viernes, 23 de noviembre de 2018

(Día 683) Almagro, que había acordado con Hernando Pizarro esperar la opinión de Francisco Pizarro, se deja convencer por sus hombres y, con su superioridad de fuerzas, se apodera del Cuzco, apresando a Hernando y Gonzalo Pizarro. Al Cabildo de la ciudad (alcaldes y regidores) no le queda más remedio que aceptarlo como Gobernador y Capitán General.


     (273) Se inicia así ‘el baile’ al son que cada uno va a  querer dar a las provisiones del rey. No eran lo suficientemente precisas, pero ninguno de los dos bandos cederá. Empezó un tira y afloja, con apariencias de respetar la legalidad y aceptar lo que fuera justo. Pero, aunque trataban de ampararse en la ley para ser bendecidos por la Corona, estaba decidido por ambas partes quedarse con el Cuzco a cualquier precio. Recordemos que, cuando la tensión llegó a un punto extremo, Almagro y Hernando Pizarro acordaron tomarse un respiro estableciendo una tregua en las reclamaciones hasta saber lo que el gobernador Pizarro opinaba al respecto. Almagro, tras oír a sus capitanes, que le hicieron ver que con ese compromiso había caído en una trampa de Hernando Pizarro, tomó la imprudente decisión de entrar por la fuerza en el Cuzco. Así lo hizo con su poderoso ejército, muy superior a la escasa tropa de su enemigo. Apresó, entre otros, a Hernando y Gonzalo Pizarro. Como ya comenté en su momento, este simple acto dañó por completo la imagen de Almagro, quitándole gran parte de valor a sus justas quejas contra los abusos que venía padeciendo por parte de los Pizarro. Y lo que es peor: al tomarse la supuesta justicia por su mano (rompiendo además una tregua pactada) se convirtió en el culpable del inicio de las guerras civiles. De forma insensata y creyendo que así lograba el máximo esplendor para su gobernación, abrió la caja de Pandora.
     Como ya vimos anteriormente, para Almagro fue sumamente fácil entrar en el Cuzco  y anular la débil resistencia que encontró. Hernando Pizarro estaba con su hermano Gonzalo y varios capitanes en su casa. Reaccionaron con bravura, dispuestos a luchar hasta el último aliento, pero les quemaron el habitáculo, y el fuego, que no las armas,  les obligó a entregarse. Los llevaron hacia la iglesia, donde estaba Almagro, quien no quiso ver a Hernando Pizarro. Cuenta Cieza: “Mandó que los quitasen de su presencia, por ser Hernando Pizarro hombre tan malo, que había dado lugar a que se rompiera la antigua y verdadera amistad que había habido entre él y el Gobernador Don Francisco Pizarro. Los llevaron presos a casa de Diego de Mercado (quien, aceptándolos, traicionó a Hernando), que mucho se había ofrecido al servicio de Almagro, y luego los pasaron a las casas del Sol (debía de ser hermano de Diego Núñez de Mercado)”.
     Inevitablemente, se creó una situación muy comprometida para quienes, habiendo sido nombrados por Francisco Pizarro (puesto que era el Gobernador), tenían cargos públicos en la ciudad. Pero se impondrá la ley de la fuerza: “Pasadas estas cosas, Don Diego de Almagro mandó que se juntasen los alcaldes y regidores de la ciudad, que mirasen las provisiones del rey y que le recibiesen como Gobernador de ella. Aunque algunos lo deseasen, otros lo tenían por cosa violenta y que era contra el servicio a Su Majestad, mas, viendo a los de Chile tan pujantes, comprendieron que hacer otra cosa sería darles motivo para que los matasen a todos, y por eso, adaptándose al tiempo, recibiéronle como Gobernador e Capitán General”.

    (Imagen) DIEGO DE MERCADO, que era funcionario de la Corona en el Cuzco, se pasó al bando de Almagro. Apenas hay datos sobre él, pero hasta los menos conocidos tuvieron vidas desmesuradas y dejaron su rastro en los archivos históricos. Así sabemos que aún vivía en 1550, saliendo incólume de las guerras civiles a base de alternar sus lealtades. Encuentro también en PARES, el riquísimo portal de Internet, un curioso documento (la imagen muestra una parte) que habla de él, y que es un ejemplo de que había hilo directo entre las Indias y España para que los jueces funcionaran, los delitos se condenaran y las deudas se liquidaran. La referencia del contenido pone: “Real Cédula a Diego Núñez de Mercado, vecino de la villa de Madrigal de las Altas Torres, comunicándole haber quedado levantado el secuestro que se puso en los cuatro mil y tantos pesos de oro que su hermano Diego de Mercado debía a Alonso Enríquez de Guzmán, vecino de Sevilla,  por haber dado fianzas al dicho Alonso Enríquez de que pagará lo que contra él fuere juzgado en la causa que ante el Consejo se trata con él sobre ciertos delitos cometidos en las Indias de que se le acusa”. Todo tiene sentido: Antes de volver a España, el aventurero y gran cronista Don Alonso Enríquez de Guzmán le vendió bienes a Diego de Mercado, quien, no teniendo dinero en efectivo, le dio  un aval, que luego le fue retenido al ‘calavera’ Enríquez hasta que se dictara sentencia por ciertos delitos que había cometido en las Indias. Pero era tan hábil como vividor, y logró que lo absolvieran.



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