Los oidores (estaban al mando porque no había virrey) y todo el ejército recibieron grandísimo contento por ver perdido al tirano Francisco Hernández Girón y acabada su desvergüenza, pues Tomás Vázquez era el pilar más principal que le sustentaba, y, faltando él, no había que hacer caso de todos los demás".



jueves, 9 de enero de 2020

(Día 1000) Llegó el virrey a Lima dando la falsa impresión de que iba a ser tolerante en la aplicación de las Leyes Nuevas, pero no cesaban los rumores de que su intención era ser implacable.


     (590) Ya cerca de Lima, el virrey había hecho noche. Cuando finalmente llegó, salieron a recibirle las autoridades, y se adelantó el factor Illán Suárez suplicándole en voz alta, pero con con humildad, que respetara los privilegios y libertades que ya tenían, y el virrey le replicó que prometía guardarlos, pero conforme a los deseos de Su Majestad: "Se dijo misa, y, acabada, le llevaron a la casas del fallecido marqués don Francisco Pizarro, y luego los alcaldes y regidores fueron a reunirse en cabildo para tratar sobre lo que habían de hacer. El virrey, como el secretario Pedro López era muy bien querido en el reino, le había mandado que fuera con las provisiones reales al Cuzco, para notificárselas al cabildo y a los vecinos".
     Los del cabildo de Lima le pidieron al tesorero Riquelme ("pues era tan docto" dice Cieza) que hablara con el virrey para suavizar la situación. Aunque tenía que trasladarse en una silla por sus achaques de gota, se prestó a ello. Le habló al virrey (que se alegró de verlo) de la preocupación de todos los vecinos, y le respondió de manera aparentemente tolerante: "Le dijo alegremente que no dudaba de la lealtad que debían a su Rey tantos caballeros como había en aquella ciudad, que fuese a reposar, y que él aguardaría a los oidores, se fundaría la Audiencia y se ordenaría lo que más conviniese al servicio de Su Majestad y al bien y la paz de las provincias. El tesorero partió muy alegre con la buena respuesta (al menos prometía el virrey no hacer nada hasta la llegada de los oidores), dio cuenta de ello a los del cabildo, y todos se alegraron, y dijeron que estaría bien enviar mensajero a la ciudad del Cuzco para que no hubiese ningún alboroto, haciéndoles saber la buena noticia de lo que el virrey deseaba hacer por todos".
     El virrey tuvo más visitas: "Diego Centeno y Pedro de Hinojosa, alcalde y regidor de la villa de La Plata, se acercaban a la Ciudad de los Reyes para cumplir lo que les habían mandado los vecinos. Les acompañaba Lope Martín, vecino del Cuzco, y supieron que, tras salir de la Ciudad de los Reyes Gaspar Rodríguez, Bachicao y otros, habían contado cosas del virrey que no eran justas hablar de tal varón, y dicho que ejecutaba las ordenanzas y les quitaba los indios a los que habían sido tenientes. Al enterarse, Pedro de Hinojosa y Diego Centeno, como ya se habían visto con el capitán Gonzalo Pizarro y sabían que pensaba ir al Cuzco, decidieron que Pedro de Hinojosa se volviese para darle aviso de todo, y Diego Centeno prosiguiese con Lope Martín hasta la Ciudad de los Reyes. Llegado Diego Centeno a la ciudad, fue recibido por el virrey con gran amor". Es importante tomar nota de que, en aquellos momentos, el gran Diego Centeno formaba parte de los leales a Gonzalo Pizarro. Más tarde, luchará contra él, pero, cuando Gonzalo estuvo preso y poco antes de que lo ejecutaran, Diego le mostró claramente con su trato que, en el fondo de su corazón, seguía respetándolo y queriéndolo como un viejo amigo.

     (Imagen) Vemos ahora que  Diego Centeno, Pedro de Hinojosa y el capitán LOPE MARTÍN están actuando como amigos de Gonzalo Pizarro en perjuicio del virrey Núñez Vela. Diego Centeno se revolverá pronto contra Gonzalo, y los otros dos lo harán muy tardíamente, tras haberle sido fieles hasta la parte final de la guerra de Jaquijaguana, momento en el que se pasaron al bando del gran Pedro de la Gasca. Es de suponer que Lope Martín lo abandonara un poco antes que Hinojosa, porque tuvo un dramático incidente con el siniestro Francisco de Carvajal. Todavía se cuenta en Perú cómo ocurrió. Enterado Gonzalo Pizarro de que oficiales de su tropa se estaban uniendo a la de Pedro de la Gasca, le encargó al capitán Juan de Acosta que fuera a reducirlos con un poderoso grupo de arcabuceros y jinetes. Acosta, a su vez, le confió al alférez Jerónimo de Sosa varios hombres para explorar la situación, y el resultado fue que Jerónimo y todos los que llevaba consigo se unieron al enemigo. Francisco de Carvajal no pudo digerir la traición, de manera que hizo investigaciones. Enterado de que Lope Martín le había regalado un caballo a Sosa, lo consideró como indudable colaborador, y, sin más, lo condenó a muerte. Don Antonio de Ribera, pariente de los Pizarro y muy amigo de Lope, le suplicó piedad a Gonzalo Pizarro, y consiguió su perdón. Fue raudo adonde Carvajal. Le dijo que Lope había sido indultado, y se le echó a reír porque ya era tarde. Lo que no sabía 'la bestia' era que el primer giro de garrote lo falló el verdugo, y Ribera tuvo tiempo de que no aplicara el segundo. Con su sarcástico humor negro, Carvajal dijo: "¡Vaya pescuezo tan duro! Este pícaro debería desbautizarse, para llamarse en adelante hijo de la dicha".  LOPE MARTÍN aún vivía el año 1551, pues lo confirma el documento de la imagen, en el que se aporta un dato impresionante: estaba en España y le dieron permiso para llevar a las Indias ¡500 esclavos negros!



miércoles, 8 de enero de 2020

(Día 999) Salió gente de Lima para recibir al virrey, el cual se mostró ambiguo con respecto a la aplicación de las Leyes Nuevas. Muchos vecinos no se fiaban, y temían que hubiera otra guerra. Los oidores fueron especialmente desconfiados.


     (589) Los del cabildo de Lima nombraron al licenciado Rodrigo Niño como representante suyo para que le requiriese al virrey que suspendiera las Leyes Nuevas mientras Su Majestad no mandase otra cosa. Llegó luego el capitán Diego de Agüero enviado por el virrey, y, al saber de los requerimientos que habían preparado, les dijo que no tenían necesidad de mandárselos, por lo que se aliviaron algo. Eso es lo que cuenta Cieza, y habrá que entenderlo como que los del cabildo pensaron que quizá el virrey estuviera dispuesto a transigir.
     Salieron, pues, las autoridades de Lima a su encuentro. Entre ellas estaban el obispo Jerónimo de Loaysa (Cieza añade que antes lo había sido de Cartagena de Indias), Vaca de Castro, Illán Suárez, el capitán Juan de Saavedra, Pablo de Meneses y Juan de Salas: "Recibieron muy bien al virrey, quien se mostró contento por ver al obispo. Hubo ciertas pláticas entre el virrey y el obispo sobre lo de Vaca de Castro, al cual le mostró gran voluntad. Llegó el factor Illán Suárez de Carvajal y le dijo al virrey que le dejara besarle las manos, el cual se alegró, le abrazó, porque le conocía de la Corte de España, y le dijo, según se cuenta, que lo único que le pesaba era no poderle hacer ningún bien. El factor se demudó al oír tales palabras". Habrá que deducir que se refería a que iba a aplicar las leyes con todo rigor. Ya antes el virrey le había contestado con azucaradas evasivas al obispo, quien, recogiendo el deseo general, le había suplicado lo tantas veces repetido: que suspendiera la aplicación de las ordenanzas.
     El caso es que, cegados por el deseo de un buen final, algunos creyeron que el virrey iba a ser comprensivo: "También Lorenzo Estopiñán había salido a recibir al virrey, y, creyendo ver en él voluntad para no ejecutar las leyes hasta que llegasen los oidores, dio la vuelta a la ciudad para dar la noticia, y lo mismo hicieron otros. Mas, aunque lo afirmaban, no dejaba de haber gran tristeza en el ánimo de todos, adivinando que la entrada del virrey en Perú había de causar grandes males, y que la guerra que se iba a encender de nuevo había de ser peor y más larga que las pasadas, porque se levantaba por causa más importante y pesada que las otras". Todo ello indica que el perjuicio que iban a traer las Leyes Nuevas a los encomenderos tenía una repercusión social mucho más intensa que los pasados conflictos entre pizarristas y almagristas, siendo, además, evidente en los de ahora su caráccter  de rebelión contra el Rey.
     Los del cabildo de Lima estaban desmoralizados: "Como no se alegraban de la venida del virrey, no se habían ocupado en preparar el recibimiento que se le debía al cargo tan preeminente que traía por mandato del Rey. Trajeron un palio del templo y se juntaron los alcaldes y otras personas importantes de la ciudad (cita a varias que ya conocemos, y dice que el tesorero Riquelme no asistió por estar enfermo de gota).  Toda la ciudad estaba triste y llorosa, por saber cuán en breve habían de ser ejecutadas las leyes. Los regidores y alcaldes, acompañados de mucha gente, llegaron hasta el río, nostrando de cara al público mucho regocijo por la venida del virrey".

     (Imagen) Nos ha mencionado de pasada Cieza al dominico sevillano FRAY DOMINGO DE SANTO TOMÁS, quien, como otros muchos religiosos, fue extraordinario a su manera. No eran hombres de armas, pero su valentía estuvo a la altura de los más decididos conquistadores. Dejaron como aportación en aquellas tierras de las Indias el mensaje evangélico, mucha cultura y la defensa de los nativos. Fray Domingo fue sobresaliente en todo ello. Se preocupó de estudiar la lengua quechua para la evangelización directa de los indios, y de que los demás religiosos también lo hicieran así, elaborando para ello un diccionario del idioma nativo. Cieza, que lo trató personalmente, lo calificó como varón de gran doctrina y santidad, y añadió: "Es uno de los que más saben de la lengua de los indios, y ha estado entre ellos adoctrinándolos". Siempre fue su gran defensor, siguiendo la línea de Bartolomé de las Casas, y logrando incluso que pudieran ejercer libremente sus derechos en los tribunales. Reclamó sin descanso que se respetaran los límites de los impuestos aplicados a los indios. Y le escribió dramáticamente al Rey: "Pues esta pobre gente, si les exigían mil, mil habían de dar, y, para ello, quemaban a los caciques y les echaban los perros". En su afán de mejorar la situación de los nativos, viajó a España el año 1556, exponiéndole a Felipe II la necesidad de que se suprimiera la perpetuidad de las encomiendas, puesto que las Leyes Nuevas solo toleraban que fueran heredadas por la primera generación, pero había abusos. Vuelto a Perú, y pasados seis años, le concedieron algo que se había ganado a pulso: el obispado de la ciudad de La Plata. En un principio, alérgico a las dignidades, no lo quiso aceptar, pero el arzobispo de Lima, fray Jerónimo de Loaysa, le hizo comprender que el bien común le exigía que abandonara esa actitud, y, finalmente, cedió. Allí murió FRAY DOMINGO DE SANTO TOMÁS el año 1570, con gran pesar de los vecinos y, especialmente, de los indios.



martes, 7 de enero de 2020

(Día 998) Cieza considera que la guerra civil fue más un castigo de Dios por los pecados y la mala vida de los españoles, que culpa del virrey.


     (588) Como ya vimos en una imagen anterior, DON ALONSO  DE MONTEMAYOR tuvo un comportamiento tan variable en las guerras civiles, que los almagristas, sospechando que los traicionaba, lo tuvieron preso Tres años. Ahora aparece muy simpático ante el virrey, pero no sabemos si de forma sincera. En cualquier caso, recordemos que, harto de tantos peligros y rivalidades, más tarde huyó a México. Oigamos a Cieza: "Don Alonso de Montemayor había venido (a Lima) desde la ciudad del Cuzco con el licenciado Vaca de Castro (el detallista Cieza ya no le llama gobernador), y, al saber que estaba cerca de la ciudad el virrey, le salió al camino. El virrey, por ser Don Alonso caballero tan principal, se alegró de que hubiese venido, y lo recibió muy bien, y supo de la salida que habían hecho de la Ciudad de los Reyes los vecinos del Cuzco, e incluso de las cosas que había hablado en la plaza Gaspar Rodríguez de Camporredondo. El virrey lo sintió grandemente, pesándole que tan fácilmente se hubiesen declarado contra lo que Su Majestad mandaba. Temía que fuera motivo de algún alboroto, porque ya sabía que le habían escrito cartas de todas partes al capitán Gonzalo Pizarro".
     Vuelve a insistir Cieza en que gran parte de la responsabilidad en lo que luego va a pasar, la tuvo el virrey por su implacable e inmediata imposición de las leyes. Pero luego llega a la conclusión de que fueron especialmente los pecados de los españoles y de los indios los que provocaron el castigo divino. Y menciona algo de la vida diaria que tuvo que ser muy frecuente: "Que nadie eche la culpa de las cosas que pasaron a la venida del virrey, sino a los grandes pecados que cometían las gentes que estaban en Perú, pues yo conocí a algunos vecinos que, con sus mancebas, tenían más de quince hijos, y muchos dejan a sus mujeres en España hasta veinte años y se están amancebados con una india que cumpla lo propio de su mujer natural. Y así como los cristianos y los indios pecaban grandemente, así también el castigo fue general".
     El clima de ansiedad en LIma era muy preocupante: "En la Ciudad de los Reyes, sabiendo que el virrey estaba cerca, había gran alboroto, y toda la ciudad se quería poner en armas. Los del cabildo dijeron a la gente que no se alborotase hasta que, entrado el virrey en la ciudad, se viese si aún quería ejecutar las leyes. E incluso, el arzobispo de la Ciudad los Reyes (Jerónimo de Loaysa, que ya lo era cuando escribía Cieza, año 1549) me dijo que el alcalde, Alonso Palomino, el tesorero, Alonso Riquelme, y el veedor, García de Saucedo, le fueron a hablar para que saliese con ellos a recibir al virrey, y a requerirle que no ejecutase las ordenanzas, a lo cual respondió que saldría a recibirle, pero que no le requeriría nada".
     Habla Cieza también de otros rumores más sensacionalistas, como el de que algunos, con la implicación de Vaca de Castro, hablaron de la posibilidad de envenenar al virrey, pero dice que tanto Loaysa como fray Domingo de Santo Tomás (mucho más tarde obispo de La Plata), le afirmaron que algo pudo haber, aunque entonces no se enteraron de nada. Y termina añadiendo: "Soy largo en esto porque anda derramado entre el vulgo, pero lo cierto es que algo se trató entre algunos, más con ánimos airados y por serles el nombre del virrey tan aborrecible, que por deseo de no servir al Rey".

     (Imagen) El toledano ALONSO DE CÁCERES Y RETES fue un hombre muy ambicioso y luchador. Ya había estado peleando en Europa, pero le sedujo el brillo de las campañas de las Indias, adonde llegó con Pedrarias Dávila el año 1514, lo que hace suponer que nació a finales del siglo XV. Estuvo al servicio de dos gobernadores en zona colombiana. Primeramente, con García de Lerma, quien, desconfiando de él por su ambición de poder, lo desterró de la demarcación de Santa Marta, lo que le llevó a ponerse al servicio del gobernador Pedro de Heredia en Cartagena de Indias. Previamente, le había enviado al Rey un escrito de acusaciones contra Lerma. También terminó descontento con Heredia, y se fue a Yucatán (México) en la expedición de Francisco de Montejo. A pesar de que ya era un hombre rico, se trasladó después a Perú, ansioso de mayor gloria y riqueza. Murió en Arequipa el año 1562, tras haber luchado en las guerras civiles respetando siempre la fidelidad al Rey. Le traigo ahora a colación porque protagonizó una peligrosa aventura en compañía de JERÓNIMO DE LA SERNA, a quien hemos visto morir injustamente en la imagen anterior a manos del virrey Blasco Núñez Vela. Cuando vivieron su peripecia, estaban los dos, Cáceres y De la Serna, sirviéndole al virrey. Alonso de Cáceres, concretamente, huyendo del Cuzco porque llegaba el rebelde Gonzalo Pizarro, fue a Arequipa. Allí se encontró a Jerónimo de la Serna, y, después de apoderarse de dos navíos que eran de Gonzalo, se los entregaron al virrey Núñez Vela en Lima. Poco después y en la misma ciudad, el virrey fue desposeído y encarcelado por Gonzalo, y tanto Cáceres como De la Serna salvaron la vida de milagro. Resulta patético que más tarde el virrey matara a JERÓNIMO DE LA SERNA por considerarlo un traidor. La imagen nos muestra que, años atrás, en 1529, también Jerónimo estuvo en Santa Marta, y ejercía como Escribano Público por nombramiento del Rey.



lunes, 6 de enero de 2020

(Día 997) Había letrados que le aseguraban a Gonzalo Pizarro que tenía derecho a rebelarse, y él simulaba que no quería ser gobernador. El virrey se iba acercando a Lima.


     (587) El licenciado León no solo  se alió con Gonzalo Pizarro, sino que, además, sirviéndose de su prestigio como letrado, se atrevió a defender como justa su causa: "Afirmaba también que, por leyes y derechos, Gonzalo Pizarro podía, con título de Procurador General, ir a apelar las Ordenanzas, aunque fuese con mano armada, para defenderse él y los que con él fuesen, si el virrey los quisiese prender. Con los dichos de este letrado y de otros que aseguraban lo que él decía, muchos simples siguieron a Pizarro, y les costó después perder las vidas y haciendas, y quedar como traidores. Y quiero añadir que los vecinos del Cuzco y de la Ciudad de los Reyes solo deseaban que el Rey suspendiese las Leyes Nuevas. Si, en lugar de  escoger a Pizarro como procurador, hubieran nombrado a tres o cuatro conquistadores cuerdos, para que le pidieran al virrey la apelación con mucha humildad, nunca habrían acabado como acabaron. Pero, siendo ellos las ovejas, escogieron al lobo para ser su guardián".
     Después pone ejemplos históricos de cómo los pueblos que dieron el poder a ambiciosos caudillos acabaron mal. Recojo solamente el último que menciona: "En son de libertad peleaba Pompeyo, César decía lo mismo, y Octavio y Marco Antonio, y quedaron ellos como señores, y, quienes les siguieron, los unos muertos, y los otros vasallos". Y aplica la moraleja al Perú: "Los del Cuzco y Lima querían que fuese Pizarro su procurador, y que aventurara él la vida y la honra por la libertad de ellos, olvidando su importancia, que era hermano de Hernando Pizarro, el otro movedor de las guerras pasadas, y que muchos le oyeron decir, después de salir (fracasado) de la campaña de la Canela, que el Rey no le quería bien, pues no le había dado el gobierno de la provincia que dejó el Marqués a su muerte. Además, muchas veces dijo que había de gobernar aunque pesase a todo el mundo. Desde que se supo que llegaba el virrey, le escribían cartas a Gonzalo Pizarro para que tomara el mando, y él se tuvo ya entonces por gobernador, aunque fingidamente lo disimulaba, diciendo que solo deseaba el bien común de todos e su descanso, pues harto tenía para poder vivir".
     Veamos por dónde andaba el virrey: "Salido, pues, de la ciudad de Trujillo, el virrey Blasco Núñez Vela se venía acercando a la Ciudad de los Reyes,  con gran deseo de verse en ella y teniendo por cierto que, con su presencia, se amansarían los bullicios que por todas partes había. De la ciudad salieron dos hombres bien cautelosos, llamados Antón de León y Juan de León, que habían sido ofendidos por Vaca de Castro, y, por ganar el favor del virrey, iban a darle cuenta de lo que pasaba. En el pueblo de La Barranca, se encontró el virrey con el secretario Pedro López (nunca lo indica Cieza, pero era pariente cercano suyo), quien le dio cuenta de lo que Vaca de Castro le mandó. Dicen que el virrey escuchaba las cosas de Vaca de Castro con prevención, pues lo tenía por hombre de mucha codicia".

     (Imagen) RODRIGO DE OCAMPO formaba parte de los hombres que se unieron de inmediato a Vaca de Castro. Nacido en Zamora el año 1476, Residió con Belalcázar en Quito, donde fue regidor permanente del cabildo municipal. También pasó algunos años en Pasto (actual Colombia). Por allí andaba Lorenzo de Aldana, enviado por Francisco Pizarro para que evitase una rebelión de Belalcázar, pero el sospechoso se había ido a España para que el Rey le concediera aquella gobernación. Viendo la valía de Ocampo, fue nombrado por Aldana, en nombre de Pizarro, Teniente de Gobernador en Pasto. En el fondo de su cotazón, la fidelidad de Ocampo se inclinaba hacia Belalcázar, y, cuando este volvió de España con los nombramientos del Rey, los acató inmediatamente. También Belalcázar apreciaba sus grandes cualidades, por lo que le respetó su título de Teniente de Gobernador, pero no en nombre de Pizarro, sino en el suyo propio. Ocampo tenía, además, sentido práctico, y estableció en Pasto el primer molino de trigo de lo que hoy es Colombia. Más tarde se trasladó de Pasto a Quito de nuevo, pero entonces andaba rebelado Gonzalo Pizarro. Demostrando lealtad a la Corona, Rodrigo de Ocampo se alistó en las tropas del virrey Blasco Núñez Vela, ejerciendo el importante cargo de Maestre de Campo. Llegó la batalla de Iñaquito, y, antes de ser asesinado, el virrey retrocedía desesperado porque veía próxima su derrota. Atormentado por brotes de paranoia, sospechaba que algunos soldados le estaban traicionando. Mató por ello a dos capitanes, Jerónimo de la Serna  y Gaspar Gil. Pero también lo hizo, sin base suficiente, con RODRIGO DE OCAMPO, quien, cosa admirable, ya era septuagenario. Diez años después, en 1556, sus hijos, Alonso y Rodrigo, curiosamente todavía menores de edad, reclamaban los muchos bienes en oro, plata y otras cosas que dejó su padre al morir.



sábado, 4 de enero de 2020

(Día 996) Vaca de Castro tuvo pasajeramente la tentación de coquetear con Gonzalo Pizarro para desbancar al virrey. Por su parte, Gonzalo tuvo un breve desánimo, pero recuperó su deseo de enfrentarse al virrey.


     (586) Fue entonces cuando, según se rumoreó, Vaca de Castro se dejó seducir (pasajeramente) por la idea de recuperar el poder absoluto: "Algunos afirman que Vaca de Castro le dijo en gran  secreto a Gaspar Rodríguez que fuese a la ciudad del Cuzco y que se pusiese de acuerdo con Gonzalo Pizarro para oponerse al virrey. También dicen que hubo cierta trama entre Vaca de Castro y los vecinos para que, figurando  como autor Gonzalo Pizarro, y creyendo que después le sería cosa fácil hacerle volver a su casa desistiendo de lo que había comenzado, todos los del cabildo  reconocerían de nuevo a Vaca de Castro como Gobernador. Partió hacia la ciudad del Cuzco Gaspar Rodríguez de Camporredondo acompañado de Hernando de Bachicao y Beltrán del Conde. También salieron Diego de Maldonado y Pedro de los Ríos, pero por el camino de Los Llanos, con voluntad de ir a la provincia de Andahuaylas, por evitar los movimientos que creían que se habían de levantar, pues  ya los nublados estaban tan congelados, que de ninguna manera dejaría de venir al reino gran trabajo y calamidad".
     Hecho este paréntesis, vuelve Cieza a situarnos en las andanas de Gonzalo Pizarro, quien llegó al Cuzco simulando que "iba a poner todas sus fuerzas para el bien común, sin decir palabras que diesen a entender su mala intención y su tiránico pensamiento, que era apoderarse del reino. Los vecinos  ya sabían que el virrey se acercaba a la Ciudad de los Reyes, y que en casi todas las ciudades y villas del reino habían reconocido su autoridad. De manera que, deseando cuerdamente que en lo futuro  no sufriesen ningún daño por el levantamiento de Gonzalo Pizarro,  no solo acordaron no apoyarle, sino que pocas veces le visitaban. Conociendo él cuán fríos estaban sus ánimos, se entristeció, y dijo que quería volverse a la zona de Charcas". No obstante, decidió esperar a tener más noticias de la Ciudad de los Reyes, mandando allá para tal fin a un criado suyo apellidado Mezcua.
     Pero Gonzalo Pizarro tuvo visitas que le animaron: "Llegó al Cuzco el licenciado Benito Juárez de Carvajal (recordemos que después tuvo mucho que ver con la muerte del virrey) hablando mal de las cosas del virrey, y de cuán riguroso se mostraba en la ejecución de las Leyes Nuevas, y, con su venida, se alegró en gran manera Gonzalo Pizarro. El licenciado De la Gama volvía también al Cuzco muy alegre, por haber salido de la Ciudad de los Reyes antes de que el virrey llegase, y muy enojado por las cosas que de él decían, por lo que aconsejaba a todos los que encontró por el camino que no fuesen a aquella ciudad y volviesen al Cuzco, porque la crueldad del virrey era grande. El licenciado León salió  asimismo de la Ciudad de los Reyes, dejando escrita una carta para el virrey, en la que le decía que no iba a hallarse en ninguna alteración,  ni en deservicio del Rey, pues iba a sus pueblos de encomiendas. Mas no lo cumplió, pues luego se fue al Cuzco, donde  mostró su alegría por estar allí Gonzalo Pizarro, y lo siguió de inmediato".

     (Imagen) El licenciado ANTONIO DE LA GAMA (del que ya hemos hablado) se comportó en las guerras civiles de manera desconcertante. Abandonó su fidelidad a la Corona, recuperándola más tarde. Otros datos de su forma de comportarse lo hacían antipático por su dureza (comenté que luego ejecutará sin piedad a Diego de Hoces), pero, el hecho de que el extraordinario obispo Fray Tomás de Berlanga lo admirara, da que pensar. Quizá fuera debido a que lo conoció cuando De la Gama tuvo grandes éxitos, porque hay que quitarse el sombrero ante los cargos que llegó a ostentar y lo bien que los desempeñó, actuando como letrado y como militar. El licenciado nació en Sevilla hacia el año 1495. Consta que en 1521 se casó en Puerto Rico (de donde fue gobernador ocho años después) con una hija del extraordinario conquistador Juan Ponce de León, que también había sido gobernador de la isla. En 1529 aparece como gobernador de Castilla del Oro (zona colombiana), donde conoció a Pizarro y a Almagro cuando partían para rematar el éxito de la conquista de Perú. Tuvo la visión profética de iniciar una carretera en Panamá que uniera los dos océanos, y un trato humano para los indios. La carta de la imagen la escribió Carlos V dirigida al obispo del Cuzco (el tantas veces mencionado fray Vicente de Valverde) y al licenciado Antonio de la Gama para que le informasen de las cosas que pasaron entre Hernando Pizarro y Diego de Almagro cuando este llegó al Cuzco (tras su campaña de Chile) y sobre qué personas fueron a saquear a Hernando y a otros que estaban con él. El documento es de abril de 1538, y lo que no imaginaba el Rey era que, en julio de ese mismo año, iba a ser asesinado Diego de Almagro. Siempre amigo de los Pizarro, Antonio de la Gama luchó en 1548 junto al rebelde Gonzalo Pizarro, pero, en el último momento, como otros muchos, se pasó al bando de Pedro de la Gasca. La cabeza de Gonzalo rodó, pero ANTONIO DE LA GAMA siguió viviendo, por lo menos, hasta el año 1560.



viernes, 3 de enero de 2020

(Día 995) Los vecinos del Cuzco, esperando que las intenciones de Gonzalo Pizarro fueran moderadas, lo recibieron muy bien. En Lima, iba creciendo el rechazo a la llegada del virrey. La lealtad de Vaca de Castro hacia el virrey era fingida.


     (585) Cuando llegó Gonzalo Pizarro al Cuzco, las autoridades de la ciudad esperaban que sus intenciones fueran moderadas: "Como Teniente de Gobernador de Vaca de Castro estaba García de Montalvo, el cual, junto a los alcaldes y regidores (solían ser dos y tres, respectivamente), cuando supieron que ya estaba cerca Gonzalo Pizarro, acordaron salir a recibirle con ánimos alegres, creyendo que  no pretendía más que ser Procurador General de Perú. Le hicieron un alegre recibimiento. Cuando ya se aposentó, muchos vecinos no le mostraban deseo de que respondiese por todos con mano armada, y otros, al contrario, le hacían grandes ofrecimientos, animándole a que siguiera adelante con lo comenzado".
     De repente, Cieza, sumergido en su inacabable historia, observa que se le ha quedado atrás un pequeño detalle, y lo incorpora disculpándose: "Basta que el lector entienda que ha sido un descuido mío". Para que 'el lector' no se líe, recordemos que Cieza nos contó que, cuando Vaca de Castro había llegado a la Ciudad de los Reyes, empezó a hablar de la 'resurrección' de Gonzalo Pizarro, pero se le olvidó olvidó añadir que muchos pensaban que lo que en realidad deseaba era seguir siendo gobernador.
     Tiene importancia su breve desvío porque aporta datos que ponen en entredicho la lealtad de Vaca de Castro a la Corona ya desde que estaba en la Ciudad de los Reyes: "Había gran alboroto  en la ciudad porque llegaban noticias  de que el virrey venía mostrando gran rigor en el cumplimiento de las Leyes Nuevas. Vaca de Castro, según cuentan, se alegraba mucho al oír lo que del virrey decían y de lo poco que le querían, y, fingidamente, en público lo aplacaba. Sería su intención decir más mal de él, mostrando a las provincias cuán pacíficas estaban antes de que el virrey entrase en ellas. Muchos vecinos hablaban lo mismo, mostrando tener voluntad  de irse de la Ciudad de los Reyes sin aguardar al virrey".
     Algunos amigos del virrey, que estaban en la Ciudad de los Reyes, le enviaron un mensaje a Trujillo para que fuera consciente de la situación: "Cuando lo supo, mostró tener alguna turbación, aunque no creía que hubiera un levantamiento, y decía que, si tuviera a su lado cincuenta avileses (él era de Ávila), le bastarían para pacificar todo el Perú, aunque quisieran tirar coces contra las Ordenanzas. Y luego dio orden de ir a la ciudad de los Reyes, aunque su hermano, Vela Ñúñez, estaba enfermo. Salieron de Trujillo con él el capitán Diego Álvarez de Cueto, su cuñado, el mismo Vela Núñez y los demás caballeros, con algunos vecinos de Trujillo y de Piura".
     "Pasadas estas cosas en la Ciudad de los Reyes, algunos vecinos de la ciudad del Cuzco que en ella estaban, pensando que el virrey ya habría salido de Trujillo y que era gran dificultad para ellos el cumplimiento de las leyes, les pareció que les sería fácil oponerse contra el virrey y volver a colocar en el gobierno a Vaca de Castro, con quien todos tenían gran amistad, especialmente Gaspar Rodríguez de Camporredondo".

     (Imagen) Veamos algo más sobre PEDRO ORTIZ DE ZÁRATE. Nació hacia el año 1500 en Orduña, la única población con categoría de ciudad que entonces existía en el Señorío de Vizcaya. Muchos familiares suyos hicieron historia en las Indias, como el gran Juan Ortiz de Zárate, del que ya hemos hablado. Pedro era Alcalde Mayor de Segovia cuando, en 1543, fue a Perú con el virrey Núñez Vela, llevando también consigo a su sobrino Juan de Garay, entonces casi un adolescente, quien años después estableció la fundación definitiva de Buenos Aires. Para Juan, Pedro fue como un padre, pues se ocupó de criarlo porque su madre, hermana de Pedro, lo trajo al mundo siendo soltera, aunque, tiempo después, se casó con alguien que lo legitimó. Siendo oidor de la Audiencia de Lima, se vio obligado a firmar lo que no quería, como vimos en la imagen anterior, pero un testigo, apellidado Polo, explicó en un relato que Ortiz de Zárate, al hacerlo, después de trazar una cruz, dijo: "Juro a Dios y a esta cruz que firmo esta provisión por miedo y para que no maten a los caballeros que están presos". Después pidió que le dieran una certificación de sus palabras. El clima de terror debía de ser insoportable, porque ya había tenido esa misma actitud cuando también firmó bajo amenazas el consentimiento de la boda de su hija con Blas de Soto, hermanastro de Gonzalo Pizarro. Hizo asimismo una cruz y dijo que cedía por tres motivos: por miedo, por miedo y por miedo. Expresión que se ha hecho tradicional en Perú como 'los tres motivos del oidor'. Blas, que estaba sinceramente enamorado, le pedía a Gonzalo que le presionara al oidor para que diera su conformidad. Se prestó a ello el irrepetible Francisco de Carvajal, haciéndole antes una advertencia campanuda e ingeniosa (algún dicho de la época): "El amor es el vino que antes se agría". Se dice asimismo que fue Carvajal quien se encargó de asesinar a PEDRO ORTIZ DE ZÁRATE, en 1547, dándole una 'medicina' para que se curara de una enfermedad que estaba padeciendo.



jueves, 2 de enero de 2020

(Día 994) Gonzalo Pizarro se dirige hacia el Cuzco. Muchos le apoyaron, pero, según Cieza, aunque tenía grandes cualidades, carecía de suficiente sensatez.


     (584) Muchos iban más allá, tratando de que Gonzalo Pizarro encabezara una revuelta violenta: "Venían cartas incitándole a que saliese con brevedad y tomase la empresa como suya, y, para que con más voluntad lo hiciere, escribíanle que a él mismo, y a todos los que se habían hallado en las alteraciones pasadas, mandaba el virrey cortar sus cabezas y quitarles las haciendas". Cieza insiste otra vez en que  Gonzalo (a quien  no le negaba muchos méritos) era torpe: "Vistas estas cosas, Gonzalo Pizarro, quien, como dije, era hombre de poco saber, sin mirar que era locura oponerse contra los ministros del Rey, concibió  en su pecho acercarse a la ciudad del Cuzco, donde tenía amigos muy fieles, para ver con ellos qué le convenía más. Recogió toda la plata que tenía, que era gran cantidad, y salieron con él hasta catorce hombres, todos criados suyos, y un hermano suyo que tenía por nombre Blas de Soto".
     Envió Gonzalo Pizarro a un soldado apellidado Bazán con la misión de enterarse por dónde andaba el virrey. Pocos días después, Bazán comprobó que estaba ya muy cerca de Trujillo, y volvió con la noticia. "Cuando Gonzalo Pizarro llegaba al lago Titicaca, se encontró con el capitán Francisco de Almendras, quien, juntamente con dos mancebos sobrinos suyos llamados Diego de Almendras y Martín de Alendras, venía a juntarse con él. Cuando se vieron, Gonzalo Pizarro y él mostraron gran contento, porque tenían gran amistad desde el tiempo de la conquista de Perú". Ya les dediqué un apartado a los tres. Francisco de Almendras salió mal parado pronto, pues será apresado y ejecutado por Diego Centeno, el gran capitán que se mantuvo fiel al Rey.
     Según avanzaba Gonzalo Pizarro hacia el Cuzco, se unieron a su grupo muchos descontentos, algunos por miedo a perder gran parte de lo que tenían si se aplicaban las Leyes Nuevas, y otros, deseosos de que ocurrrieran alteraciones, para así mejorar su situación, "porque barruntaban la guerra y aborrecían la paz, para poder robar a su gusto y usar de lo ajeno como propio". Cita nombres de varios, de mayor o menor renombre, que apostaron por Gonzalo: "Gómez de León, Noguerol de Ulloa y Hernando de Torres, vecinos de Arequipa, un soldado llamado Francisco de León, Martín Monje, que siguió la guerra harto  tiempo, y ahora es vecino de la Plata, Alonso de Toro (a quien también conocemos), Francisco de Villacastín, Tomé Vázquez y otros vecinos del Cuzco. Todos, muy alegres, se ofrecían a Gonzalo Pizarro, mostrando estar prontos para todo lo que les mandase, y él, neciamente, les agradecía la voluntad que le mostraban. También dicen que habló palabras feas en deservicio del poderoso Emperador, nuestro señor, que no poca lástima es pensar en ello".
     Eran muchos los que le salían al paso a Gonzalo Pizarro animándole a que encabezara la oposición al cumplimiento  de las Leyes Nuevas, pero hubo excepciones: "Encontró en la provincia de Collao a Juan Ortiz de Zárate (ya le dediqué una imagen), y le animó a que fuese con él al Cuzco, pero le respondía hábilmente, sin querer seguirle, pues, conociendo las desvergonzadas palabras que se decían de él, y a los que le seguían, sabía que no llevaba buena intención ni leal propósito".

     (Imagen)  Nos dice Cieza de pasada que Gonzalo Pizarro tenía un hermanastro llamado BLAS DE SOTO, lo cual es muy poco conocido. Apenas hay datos suyos, pero he encontrado algo muy curioso. Veremos en su día que los oidores de la Audiencia de Lima, que ya de por sí le tenían un odio acérrimo a Blasco Núñez Vela, eran presionados por Gonzalo Pizarro para que lo destituyeran como virrey, lo encarcelaran y lo enviaran preso a España, y luego le nombraran a él Gobernador de Perú (y así lo intentarán, aunque el virrey conseguirá escapar). Había, al menos, un oidor, el de más edad y el de mayor experiencia, que se oponía rotundamente a la destitución del virrey y a nombrar gobernador a Gonzalo Pizarro, porque era una clara rebeldía contra la Corona. Se trataba del licenciado Ortiz de Zárate. Le presionaron de mil maneras para que claudicara. Incluso, Pizarro logró que Ana de Salazar, hija de Ortiz de Zárate se casara con BLAS DE SOTO, el hermanastro suyo, con la intención de tener mayores posibilidades de presionar a su padre. Hubo boda, pero ni así les resultó fácil conseguir su objetivo. El día 28 de febrero de 1547, el brutal Francisco de Carvajal, en su peculiar estilo, le escribió a a Gonzalo diciéndole, entre otras muchas cosas: "El capitán Blas de Soto, que sea en gloria, murió en el Cuzco de muerte natural sirviendo a vuestra señoría. Su mujer parió hace tres días un hijo muy galán. Vuestra señoría concierte la manera en que han de servirse de su repartimiento de indios, de tal manera que, aunque la madre y el hijo lo aprovechen, no participen de bien ninguno los malvados viejos, al menos el padre, porque querría vernos hechos pedazos". Esta última frase de Carvajal denota que odiaba ferozmente al LICENCIADO ORTIZ DE ZÁRATE, a quien lo envenenaron en Lima el año 1547, es decir, poco después de que escribiera la carta Carvajal.